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NICK CAVE & WARREN ELLIS – CARNAGE

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La extrema dureza de la pandemia no ha frenado el ímpetu creativo de muchos artistas, entre ellos el de Nick Cave y Warren Ellis. El dúo ha sentido la necesidad de extrapolar los temores vividos como un proceso acelerado de intensa creatividad. El resultado terapéutico ha sido Carnage, Matanza o Carnicería traducido al castellano.

Si el título ya estremece por sí mismo, nadie esperaba la rápida salida del disco en formato streaming. Según la discográfica, Carnage se publicará el 28 de mayo en soporte físico (vinilo y CD). Todo el trabajo se ha compuesto durante el confinamiento pandémico. Es un trabajo de 8 pistas, en apariencia calmado, pero que emocionalmente irradia miedo, frustración, rabia y esperanza. Goliath Records ha sido el responsable de la producción y Popstock! lo distribuirá en España.

Si su antecesor Ghosteen ya nos dejó helados por tratarse de un duelo personal y una carta de amor por la muerte de su hijo de 15 años, Arthur Cave, Carnage es un álbum que persiste impregnado de dolor, pero más centrado en el peso y arrastre que supone un encierro y el duro incremento de la intimidad forzada. Pero al mismo tiempo, es un canto a la esperanza, a esa necesidad que late en los seres humanos cuando las cosas se vuelven en contra. Por eso, según Cave: “Carnage es un disco brutal pero muy hermoso que se gesta y se arraiga dentro de una catástrofe global”.

Warren Ellis ha sido el encargado de la sonoridad envolvente. Violín, flauta, guitarra, percusiones, glockenspiel, y algunos sintetizadores y arreglos vocales, se armonizan para irradiar una belleza plástica sonora enorme. Por su parte, Nick Cave ha puesto esa voz que parece surgida del submundo, los compases de piano, sintetizadores y otras percusiones. Ambos maestros han contado con la excelsa participación de un coro de cinco cantores, un cuarteto de cuerdas, la batería de Thomas Wydler (Old Time) y la guitarra y batería de Luis Almau (White Elephant). Toda la grabación se ha realizado por Ellis y Cave en el Soundtree Music de Londres.

Cave cuenta que la inspiración le vino durante el confinamiento, mientras leía libros y escribía compulsivamente estando sentado en el balcón de su casa. Desde allí imaginó el gran dolor que azotaba al mundo. La idea del disco apareció naturalmente, como lo expresan sus palabras: “El disco simplemente cayó del cielo. Fue como un regalo. Trabajamos con él como dos personas sentadas en una habitación asumiendo los riesgos y dejando fluir las cosas”.

El álbum arranca con Hand of God, un tema suave pero que a los pocos segundos atiza con una repentina ráfaga exógena que latiguea el alma. Es la mano de Dios, como el nombre indica. A partir de ahí, la melodía cambia y todo se vuelve extrañamente quebrado. Los coros del fondo repiten incesantemente la expresión Hand of God, como una severa y autoritaria advertencia. Su letra viene a decir que los humanos deambulan por la vida abrumados, tratando de encontrar respuestas en esas fuerzas invisibles que se desatan incomprensiblemente a través de un poder superior: “Hay algunas personas que intentan averiguar quiénes son / hay algunas personas que intentan averiguar por qué / hay algunas personas que no intentan encontrar nada”. Sin duda, estamos ante un proceso de teocentrismo que busca refugio etéreo para una amenazada supervivencia.

Entramos de pleno en el segundo tema del disco, Old Time, cuya oscura cadencia nos arrastra a un sueño febril y desgarrador, donde “los árboles son negros y la historia nos ha sometido hasta las rodillas”. Su núcleo es potente, un anhelo por encontrar una salida y escapar. Musicalmente nos adentra en el seno vertiginoso de una espiral en continuo vaivén de ascensos y caídas, y cuyo desenlace final nos deja en un estado de suspensión agobiante. La entrada del saxo a mitad del tema es desgarradora y produce escalofríos.

Por fin llegamos a Carnage, una bella melodía marcada por una percusión obsesiva que avanza como una legión de espectros dejando atrás esa muerte espiritual que aniquila nuestros días, recuerdos y esperanzas. Parte de la letra refleja ese estado: ”Esta canción es como una nube de lluvia / que sigue dando vueltas por encima / pero mi corazón es un camino abierto / donde nos escapamos para siempre”.

White Elephant tiene dos partes claramente diferenciadas. Se inicia bajo la batuta de un compás lúgubre y termina transformándose en un cántico góspel a la esperanza. Es la espeluznante fantasía que anuncia el fin de los tiempos donde las almas supervivientes aúnan sus voces en una gran nube que se eleva hacia el reino del cielo. El tema se va diluyendo lentamente como el sonido coral de los arcángeles desvaneciéndose en la lejanía infinita.

