¡NO TE PIERDAS!

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Jero Romero – Mi vida en partes muy pequeñas (EP)

Únete a nuestro Canal de Whatsapp

Conocía a Jero Romero desde los tiempos de The Sunday Drivers. No fui una seguidora fiel, pero sí alguien que se dejó atrapar en su día por varias de aquellas canciones que aún resuenan como pequeños himnos de una época. Me gustaban, las escuchaba con frecuencia, aunque hasta ahí llegaba mi relación con su música.

Lo sorprendente es que no lo “descubrí” de verdad —como quien encuentra un diamante escondido— hasta noviembre del año pasado, en Madrid. Fue durante uno de los conciertos benéficos (Som València) que se organizaron para ayudar a los afectados por la catástrofe de la DANA. No era su noche, ni su gira. Y aun así, cuando salió al escenario algo cambió: una conexión inmediata, íntima, como si esas pocas canciones se colaran por una rendija y me atravesaran. No me pasa muchas veces, ni con muchos músicos.

Desde entonces le he visto un par de veces más en el Teatro del Barrio, en esa bien autoproclamada residencia que ha inaugurado y que empieza a consolidarse como una costumbre hermosa. Siempre salgo conmovida, con la certeza de haber asistido a algo que me cambia un poco por dentro.

Ese mismo espíritu de intimidad recorre su nuevo EP, Mi vida en partes muy pequeñas. Son cuatro canciones que no buscan grandes gestos, sino verdades desnudas, fragmentadas, difíciles de mirar y, al mismo tiempo, imposibles de apartar. Hay un tono desgarrador, de ruptura y liberación, que resuena con fuerza en los versos de Una gran insolación, donde la vergüenza y el hartazgo se convierten en impulso para marcharse de un lugar que hiere. Está también esa fragilidad vital que da título al EP: la sensación de que la vida se rompe en fragmentos demasiado pequeños como para sostenerla entera.

En medio aparece Diminuta, una de las composiciones más duras que Jero ha firmado nunca. Una mirada descarnada a la violencia y al menosprecio, escrita sin filtros, con palabras que incomodan porque son necesarias. El cierre llega con un aire de desencanto y desconcierto ante un mundo casi irreconocible. Como si tras haber atravesado todo ese paisaje emocional no quedase más remedio que asumir el peso de la intemerata, esa gravedad colectiva que arrastra a casi toda la humanidad.

Al escucharlas resulta inevitable pensar en Miracoloso (2022). Fue un regreso esperado tras años de silencio e introspección: un disco sincero, escrito desde un lugar donde convivían la melancolía, el paso del tiempo y una cierta claridad. Si Miracoloso nos mostró a un Jero maduro, dispuesto a mirar de frente su propio desorden, este EP ahonda en ese mismo territorio con una intensidad más afilada. Como si la verdad pesara todavía más cuando se condensa en pocas canciones.

La producción de Martí Perarnau IV (Mucho, _juno, Zahara) acentúa ese carácter. Es sobria y minuciosa, transforma estas piezas sin cubrirlas de artificio, pero sí dándoles el aire justo para que respiren. Los arreglos sostienen cada matiz y consiguen que la voz —a veces en falsete, otras rota, siempre al borde— llegue con la fuerza que merece. Es como si estuviera hablándole a cada oyente en privado. Cada pausa tiene un sentido; cada palabra ocupa el espacio justo.

De momento, Mi vida en partes muy pequeñas solo puede escucharse íntegro en formato físico. Un proceso totalmente artesanal que el propio Jero ha compartido en redes, como si cada copia llevara también algo de sus manos. En digital, únicamente se han publicado los adelantos: Una gran insolación, en junio, y Diminuta, el 18 de septiembre. Una espera deliberada que convierte el EP en un objeto íntimo, casi secreto, y que refuerza la sensación de estar ante algo que se cuida con el mismo mimo con el que se escribió.

En directo, aunque solo había escuchado Una gran insolación antes de que saliera el EP, la intensidad de esa canción me dejó un poco rota —lo admito—. Al imaginar cómo se multiplica con el conjunto de estas cuatro piezas, se comprende la fuerza del trabajo en su totalidad. También, de paso, el éxito rotundo de este ciclo de conciertos, si se me permite la consideración. No hay artificios: solo su voz, su guitarra y sus letras. Todo en un espacio íntimo de encuentro y de espejo, casi doméstico, en el que el toledano se muestra como es, sin necesidad de esconderse o acomplejarse de la vulnerabilidad.

Mi vida en partes muy pequeñas confirma esto mismo: que Jero Romero sigue siendo un autor imprescindible porque no evita la dureza de lo incómodo. Su música funciona no solo como refugio, sino también como una forma de alumbrar verdades que a veces preferimos ignorar. Por eso sus canciones duelen, pero también acompañan. Y cuando esa conexión ocurre, ya no hay vuelta atrás: uno sale distinto, como si esas pocas notas hubieran abierto una herida y al mismo tiempo la hubieran curado. Queda la certeza de que Jero Romero no escribe para entretener, sino para recordarnos que en lo frágil y en lo roto también hay belleza. Y que escucharle es aceptar que esa verdad, una vez revelada, nunca se marcha del todo.

Eva A. Gómez-Calcerrada
Eva A. Gómez-Calcerrada
Vivo rodeada de canciones y de melodías desde que tengo uso de razón. Perpetua enamorada de la música y sus palabras.