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Mara Katria – Modern M

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«Mara Katria utiliza las diversas herramientas para generar distintos tipo de música. Es directora de cine, creadora de mundos para videojuegos y fotógrafa para sumergir al público en las profundidades de la historia y la perpetuidad de la emoción genuina.

Su compromiso con el arte de conmover y la comunicación le ha valido numerosos reconocimientos en festivales de cine, publicaciones impresas y foros dedicados a sus diversas disciplinas» (Official Website)

El bautismo de neón de Mara Katria

Cuando una figura aparece entre humo verde azulado. Está midiendo el aire con las manos. Parece que el sonido fuese algo físico que pudiera doblarse entre sus dedos. Encima, un letrero de luces destella con una urgencia eléctrica: Modern M. No es un simple título. Es una coordenada en un mapa que todavía se está dibujando.

Así es como entra Mara Katria en su propio universo. No lo hace como una intérprete convencional, sino como alguien que manipula frecuencias invisibles en un laboratorio de sueños. Lo que viene después no se escucha en línea recta. Se despliega como una instalación artística que respira. Son señales enviadas desde la niebla espesa del neón cromático hacia un receptor que aún no sabe que está siendo sintonizado.

El artefacto y sus arquitectos

Modern M se lanzó el 13 de marzo de 2026, a través del sello Icy Cold Records, como un álbum conceptual donde imagen y sonido se necesitan. Contiene diez piezas que funcionan como capítulos de una narrativa expandida. No hay delegaciones. Mara Katria firma prácticamente todo: composición, producción, ingeniería, mezcla y masterización. Su huella está en cada textura, desde los sintetizadores hasta las percusiones sintéticas y las guitarras que aparecen como sombras.

Sin embargo, dentro de este vasto universo hay cómplices secretos: la célebre banda Modern English (autora de I melt with you), con Michael Conroy actuando como un eje oculto, aportando el bajo, las guitarras, y una especie de intuición sonora que atraviesa todo el disco. A su lado están Robbie Grey, que introduce su voz en momentos clave, generando contraste y profundidad emocional. Y como no, Stephen Walker,quien construye las atmósferas desde los teclados bajo un enfoque casi cinematográfico. Para terminar, figura Gary McDowell, el mago que introduce las capas de guitarra como texturas. En segundo plano, pero igual de decisivos destacan Roy Martin, batería orgánica en puntos concretos, y Jeff Ungar, cuya presencia conceptual es casi como figura de laboratorio sonoro. No es una colaboración decorativa. Es una integración total.

«Mi objetivo es utilizar la canción como un espejo: haciendo eco de nuestro pasado mítico; reflejando el renacimiento sonoro de la década de 1980; y proyectando épocas que aún están por venir» —Mara Katria

Una biografía tallada en celuloide y frecuencias

El origen real del nombre, Mara Katria, no aparece documentado en entrevistas ni en notas oficiales de prensa. Parece que funciona más como una identidad estética que como un registro civil. No obstante, aunque la artista haya decidido responder a una cuidada construcción estética, el misterio sobre su origen quedó parcialmente resuelto.

Tras el fallecimiento de su padre en agosto de 2023, Mara decidió publicar la obra literaria póstuma de este, titulada Pilgrim Heart (2023). Al hacerlo, se reveló que el nombre de su progenitor era Steven Eugene Pettman. Este dato confirma dos cosas: Katria como apellido artístico no es un nombre de familia, sino una elección deliberada.

Es probable que su nombre de nacimiento sea Mara Pettman, pero ella ha preferido habitar un apellido que suena a frontera, a Europa del Este y a misterio, alejándose del anglosajón Pettman para encajar mejor en su narrativa de «cineasta de otros mundos». Incluso al rendir homenaje a su padre, ella sigue acreditándose como Mara Katria, lo que demuestra que su apodo ha sustituido por completo a su identidad legal en todas las esferas públicas.

¿Por qué mantenerlo oculto? En el circuito underground y de vanguardia, esta práctica es casi un ritual. Al igual que Siouxsie Sioux (referencia clara en su sonido), Madonna o Lana Del Rey, el cambio de nombre no es solo un alias, es un acto de creación. Para Mara, el nombre es el primer fotograma de su película. No es que su verdadero nombre se «desconozca» por un fallo de información, sino que se mantiene en la sombra por coherencia artística.

