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Nine Inch Nails – Nine Inch Noize

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Hay artistas incapaces de quedarse quietos, y Trent Reznor lleva décadas demostrando que cada proyecto de Nine Inch Nails parece abrir una puerta nueva, incluso cuando revisita su propio pasado.

La banda se sumergió recientemente en el universo de Tron: Ares con dos trabajos consecutivos —Tron: Ares (2025) y Tron: Ares: Divergence (2026)— donde el pulso electrónico adquirió un protagonismo renovado gracias a la implicación del productor alemán Boys Noize. Aquella colaboración no solo funcionó: encajó con una naturalidad inesperada.

De ese tandem nace Nine Inch Noize, firmado por Reznor y Atticus Ross junto a Boys Noize, y elevado oficialmente a la categoría de Halo 38 dentro de la discografía del grupo, siendo una expansión del lenguaje de NIN.

El planteamiento es claro: reinterpretar su propio repertorio desde una óptica más orientada al club, sin diluir la oscuridad que siempre ha definido su sonido. Como el propio Reznor ha señalado en NME, es “un disco para escuchar alto”. Y se nota. Aquí, las líneas de bajo se endurecen, los ritmos se vuelven más constantes y potentes y la producción empuja cada tema hacia territorios cercanos al techno y al industrial dance.

La selección de canciones tampoco es casual. Muchas fueron elegidas durante las sesiones de Tron: Ares, rescatando piezas de distintas etapas de la banda que compartían potencial para transformarse en himnos de pista sin perder su identidad original. Incluso hay espacio para reinterpretaciones inesperadas, como guiños a Soft Cell o a How to Destroy Angels, el proyecto paralelo con Mariqueen Maandig.

Otro de los rasgos distintivos del álbum es su carácter casi documental. Grabado en movimiento —entre estudios, hoteles y aviones— durante la gira Peel It Back, el disco captura una energía inmediata, casi accidental. La misma idea de trasladar este enfoque a un directo a gran escala, como el de la carpa Sahara en Coachella, que surgió de forma espontánea, pero terminó cristalizando en una producción a lo grande.

Halo 38: Nine Inch Noize se presenta como una experiencia más sensorial que narrativa, pensada para entenderse plenamente a través de su formato en directo y alcanzar ese clímax de club. Nine Inch Nails y Boys Noize apuestan por una puesta en escena de rave industrial, con luces agresivas, visuales abstractos y una estética marcadamente futurista. 

Más que una rareza dentro de su catálogo, Nine Inch Noize funciona como una mutación de  Nine Inch Nails. Para ubicarnos en la discografía del grupo, vamos a ir comentando los temas según el álbum al que pertenecen: 

El disco arranca con Intro, una versión de la mítica Pinion (LP Broken), que bien podría funcionar a modo de metrónomo y prepara el oído para lo que viene después. Al tratarse de un directo, la energía del público se percibe desde el inicio de cada tema.

Si Pinion nos sumergía en un bucle de guitarras claustrofóbico y cargado de tensión, Intro construye una expectativa casi de thriller, una calma tensa que parece contener la respiración, como si en cualquier momento fuera a estallar.

De la época de Year Zero, que mezclaun sonido industrial electrónico con un enfoque distópico y social,nos encontramos con Vessel, The Warning y Me, I’m Not.

Vessel mantiene esa sensación de incomodidad y encierro de la versión original, pero en Halo 38 la oscuridad original se convierte en impulso: te arrastra a moverte con un beat de techno industrial que le da al tema un carácter más agresivo y contundente. Como curiosidad, para esta versión se eliminaron algunas transiciones melódicas de la original y mantener así un ritmo continuo durante casi seis minutos, lo que la convierte en una de las canciones más largas del disco.

Por otro lado, la versión de Coachella de The Warning convierte una canción oscura en un impacto directo para la pista de baile, mientras que Me, I’m Not se vuelve más minimalista, perdiendo el rollo glitch original. 

