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KING KRULE – MAN ALIVE!

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Es fácil ver en King Krule algo de ese reverso de jazz blasfemo y sucio cultivado por Tom Waits a partir de los ochenta. Pero hay cierta cualidad que Archy Marshall mantiene en esos abismos a los que se asoma su música. A pesar de la clase innata de Waits, siempre me ha parecido que donde el estadounidense se deja arrastrar por la inmundicia, King Krule logra ese tipo de elegancia manteniéndose en la última frontera.

Me refiero a la emoción del hecho de estar al borde, siempre en la cuerda floja, esa ‘cierta sensación de peligro’. Ese brillo porcelanoso, oscuro y afilado, de acercamiento crooner y marcado acento inglés fue lo que disparó el atractivo del joven músico en su debut 6 Feet Beneath the Moon. En Man Alive!, su tercer larga duración como King Krule, esa fina línea se aclara en unas composiciones que parecen siempre al borde del colapso.

Con los años las composiciones crudas y directas de sus inicios han ido derivando en algo más estudiado y sugerente que combativo. Algo de ello todavía sigue aquí, como Stoned Again (realmente grabada hace unos años) y Comet Face, dos de los cortes que por esta razón se disfrutan más. También en el otro extremo el romanticismo despegado de Underclass recuerdan todo lo que nos enamoró del músico británico.

Sin embargo, el abandono de los estribillos y un juego de calma tensa es lo que marca el grueso de este Man Alive!. De él nacen canciones como Supermarché, convirtiéndose en un hilo articulador que va acumulando y soltando tensión (Energy Fleets, Airport Antenatal Airplane) según convenga. El mejor ejemplo es como parece aflojarse algo de Perfecto Miserable a Alone, Omen 3. Los bajos se relajan, la melodía se abre paso y unos ligeros destellos acompañan a ese raro sentimiento de lanzarse y probar simplemente pensando en que por una vez podría salir bien.

En este punto está lo que hace tan especial las estructuras de Marshall, unido a una producción que tiene en pequeños detalles una forma de crear atmósferas casi a golpe de simple sugestión. El sonido de la ciudad de noche, el saxo lejano es cascadas jazzísticas… todo está medido en ese juego. Es lo que da sentido a canciones como Theme for the Cross, en ese mano a mano con el saxo de Ignacio Salvadores.

Esa atmósfera insondable, acuosa, como he leído por ahí, pero a la vez con un brillo satinado es el tono general de Man Alive!, que al final tiene en sus letras su mayor deudora. Postales nocturnas, cabos sueltos, mensajes en el contestador que nadie oirá, una retrospectiva en blanco y negro. Todo cruje y todo deja marca pero nunca se cae en un victimismo barato.

Menos directo que su predecesor aunque más coherente como álbum, Man Alive! juega con un sentimiento de dejar esperando algún tipo de promesa que nunca se ha formulado realmente. Desde su inicio, Cellular parece colocarnos en un punto en el que todo ya ha comenzado. Hay algo en esa desconexión surcando tanto letra como música que impulsa un desasosiego que va cayendo poco a poco a través de un ritmo mecanizado y un bajo que suena a campanario.

La voz de Marshall duele incluso más en ese registro más calmado que en la versión más rabiosa que hemos podido escuchar en directo. La adaptación a este formato parece bastante clave en ese ejercicio de contención y compresión que realiza a todo y surca Man Alive!. Una especie de ensimismamiento, que a su vez funciona como apertura en canal sobre la suciedad que puede llegar a acumular una vida en la que —en teoría— tienes todo lo socialmente marcado para ser feliz, como enmarca Perfecto Miserable. De la rabia más desatada a una tensión contenida, Man Alive! es una olla a presión en la que la voz de Archy Marshall parece a punto de implosionar y revertir todo el caos yacente bajo la superficie.