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Niña Polaca – Que adoren tus huesos

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Normalmente, al comentar un nuevo lanzamiento de un grupo tan querido como lo es Niña Polaca en el panorama de música underground en nuestro país, se diría que se han hecho de rogar y que ya echábamos de menos que estrenaran nuevos títulos. Sin embargo, en este caso no podemos aplicar esa afirmación, ya que durante los últimos meses, los madrileño-alicantinos se han esmerado en abrir nuestro apetito a base de suculentos adelantos. Y es que, desde el pasado noviembre nos han mostrado, nada más y nada menos que la mitad de su último trabajo: siete temas que se han ido consagrando como canciones indispensables de sus repertorios en directo y que casi han hecho olvidar que se trataba de singles del disco que llegaría meses después. Esto, según y cómo, podría considerarse una decisión arriesgada e incluso excesiva, pero en el caso que nos ocupa podemos considerar que ha sido una jugada bien calculada que ha conseguido potenciar el disfrute del disco entero. 

Su trabajo anterior (Asumiré la muerte de Mufasa, Subterfuge, 2021) asentaba los cimientos de una identidad propia, tomando como bandera el descaro, la acidez más crítica, el (des)amor semi-adolescente y el gamberrismo, apoyándose sobre la recreación de los rincones más icónicos de Madrid como escenario. Todo ello aderezando una base de shoegaze, punk y pop-rock pegadizo, y consiguiendo que la formación entonces formada por Álvaro Surma (voz principal, guitarra), Alberto “Beto” Rojo (bajo, voces secundarias), Luis Von Kobbe (batería) y Sandra Sabater (guitarra principal, voces secundarias) escalara rápidamente peldaños en las plataformas de música en streaming. 

Por su parte, Que adoren tus huesos (Subterfuge, 2023) ha estado marcado por un cambio de ciclo desde que Sandra Sabater colgara la guitarra en este proyecto en pos de impulsar tanto su camino con Ginebras como en solitario bajo el pseudónimo de Grasias. Con su partida, se incorporaron a la banda Rubén Manchón (guitarra solista) y Claudia Zuazo (teclista y coros) ambos procedentes del grupo Muro María, aportando frescura, brío y nuevos giros a su sonido. 

Empezando por la portada del disco, destaca una estética retro que rescata las viñetas de los cómic clásicos, con una combinación cromática de la escala de grises y el rojo que la dota de cierta sobriedad. Todo ello en contraposición a la imagen juguetona que preside como protagonista: un primer plano de un ataúd cortejado por toda clase de simbología, y la silueta de la banda al fondo, completando el tributo a “los huesos” que reposan en el féretro.  Es interesante aludir a ello porque han tenido exquisito detalle en cuidar cierta continuidad en las portadas de los singles que han ido adelantando: misma gama de colores y estética de tebeo vintage

Y si hacemos caso a esa evocación de cómic o novela secuenciada en imágenes, nos encontramos con un trabajo que teje muy bien un hilo conductor que cohesiona de principio a fin (como hablábamos con el grupo hace unos días en la entrevista que les hicimos), en el que podemos entender cada canción como capítulo de la historia, vivencias extraídas directamente de su biografía personal.

Que adoren tus huesos arranca con Travieso (de donde toma el título de paso), riff de guitarra contundente, estribillo pegadizo y letra marca de la casa: de hecho la modulación de la voz de Surma, los coros y los efectos hacen que sea fácil imaginar un prota canalla, algo macarra pero con un corazón caliente que siente y que se enamora: “que si me pides un beso / te traigo el mundo entero / te atraco dos bancos, derroco el gobierno / y creo una religión de tintes modernos / que adoren tus huesos”. 

Lo que yo te he querido (pretérito perfecto), junto con Mucho tiempo contigo son buenos ejemplares de medios tiempos eficaces, similares en cuanto a estructura. Ambos incorporan punteos de guitarra muy característicos que colorean de optimismo y buen rollo, y con ello señalan el crecimiento hacia un nuevo rumbo, haciendo equilibrio entre esa chulería madrileña juguetona que lleva como marca la banda y el sentimentalismo romántico más marcado, no tan doliente como en la entrega anterior.

A partir de este punto las siguientes pistas dejan entrever esa forma más madura, reposada e introspectiva de sentir y, sobre todo, de poner palabras a la marabunta de reflexiones. En ese sentido, los cortes que se han guardado como sorpresa para la edición final del disco golpean muy eficazmente: Dolores Rayo, una dedicatoria melancólica y muy cinematográfica, en la que el rabioso lamento encerrado en la voz de Surma es el elemento más efectivo para que consiga clavarse como una emoción propia. También la consecutiva Te vi en el concierto, pausada y exquisitamente melódica gracias a los coros y los teclados de Claudia Zauzo que aportan un matiz hasta ahora ausente en Niña Polaca y que, personalmente, considero un acierto sobresaliente. 

Y llega Los días malos consagrándose como himno indiscutible (con permiso de Nora, por supuesto), colocado en pleno corazón del disco. Cuando la estrenaron hace unas semanas como single, logró una acogida monumental…y no es para menos, porque aunque nace a piano y voz limpia como balada, cobra la fuerza que la letra requiere justo para el estribillo. Su mayor virtud es que en 4:28 minutos consigue condensar emociones tan humanas e intensas como lo son las innumerables crisis que vivimos desde que entramos en la vida adulta, entre las que se incluyen el desencanto con el amor y la amistad. 

Como hablábamos, es un trabajo que marca una diferencia con respecto al anterior, y eso no es sólo palpable en la narrativa de las letras o en el cuidado por sacarle aún más provecho a la voz rota de Surma, también en el arrojo para jugar con ritmos dispares: Caballo, que mezcla ritmos de jota y sintetizadores, consiguiendo una canción soft-rock altamente pegadiza en la que la batería destaca como galope o latido, durante toda la grabación; Mejor sin ti, donde la voz lejana y la guitarra acústica recuerdan a los cantautores de los sesenta; Un invierno de mierda, en el que la voz y sintetizadores de Claudia vuelven a tener la magia de crear un registro nuevo y certero, consiguiendo rebajar la dureza que sugiere el título.

Sin perder efectividad se encuentran Alfredo el canallita, Perdí los galeones y Arrebol, donde se respira a pleno pulmón la esencia Niña Polaca que ya conocíamos a ritmo de shoegaze y rock n’ roll sencillo y moderno: guitarras rápidas y juguetonas que se funden con el ritmo contundente de la percusión.

Por último y como cierre de metraje, se encuentra Pollo Frito, a cargo de la ex-integrante Sandra Sabater “Grasias”, que sirve como homenaje y guiño alocado -también con un toque reivindicativo- para acabar la grabación dibujando una sonrisa cómplice. 

Sin duda podemos rubricar que los 40 minutos de Que adoren tus huesos conforman una travesía palpitante de emociones y riqueza musical. El grupo no ha condescendido a simplemente dominar la fórmula fácil de los estribillos y las melodías rápidas para asentar una base cómoda y estable sobre la que crecer sin prisa, sino que ha decidido arriesgar desde el inicio (lo cual puede considerarse un riesgo aún mayor) con giros más reposados y la brillantez de lograr un mérito al alcance de muy pocos grupos en el panorama musical de nuestro país. Ahora, les seguiremos aún más de cerca para comprobar las promesas de la ruta que han trazado, pues sabemos que vuelan alto.

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AUTOR

Eva A. Gómez-Calcerrada
Eva A. Gómez-Calcerrada
Vivo rodeada de canciones y de melodías desde que tengo uso de razón. Perpetua enamorada de la música y sus palabras.

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