El emblemático The Downward Spiral, uno de los discos más importantes del rock industrial y de la música alternativa de los 90 tiene aquí su espacio con las míticas Heresy y Closer. La primera originalmente se presenta como un tema crudo y abrasivo: distorsión casi orgánica, y una interpretación cargada de rabia por parte de Trent Reznor. En cambio, en Halo 38, la canción se transforma en una versión mucho más pulida, con voces pregrabadas y bajos más profundos que la acercan a una estética techno/EDM. El resultado es uno de los cortes más potentes del proyecto y, probablemente, el que mejor ha abrazado este enfoque electrónico. La puesta en escena no intenta explicar la canción, sino re-contextualizarla: Heresy deja de ser un grito contra Dios y pasa a ser un momento de descarga dentro de un ritual electrónico moderno. 

La versión original de Closer, lenta, densa y muy sensual, con un ritmo “sucio” que este nuevo trabajo transforma completamente el tema en un ritmo es mucho más recto, constante y repetitivo.  La parte visual fue casi tan importante como el sonido, con bailarines moviéndose de forma mecánica, casi robótica y, como ya hemos visto en el set en general, con una estética de club y luces estroboscópicas acorde.

La introspección de Hesitation Marks nos llega con los temas Copy of a y Came Back Haunted, pero en esta ocasión, para ambos cortes, el tono contenido cambia a una versión más visceral y orgánica.

La discografía de NIN es bastante extensa, dejando sitio también para EPs como Not the Actual Events y del que se extrae para este último trabajo la hipnótica She’s Gone Away. Escrita originalmente para la serie Twin Peaks, vira en Halo 38 a un tempo más rápido, convirtiendo la base en un beat electrónico más marcado. La oscuridad original sigue presente pero con una energía más física. 

En este trabajo también hay sitio para las rarezas, como sería el caso de Parasite (nunca formó parte de ningún LP de NIN, más bien circuló en formato demo, y  pertenece al proyecto paralelo de Trent Reznor y Mariqueen Maandig, How to Destroy Angels). Siendo originalmente un tema casi experimental, se traslada a este nuevo paradigma convirtiéndolo, quizá a la par que Heresy, en uno de los temas más disfrutables y bailables.

La interpretación en Coachella 2026 le da un plus a este tema, que se comprende en su totalidad con los visuales, los bailarines y el movimiento escénico.

En este directo, se hace un homenaje a Softcell con la versión de Memorabilia,transformándola en algo más denso, físico y oscuro, contrastando con la pieza original, que era más minimalista, irónica y orientada al synthpop. La esencia de la canción sigue presente, pero cambia su impacto: pasa de ser un comentario frío sobre la cultura pop a una experiencia más intensa y visceral.

La banda sonora de Tron: Ares se cuela aquí con As Alive As You Need Me To Be funcionando como un punto de encuentro: la versión original es más fría y utilitaria, pensada para el universo visual de la película, mientras que el enfoque de Nine Inch Noize introduce más peso emocional y oscuridad industrial.

En conjunto, este proyecto muestra a Nine Inch Nails en una fase de reinvención, donde su propio catálogo se convierte en algo fluido y maleable. Trent Reznor y sus colaboradores no se limitan a reinterpretar canciones, sino que las reubican en un nuevo contexto sonoro dominado por la electrónica de club y la estética del directo.

Lo que en origen era industrial, introspectivo o incluso abrasivo, aquí se convierte en una experiencia más física, pensada para el movimiento y la inmersión colectiva, sin perder del todo la oscuridad característica del grupo. La colaboración con Boys Noize refuerza ese giro hacia lo rítmico y lo techno, pero sin borrar la identidad emocional de NIN.

Más que una simple relectura de su discografía, Nine Inch Noize funciona como una mutación: un punto donde pasado y presente se mezclan para generar una versión más directa, sensorial y expansiva del universo de Nine Inch Nails.

Escucha aquí el último trabajo de Nine Inch Nails, Nine Inch Noize