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NICK CAVE – SEVEN PSALMS

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Por Rafael Chipana.

Una experiencia más espiritual que musical. Esta afirmación no es extraña ni menos ajena dentro del contexto de su carrera musical en general y de su sentir en particular. Sobre la excepcional carrera musical del australiano Nick Cave, sobran los argumentos (o discos). 25 discos editados que agrupa sus trabajos solistas y todos esos huracanes sonoros que grabó junto a los The Birthday Party, The Bad Seeds y Grinderman, sobre los cuales habrá que mencionar que existe bastante consenso en considerar a varios de ellos como clásicos o discos de culto, entre los cuales se pueden citar a Door, door (1979) y Junkyard (1982) junto a The Birthday Party, The boatman’s call (1997), Skeleton tree (2016), Murder ballads (1996) con The Bad Seeds y Grinderman 2 (2010), una carrera plagada de música que, como mínimo, siempre resulta inquietante o directamente te sobresalta pero que también te puede invitar a la reflexión. Es justamente esa arista la que te permite ingresar al campo de su sentir, ese lugar en donde afloran las justificaciones para un trabajo de esta naturaleza que no es un mero trabajo para engrosar la discografía.

Sus historias sobre gente condenada y destrozada por abominables presagios bíblicos ya se sentían desde trabajos como Your funeral… my trial (1986) y en el melancólico Henry’s dream (1992), otro punto destacado en su producción, pero estos acercamientos a la religión por supuesto que no son casuales, ni mucho menos intencionales licencias artísticas. Cave, en una ocasión, afirmó al periódico The Guardian que “la brutalidad del Antiguo Testamento, sus historias y sus grandes gestos, ha sido una gran fuente de inspiración”. Algo muy propio de alguien cuyos padres fueron fervientes cristianos anglicanos y por ello, cuando recita: I have nowhere left to go but to you, Lord / Breathless, but to you, solamente estamos confirmando el profundo carácter espiritual en el sentir del australiano y que se puede rastrear desde sus primeros discos con The Birthday Party en canciones como la desenfadada By Jesus-Trash-Can de 1982 y que suena como si estuvieran torturando a Tom Waits mediante la electrocución.

No es novedad que Cave incorpore matices religiosos en sus canciones pasados por el filtro del miedo y el sarcasmo más ácido. Por todo ello, este último trabajo no es una rareza, sino más bien la confirmación de una obsesión que lo ha rondado toda su vida. El álbum está conformado por siete poesías que te acercan a la intimidad religiosa del artista. El trabajo fue compuesto durante la cuarentena y, según el propio músico, a razón de un poema o salmo por día, en colaboración con el multi instrumentista Warren Ellis, a día de hoy su mano derecha e integrante también de The Bad Seeds.

La portada del disco tiene un carácter sobrio que se asemeja a los antiguos himnarios religiosos, fondo negro con letras doradas y una cruz al medio. En cuanto a la música, cada uno de los poemas duran a lo sumo dos minutos y son meditaciones en forma de spoken word que abordan la fe, la ira, el amor, el dolor, la misericordia, el sexo y la alabanza, envueltas sobre suaves texturas de sintetizadores que emulan música sacra.

Cada salmo es una declaración de fe, un compromiso inquebrantable que se deja oír desde el primer minuto: Lord, I cannot wait a single moment more, proclama en How long have I waited. Cada una de las plegarias contiene lenguaje de gran valor religioso ya que inmediatamente se despacha la súplica: Have mercy on me, Lord, and bring me home. Sin duda, sus cortas reflexiones son fruto de haber sido arrastrado por el vendaval de una carrera que ha visto casi de todo y cuya vida también ha sido azotada por plagas como el mismo Egipto de Faraón. Ya en pleno terreno de la alabanza, en Splendour, Glorious Splendour declara Praise you with wondrous adoration / In love and blessed glory, oh defeat. Adoración a Dios en estado puro y si tu órbita gira alrededor de una búsqueda espiritual, podrás valorar mejor estas composiciones.

Psalm Instrumental, la octava pista, reúne todos los pasajes musicales y redondea una obra que, una vez más, ahonda en la veta religiosa de un hombre que también ha sido destrozado por las circunstancias y es por eso que este álbum adquiere, a estas alturas, otra dimensión con las trágicas muertes de dos de sus hijos y resultan en una experiencia sino exorcizante, al menos, catártica.

Escucha aquí Seven Psalms de Nick Cave

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Colaborador
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Apasionado investoriador musical (investigador + historiador), cinéfilo incurable y voraz lector.

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