En un panorama musical donde la honestidad y la vulnerabilidad a menudo son sacrificadas en favor de la estética, Hipergéminis emerge como un faro que ilumina el valor de sentir. Hipergéminis Vol. 1 (Subterfuge, 2025) el proyecto debut de Alberto Rojo ‘Beto’, conocido por su papel como bajista en Niña Polaca, nació del deseo de mostrar una faceta más personal, más cruda, sin filtros.
Tal como manifiesta desde Subterfuge, el nombre del proyecto, Hipergéminis, fue inspirado por la naturaleza dual de Beto, un auténtico Géminis. Este nombre refleja perfectamente la esencia de unir opuestos, fusionando poderosas canciones con otras más sensibles y tranquilas. Es un espacio donde las emociones más vulnerables quedan al descubierto, tal como nos confió generosamente en el Canción a Canción hace unos días.
No se trata de alcanzar la perfección técnica ni de crear un sonido pulido, sino de transmitir lo que hay dentro con toda la honestidad posible. Y en eso, he de decir que la propuesta de Beto lo clava. Aquí, lejos de limitarse a recorrer caminos ya transitados, se permite construir un espacio propio, salpicado de influencias variadas pero cohesionado hasta la médula en emociones. Desde su concepción, este álbum se presenta sin miedo a explorar distintas corrientes musicales. El rock de los 70, los sintes ochenteros de Spandau Ballet, la psicodelia de Pink Floyd y Led Zeppelin, el glam de T-Rex, el desgarro de John Lennon y el pop más melódico de Charly García convergen en un sonido diverso pero coherente, que da espacio a la experimentación mientras se mantiene fiel a una raíz muy guitarrera que atraviesa todo el trabajo.
Las canciones nacieron lentamente, con espacio para la reflexión, momentos de duda, pero también de certeza. Beto y su banda —Luis Von Kobbe (Niña Polaca), Samuel Terroso (Nat Simons) y Jimmy Torres (Canteo!)—trabajaron durante dos años, no solo para componer, sino para moldear la esencia de cada tema. El proceso de maduración y la paciencia fueron claves para desarrollar estos once cortes, que descansan sobre los pilares de las cicatrices de rupturas, el anhelo de reconexión y el peso de la soledad.
Cada tema está impregnado de una sinceridad que nos obliga a pensar, no solo en las experiencias de Beto, sino también en las nuestras. A medida que avanzamos en la escucha, su voz—que en ocasiones roza lo crudo y desgarrador—se convierte en la narradora de nuestra propia biografía y sentimientos.
El álbum se abre con Entre las nubes, un tema sin pretensiones que encierra rabia, dolor, incertidumbre y mucha potencia. Es, sin duda, uno de mis favoritos y una forma fantástica de comenzar. La imagen del sol entrando por la ventana y las dudas sobre un futuro incierto tras una ruptura se convierten en metáforas de un corazón roto, mientras la voz de Beto, desgarrada, transmite toda la fragilidad del momento: “si ya me confundo yo solito/ mientras te pienso en bajito/ desde un lugar que aún no es hogar (…)”.
Por otro lado, Fuego lento refleja una revelación dolorosa: un amor no correspondido que se vuelve desbordante. La guitarra de Benoit, de Diamante Negro, añade una capa melancólica y potente que complementa perfectamente la letra. La forma en que esta canción retrata el amor que quema pero no calma es una de las grandes fortalezas del disco.
Le sigue No tengo nada que decir, una canción que me encanta por su sinceridad. En su aparente sencillez, encierra un peso emocional enorme. Escrita por Luis Von Kobbe durante el confinamiento e inspirada en su novia, habla de la impotencia de no saber qué decir cuando la persona que amas atraviesa un desafío que supera tu capacidad para ayudar.
Pero Hipergéminis Vol. 1 no es solo un disco de desahogo y desgarro. Hay momentos de auténtica liberación, como en ¡Vaya cuadro!, donde los coros de Ginebras aportan una sensación de liviandad, como si finalmente pudiéramos exhalar tras tanta tensión emocional. Las referencias a la adicción y los conflictos internos se acompañan aquí de un ritmo que, aunque pesado y distinto a lo previo, tiene la capacidad de levantar el ánimo.
