¡NO TE PIERDAS!

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Man/Woman/Chainsaw – Cannonball

¡AÑADE CRAZYMINDS EN GOOGLE Y NO TE PIERDAS NUESTROS CONTENIDOS!

El caos da en el blanco

Londres sigue produciendo bandas capaces de convertir el desorden en una forma de identidad. Man/Woman/Chainsaw pertenece a esa estirpe, aunque Cannonball (2026) revela algo bastante más interesante: detrás de sus guitarras abrasivas, sus violines desbocados y sus cambios de dirección existe una banda con un apetito enorme por la melodía. Tres voces, seis músicos y una colección de canciones que prefieren doblar la esquina antes que seguir una carretera conocida.

No estamos ante un disco que busque encajar perfectamente en una etiqueta. Detrás aparecen post-punk, art-rock, guitarras de raíz grunge, arreglos de cuerda, electrónica, teatralidad y melodías pop. Pero también hay algo más difícil de capturar: la sensación de estar escuchando a seis personas que todavía disfrutan demasiado de no saber exactamente hacia dónde van. Cannonball no aparece de la nada: es el salto de una banda que ya había mostrado su personalidad hacia un formato largo.

Una bola de demolición con nombre propio

Cannonball llega publicado por Fiction Records, sello histórico asociado a nombres como The Cure, St. Vincent o The Horrors. El álbum fue grabado en los RAK Studios de Londres y producido por Margo Broom y Seth Evans, dos nombres especialmente adecuados para una banda que necesitaba conservar su energía sin convertirla en una simple fotografía de su directo. La grabación contó con Adele Phillips como ingeniera, mientras Matt Wiggins se encargó de la mezcla y Howie Weinberg de la masterización.

El resultado es un sonido más grande que el de sus primeros trabajos, pero no necesariamente más domesticado. La propia banda ha explicado que inicialmente quería un disco compuesto por auténticos bangers, con una energía frontal cercana a Rage Against the Machine. La idea es importante porque explica la arquitectura del álbum. Cannonball no dispara siempre hacia delante. A veces acelera, otras se detiene, cambia de dirección y vuelve a arrancar desde otro lugar.

con el disco la banda demuestra que no necesita elegir entre melodía y experimentación. Su mayor acierto está cuando parece que una canción ha encontrado su camino, pero la banda introduce una curva que cambia el pulso

Entre una motosierra y una bola de cañón

Hay algo deliciosamente absurdo en el nombre Man/Woman/Chainsaw, y la historia de cómo nació está a la altura. El grupo tomó la referencia del libro Men, Women, and Chain Saws: Gender in the Modern Horror Film, publicado en 1992 por Carol J. Clover. Billy Ward explicó que algunos miembros coincidían en un club de cine durante el instituto y encontraron aquel título. Les hizo gracia, pensaron que podía funcionar como nombre para una banda y terminó quedándose. En 2025, Emmie-Mae Avery lo resumió todavía más claro: «Completely stolen».

El libro de Clover analiza el cine de terror y desarrolla, entre otras cuestiones, el concepto de la final girl, la superviviente femenina habitual del slasher. Sin embargo, la banda nunca ha presentado su nombre como un manifiesto artístico. Es, sencillamente, una ocurrencia adolescente que sobrevivió al paso del tiempo.

Con Cannonball ocurre algo diferente. El título procede de Nosedive, uno de los temas centrales del álbum. Emmie-Mae Avery explicó que buscaban nombres significativos dentro de las propias canciones, mientras Clio Starwood defendía incluso Nosedive Cannonball, tomado de una frase de la letra. Finalmente quedó reducido a Cannonball.

La elección encaja con una canción que habla de buscar simultáneamente refugio y libertad dentro de una relación. Y existe una pequeña ironía en el título: Cannonball significa «bola de cañón», algo lanzado con enorme fuerza, mientras el álbum está lleno de canciones que rechazan una trayectoria única. De una referencia cinematográfica encontrada casi por casualidad a un título extraído de una canción propia. Dos nombres aparentemente disparatados que definen bastante bien a Man/Woman/Chainsaw: imaginación, humor y una tendencia instintiva a escoger el camino menos previsible.

Seis cerebros y una misma criatura

Man/Woman/Chainsaw nació cuando sus integrantes tenían apenas 16 años. Billy Ward, voz y guitarra; Emmie-Mae Avery, voz, teclados y sintetizadores; Vera Leppänen, voz y bajo; Clio Starwood, violín; Billy Doyle, guitarra; y Lola Cherry, batería. Tres voces principales permiten que el disco cambie de personalidad sin necesidad de cambiar de banda.

Su historia está ligada a la escena alternativa londinense y a una manera muy poco jerárquica de entender la creación. Pasaron buena parte de sus primeros años escribiendo en una antigua vicaría del norte de Londres. Allí fueron construyendo esa mezcla de belleza y caos que después llevarían al estudio. El crecimiento ha sido rápido. Después de Eazy Peazy (2024), llegaron nuevas canciones, giras, actuaciones en KEXP y BBC 6 Music, festivales europeos y una progresiva consolidación como una de las propuestas jóvenes más singulares de Londres.

