Es escuchar a alguien decir que ha nacido la nueva estrella del pop y los ojos se ponen en blanco o se escucha un bostezo. Matemático. Por no hablar del bombardeo que los medios suelen hacer 24/7 con lo mismo. Cuando en 2021 empezó a decirse otra vez, no habría sorprendido que la reacción general hubiese sido de un escepticismo absoluto. Menos mal que no fue así con Olivia Rodrigo.
Salida de Disney, con la alargada sombra y las comparaciones odiosas que esto supone, consiguió dar el salto a la industria musical con uno de los booms más sonados de los últimos años. Todo empezó con driver’s license. Había algo en el tema. Ese algo, esa magia, se materializó en SOUR (Geffen Records, 2021), primer LP de la artista. A partir de ahí, Olivia ha estado subida en una montaña rusa que, de momento, no ha hecho más que ascender. Tres Premios Grammy, varios récords en la Billboard o un documental, entre otros éxitos, avalan que su aparición no fue una estrella fugaz. Sigue brillando con luz propia.
Las expectativas para ver qué sería lo próximo eran descomunales. ¿Empezaría a descender la montaña rusa? Para bien o para mal, había dejado el listón muy alto. Eso sí, su debut no estuvo exento de críticas: que si solo hablaba de su ex, que si el papel de víctima ya cansaba… Treinta y cinco veces vamos a hablar de la misma m*****, como diría Tangana. Era una adolescente de 17 años que cantaba sobre sus experiencias. Anda que no habrá álbumes, discografías enteras, de artistas masculinos sobre relaciones amorosas. Pero claro, esos no se revisan con lupa.
Entre todo el ruido, Olivia Rodrigo vuelve con GUTS (Geffen Records, 2023). Descubre sus entrañas y sigue a lo suyo, haciendo oídos sordos a las presiones. Con la actitud messy que la acompaña desde brutal, tema que abre SOUR, escupe encima de todos los ideales a los que supuestamente debería aspirar una chica. Así es all-american bitch, canción que da la bienvenida a este segundo disco. Deja claro que actúa acorde a su edad y que, por mucho que se empeñen, se vale de sí misma para brillar (And I make light of the darkness / I’ve got sun in my motherfucking pocket).
Este potente inicio recuerda a Avril Lavigne y Alanis Morissette (colaboró con ambas), entre distorsiones y guitarras rock. Da pistas del camino que quiere seguir. No se queda en la identidad básica de una estrella del pop. Juega con la acidez característica de su personalidad, añade toques punk y grunge que enriquecen el sonido. GUTS, por tanto, tiene una cara más atractiva dentro del género, con mucha carga de guitarras y sorprendentes baterías. La segunda es más convencional, más melódica.
get him back! y bad idea right? son los temas más sobresalientes dentro de la faceta macarra de la artista. Las baterías son deliciosas, sobre todo en la primera, y ambas tienen estribillos pegadizos a rabiar. Olivia, aunque se presenta como una caradura con mucha garra, no evita mostrarse vulnerable. Al fin y al cabo es humana y detrás de esa fachada se esconde una persona con dudas que alarga un tira y afloja con su ex. ballad of a homeschooled girl se mueve en la misma línea, más garage y satírica si cabe.
Los sencillos ya dejaban intuir los dos bloques de GUTS. bad idea right? adelantaba la cara más animada, mientras que vampire, con la que se estrenaba la nueva era de Rodrigo, mejora las baladas anteriores de su carrera. Abre con una Olivia ingenua, acompañada de un piano muy suave. Pronto se aleja del estatismo y su voz asciende para romper en un estridente clímax con un solo de guitarra impecable. Además, sigue demostrando su gran capacidad narrativa, en este caso protagonizada por un parásito, fame-fucker, al que acaba exprimiendo ella.
Es cierto que el triunfo del disco se concentra en lo mordaz, en la actitud messy. Sin embargo, los tempos que le sientan de lujo son los más melódicos. Pone en primer plano su vulnerabilidad y se eleva como nadie entre pianos y filigranas vocales. Ahora bien: ¿consigue sorprender con ellas? No con todas. Al menos no deja de innovar. El tándem que forma con Dan Nigro, de nuevo en la producción, consigue que el mundo interior de Olivia siga impactando.
logical, the grudge y teenage dream acaparan los sobresalientes del segundo bloque. La primera mejora incluso el precedente de vampire. La conmoción que deja tras de sí es brutal, con la voz llena de rabia al cantar I was too young / I was too soft y con un puente que recuerda a los mejores de Taylor Swift.
Las tres canciones comparten hilo conductor: la gestión emocional de una ruptura y, sobre todo, de las expectativas. Maneja muy bien las dualidades, las abraza y sale reforzada para rechazar los moldes en los que, según la sociedad, debería encajar. Sin embargo, a pesar de su condición privilegiada, no deja de ser una adolescente que duda de sí misma (And I hear your voice every time that I think I’m not enough), se culpa por algunas decisiones (I know I could’ve stopped it all / God, why didn’t I stop it all?) y, a fin de cuentas, sigue creciendo.
El broche llega con teenage dream. En SOUR incluía el verso I’m so sick of 17 / Where’s my fucking teenage dream? y el ciclo, en vez de cerrarse, queda en el aire. Estalla contra todo. Lanza preguntas al aire que nadie sabe responder. Todo son dudas. Llega incluso a pedir perdón por no ser ese “sueño adolescente” y aparecen de nuevo las malditas expectativas que la llevan al desgarro: They all say that it gets better the more you grow […] / but what if I don’t? La canción no desemboca en una respuesta, pero Olivia demuestra que sabe muy bien lo que hace y la presión a la que se ve sometida no le pertenece.
Mientras las canciones van trazando su camino, GUTS deja un sabor agridulce. No porque sea un mal disco, en absoluto. Todavía le falta calle, que se diría. El impacto no ha sido tan inmediato como el de su predecesor. Lo más positivo de este trabajo es que Olivia Rodrigo se aleja de la life in plastic que domina el pop y no tiene miedo a innovar. Demuestra inteligencia, talento y un potencial desbordante. Tiene todo de su parte para forjar un camino que, todo apunta, la llevará muy lejos. El tiempo lo acabará confirmando.