Albuquerque es un despertar, una sensación escalofriante que nos incita a permanecer, porque la felicidad existe en la cotidiano y en la proximidad, con sus penas y alegrías. Abandonar eso, supone desaparecer sin dejar rastro. Es como asesinar tu pasado. Esa evocación de la voluntad de la cercanía se fortalece en los momentos de critica realidad que pasamos: “No conseguiremos ir a cualquier lugar / en cualquier momento de este año / a menos que te sueñe allí / a menos que me lleves allí”.

Lavender Fields arranca majestuosa como una banda sonora. La profunda voz de Cave rememora campos violáceos de lavanda, como un manto metafórico que enmascara lo desagradable y nos concilia al sueño. Son cuatro minutos de soledad por caminos llenos de preguntas: “A veces veo un pájaro pálido / revoleteando en el cielo / pero solo es un sentimiento / un sentimiento cuando mueres / no preguntamos quien / no preguntamos por qué / hay un reino en el cielo”.

Shattered Ground nos adentra a través de la necesidad de crear unión, porque en estos momentos solo una colectividad puede descollar la carnicería de los instantes sombríos. La unidad puede vencer la depresión, el miedo, los prejuicios, el horror: “Hay una locura en todo ello y una locura en mí / todos juntos formamos una especie de cordura”. 

El disco se cierra con Balcony Man, una triste historia de un recluido hombre que canta desde su balcón, mientras alza su mirada al cielo tras contemplar la desolación y el sufrimiento del mundo. Sin embargo, en el fondo de su ser siente que hay que resistir hasta el final, sin importar la tempestad que están viendo sus llorosos ojos.

Concluyendo, Carnage es un disco extraño, misterioso, con mucho malestar y esperanza, triste, oscuro y brillante, una especie de catarsis desde lo humano a lo celestial, entre lo racional y lo espiritual.  Sigue la dolorosa línea de Ghosteen, álbum que se centró más en los niños que mueren y en los padres que lloran. Carnage exhala un aroma hacia esos reinos deseados que buscan una vida sin dolor, donde las personas resuelvan pérdidas sin sufrimiento, un espacio donde las almas encuentran el fin de la negatividad y el retorno de su contrario, valores que por diversas razones nos ha abandonado.

Sin lugar a dudas, Carnage es un disco liberador, que te hace salir de las sombras circundantes de nuestros errores y excesos. Es un disco que busca ruegos y respuestas, que busca el abrazo de un poder superior, porque el hombre es débil e incapaz de equilibrar su vida y razonar muchos porqués. Pero este reino superior es, a la vez, injusto e inalcanzable, porque permite que sucedan cosas que no deberían acontecer. Pagamos un precio demasiado alto por vivir y ser humanos.

Para todo ello Cave utiliza muchas metáforas, como árboles, ríos, flores, caminos, animales, cosas… así como frases que, por sí mismas, incitan a reflexiones profundas. En todo caso, se percibe que detrás de este conglomerado lírico, habita un hombre afligido y fracturado que, a través de la pluma y el sonido, trata de desprenderse de bagajes dolorosos, y recomponerse desatando los fantasmas que aún le siguen atormentando.

Si bien es cierto que el disco fue concebido de forma rápida como concepto durante el confinamiento, Carnage es un trabajo hábilmente elaborado en todos sus niveles, pues tanto Cave como Ellis han sabido dar la forma idónea que el disco precisaba. Cabe también comentar el gran trabajo desarrollado por Warren Ellis gracias a su habilidad multi-instrumentista para generar atmósferas y arreglos profundamente envolventes. Y es que cuando escuchas el disco, tienes la sensación estar flotando por otros mundos bajo una refinada arquitectura sónica. A eso hay que añadir la voz de Cave como un sonido magistral que se desliza entre capas interestelares y pasajes profundamente existenciales. Los registros de Cave son auténticos recitales poéticos que describen intensamente su alma torturada.

En definitiva, podríamos resumir que Carnage es una meditación subterránea y relativamente calmosa sobre un resguardo anímico en tiempos de aislamiento. Son ocho alternativas sonoras y líricas que buscan dar sentido al gran desplome que supone vivir encerrado entre pérdidas y dolores humanos. Son ocho caminos distintos pero vinculados que tratan de encontrar respuestas a toda esta “carnicería” física y espiritual que ni el propio reino del cielo es capaz de evitar.

Escucha “Carnage” de Nick Cave y Warren Ellis

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Carlos Flaqué Monllonch
Hablar de uno mismo no es tarea fácil, aunque muchas veces las circunstancias pidan hacerlo, como es el caso. Se pueden contar muchas cosas, pero quizás lo más importante es abrazar la vida con positividad. ¿Qué puedo contaros de mí? Este caso deciros que me encanta la música y mi profesión, la de periodismo (escribir) y la de comunicación gráfica (diseño gráfico y fotografía), herramientas que me permiten abrir muchas puertas, como conocer gente para intercambiar, transmitir cosas y generar proximidades. Las nuevas tecnologías permiten eso y más. Así que nada de excusas y manos a la obra…
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