Cuando el violín decide enfrentarse a las guitarras

Musicalmente, Cannonball vive en una tensión permanente entre lo bonito y lo incómodo. Las guitarras pueden sonar sucias y ásperas, mientras el violín de Starwood introduce una dimensión casi clásica. Los sintetizadores de Avery aportan otra capa, y la batería de Cherry evita que el conjunto se convierta en simple decoración barroca. La gracia está en el choque.

La banda ha hablado de esa necesidad de situarse en una línea muy fina entre lo pretty y lo noisy. En Cannonball esa frontera se vuelve prácticamente el argumento principal. La música puede pasar de una melodía aparentemente convencional a una acumulación de cuerdas, guitarras y voces que amenaza con desbordarse.

Nosedive resume perfectamente esa filosofía. Parte de sintetizadores y una pulsación casi bailable para terminar convirtiéndose en una pieza expansiva, emocional y casi catártica. Las referencias que la propia banda ha mencionado alrededor de ella incluyen LCD Soundsystem, Stereolab y The Blue Nile. Y entonces aparece Goddamn, Lizard Man!, donde todo se vuelve más oscuro y viscoso. El bajo, la batería, las cuerdas y las teclas construyen un escenario mucho más amenazante. La canción demuestra que el grupo no necesita correr para resultar peligroso.

Tres voces, tres maneras de incendiar una canción

Uno de los mayores aciertos del álbum está en la distribución vocal. Vera Leppänen aporta una interpretación que puede ser dulce, frágil o directamente desafiante. Su voz funciona especialmente bien cuando la canción necesita una emoción que no parezca impostada. Es el caso de Something Else To Give, escrita por ella y concebida como una canción sobre amor, decepción y el desgaste de ofrecer más de lo que recibes.

Emmie-Mae Avery ocupa otro territorio. Su voz aporta amplitud melódica y una sensibilidad más pop. Nosedive y Get Up and Dance permiten comprobar hasta qué punto puede modificar el color de la banda. En esta última, además, su voz lidera por primera vez una canción del grupo, mientras sintetizadores y cuerdas crean una atmósfera entre club nocturno y teatro de variedades. Y después está Billy Ward.

En Goddamn, Lizard Man! adopta un registro más áspero y teatral. La comparación con Nick Cave no es gratuita: el propio Ward contó que Margo Broom le animó a buscar esa clase de interpretación. Su trabajo ayuda a que esa acumulación de ideas no se convierta en una masa incontrolable. Es un punto interesante desde la producción: ordenar sin domesticar. La intervención del resto del grupo termina convirtiendo tres voces en Tres temperamentos en una misma banda.

Cannonball no cuenta una historia lineal. Su concepto está más cerca de una declaración de principios. La banda quería hacer canciones grandes, directas y memorables. Pero terminó descubriendo que su verdadera personalidad aparecía cuando permitía convivir la brutalidad con la vulnerabilidad. De ahí que el álbum pueda pasar de la agresividad de Goddamn, Lizard Man! a la intimidad de Lighter sin sentir que está traicionándose. Ahí está probablemente la clave del álbum. Quiere ser reconocible por su capacidad para romper.

Una habitación demasiado llena para estar ordenada

La portada parece funcionar como una extensión perfecta de esa filosofía. La imagen muestra una habitación juvenil abarrotada. Una cama deshecha ocupa el centro. Alrededor aparece desorden, figuras en movimiento y pequeños restos de una vida cotidiana que parece haber sido detenida en un justo momento. A la derecha, una gran ventana introduce una luz exterior que contrasta con la calidez casi naranja del interior. Y en medio de todo aparece una figura saltando sobre la cama.

El movimiento está capturado de manera deliberadamente borrosa. No hay una pose limpia ni una imagen promocional perfectamente controlada. Hay energía, desorden y una cierta sensación de adolescencia suspendida en el tiempo. La portada encaja con el disco porque tampoco intenta ordenar aquello que contiene. Es una habitación donde todo parece estar ocurriendo simultáneamente. Exactamente como las canciones.

en el disco Hay cambios inesperados en los que la banda parece acercarse al desbordamiento, Pero En lugar de corregir esos impulsos, deciden conservarlos. El resultado es la sensación de que cualquier cosa puede ocurrir en la siguiente canción

Primer asalto: melodías con los cables pelados

El viaje comienza con Only Girl, una canción de amor juguetona y expansiva que coloca el violín en primer plano. Su estructura parece sencilla hasta que guitarras y voces empiezan a empujarla hacia terrenos más grandes. Una magnífica puerta de entrada al universo del grupo. Después llega Canyons, donde la banda vuelve a tensar la cuerda entre melodía y distorsión. La canción avanza por pequeños desniveles hasta desembocar en una intensidad que confirma que estos seis músicos prefieren las curvas al camino recto.