La gran influencia: Steven Eugene Pettman (1949–2023)

Steven Pettman fue mucho más que un autor; fue la brújula intelectual de la artista. Se le describe como un hombre de una curiosidad inabarcable. Fue educador (profesor jubilado), un apasionado historiador y, en sus últimos años, un dedicado fotógrafo de la naturaleza, especialmente de aves y flores. Se definía como un «poeta común» y un buscador constante del significado del sufrimiento y la existencia. Su amor por la genealogía le llevó a escribir también una serie de libros titulados Dwelling in the Hollow, donde rastreó las raíces de su apellido por Inglaterra y Francia. Sin duda, fuequien alimentó la visión artística de Mara, compartiendo un amor profundo por los símbolos, la historia y la trascendencia.

«Pilgrim Heart» y el impacto en el universo de Mara Katria

Este libro fue el cumplimiento de una promesa que Steven le hizo a su propia madre décadas atrás. Terminó de escribirlo poco antes de morir, convirtiéndose en su legado definitivo. Se trata de una colección de poesía y prosa que invita al lector a un viaje introspectivo. No es un texto académico; es una exploración visceral sobre el amor, la naturaleza, la finitud y «lo que los sueños pueden traer».

La obra destila la conclusión final de su vida: que, a pesar de la historia y la sangre, las verdaderas conexiones humanas nacen del amor. En un gesto que define el carácter de la familia, Mara decidió que todos los beneficios obtenidos por la venta del libro se destinen al St. Jude Children’s Research Hospital, una de las organizaciones benéficas favoritas de su padre.

La publicación de Pilgrim Heart explica gran parte de la densidad lírica de la artista. Al leer los versos de su padre, se entiende de dónde viene esa obsesión de Mara por lo «intangible» y lo «mítico». Pilgrim Heart es, sin duda, el mapa original que ella heredó. Es la prueba de que su arte no nace del vacío, sino de una tradición familiar de buscadores de la verdad que utilizan la palabra y la imagen para descifrar el misterio de estar vivos.

La membresía: Una alianza de leyenda y vanguardia

La colaboración con los miembros de Modern English no es un movimiento de marketing. Es una integración total de dos eras del post-punk y el art pop. La banda británica aporta ese peso histórico, esa densidad que solo se consigue tras décadas de explorar la oscuridad melódica.

Robbie Grey no intenta eclipsar a la protagonista. Su intervención es la de un guía que aparece en la penumbra. Por otro lado, la instrumentación de Conroy y Walker dota al álbum de una profundidad que remite a los mejores años del sello 4AD. Es una membresía de respeto mutuo. La vanguardia visual de la estadounidense se apoya en la veteranía sonora de los ingleses para crear algo que no pertenece a ninguna época concreta.

«Nuestra amiga Mara Katria HA lanzaDO su LP de debut ‘Modern M’; nosotros tocamos en una buena cantidad de temas de este álbum. Estamos muy felices de ver que finalmennte ha salido a la luz» —Modern English

La arquitectura sonora: cuando el «post-punk» se vuelve vapor

El sonido de este disco se mueve en un terreno resbaladizo. Podríamos hablar de art pop o post-punk, pero las etiquetas se quedan cortas rápidamente. Aquí hay destellos de new wave, synthpop y un dream pop densificado. Todo está filtrado por una sensibilidad que no busca replicar el pasado de forma nostálgica.

Los sintetizadores son el esqueleto de la obra. Las guitarras actúan como la piel que protege los circuitos. El ritmo es una respiración acompasada, nunca violenta. Hay una sensación constante de estar dentro de una habitación sin paredes, donde el eco es más importante que la nota original. Es una arquitectura en suspensión donde cada elemento flota en un equilibrio precario pero fascinante.

El análisis vocal: Susurros en el laberinto

La voz de la artista funciona como un hilo conductor delicado. No compite con la densa producción, sino que se sumerge en ella. Canta desde el epicentro del sonido, como si fuera una capa más de sintetizador. Su registro es etéreo, evitando los alardes técnicos para centrarse en la transmisión de estados anímicos. Cuando interviene Grey, la dinámica del álbum cambia por completo. Su timbre añade una dimensión terrenal y rugosa. Es como si el pasado interviniera directamente en el presente para dar fe de lo que está ocurriendo. Las armonías entre ambos no buscan el clímax épico. Prefieren quedarse flotando en el aire, como pensamientos que nunca terminan de formularse del todo pero que dejan una marca indeleble.

La portada es un destello cegador en la penumbra

En este punto es donde aparece la fricción más evidente del proyecto. La imagen muestra a la artista envuelta en una atmósfera luminosa y teatral. El juego de luces construye el título sobre su cabeza como una corona eléctrica. La intención apunta hacia lo performativo y lo ritual, intentando capturar la esencia del performance art.

