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Mara Katria – Modern M

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El encuentro de dos tiempos musicales

Existe una extraña paradoja bajo el título de Modern M: nace mirando hacia atrás, pero nunca suena atrapado en el pasado. Mara Katria parte de una relación personal con la música de Modern English y termina construyendo un territorio propio donde la new wave, el art pop, la electrónica y una sensibilidad cinematográfica conviven sin reclamar consentimiento. El resultado no parece un ejercicio de arqueología sonora. Más bien, tiene algo de experimento temporal: recuperar determinadas texturas del pasado para averiguar qué pueden decirnos ahora y, quizás, en un futuro.

La conexión con Modern English tampoco funciona como un simple reclamo. No estamos ante una artista que se limita a convocar a una banda admirada para decorar su debut. Modern M nace de la fricción creativa entre ambos mundos. Su viaje temporal consiste en volver con algo que todavía pueda servirnos.

Robbie Grey aparece con esa voz reconocible que parece llegar desde otra habitación del tiempo, mientras que Michael Conroy introduce el bajo, la guitarra, los sintetizadores, la batería, los efectos y una mirada decisiva sobre la mezcla. Stephen Walker aporta teclados de naturaleza expansiva y poco convencional; Gary McDowell, esas guitarras que ayudan a mantener abierto el espacio sonoro.

En el centro de todo está Mara Katria, la figura que escribe, arregla, interpreta, produce, mezcla y masteriza el álbum. Su participación instrumental es igualmente extensa. Proporciona voz principal, armonías, sintetizadores y efectos de sonido en todas las canciones, además de guitarra, percusión, batería sintetizada y bajo sintetizado en buena parte del repertorio. Roy Martin añade batería a Dancing Dizzy. J. Jeff Ungar aparece por su ayuda e inspiración durante el proceso del álbum.

El disco demuestra que una colaboración funciona cuando cada participante conserva su identidad y, al mismo tiempo, acepta formar parte de una visión mayor

Un nombre para habitar otro mundo

El nombre de Mara Katria funciona principalmente como una identidad artística más que como un nombre civil documentado. En las entrevistas y materiales oficiales disponibles, no explica un origen específico, sino que lo utiliza como una marca creativa coherente con su universo.

Según lo que se puede inferir de los textos y de su propio discurso, Mara es un nombre con raíces en diversas culturas (hebrea, latína, eslava, árabe…), a menudo asociado con significados como «triste», «amada», «mujer» o variantes de María/Marina. En su caso, encaja con una estética nórdica y melancólica que ella misma relaciona con su madre finlandesa. Esta herencia influyó en su gusto por los inquietantes sonidos de norte de Europa y el concepto finlandés del sisu. La influencia de su padre, el poeta Steven Eugene Pettman, es central ya que le transmitió la baladería celta (canciones narrativas de los pueblos celtas sobre historias de amor, tragedia, hazañas, fantasmas o héroes), la poesía como materia prima para canciones y un enfoque narrativo que cruza música, cine y palabra.

Por otra parte, el nombre de Katria tiene, además, un sonido cercano a Katherine / Katerina, de origen griego y esclavo, con el significado de «pura». También recuerda palabras como «catarsis» o «catedral», que encajan con el tono espiritual y ritual de su obra. En el contexto de su proyecto, Mara Katria funciona como el nombre de un personaje de un mundo ficticio, coherente con su carrera como creadora de videojuegos, directora de cine y autora de un álbum concebido como viaje en el tiempo.

Una creadora entre mundos

Mara Katria es una artista que no parece entender el arte como una sucesión de disciplinas independientes, sino más bien como un compendio multidisciplinar que abarca música, cine, fotografía y creación de mundos para videojuegos. Trabajar con distintas herramientas le permite introducir al público dentro de una historia y mantener viva una emoción después de que la experiencia haya terminado. Modern M nace en ese punto.

Publicado el 13 de marzo de 2026, este debut discográfico reúne diez pistas que construyen un viaje sonoro que atraviesa el espacio-tiempo: pasado, presente y futuro. Pero Mara Katria no llega a esta música desde un camino convencional. Antes ha creado mundos virtuales, dirigiendo cine, trabajando con imágenes y construyendo relatos alrededor de lo paranormal. Ahora ella es quien decide convertir el sonido en otro escenario.

Y para hacerlo convoca a Modern English, una de las bandas fundamentales de la new wave y el post-punk de los 80. Sus instrumentos, voces y sensibilidad se incorporan al tejido del álbum. El resultado no pretende reconstruir aquellos tiempos. Mara mira hacia esa época desde otro lugar. Hay ecos a ese tiempo, pero también recuerdos a David Bowie, a la exuberancia del shoegaze, al art pop y a sonidos asociados a las músicas antiguas del mundo. Todo ello florece filtrado bajo una producción que entiende la tracklist como un espacio cinematográfico. Por eso Modern M no solo se escucha, sino que también se imagina.