Goddamn, Lizard Man! cambia completamente el paisaje. Billy Ward toma el mando vocal y retrata a ese personaje magnético y tóxico que sabes que deberías evitar pero que, inexplicablemente, consigue atraparte. Su interpretación refuerza el carácter teatral mientras la banda levanta un escenario cada vez más turbio. Con Lighter aparece uno de los grandes contrastes del álbum. Es una pieza delicada, con una sensibilidad pop que la revista NME ha relacionado incluso con ABBA. Aquí bajan las revoluciones sin perder personalidad y demuestran que también saben moverse con elegancia.

Entonces llega Nosedive, uno de los centros de gravedad del disco. Sintetizadores, violín, batería y voces construyen una canción sobre la contradicción entre buscar refugio y necesitar libertad. La metáfora del pájaro herido termina convirtiéndose en una imagen de resistencia. Get Up And Dance cierra este primer tramo cambiando otra vez las coordenadas. Su escenario es un club, pero debajo de la superficie bailable existe una historia de deseo, provocación y poder. Avery lidera la canción mientras sintetizadores y cuerdas convierten el tema en uno de los momentos más pop del álbum.

Segunda vuelta: cuando la herida empieza a hablar

A partir de Snakebite, Cannonball parece recoger parte de la energía acumulada y mirar hacia otro lugar. La canción deja más espacio a la atmósfera y funciona como una pequeña cámara de descompresión antes de que Flick Of The Wrist vuelva a recuperar el lado más teatral y oscuro de la banda. The Thing devuelve el protagonismo a las guitarras. Aquí aparece con claridad la base de grupo que sostiene todos los experimentos: bajo, batería y guitarras trabajando juntos para recordar que detrás de los arreglos, las cuerdas y los cambios de dirección hay una banda perfectamente capaz de golpear cuando lo necesita.

Still Angry llega con una energía emocional distinta. El título ya funciona como declaración de intenciones. La canción no pretende cerrar heridas con una sonrisa ni convertir el pasado en una lección reconfortante. Hay rabia y permanece ahí. NME destacó precisamente su estribillo expansivo, capaz de imaginarse incluso en manos de una gran estrella del pop. Y finalmente aparece Something Else To Give. Vera Leppänen la escribió como una canción sobre amor y decepción, sobre el cansancio de sostener una relación en la que el esfuerzo no encuentra reciprocidad. La propia banda explica que nació rápidamente y que, desde el principio, pareció destinada a cerrar el álbum.

Es un final especialmente acertado. Después de tanta agitación, Cannonball termina hablando de algo mucho más sencillo y reconocible: cuánto puedes dar antes de quedarte sin nada. Y quizá sea ahí, cuando las guitarras dejan de empujar y la emoción toma el mando, donde el debut de Man/Woman/Chainsaw encuentra su golpe más humano.

El golpe no estaba en la velocidad

Cannonball funciona porque Man/Woman/Chainsaw no confunde complejidad con profundidad. Hay momentos en los que el grupo parece querer meter tres canciones dentro de una. Cambios de dirección, instrumentos que aparecen inesperadamente y voces que intercambian el protagonismo construyen un disco inquieto, pero debajo de todo ese movimiento existe una voluntad clara de escribir canciones que puedan quedarse en la cabeza. Eso es lo realmente interesante.

La banda no utiliza el caos para esconder que todavía está buscando su identidad. Está convirtiendo esa búsqueda en identidad. Ward ha dicho que no quieren ser conocidos por un estilo, sino por ser buenos y convertirse en una gran banda en directo. Cannonball demuestra que también pueden serlo en estudio.

No es un disco perfecto. Su principal riesgo es también una de sus mayores virtudes: la abundancia. En determinados momentos, algunas canciones parecen competir entre sí por llamar la atención y no siempre necesitan otra vuelta de tuerca. Cuando dejan respirar una melodía, como ocurre en Lighter o Something Else To Give, demuestran que no necesitan incendiar cada rincón del álbum para resultar interesantes.

Pero incluso esos excesos forman parte de su encanto. Es un debut que no pide permiso, no se disculpa por su juventud y tampoco parece demasiado preocupado por encajar. Mientras buena parte del nuevo indie británico parece obsesionado con encontrar la etiqueta correcta, Man/Woman/Chainsaw ha decidido abrir todas las puertas de golpe y saltar dentro. El golpe estaba en el atrevimiento.

Escucha aquí Cannonball de Man/Woman/Chainsaw

Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonchhttps://crazyminds.es/author/carlos-flaque/
Periodista. Fotógrafo. Diseñador gráfico. Muchos años al pie del cañón. Ahora toca recuperar el pulso y volver a lo esencial. La música siempre ha sido el eje. No como ruido de fondo, sino como lenguaje, refugio y forma de entender el mundo. Está en todo lo que hago. Me interesa escribir sobre bandas que se salen del guion, que cuestionan lo establecido y abren grietas en lo convencional, ya sea desde el sonido, el concepto o la actitud. Propuestas que no buscan encajar, sino expandir. En Crazyminds, mi papel es claro: dar visibilidad a ese universo «underground» donde laten algunas de las ideas más honestas y estimulantes de la música actual. Hay mucho ahí fuera esperando ser descubierto. Así que vamos a ello. Porque sin transgresión no hay cambio. Y sin cambio, la música deja de tener sentido.