Cincuenta discos y contando
Pocos artistas pueden celebrar haber llegado a su álbum de estudio número 50. Neil Young es uno de ellos. Poco más de 60 años después de sus inicios con The Squires, nos presenta cinco nuevas canciones y dos revisiones de sus canciones más antiguas: “Casting Me Away From You” y “I’ll Love You Forever”.
¿Qué inspira a Neil Young a seguir haciendo discos superados los 80 años? La respuesta es sencilla: sigue teniendo esa chispa dentro. En una reciente entrevista, el canadiense decía que cada día, tras levantarse, coge la guitarra y escribe algo. Siempre lo graba, aunque nunca vaya a salir a la luz. Escribe sin pensar en lo que escribe, se deja llevar por su subconsciente. Nos habla de su juventud, vista desde la (no) vejez y desde la propia juventud, con esas dos revisiones de los 60.
Neil Young siempre ha estado en contra de las grabaciones digitales, de la IA y de las plataformas de streaming. Por eso mismo, se encerró en los Shangri-La Studios de Rick Rubin, en Malibú, California, y grabó todo el álbum en cinta. De la producción se encargaron The Volume Dealers (Que son el mismo Neil Young y Niko Bolas) y Lou Adler, a sus 92 años, productor de hits como “California Dreamin’”. Second Song es un disco calmado, sin calcularlo al milímetro, dando confianza plena a sus músicos: The Chrome Hearts. Suena cálido, con letras que hablan desde el mismo corazón de Neil. Ninguno de ellos toca algo para lucirse ni demostrar nada; todos tocan pensando en la canción y en lo que esta quiere hacer sentir. Hay canciones cortas y otras, como la homónima, que superan los once minutos de duración. La Les Paul de Neil no ha rugido como lo solía hacer con Crazy Horse: se queda en un disco acústico, íntimo y muy personal.
El neblinoso paso del tiempo
El disco empieza con “The Foggy Edge Of Time”, con Neil Young al piano. El ritmo es más bailable que el del resto de canciones, aunque posee un aura y una instrumentación nostálgicas. Young reflexiona sobre el arrepentimiento y sobre cómo tomar ciertas decisiones puede marcarte de por vida. Habla de cómo crió a tres maravillosos hijos y de los obstáculos que hubo por el camino, como el alcohol. También de cómo tuvo que dejar atrás cosas que amaba para poder ser feliz.
En “Day After Day” nos canta sobre algo cotidiano como el paso de los días: cómo pasan sin darte cuenta, aparentemente todos iguales. La canción transcurre lentamente, haciendo sentir al oyente esa sensación que la letra intenta transmitir. El cantante nos habla desde su propio punto de vista, de cómo, sin darse cuenta, tiene ya 80 años.
Para romper con el esquema que presentaba el álbum sobre la vejez y la juventud, “Earth Girl” nos habla de otro sentimiento. Nos habla del amor, ese que dura y es igual de fuerte tanto de joven como de mayor. Le canta a Daryl Hannah, su actual esposa, con quien deja claro que quiere aprovechar al máximo el tiempo.
Once minutos para contemplar una vida
Tras haberle cantado al amor, nos adentramos en la pieza central del disco, la que le da nombre: “Second Song”. El tempo pausado de la canción es la clave de esta. Young no intenta construir una canción pop, sino que deja que la música avance con calma durante sus once minutos. Los músicos gozan de una improvisación controlada y relajada, sin urgencia ni prisa por llegar a un clímax o a un estribillo. Los músicos trabajan para darle la atmósfera que pide la canción. La letra se revela sin contar una historia concreta; parecen pensamientos de alguien que se ha sentado con su guitarra a contemplar su propia vida y observar cómo todo cambia.
Una de las canciones rescatadas para revisitar en este disco ha sido “Casting Me Away From You”. La canción habla de una separación sentimental. Lo bonito de estos “rescates” es que, si cerramos los ojos, podemos escuchar a dos Neil Young a la vez: el joven que recién experimenta el desamor y el mayor que recuerda a aquel joven.
Las guitarras rugen de nuevo en “Soon I Might Be Going”, el momento en el que la eléctrica de Young vuelve a sonar. Con una guitarra acústica constante y la eléctrica por detrás, creando atmósferas y tensión, la canción se extiende cerca de nueve minutos. El de Canadá reflexiona sobre la muerte, sobre la política y sobre el mundo que dejará atrás cuando ya no esté. Habla de Estados Unidos y de la desaparición de aquel mundo que ha conocido siempre y que ahora está cambiando tan rápidamente.
Una promesa de hace sesenta años
La canción que pone el broche final es “I’ll Love You Forever”, la segunda canción que rescata para este álbum. Es otra canción escrita alrededor de 1964 para The Squires y que promete amar para siempre. Es la indicada como cierre, ya que oímos al Neil Young de 80 años cantar esa promesa que hizo a sus 18 años. Después de la oscuridad y densidad de la anterior, en esta nos encontramos a otro Neil con su guitarra acústica y una instrumentación que empuja la base. Nos canta de una manera directa e íntima. El cantante no necesita grandilocuencias para cerrar; después de cantarle casi todo el disco al paso del tiempo y a las decisiones de la vida, le canta a algo más sencillo y atemporal: el amor.
¿Era necesario otro disco más de Neil Young? No hay una respuesta correcta a esta pregunta. Unos estarán encantados; a otros les disgustará que no haya hecho nada nuevo. Neil siempre ha hecho lo que le ha apetecido y lo sigue dejando claro: no piensa en ventas ni nada semejante. Solo hace falta ver su discografía y ver álbumes como Trans (Geffen Records, 1982), que tuvo unas ventas bajísimas y que hizo en honor a su hijo. Second Song nos trae (otra vez) de vuelta a un Neil Young inspirado, con ganas de tocar, componer y pasar un buen rato con los Chrome Hearts. No todos los días se puede tener a un artista con más de 60 años de carrera tan inspirado y con ganas de hacer cosas como Neil Young, y eso tenemos que agradecérselo, nos guste o no el resultado.

