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KENDRICK LAMAR – MR. MORALE & BIG STEPPERS

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1.855 días, nada más y nada menos. Cinco interminables años han pasado entre el anterior álbum de Kendrick Lamar: Damn (2017) y su nuevo lanzamiento: Mr. Morale & The Big Steppers (2022). El para muchos considerado “mesías del barrio” tiene una de las discografías más imponentes de este siglo y está de vuelta con su último LP dentro de TDE, el ya mítico sello discográfico que él mismo elevó a la excelencia con sus socios y amigos Jay Rock, Ab-Soul o SchoolBoy Q.

Una despedida agridulce, densa y compleja. El nuevo doble álbum de Kendrick Lamar se estructura como una ardua y espinosa sesión de terapia en la que sorprende la ausencia de colaboradores de TDE y la discreta presencia de artistas de la talla de Ghostface Killah, The Alchemist o Pharrell Williams.

Mr. Morale & The Big Steppers transmite un claro cambio de ciclo en la carrera de Kendrick Lamar, el barrio ya no es el centro de sus narraciones como ocurría en Section 80 (2011) o Good kid, m.A.A.d city (2012), ni tampoco es el referente del apoderamiento afroamericano que era en To Pimp a Butterfly (2015). Tras estos largos años de reflexión, el rapero de Compton está más centrado en resolver sus propios problemas familiares y complejas contradicciones personales.

Desde la portada, que protagoniza con su pareja y sus dos hijos, las referencias a su nueva familia son constantes. Worldwide Steppers es la primera gran canción, una tensión instrumental evoluciona gradualmente para transformase de repente mientras el monólogo de Lamar describe escenas familiares: “Playin’ «Baby Shark» with my daughter, Watchin’ for sharks outside at the same time, Life as a protective father, I’d kill for her”, pero también revela un bloqueo artístico o adicciones e infidelidades.

Esta disección familiar no queda aquí, y dos de las grandes canciones del álbum son dedicadas a su padre (Father Time) y a su madre (Mother I Sober). La primera, con su desorganizado ritmo boom-bap y los simplemente deliciosos estribillos de Sampha supone el mayor logro instrumental del proyecto y las crudas reflexiones de un padre distante e insensible: «His momma died / I asked him why he goin’ back to work so soon? / His first reply was: / ‘Son, that’s life, the bills got no silver spoon'», golpean con aún más fuerza. Conmovedora y dramática a partes iguales es Mother I Sober. Sobre un sombrío piano, Lamar relata los abusos sexuales sufridos por su madre y el trauma familiar e inseguridades que acabo afectando a toda su familia.

Sin embargo, no todos los temas tratados en este proyecto tienen un enfoque tan crudo y certero. Lamar arriesga más y se empapa hasta arriba metiéndose en todos los charcos posibles durante Mr. Morale & The Big Steppers. La simple presencia de Kodak Black, controvertido (por no decir infame) rapero acusado por agresión sexual y asalto, en hasta 4 canciones del álbum, supone un provocador y dudoso mensaje contra la supuesta “cultura de la cancelación” y cuyo trabajo lírico tampoco aporta nada positivo a la mezcla final.

En la incómoda y por momentos desagradable We Cry Together, Lamar ahonda en el espinoso mundo de las relaciones tóxicas de pareja. La idea es buena: The Alchemist crea una de sus únicas atmósferas con pianos desnudos y sonidos amenazantes mientras Kendrick Lamar y Taylour Paige rapean, discuten y gritan. Sin embargo, los casi 6 minutos de improperios se hacen eternos y más allá de alguna respuesta reivindicadora de Taylour Paige: You the reason, we overlooked, underpaid, under-booked, under shame” deja al oyente normalmente agotado y sin ganas de volver a meterse de nuevo en semejante gallinero.

Para más polémica tenemos Auntie Diaries. Un inédito alegato en la comunidad hip hop sobre la comunidad trans, su propia homofobia y transfobia en el pasado y la fe cristiana —“I mean he’s really Mary-Ann, even took things further / Changed his gender before Bruce Jenner was certain / Living his truth even if it meant see a surgeon”—. Pero que ensombrece en el segundo acto el resultado final con el uso provocativo y torpe de la palabra faggot y su desconcertante contraposición con el racismo y el uso de la palabra nigga.

Sin embargo, no todo es tan denso y complejo dentro del álbum. Lamar también sabe relajarse y disfrutar con temas más ligeros tanto en las letras como en las instrumentales. En este caso los resultados no siempre son buenos, la base en N95 es terriblemente genérica e impersonal y Die Hard es demasiada melosa y aburrida. No ocurre lo mismo en Rich Spirit, que a pesar de sus claras aspiraciones mainstreams tiene todo lo necesario para ser un exitazo con su contagioso estribillo: “Rich nigga, broke phone, Tryna keep the balance, I’m stayin’ strong”. Otro punto álgido es la instrumental en Silent Hill, un trap minimalista que parece construido a base de silenciadores de armas de fuego y rebotantes bajos.

Mr. Morale & The Big Steppers no supone ninguna innovación sonora, pero sí un retrato sin filtros de como los traumas y la terapia han transformado radicalmente a Kendrick Lamar durante estos eternos cinco años. Un abrumador punto de inflexión entre el pasado, su barrio y TDE y lo que será el futuro, su familia y PGLang

Escucha aquí Mr. Morale & Big Steppers de Kendrick Lamar

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