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Ibibio Sound Machine – Chopping Mountain

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El rugido de la selva eléctrica

Imagina un sintetizador modular acoplado al tronco de un baobab ancestral, mientras una sección de vientos británica corta el aire húmedo de un sótano en el sur de Londres. Escuchar Chopping Mountain, el sexto disco de Ibibio Sound Machine, se siente exactamente así: un chispazo de alta tensión que derriba fronteras geográficas, temporales y espirituales.

La música aquí no es mero escapismo nocturno; es un bastión político que se defiende con las rodillas flexionadas, el sudor en la frente y los pies clavados firmemente sobre la pista de baile. Y como es costumbre en mis selecciones musicales, me gusta romper reglas y estilos.

El nombre de la banda rinde homenaje directo a la herencia familiar de Eno Williams. El ibibio es el pueblo originario y la lengua hablada en el estado de Akwa Ibom, en el sureste de Nigeria, de donde proviene su madre. Al fusionarlo con Sound Machine, el colectivo define su propia identidad: una maquinaria sónica moderna encargada de procesar y propagar el folclore, los cuentos tradicionales africanos y las proclamas de libertad en el lenguaje universal de la electrónica y el funk global.

El corazón del proyecto late bajo el liderazgo indiscutible de la carismática vocalista anglo-nigeriana Eno Williams y el multinstrumentista y productor Max Grunhard. Acompañados por su habitual legión multicultural de músicos, entrelazan percusiones africanas con sintetizadores de la escuela post-punk y electropop.

El álbum cuenta además con un invitado de honor estelar: el legendario maestro del afrobeat Dele Sosimi, exmiembro de la mítica banda Egypt 80 de Fela Kuti. Sosimi aporta su piano y su cadencia espiritual en Give Me Peace, una de las piezas centrales del disco.

«’Chopping Mountain‘ es un álbum profundamente humano que utiliza la alegría como forma de resistencia y celebra la capacidad de la música para liberar y elevar el espíritu» –Ibibio Sound Machine

El manifiesto de las frecuencias selváticas

El disco fue lanzado el 11 de septiembre de 2026 a través del sello discográfico Merge Records, y grabado en sus propios Vanguard Studios en el sur de Londres. Cuenta con la producción del propio Max Grunhard, quien recupera los mandos tras delegar en productores externos en sus anteriores trabajos. La mezcla y masterización fue autogestionada por el núcleo de la banda en sus propias instalaciones, logrando un sonido crudo, comunal y profundamente orgánico. Un viaje imperdible donde la alegría y el baile se consolidan como el acto de resistencia definitivo.

La evolución del colectivo con sede en Londres siempre ha sorteado el inmovilismo: Ibibio Sound Machine (2014) fue su debut homónimo de corte muy underground, trabajo que los posicionó como los nuevos guardianes del afro-funk transatlántico. Sus otros trabajos como Uyai (2017), Doko ien (2019), Electricity (2022), Pull the Rope (2024) consagraron su puesto en la élite internacional.

Actualmente Ibibio Sound Machine está formado por Eno Williams (voz), Alfred Kari Bannerman (guitarra), Joseph Amoako (batería), PK Ambrose (bajo), Afla Sackey (percusión), Tony Hayden (trombón, sintetizador), Scott Baylis (trompeta, sintetizador) y Max Grunhard (saxofón, sintetizador).

África: corazón de la Humanidad

Indiscutiblemente, y lo es por tres razones fundamentales: es el origen de la especie humana, tiene una enorme diversidad y vitalidad y posee la mayor zona de libre comercio del planeta, posicionándose como un eje central para el desarrollo global. Reconocer pues a África como el corazón de la humanidad es un llamado a dejar atrás visiones paternalistas o coloniales y a valorar su pasado, su presente y su papel decisivo en el futuro colectivo.  

Musicalmente África es también el latido del planeta. Prácticamente la totalidad de los ritmos que hoy mueven al mundo —desde el rock, el jazz y el blues hasta la salsa, el reggaetón y el pop actual— tienen sus raíces directamente conectadas con la música tradicional africana. A través de la dolorosa historia de la diáspora y la resiliencia de su cultura, las complejas estructuras rítmicas del continente cruzaron el Atlántico y transformaron el panorama sonoro global de forma irreversible.

Ibibio Sound Machine es uno de sus múltiples representantes y Chopping Mountain la confirmación absoluta de que la formación ha alcanzado su estado de gracia definitivo. No hay costuras visibles entre la tradición tribal africana y el hedonismo electrónico europeo. Este disco no solo se escucha; se padece físicamente, se milita y se celebra. Una obra imprescindible para entender cómo el ritmo global puede seguir siendo el arma más poderosa del nuevo siglo.