La música de Mara Katria parece construirse con la misma lógica con la que una película administra la luz, el silencio, el movimiento y la aparición de un personaje. Las canciones abren escenarios, sugieren imágenes y dejan que las voces y sintetizadores ocupen distintos planos

Una genealogía repleta de creatividad multidisciplinar

La historia de Mara comienza mucho antes de este disco. Su propia biografía habla de una infancia marcada por el valle del Hudson, en Nueva York, donde ríos, lagos, montañas y edificios cargados de historia terminarían convirtiéndose en parte de su imaginario. También están los relatos familiares. Su madre le contaba cuentos mágicos antes de dormir y su padre le transmitía mitos artúricos. La imaginación no aparece, por tanto, como una afición adquirida posteriormente. Parece haber formado parte de su educación sentimental.

Después llegarían otras formas de expresión. La gimnasia le permitió comprender el movimiento como una manera de contar historias. El teatro y la oratoria añadieron la dimensión de la interpretación y la comunicación. Más tarde apareció el mundo de los videojuegos. Ahí Mara empezó a construir literalmente mundos.

Como líder de proyecto y creadora de mundos participó en EiA Mod Team, un grupo que desarrolló Et in Arkay Ego, un extenso mod para The Elder Scrolls IV: Oblivion. El proyecto fue publicado entre 2009 y 2010 y recibió reconocimiento en distintos foros estadounidenses e internacionales. Crear estos universos virtuales significa pensar en atmósferas, personajes, espacios, reglas, recorridos y emociones. Representa conseguir que otra persona entre en un lugar que antes solo existía en la cabeza de sus creadores. Eso es exactamente lo que Mara intenta hacer ahora con la música.

Del universo virtual a la pantalla

Un año después de la experiencia de EiA, Mara asumió la dirección de Please Talk with Me, una película inspirada en el caso paranormal C2D1 Haunting y ambientada alrededor de varios estudiantes universitarios de 1985. El proyecto se estrenó por invitación especial en Scare-A-Con en Nueva York en 2012. Posteriormente obtuvo reconocimientos como el de Mejor Directora en Wilson Horror Film Festival en 2013 y Mejor Largometraje en Spirit Quest Film Fest en 2014.

Pero Mara no parece interesada únicamente en crear atmósferas. Las utiliza para hablar de personas y de sus entornos reales y existenciales. La oscuridad, los paisajes, los mitos, lo paranormal o la ciencia ficción son vehículos para llegar a emociones reconocibles y a esas otras que permanecen bajo en deposito del subconsciente. La música es ahora otra cámara que permite registrar y transmitir ese universo.

‘Modern M’ no siempre conduce hacia una canción concreta. A veces abre una habitación y nos permite permanecer dentro de ella a finde poder construir un espacio en el que una emoción pueda sobrevivir al instante en que fue creada

Dos voces separadas por el tiempo

La voz de Mara es un instrumento central: clara, expresiva, con un toque etéreo que recuerda a Kate Bush, Annie Lennox, Björk o Tori Amos. No busca el virtuosismo técnico para impresionar, sino la verdad emocional: hay momentos casi hablados, otros suspendidos en falsete y armonías que funcionan como coros internos. A veces la voz flota sobre la instrumentación como un fantasma consciente, creando una sensación de intimidad sobrenatural. La dicción y la forma de frasear le dan un aire cinematográfico: cada verso parece formar parte de un guion. Canta para situar al oyente dentro de una escena.

Y entonces aparece Robbie Grey. Su voz trae consigo una memoria inevitable. No necesita imitar el pasado porque forma parte de él. Su timbre introduce inmediatamente la historia de Modern English dentro de un disco concebido varias décadas después. La clave está en que Mara no desaparece cuando él entra. Ambas identidades funcionan como capas de una misma narración. Grey aporta memoria; Mara aporta una perspectiva contemporánea. Es una convivencia mucho más interesante que una simple aparición estelar.

Una producción que piensa en imágenes

La producción de Modern M está atravesada por la experiencia audiovisual de Mara. Los sintetizadores no funcionan únicamente como instrumentos. Construyen espacios. Los efectos de sonido amplían el escenario. Las armonías pueden actuar como voces interiores. Las guitarras aparecen como elementos de profundidad.

La propia artista sitúa su lenguaje cerca del art pop de Kate Bush y Laurie Anderson. También reconoce la influencia de David Bowie y la convivencia con distintas etapas de Modern English, desde After the Snow (1982) hasta trabajos posteriores como Take Me to the Trees (2027) y 1-2-3-4 (2024).