Sin embargo, para un disco con semejante profundidad estética, la portada resulta excesivamente literal. Incluso podría tildarse de ingenua. No logra traducir la complejidad sónica que se esconde tras los créditos. El envoltorio parece no estar a la altura del contenido. Recuerda más a la estética de un espectáculo de Las Vegas que a la densidad underground que define el álbum. Es una desconexión visual que, aunque llamativa, no hace justicia al viaje introspectivo propuesto.

Arquetipos conceptuales en un mundo de cristal

Este trabajo no pretende contar una historia con inicio, nudo y desenlace. . Lo que plantea son estados de conciencia. Habla sobre la mutación de la identidad y cómo nos construimos a través de los fragmentos de la memoria. Es un diálogo con los arquetipos universales y la repetición constante de nuestros errores y aciertos.

Cada tema funciona como una variación sobre la misma idea: la transformación. No hay una narrativa lineal, sino desplazamientos laterales. Es un disco que trata sobre el vértigo de dejar de ser quien eras para convertirte en algo nuevo, algo que brilla pero que también quema.

Crónica de la «playlist»: Un viaje por las sombras doradas

El viaje comienza con People Turn to Gold. Es una pieza que abre el álbum con una sensación de revelación suave. Las capas de sintetizador envuelven una letra que apunta directamente a la alquimia personal: «La gente se vuelve oro cuando aprende a desaparecer». Es una entrada hipnótica que marca el pulso de lo que vendrá.

Luego nos deslizamos hacia Snow. Es un tema sutil que enfría el ambiente de inmediato. El sonido aquí es minimalista, casi suspendido en el vacío. La voz se vuelve introspectiva, recordándonos que existe «La nieve que no cae, pero recuerda». Es una transición perfecta hacia el movimiento rítmico de Skipping Stones. Aquí el ritmo es repetitivo y funciona de forma casi chamánica.

La exploración continúa con What Archetypes Say. En este punto el discurso se vuelve más abstracto y conceptual. Es la preparación necesaria para que Dancing Dizzy rompa la contención previa. El pulso del post-punk emerge aquí con una claridad vibrante. Es una energía contenida que finalmente estalla bajo la premisa: «Giramos hasta olvidar quién empezó el vértigo».

Al desvanecerse las últimas notas de baile, surge Lament. Esta pieza reduce todo a lo esencial. Es oscura, ceremonial y profundamente emocional. Sirve de contraste absoluto para Dawn Chorus. Este tema, escrito por los miembros de Modern English, suena más orgánico y conectado a la tierra. Nos dice que «El amanecer no promete, insiste».

El tramo final se inicia con Revelata. Vuelve lo etéreo, una revelación que se queda a medio camino, siempre inalcanzable. El cierre definitivo llega con Modern M y Mountain Stone. Ambas pistas actúan como una síntesis de todo el álbum. Es la lucha entre la identidad móvil y la permanencia de la piedra. No hay una resolución clara, solo un eco que se apaga lentamente en el aire.

Conclusión: Frecuencia propia en un mundo saturado

Este debut no busca encajar en las listas de éxitos ni seguir las tendencias del algoritmo. Es un lenguaje desarrollado con una ambición que no se disfraza de humildad. Aunque la parte visual pueda generar dudas, el acierto en lo esencial es incuestionable. Mara Katria ha construido un espacio sonoro propio donde las leyes de la gravedad musical no se aplican. No es un disco para ser consumido de forma casual; es un entorno en el que hay que estar dispuesto a perderse. Como comentó Mick Conroy en una reciente entrevista para The Post-Punk Archive (2026), «Trabajar con Mara es como intentar capturar un rayo en una botella de cristal; hay una pureza en su visión que nos obligó a replantear nuestra propia forma de tocar».

Escucha aquí «Modern M» de Mara Katria

Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonchhttps://crazyminds.es/author/carlos-flaque/
Periodista. Fotógrafo. Diseñador gráfico. Muchos años al pie del cañón. Ahora toca recuperar el pulso y volver a lo esencial. La música siempre ha sido el eje. No como ruido de fondo, sino como lenguaje, refugio y forma de entender el mundo. Está en todo lo que hago. Me interesa escribir sobre bandas que se salen del guion, que cuestionan lo establecido y abren grietas en lo convencional, ya sea desde el sonido, el concepto o la actitud. Propuestas que no buscan encajar, sino expandir. En Crazyminds, mi papel es claro: dar visibilidad a ese universo «underground» donde laten algunas de las ideas más honestas y estimulantes de la música actual. Hay mucho ahí fuera esperando ser descubierto. Así que vamos a ello. Porque sin transgresión no hay cambio. Y sin cambio, la música deja de tener sentido.