La adaptación al español de la mítica Isolation de John Lennon, Aislado, no solo es un guiño a las influencias de la banda, sino también el punto álgido del disco. La letra, que toca esa fibra tan humana del aislamiento y la soledad, resuena con fuerza, especialmente después del confinamiento. Beto no intenta adornarla con florituras; más bien, transmite el sentimiento con una honestidad tan directa que el oyente no puede evitar sentirse partícipe de esa misma angustia. La producción refuerza esta emoción con un sonido más áspero, fruto de haberla tocado en directo y sin arreglos. De nuevo, me quito el sombrero.
En el ecuador del disco llega Versos rotos, un punto de inflexión claro hacia senderos más melódicos y menos rabiosos. Es una de las composiciones más personales, marcada por el teclado y el piano. Aquí, el desahogo da paso a un renacer: la transición de la desesperanza a la comprensión y aceptación.
Por su parte, Próspero y vulgar captura un momento íntimo: la primera pelea con su pareja. Ese instante en el que lo idílico se resquebraja por primera vez y surgen los límites del otro. La letra, sencilla y directa, nos sitúa en esa mañana soleada de enero que se enturbia de repente, dejando una sensación de extrañeza y arrepentimiento. Musicalmente, fluye con una cadencia hipnótica y melancólica, pero la gran sorpresa es la voz de Paula Pazos en el segundo verso. Su intervención le da un giro inesperado, como si la otra parte de la historia también quisiera hablar. Una discusión absurda convertida en canción. Y, como el título sugiere, al final todo vuelve a ser próspero y vulgar, en el mejor sentido posible.
En esta misma línea de ritmos más pausados, Nada Nada sorprende con su base de bossa nova, un respiro inesperado dentro del LP. La colaboración con Sol Marianella en los coros es mágica, aportando frescura y ligereza tras tantas tormentas. Este contraste reafirma la versatilidad del disco, que no teme experimentar ni salirse de los caminos trillados.
Pero el descanso es breve: Roto, loco y solo nos sumerge de nuevo en los demonios internos, explorando el desgarro con una intensidad creciente, que culmina con el desenlace del disco: Cicatrices, que actúa como una bocanada de aire fresco después de todo el caos. Habla de resiliencia, de cómo, incluso en la destrucción, algo en nosotros sigue empujándonos a seguir adelante.
Ese “Adelante con la vida” es simple, sí, pero al final de un álbum tan intenso, se siente como un rayo de luz esperanzador.
En conjunto, Hipergéminis Vol. 1 desafía las expectativas. Con una producción que oscila entre la experimentación y el clasicismo, y unas letras que no temen confrontar la oscuridad humana, se convierte en una carta abierta al mundo, escrita con sangre, sudor y lágrimas. Es una obra que no teme mostrarse rota, vulnerable y, en última instancia, humana. En un mundo que a menudo se siente frío y calculado, Hipergéminis nos recuerda que la música sigue siendo un refugio donde podemos reconocernos, dolernos y sanar.
Además, tiene la enorme virtud de no limitarse a lo que uno esperaría de un integrante de un grupo en plena efervescencia, como sin duda lo es Niña Polaca. Más bien, abre un abanico de posibilidades que pone de manifiesto el crecimiento y la madurez de Beto como artista.
Es un disco que invita a la repetición. Con cada escucha, se descubren nuevos matices, sutilezas que antes pasaron desapercibidas. Cada canción revela una capa adicional de significado, solidificando su impacto con el tiempo. Y, a través de su autenticidad, logra tocarnos en lo más profundo, dejándonos con la sensación de que, por un momento, alguien entendió exactamente lo que sentíamos.
Beto y su banda han demostrado que, aunque el disco tiene una fuerte identidad, es en el escenario donde Hipergéminis alcanza su máxima expresión. Ahí, la conexión con el público es inmediata. Por eso, su puesta en escena promete ser el primer paso hacia la consolidación de un proyecto que no busca solo entretener, sino conmover. Y en esa misión, han creado un debut que deja huella.

