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GRIMES – MISS ANTHROPOCENE

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Hace casi una década la canadiense Claire Boucher expresó en una entrevista que “había estado estudiando a estrellas del pop”. Era 2011 y desde entonces ha publicado cinco trabajos que le han alejado de tal estilo diferenciando su música y marcando su propio sonido.

Bajo su nombre artístico, Grimes ha, en palabras del Time, “intentado hacer una banda sonora para el fin del mundo” y “el resultado es sorprendentemente tímido”. La premisa de Miss Anthropocene sí que lo acerca es la creación de una amenaza global con el cambio climático como protagonista, en particular una malvada diosa que coge su nombre de un juego de palabras: “misantropía”. Dejando de lado la relación personal de la cantante con Elon Musk, lo más destacado negativamente de este trabajo es que tras una escucha completa no hay aparentemente ningún mensaje en favor de la ecología ni ninguna lección moral que refute la premisa.

La realidad es que las letras se centran en celebrar las drogas, la violencia y un apocalipsis apoyado por sonidos de sintetizador y cantos profundos y reverberados como si de una conversación de cetáceos se tratara. “Quería hacer que el cambio climático fuera divertido”, decía Boucher en una entrevista. Para ella no hay maldad en la inteligencia artificial (IA) sino un futuro prometedor que será genial y, bajo un subtexto pop, ha creado una atmósfera fantástica y oscura de sonidos metálicos, cuernos profundos y percusiones potentes.

En noviembre de 2018, We Appreciate Power fue la antesala de un trabajo que no ha visto la luz hasta febrero de este 2020. En teoría así debía ser, pero al final fue relegado a un cajón cual interludio de un proyecto “conceptual” de diez pistas en su edición convencional y quince en la Deluxe. Es en esta segunda donde la colaboración con la mejor amiga de Boucher se incluye. HANA colabora en una canción que arranca gracias a una guitarra distorsionada y que con un aire bastante rockero habla de cómo la supremacía de la inteligencia artificial no concluirá de otra forma que la capitulación humana. Puede que haya quien escuche compases que le recuerden al Frozen de Madonna o a otros de sus lanzamientos, ya desde son incios se comparó a Grimes como una “reinvención futurista” de icónicas voces como Enya y Mariah Carey.

Las comparaciones son odiosas y es por eso que Miss Anthropocene debe ser considerado como un álbum con identidad propia. Más sombría que su predecesor, Art Angels (2015), y con una narrativa enrevesada y tramas ambiguas. Tal y como ya ha quedado mencionado anteriormente es un villano cosmológico que intenta imponer el “bien” en el entramado de este largo.

So Heavy I Fell Through the Earth es la obertura, un corte de más de seis minutos que parece nacer sumergido en el vacío del espacio. El ritmo trip-hop y la atmósfera etérea dan pie a cerrar los ojos y disfrutar de un atrezo con tintes new age y la calma por bandera. Hasta las notas más agudas cantadas por Grimes se acunan en la canción sin sonar estridentes o fuera de lugar. Siguiendo un poco la ambientación y el hincapié en frecuencias graves, Darkseid se presenta con versos como: “Ya no amamos nuestros cuerpos”. Una colaboración con el rapero taiwanés 潘 PAN (antes llamado Aristófanes). Una fusión que parece sacada de lo último de Alice Glass y en la que el procesamiento vocal da sensación de robótica al protagonista del tema.

El tercer corte comienza con una guitarra acústica por extraño que parezca. Boucher empieza a cantar Delete Forever con una gran carga de eco en su voz y su voz puede recordar a lo más acústico de Dover en algunos momentos. La percusión se distribuye algo caóticamente por el estéreo y de primeras las capas instrumentales parecen no acabar de encajar en esta canción inspirada por el fallecimiento del joven rapero Lil Peep por una sobredosis a sus veintiún años. Casi cuatro minutos en los que el viaje de una crisis de opioides tiene un banjo y referencias country, una brecha experimental muy diferenciada del techno de su sucesora Violence. Synth-pop y estilos digitalizados dan vida a la cuarta pista de este largo que parece sacada de cualquier Electronica de Jean-Michel Jarre.

4ÆM es otro de esos sencillos controvertidos. Hay un caos vertiginoso predominante, una psicodelia muy obvia y un estallido drum ‘n’ bass muy divertido que se entremezclan con sonidos de Bollywood dando como resultado cuatro minutos y medio de música turbia y farragosa. Baja el ritmo para la balada a mitad de tracklist, New Gods. “Llevo delineador negro y atuendo negro, sí”. Se parece al inicio del disco y continúa con la línea temática y las nuevas fuerzas de esta, aún, distopía. My Name Is Dark le da un poco de vida y movimiento a seis minutos de melodías vocales en las que Grimes difumina sus voces con reverberaciones para dejar entrever su lado más personal.

You’ll Miss Me When I’m Not Around es esa prueba de que la canadiense puede hacer pop si quiere y por ello destaca más su particular enfoque diferenciador. Algo así como una crítica a lo preestablecido partiendo de ello para crear su canción. Quizá es de lo menos arriesgado del elepé, pero aquí el planteamiento es algo diferente tal y como ocurría con el tercer corte.

Before The Fever es el retorno a la trama principal y la vuelta al ambiente espacial planteado al comienzo e IDORU el largo cierre que toma su nombre de la palabra japonesa referida a una “estrella mimada”. Del canto de unos pájaros algo robotizados, la canción pasa a un potente beat de batería que con la llegada de los sintetizadores acaba de sentirse cómodo. Hay algo de aquella inconexión entre las capas del Delete Forever, mas es solo el reflejo de un mensaje sobre el amor, por momentos robotizado, y son bombo y caja cual latir de corazón los que atan la continuidad de la pista en varios momentos.

Que Grimes intenta ir a su bola o “hacer su pop bajos sus términos y condiciones” es un hecho y, aunque no se logre del todo la idea propuesta, el enfoque sobre un calentamiento global y catástrofe es, cuanto menos, curioso. Se sale de los cánones al no verlo sencillamente desde el punto de vista catastrofista, centrándose en la tecnología como el arma principal y acomodando su mensaje en ambientes ajenos a la misma Tierra o a la simple superficie de ésta. Miss Anthropocene es algo más personal de lo que aparenta y juega con una base pop para desengranarla y hasta reírse en cierta manera de ella. No toda la parte experimental parece rematada o funcionar en plenitud, pero sólo se muestra caótica y camuflada entre resultados creativamente bien conseguidos.