InicioDiscosHTRK - RHINESTONES

HTRK – RHINESTONES

-

A veces los recuerdos baratos pueden ser más valiosos que los diamantes. La elegancia y la austeridad del nuevo disco del dúo australiano HTRK (recordemos que se pronuncia hate rock) nos hace testigos del paso del tiempo. Vigilando cómo lentamente el grupo se ha ido desprendiendo de aquellos arreglos electrónicos y efímeros, para ahora adentrarse en un eco frágil y delicado. La débil voz de Jonnine Standish continúa susurrándonos pensamientos de madrugada, mientras Nigel Yang ahora nos murmura con sonidos más acústicos, con unas estructuras más quebradizas, sintiéndose un disco mucho más ligero que sus predecesores. Disimulando lo que sería un vaporoso country, o un folk endeble e incorpóreo que nos sumergiría dentro de nuestros sueños más profundos.

Rhinestones (2021) es el quinto álbum del grupo por el que siguen caminando despacio, sin prisa alguna, hundiéndonos pesadamente hacia una atmósfera poética y sensible. Cualquiera de sus letras son un misterio, un desamor o un lamento por el que suspiramos como nuestro último aliento. Una guitarra, un metrónomo y algún par de efectos transitorios nos acompañarán durante estos nueve llantos. Oiremos el rascar de las cuerdas, y nos preguntaremos si podremos quitarnos esa espina del dedo que tanto nos duele. Desde nuestra cama nos adentraremos hacia un vórtice de agotamiento del que no podremos salir. Sentiremos la luz del sol como una picadura de abeja, y levitaremos cuando soñemos que somos capaces de proponer a nuestro amor imposible, pasar un rato a nuestro lado.

Es fácil distinguir ese gesto poético que nos habrá cautivado al terminar este fugaz centelleo (a pesar de que la duración de este sea poco más de 25 minutos). La apertura con Kiss Kiss And Rhinestones, Valentina y Sunlight Feels Like Bee Stings, corresponderán al brillo más milagroso que nos habrá resplandecido el grupo ante nuestros ojos. Tres canciones especialmente minimalistas, tan claras y humildes, que despertarán nuestra pasión por la simplicidad de sus estructuras. Los dedos rozando las cuerdas, con ese carácter fúnebre y delicado, unos besos cálidos y una respiración matutina, engalanados con una pedrería artificial. Adoraremos ese sutil pestañeo del metrónomo, a la vez que Jonnine, desde una niebla imperecedera, nos volverá a abrir viejas heridas que ya habíamos olvidado. Un hormigueo de sentimientos, sutiles e íntimos, que nos acariciaran desde el comienzo del disco, llegado hasta a ese nostálgico canto de sirenas.

Nos parecerá extraña las reliquias Real Headfuck y Reverse Déjà Vu en esta lista de añoranzas, dos presencias que ya aparecieron hace más de un año, con el sonido más tradicional del grupo. Un cavernoso post-punk industrial, que fue moviéndose hacia un pop más ambiental, y oscuramente sensual. Pero que, en mitad de este breve pensamiento tan esquelético, se nos atragantaría esta lujuria de adornos electrónicos, acumulando más riqueza de la que ahora se querría. Siempre han vestido sus composiciones con bastante humildad, pero con un comienzo tan desnudo, se hace muy notoria la figura del pasado. Sin embargo, siguen siendo dos piezas únicas, muy queridas, que saben alimentarse la una a la otra. Y si sabemos abstraernos por unos minutos, encontraremos dos preciosos recuerdos.

Es bien sabido que este dúo australiano es capaz de convertir el romance en una languidez somnolienta, Fast Friend nos descubre los red flags, esos rasgos dañinos que nos atraen de una persona de los que queremos saber más. La seducción hacia lo perverso, por la que irresistiblemente sentimos una avergonzada atracción, como un círculo de sumisión y dominación, y el gusto por esa pequeña sensación de peligro. Y así suena el ralentí de una guitarra seca, con un ritmo delgado y sintético, ofreciéndonos un paso sepulcral y taciturno, en el amor por estos diamantes de imitación.

Tristemente este no será el disco preferido de las listas anuales, tal vez ni se mencione a final de año. Tanto Jonnine como Nigel siempre han querido darle más importancia a la negatividad de sus críticas que a los cumplidos, intentando salir de ese espacio tranquilo y seguro. Para sentirse de alguna manera liberados (y aterrados), desde una mirada líricamente espiritual. Son honestos, ante todo, y ellos saben que no hacen la música que más se escucha, sino que simplemente hacen la música que ellos sienten que deben hacer. ¿Pero acaso es necesario alargar los minutos de estos poemas? Quizá preguntarnos si ya les hemos dado las gracias por todo lo (poco) que nos dan en este solemne nuevo disco.

Escucha aquí lo último de HTRK, Rhinestones

spot_img
Alicia Escribano
Paisajista sonora y emocional, que colecciona sonidos de este mundo. Ladrona que atesora diamantes electrónicos y experimentales, para sacar su brillo más iridiscente.
spot_img