Todos nos enfrentamos a grandes desafíos, y ese es el concepto central de este álbum. Habla de los retos de la vida, de cómo enfrentarse a los obstáculos y superarlos

Frente la «montaña del hachazo»

El título del álbum funciona como una vívida alegoría de supervivencia. Hace referencia al hecho de «enfrentarse a las inmensas montañas y problemas que se interponen en nuestras vidas, encontrando la fuerza interna necesaria para seguir moviéndose y abriéndonos paso a golpes (chopping) a través de ellas». La «montaña» representa la opresión, el racismo y la crisis global; el machete rítmico de la banda es la herramienta para reducirla a escombros. De ahí que el titulo pueda traducirse como la «montaña del hachazo» (Mountain Chopping).

Chopping Mountain se erige, por tanto, como una respuesta directa e instintiva a un mundo convulso, polarizado y fragmentado. Tras experimentar con texturas más oscuras y puramente enfocadas en el clubbing en su entrega anterior Pull the Rope (2024), la banda regresa a un sonido más orgánico nacido directamente de las live jams (sesiones de improvisación en vivo).

Sonido y voz que trascienden fronteras

La voz de Eno Williams es un faro magnético. La alternancia orgánica que Eno Williams hace entre el inglés y el ibibio no es un simple recurso estético; es un acto político de preservación cultural frente a la homogeneización del pop global.

Instrumentalmente, el álbum se sostiene sobre una sección rítmica hiperactiva. El bajo eléctrico avanza con la sinuosidad del funk neoyorquino, mientras que los sintetizadores disparan ráfagas robóticas. Sin embargo, el verdadero triunfo del sonido radica en sus metales: los arreglos de saxofón y trompeta no adornan, sino que atacan cada compás con una urgencia post-punk electrizante.

«Somos prácticamente la unión de los colores de la música, ya que la banda está formada por personas de diferentes orígenes sociales y musicales. Al crecer tanto aquí como en Nigeria, tuve esa mezcla de música ‘highlife’, música africana y música occidental. Todos vivimos en Londres y, en conjunto, reunimos todas estas influencias que se reflejan en la música que creamos» –Ibibio Sound Machine

La portada: un puente entre la herencia africana y la vanguardia futurista

La portada de Chopping Mountain es un manifiesto visual impecable. El gran triángulo negro de fondo evoca de manera sutil pero directa la silueta de una montaña. Al situar a Eno Williams en el centro, rompiendo los límites de las líneas, se refuerza el mensaje de superación y fuerza colectiva que da título al disco (Chopping Mountain).

La paleta cromática está dominada por tonos verdes vibrantes. Este color no solo remite a la naturaleza, a la selva y a la noción de fluidez orgánica, sino que también es un guiño directo a la bandera de Nigeria, honrando las raíces de la banda.

Eno Williams luce un vestido espectacular con patrones tradicionales africanos combinados con franjas rojas y amarillas de estética muy moderna. Su postura, sosteniendo con orgullo y dinamismo la falda, proyecta poder, elegancia y movimiento, emulando la misma energía política y bailable que despliega sobre la pista de baile.

Las texturas pixeladas o de semitono que enmarcan la portada, sumadas a la tipografía estilizada de bordes redondeados, rinden homenaje a la estética de los sintetizadores del post-punk y la electrónica de los años ochenta.

«Eno», estilismo puramente africano

La estética visual de Eno Williams es una parte fundamental de la identidad de la banda. El estilismo de la portada es obra del aclamado diseñador nigeriano Kenneth Ize, conocido a nivel mundial por reinterpretar los textiles tradicionales de África Occidental con un corte de alta costura moderna y líneas andróginas.

A Eno le encanta usar hombreras supermarcadas, capas dramáticas y cuellos estructurados que le dan una presencia casi escultural sobre el escenario, jugando con esa dualidad de fuerza y fluidez. Combina a la perfección prendas hechas con asoke (un tejido tradicional yoruba de hilos gruesos y colores brillantes) con elementos industriales o futuristas, como botas metalizadas de plataforma, gafas oscuras de diseño o chaquetas de corte asimétrico.

Sus peinados con trenzas altas, recogidos esculturales y formas geométricas complementan de manera majestuosa la verticalidad de su vestuario, reforzando esa estética de «realeza futurista». Al final, su moda funciona exactamente igual que su música: agarra elementos del folclore más arraigado de su cultura, los sacude por completo y los lanza directamente al futuro.

Para Eno, esa combinación de rasgos faciales marcados y una mirada imponente, contrastada con la elegancia fluida de sus vestidos tradicionales, es un recurso visual muy potente en su estética y mùsica. Como mujer busca proyectar una imagen de poder y realeza africana contemporánea, alejándose de los estereotipos de feminidad más convencionales.

Insurrección «afro» en la pista de baile

El álbum se despliega de forma inteligente en dos bloques diferenciados que marcan el pulso de la experiencia. El rugido selvático se despierta con Burning in Lagos, un viaje hipnótico de casi siete minutos donde un bajo elástico dibuja el mapa de una Nigeria futurista plagada de arreglos de vientos afilados. El tema, envuelto en sintetizadores ardientes, percusiones cruzadas y metales vibrantes, conecta magnéticamente la vida nocturna de Londres con la energía de Nigeria.

