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NADA SURF – NEVER NOT TOGETHER

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En España nos encanta Nada Surf. Tener un bajista madrileño tiene mucho que ver en esta relación de amor con la banda neoyorkina. No podemos evitarlo, nos reconocemos, «míralo, tocando en una banda de éxito y bebiendo Mahous», a pesar de que Dani Lorca haya vivido en Nueva York gran parte de su existencia.

Tal vez por eso desde nuestra tierra siempre se les ha tratado con especial cariño y se ha juzgado sus discos con benevolencia. Porque además de tener un español, es que son majos. Porque es una banda que hace unos años podías haberte encontrado de cañas por Malasaña. Porque en los conciertos hablan y hacen chistes en nuestro idioma.

Aún así resulta difícil imaginar ahora lo nuevo de Nada Surf, Never Not Together (City Slang, 2020) pinchado en algún bar de la capital aunque con un poco de suerte acabará llegando al público de manos de alguna emisora de radio independiente. Lo cierto es que con cada nuevo disco de Nada Surf la banda logra siempre el mismo resultado: hacerte sentir nostálgico y poner una estúpida sonrisa en tu boca.

Pónganse So Much Love si no me creen. Imposible no disfrutar de la atmósfera que esta banda lleva creando desde hace 20 años. La fórmula no es nueva pero les funciona a la perfección y de alguna forma la banda de Matthew Caws consigue sonar siempre fresca, como la felicidad que se siente al besar a alguien por primera vez o el primer día del verano.

Muy muy lejos se encuentran ya de la canción que les hizo célebres, el tema odiado por antonomasia, cuyo bajista Dani Cortes tildó de «aberración» en una entrevista y cuyo nombre aquí no mencionaremos. Aunque si alguien echaba de menos las parrafadas de Matt, con Something I Should Do tienen tiempo para desquitarse. En este tema, más cercano al power pop que al rock alternativo, el neoyorkino suelta un monólogo sobre el paso del tiempo, el uso de las redes sociales o lo simples y complicados que somos a la vez los seres humanos.

Siguiendo la estela de optimismo de la que todo el álbum está impregnado tenemos temas como Come Get Me o Live Learn & Forget. Hay canciones que harán las delicias de aquellos que crecimos escuchando sus baladas en el Ipod pensando que estaban escritas para nosotros como Just Wait.

Y mención especial a Mathilda, seis minutos que comienzan con Matt contando como solían confundirle con una chica cuando era un chaval. La pequeña pos adolescente que llevo (y llevamos todos) dentro está encantada, pero admito que tal vez estas letras me llegarían más si siguiese teniendo 17 años.

Aunque los fans de Nada Surf están ya lejos de esa edad (hasta mi madre fue a su último concierto en Madrid) la banda siempre logra que disfrutemos de la suave y cálida voz de Matt, del piano y las guitarras poppies. Y aunque Never Not Together no sea Let Go (2002) —y nunca nada volverá a serlo— es un disco estupendo con un par de buenos singles que seguirán en mi playlist hasta el álbum que viene.