Pero el álbum no se limita tan solo a esas coordenadas. Mara incorpora también su fascinación por sonidos de músicas del mundo antiguas y por la exuberancia futurista del shoegaze. La mezcla puede parecer amplia sobre el papel, pero en la práctica la conexión está en la atmósfera. Mara no intenta demostrar cuántas influencias conoce. Las utiliza para construir un espacio propio. Esa diferencia es importante. Las referencias están ahí, pero no sustituyen a la autora. Su música se distribuye de forma independiente, sin discográfica tradicional: ella misma publica y distribuye sus trabajos a través de su propia web y de plataformas digitales (Bandcamp, Spotify, Amazon Music, etc.).

La portada como umbral de su esencia interior

La dimensión visual de Modern M debe entenderse dentro de un proyecto que nunca ha separado sonido e imagen. Mara es cineasta, fotógrafa y creadora de mundos. Por eso el álbum funciona mejor si lo concebimos como una puerta de entrada y no como un objeto cerrado. El proyecto incorpora además Modern M: Music for Time Travelers, un libro complementario escrito por la propia artista. Sus páginas amplían el universo del disco con recuerdos, anécdotas y reflexiones sobre el proceso creativo y la colaboración con Modern English.

La portada, por tanto, forma parte de una idea mayor: la del viajero que atraviesa distintas épocas llevando consigo fragmentos de cada una. No hace falta imaginar una máquina del tiempo literal. El viaje está en la música. Los sintetizadores abren puertas, la voz trae recuerdos y las guitarras dibujan paisajes. Es una concepción coherente con toda la trayectoria de Mara: crear lugares en los que el público pueda permanecer durante un tiempo.

Esa prolongación hacia la literatura resulta coherente con una artista que procede del cine y entiende la música como una herramienta narrativa. El álbum no termina cuando desaparece el último sonido. Continúa en las historias, recuerdos y anécdotas que acompañan el proyecto.

‘Modern M’ va desde aquello que una artista amó hacia aquello que todavía no sabe exactamente cómo nombrar. Y quizá esa incertidumbre sea su mayor virtud. Porque regresar del pasado con las manos llenas de recuerdos es sencillo. Lo difícil es convertirlos en futuro

Diez canciones para viajar en el tiempo

Los viajes transtemporales son un concepto que alude al desplazamiento hacia adelante o hacia atrás a diferentes puntos del tiempo y del espacio. También pueden conducir hacia realidades alternativas o universos paralelos, territorios habituales en la ficción y en buena parte de la narrativa multimedia contemporánea. Pero en Modern M ese desplazamiento no necesita máquinas, portales ni paradojas temporales. La música se convierte en el vehículo que viaja a través de las emociones en distintos tiempos y contextos existenciales.

Para Mara Katria, cruzar esa línea temporal y espacial constituye uno de los ejes fundamentales del disco. Su propuesta mira hacia el pasado para recuperar mitos, sonidos e imaginarios, atraviesa la memoria musical de los años ochenta y, al mismo tiempo, proyecta la mirada hacia un futuro todavía por construir. De ahí que la colaboración con Modern English adquiera un significado que va más allá de lo musical: dos generaciones creativas se encuentran en un mismo territorio y dejan que sus respectivos mundos se contaminen.

El viaje tampoco se plantea como una ruta con un principio y un final perfectamente definidos. Cada canción parece funcionar como una coordenada distinta. Algunas miran hacia atrás, otras permanecen suspendidas en un presente extraño y otras parecen señalar aquello que todavía no conocemos. En ese movimiento constante, Modern M convierte sus diez canciones en diferentes puertas de entrada a un mismo universo.

Y quizá ahí reside una de las claves de la propuesta de Mara: el tiempo no aparece como una línea recta, sino como un espacio que puede recorrerse en cualquier dirección. La música permite regresar, transformar lo vivido y volver a imaginarlo desde otro lugar. El pasado deja de ser una pieza de museo para convertirse en materia viva. El futuro, por su parte, todavía puede escribirse.

La primera grieta

El viaje comienza con People Turn to Gold. La canción establece el puente entre Mara y Modern English y coloca la voz en el centro de un paisaje reconocible y extraño. Es una puerta abierta hacia un universo donde las identidades comienzan a mezclarse. Snow enfría el escenario y profundiza en la vertiente atmosférica del proyecto. Después, Skipping Stones introduce otra clase de movimiento, más ligero, como si el viajero hubiera comenzado a desplazarse sin saber todavía cuál será su destino.