Seguidamente aparece Chopping Mountain, el tema homónimo utiliza metáforas de la naturaleza y ondas de agua para simbolizar cómo los pequeños esfuerzos colectivos logran derribar las montañas más difíciles en la lucha por la liberación. Es una inyección de pura adrenalina con tintes de rock bailable. La percusión es seca, marcial y abrasiva, complementando la lírica de resistencia callejera.

El silencio se desgarracon When You Want to Dance, un track que desnuda la instrumentación en favor de un pulso electro-disco minimalista y contagioso. Diseñado exclusivamente para derretir las suelas en los clubes urbanos. Concept of Love se consagra como una gema de afro-disco rebosante de optimismo. Los sintetizadores resplandecientes cobijan un mensaje directo: el amor que entregas al universo es el que regresa a ti.

Return to Sender se materializa como la energía del dancefloor se transforma explícitamente en un puño cerrado. Williams escupe líneas vocales cargadas de urgencia social sobre un ritmo mutante que exige justicia e insurrección frente a la autoridad corrupta. Inspirada en un grave accidente automovilístico con un trasfondo instrumental sumamente bailable, transformando un evento traumático en una celebración afro-futurista de supervivencia y gratitud por la vida.

En una era de desencanto político, Ibibio Sound Machine reclama la pista de baile como el espacio definitivo para la resistencia comunitaria y la curación colectiva

La sanación rítmica y el legado espiritual

Give Me Peace (feat. Dele Sosimi) Exclusiva para las ediciones en CD y plataformas digitales. Es el bálsamo espiritual del disco. Una cadencia impregnada de dub y soul clásico donde el piano de Sosimi dibuja un mantra sanador: «Dame paz, dame libertad, dame amor con un beso». Menso es un corte de transición donde el funk de la vieja escuela domina el panorama, apoyado en una línea de bajo que camina pesada y orgullosa.

Love es una maravillosa composición que mira de frente a la época dorada del highlife de África Occidental, sazonada con sutiles pinceladas de soul clásico y texturas de lover’s rock veraniego. Kukuru es una pista rápida, juguetona e impregnada de polirritmias percutivas tradicionales que chocan de frente con arpegios electrónicos de corte retro.

Finalmente, River Don’t Rush se manifiesta como el cierre definitivo del larga duración. En lugar de optar por un final grandilocuente, la banda afloja las tensiones con percusiones orgánicas y texturas sintéticas flotantes. El tema evoca la fluidez indomable del agua, sugiriendo que la lucha y el baile continúan mucho más allá del final del surco del vinilo. La banda nos aconseja no cargar con pesos ajenos y dejar ir aquello que no controlamos, recordándonos que, al igual que un río, las cosas fluyen a su propio paso hacia su destino final.

Gracias a la producción autogestionada, la banda demuestra que la verdadera identidad sónica no se negocia ni se maquilla en grandes estudios externos

Donde el ritmo no conoce fronteras

Sea como sea, queda demostrado que la música africana es mucho más que una categoría geográfica o un conjunto de géneros reconocibles: es un territorio en permanente transformación donde tradición y modernidad conviven, se contaminan y generan nuevos lenguajes.

Desde el Afrobeat como denuncia social y resistencia postcolonial (Fela Kuti…) hasta las guitarras saharianas de los Tuaregs (Tinariwen…), desde hasta el Amapiano, estilo de música electrónica que ha revolucionado las pistas de baile de Nueva York a Tokio (Burna Boy, Wizkid, Tems, Ibibio Sound Machine), África continúa aportando al mundo una música capaz de hablar de identidad, resistencia, celebración, memoria y futuro sin perder su vínculo con la comunidad.

En ese mapa en constante movimiento, Ibibio Sound Machine ocupa un lugar especialmente estimulante dentro de las corrientes actuales. Su propuesta musical y su nuevo álbum demuestran que las fronteras musicales tienen cada vez menos sentido cuando los artistas se atreven a cruzarlas con personalidad propia. África no mira únicamente hacia su pasado: escucha sus raíces, las transforma y las proyecta hacia adelante. Y quizá ahí reside su verdadera fuerza: en una música que nunca deja de avanzar porque tampoco ha dejado de recordar de dónde viene.

Escucha aquí «Chopping Mountain» de Ibibio Sound Machine


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Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonchhttps://crazyminds.es/author/carlos-flaque/
Periodista. Fotógrafo. Diseñador gráfico. Muchos años al pie del cañón. Ahora toca recuperar el pulso y volver a lo esencial. La música siempre ha sido el eje. No como ruido de fondo, sino como lenguaje, refugio y forma de entender el mundo. Está en todo lo que hago. Me interesa escribir sobre bandas que se salen del guion, que cuestionan lo establecido y abren grietas en lo convencional, ya sea desde el sonido, el concepto o la actitud. Propuestas que no buscan encajar, sino expandir. En Crazyminds, mi papel es claro: dar visibilidad a ese universo «underground» donde laten algunas de las ideas más honestas y estimulantes de la música actual. Hay mucho ahí fuera esperando ser descubierto. Así que vamos a ello. Porque sin transgresión no hay cambio. Y sin cambio, la música deja de tener sentido.