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LAURA MARLING – SONG FOR OUR DAUGHTER

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Desde el comienzo de la primera canción de Song For Our Daughter —la bajada de acordes que preside Alexandra—, el nuevo disco de Laura Marling inaugura un sentimiento de vuelta a casa, a ese universo folk que ha construido a lo largo de los años. Motivos rítmicos, melódicos, y un muy característico uso de timbre vocal conforman una paleta sonora que enfatiza y despliega con elegancia en su ya séptimo trabajo con tan solo 30 años. Si bien rebaja las revoluciones —en voltaje y experimentación— que parecían anunciadas por sus tres predecesores —I Was An Eagle, Short Movie y Semper Femina—, Marling hace de la sencillez su bandera con un trabajo que reluce madurez, factura sonora y capacidad narrativa.

Song For Our Daughter fue anunciada como una obra conceptual: «¿Cómo guiaría a mi hija, la armaría y prepararía para la vida y todos sus matices?», compartía en un comunicado en varios de sus canales. Parecía que un enfoque maternal predominaría en el disco, pero si bien aparece la segunda persona y un tono consejero, el monólogo interior de Marling sigue predominando. Los consejos acaban por emanar de la propia experiencia y, en muchos casos, oímos a la cantante ruminar sobre su propia existencia y dar consejos a una visión aún más joven de sí misma ahora que han pasado 14 años desde que se subía a los escenarios presentando su debut Alas I Cannot Swim.

La inicial Alexandra se pregunta en torno al personaje de la canción Goodbye Alexandra de Leonard Cohen, por la que está inspirada parcialmente. La musa, esa figura femenina etérea y despojada de contenido en el imaginario de tantas canciones. Ante ella, Marling se cuestiona «What became of Alexandra / Did she make it through?» para responder con un retrato de una joven independiente, que entrelaza la primera con la tercera persona. Marling marca claramente las coordenadas temáticas por las que discurrirá el álbum, y en lo sonoro propone una producción instrumentada que variará en las diferentes canciones, aún con ciertos denominadores comunes como los arreglos de cuerda o el apoyo vocal en los coros.

La artista también recupera en este trabajo el estilo declamatorio que inauguró en su aclamado Once I Was An Eagle. «I don’t stare at water anymore» cantaba en Master Hunter. Empoderamiento que en la música se correspondía con un sonido más folk-rock y en su voz un deje mascado, con acento americano, dylaniano: escupiendo verdades y oscilando entre el discurso y el canto. Lo hacía en aquel álbum, pero también en Strange de Short Movie y ahora en temas como Held Down­ —sobre una suculenta línea de bajoo Strange Girl, una de las mejores y más eclécticas canciones del conjunto. Comandado por las percusiones y un suculento coro femenino, el tema es bailable y despojado de artificios. Marling, infundida por una energía exótica, sureña, recuerda a una muchacha sus virtudes una a una: «I love you, my strange girl/ My lonely girl / My angry girl / My brave», repite en un ejercicio de auto afirmación del que todos y todas deberíamos aprender. Líricamente es quizás el tema que más encuadre literalmente con la premisa del título.

Pero de pronto, Marling vuelve su mirada al interior. Con Strange Girl se cierra una primera parte del trabajo, más movida y contundente, y la artista opta por desnudar su sonido y acercarse a sus referencias. Cambia su registro vocal —ahora más melódico, más cantarín, menos dialogado— y lo hace también el envoltorio que acompaña a las letras. En Only The Strong, introduce motivos melódicos que recuerdan a Dylan y que, punteados a la guitarra, volverán a aparecer en los últimos temas del trabajo. La narrativa se cuenta entre las menos coloridas del disco, reducida a mantras y sin esa voluntad prosaica a la que Marling nos tiene (mal?)acostumbrados. En Blow by Blow, pinta otra de tantas viñetas —como tan bien sabe hacer, se me viene a la cabeza Salinas— pero esta vez sobre un piano que recuerda a Joni Mitchell y que avanza hacia un edulcorado arreglo de cuerdas. Mucho menos edulcorado —y más efectivo— es el arreglo de Song For Our Daughter, tema homónimo que poco a poco recupera la densidad instrumental del principio del álbum —con una textura más suave— para alcanzar uno de los puntos más bellos del disco. En esto, compite con las dos siguientes. Primero Fortune, un vals dirigido por la voz de Marling, en uno de sus registros más melódicos. El tono se eleva, compitiendo por los agudos con los violines mientras la posibilidad de huir emerge ante la degradación de una relación amorosa: la letra está inspirada por el bote que guardaba su madre por si se cansaba de la vida en familia y decidía marcharse.

Como si este vaticinio se hiciese realidad llega The End Of The Affair, que se olvida de los violines y, sobre una frecuencia electrónica pone en el ruedo a la guitarra acústica y la voz de Marling que se impone a medida que avanza el tema. «I love you, goodbye / Now let me live / My life» cierra el estremecedor tema. Podría ser un final grandioso y dramático para disco, pero Marling con dos últimos pedazos de su existencia. Hope We Meet Again vuelve a verla regocijarse en su esencia. No es difícil detectar aquí, al igual que en The End Of The Affair, motivos melódicos que nos recuerden a anteriores momentos de este disco o su discografía.

For You, encomendada para el cierre del álbum, es una dulce balada que resume a la perfección la esencia folk de su carrera. Tiene un cierto carácter folklórico, tradicional, circular, que me recuerda a piezas memorables —también por su título— como el Here’s To You de Joan Baez.

El tema crece y decrece, desde y hacia el silencio. Se expande a partir de un puñado de acordes en constante repetición y un murmullo. Entre medias se cuela un cuarteto de voces, cuerdas y vientos que no hacen sino reafirmar su carácter orgánico, hilado a la tierra. Una muestra de la habilidad  de Marling para transitar entre la erudición y las raíces; para moverse por una tradición en la que sin duda alguna ya ha dejado su huella. «I thank a God I’ve never met / Never loved, never wanted / I write it so I won’t forget / Never let it get away / I keep a picture of you / Just to keep you safe», Marling habla del amor encontrado. No sabemos si se refiere a una pareja, a una hija o a sí misma, pero parece descansar de sus monstruos internos.

La artista británica acumula indudablemente una de las carreras más prolíficas de entre las nacidas a finales de los 2000, especialmente entre aquellas de la escena nu-folk británica. Frente a unos Noah and the Whale disueltos y unos Mumford & Sons poco reconocibles en las fauces de lo comercial, Marling —ex colaboradora de ambos grupos— sigue cerrando buenos álbumes y se reafirma en un sonido que ha esculpido con mimo y talento. Su último disco no presenta novedades vibrantes, pero sí re descubre y saca partido de los motivos sonoros, los giros vocales, las actitudes que han ido germinando en ella y su proyecto durante todo este tiempo.