Con What Archetypes Say el disco se adentra en un terreno de símbolos, personajes y fuerzas psicológicas trabajando por debajo de la superficie. El título apunta hacia los mitos y estructuras narrativas que atraviesan la obra de Mara desde su infancia. En psicología analítica los arquetipos se refieren a formas subyacentes de los cuales emergen modelos o ejemplos de ideas o conocimiento del cual se derivan otros tantos para modelar los pensamientos y actitudes propias de cada individuo, de cada conjunto, de cada sociedad, incluso de cada sistema. Seguidamente aparece Dancing Dizzy, una canción de amor y encuentro que gira en torno a la sensación de quedar atrapado en la mirada del otro y dejarse llevar por esa atracción hasta sentirse «dizzy» (aturdido, mareado) de emoción.. Proporciona una dimensión física que contrasta con los pasajes más etéreos y Robbie Grey vuelve a introducir su presencia vocal.

La segunda estación

Entonces llega Lament, donde la melancolía gana espacio y el registro de Grey encuentra un contexto especialmente adecuado para esa sensación de memoria suspendida. Dawn Chorus es el momento en que el viaje temporal se hace explícito. La canción pertenece originalmente a Modern English. Mara no la trata como una pieza intocable. La introduce en su propio universo y la convierte en un punto de contacto entre dos momentos creativos.

Revelata funciona como una aparición: un espacio casi sagrado donde una revelación emerge y se instala en la memoria con pocos elementos. Después llega Modern M, la canción que comparte título con el álbum y que actúa como centro conceptual del recorrido, un espejo donde la artista se pregunta qué significa ser «moderna» ahora y cómo el tiempo transforma la identidad.

Finalmente, el viaje termina con Mountain Stone, aunque la sensación no sea exactamente la de haber llegado a un destino. Más bien parece que el álbum desaparece dejando una puerta abierta, es decir, mirar hacia arriba sin olvidar de dónde se viene, aceptar los opuestos (cima y base, luz y sombra) como partes de un mismo todo.

El futuro después del pasado y del presente

Podemos concluir que Modern M es una máquina del tiempo afectiva. Un artefacto de la new wave para viajeros que quieren cruzar décadas sin perder el hilo de lo que sienten. Si tuviéramos que definirlo en una imagen, sería como encontrar –en una cabina telefónica abandonada– un casete etiquetado con nuestro nombre que, tras pulsar el botón de reproducir, descubrimos que sabe lo que te está pasando ahora, lo que te ocurrió hace diez años y lo que te va a suceder de aquí a otros diez.

Modern M nos recuerda, por tanto, que el tiempo no siempre avanza en línea recta. Más bien plantea influencias antiguas que pueden convertirse en algo contemporáneo sin perder su memoria. Su música entrelaza historias humanas en los parámetros del tiempo a fin de ofrecer esperanza y plantear preguntas que intimen al espectador o al oyente: ¿qué hacemos con aquello que nos marcó? ¿Lo conservamos intacto o lo modificamos al incorporarlo a nuestra propia historia?

Quizá por eso Modern M no es solamente una colección de canciones que buscan diferentes formas de conseguir que otras personas entren en sus mundos. Primero fueron los mitos y los paisajes del Hudson. Después los escenarios de la gimnasia y el teatro. Más tarde los mundos virtuales de Oblivion. Después el cine, lo paranormal y Midnight Mind. Ahora llega la música. La herramienta cambia. La necesidad permanece.

En conclusión, Modern M utiliza la memoria de Modern English, la estética de la new wave, la libertad del art pop, el espíritu del shoegaze, la electrónica y una sensibilidad cinematográfica para construir algo que mira hacia atrás sin quedarse allí. Y quizá esa sea la mejor manera de viajar en el tiempo: no regresar, sino volver diferente.

Escucha aquí «Modern M» de Modern English

Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonchhttps://crazyminds.es/author/carlos-flaque/
Periodista. Fotógrafo. Diseñador gráfico. Muchos años al pie del cañón. Ahora toca recuperar el pulso y volver a lo esencial. La música siempre ha sido el eje. No como ruido de fondo, sino como lenguaje, refugio y forma de entender el mundo. Está en todo lo que hago. Me interesa escribir sobre bandas que se salen del guion, que cuestionan lo establecido y abren grietas en lo convencional, ya sea desde el sonido, el concepto o la actitud. Propuestas que no buscan encajar, sino expandir. En Crazyminds, mi papel es claro: dar visibilidad a ese universo «underground» donde laten algunas de las ideas más honestas y estimulantes de la música actual. Hay mucho ahí fuera esperando ser descubierto. Así que vamos a ello. Porque sin transgresión no hay cambio. Y sin cambio, la música deja de tener sentido.