Orianthi: «glamour» y «rock blues» de lujo
Hay sonidos que nunca desaparecen. Cambian de época, de producción, de estética, pero siguen agarrando fuerte cuando detrás hay una voz con personalidad y unas manos capaces de domar una guitarra eléctrica. Eso ocurre cada vez que suenan los discos de Orianthi o canciones como Light It Up, Heaven In This Hell o Impulsive donde ella demuestra todo su poderío y atractivo.
La guitarrista, cantante y compositora australiana regresó en 2025 con Some Kind of Feeling, su sexto álbum de estudio, un trabajo que marca un pequeño giro en su trayectoria reciente. El disco apuesta por un sonido más centrado en el blues rock, alejándose parcialmente del hard rock que había caracterizado parte de sus trabajos anteriores. La edición digital apareció el 27 de junio de 2025; el CD y vinilo salieron más tarde (15 de agosto y 19 de septiembre de 2025) bajo el sello Woodward Avenue Records. El álbum se mueve entre riffs directos, grooves de raíz bluesera y baladas con un tono introspectivo que exploran una faceta más emocional de la artista.
La producción del disco también refleja esa mezcla de experiencia y control creativo. Siete de las diez canciones fueron producidas por el veterano Kevin Shirley, mientras que Orianthi se encargó de la producción de las tres restantes, todas ellas mezcladas también por Shirley. El lugar de grabación tampoco es un detalle menor. Some Kind of Feeling tomó forma en Love Street Sound, el estudio de Robby Krieger, guitarrista histórico de The Doors, situado en Los Ángeles. El espacio parece haber impregnado el disco con una cierta atmósfera vintage que encaja con la orientación blues del proyecto.
A lo largo del álbum, Orianthi combina canciones enérgicas, construidas sobre riffs sólidos y solos de guitarra cargados de carácter, con momentos más íntimos donde su voz y narrativa emocional ganan protagonismo. Se trata de un equilibrio que conecta con la tradición del blues rock clásico pero a su vez mantiene el enfoque contemporáneo que siempre ha caracterizado su carrera. En el disco, Orianthi se encarga de la guitarra, la voz principal y los coros. Pero tras ella figuran las hábiles asistencias de Justin Andres (bajo), Nick Maybury (guitarra), Ed Roth (teclados), Jimmy Paxson (batería) y Jade MacRae (coros).
Desde que apareció en el radar internacional a finales de la década de 2000, Orianthi se ha consolidado como una de las guitarristas más reconocibles del circuito rock. Su estilo mezcla técnica precisa, sensibilidad blues y una presencia escénica que la ha llevado a compartir escenario con algunos de los nombres más importantes del género. Con Some Kind of Feeling, la artista australiana parece volver a las raíces que definieron su relación con la guitarra. Un territorio donde el blues, el rock y la emoción directa siguen siendo el combustible principal. Y donde, como demuestra este nuevo trabajo, la guitarra todavía tiene muchas historias que contar.
La guitarra que convirtió el virtuosismo en identidad
En un mundo donde la guitarra eléctrica ha sido durante décadas un territorio dominado por nombres masculinos, Orianthi Panagaris irrumpió como una fuerza difícil de ignorar. Virtuosa, compositora y performer con una presencia escénica magnética, la guitarrista australiana ha construido una carrera que combina técnica deslumbrante, instinto rockero y una rara capacidad para moverse entre el espectáculo global y la identidad propia.
Nacida en Adelaida, Australia, en 1985, Orianthi empezó a tocar la guitarra con apenas seis años. La historia parece un cliché del rock, pero en su caso se volvió realidad a una velocidad vertiginosa. A los once ya estaba obsesionada con el blues y el rock clásico, estudiando solos con una disciplina casi académica. Influencias como Carlos Santana, Steve Vai o Jimi Hendrix moldearon un estilo que mezcla precisión quirúrgica con un tono emocionalmente directo.
Su primer gran momento público llegó cuando todavía era adolescente. A los 18 años compartía escenario con Santana en el escenario de un festival, una especie de bautismo eléctrico que la situó en el radar de la industria. Pero el salto definitivo ocurrió en 2009, cuando fue elegida como guitarrista principal para la gira This Is It de Michael Jackson. Aquella gira nunca llegó a realizarse debido a la muerte del artista semanas antes del estreno, pero el documental posterior mostró al mundo a la joven guitarrista que Jackson había elegido personalmente. Con su Les Paul blanca y una mezcla de precisión y actitud rock, Orianthi se convirtió en una de las imágenes más recordadas de los ensayos de aquel proyecto.
Sin embargo, su carrera no quedó definida por ese momento. Orianthi aprovechó la visibilidad para desarrollar su propia voz como artista solista. Su single According to You se convirtió en un éxito internacional y demostró que su talento no se limitaba a la guitarra. Tenía también instinto pop y capacidad para escribir canciones que podían funcionar tanto en la radio como en un escenario de rock. Desde entonces, su trayectoria ha sido una mezcla interesante de caminos paralelos. Por un lado, una carrera solista con discos que exploran el rock melódico, el blues moderno y el hard rock. Por otro, colaboraciones con algunos de los nombres más importantes del rock y del espectáculo en vivo.
Durante varios años formó parte de la banda de Alice Cooper, una experiencia que reforzó su reputación como guitarrista de directo. En ese contexto, su estilo se volvió más agresivo y teatral, adaptándose al universo escénico del legendario shock rocker. El resultado fue una guitarrista que no solo dominaba el instrumento, sino que entendía el espectáculo como parte del lenguaje del rock.
La «dama de las seis cuerdas»
Lo que distingue a Orianthi no es solo su habilidad técnica, aunque esta sea indiscutible, es su forma de tocar y su presencia. Combina elementos del blues tradicional con un enfoque moderno del rock. Sus solos tienden a ser melódicos antes que puramente veloces, con frases que buscan construir narrativa dentro de la canción. Utiliza sus icónicas PRS con un tono saturado pero definido, evitando el exceso de pedales para dejar que los sostenidos hablen por sí solos.
En una era donde la cultura digital ha transformado el aprendizaje musical y la exposición mediática, Orianthi también se ha convertido en una referencia para una nueva generación de guitarristas. Especialmente para mujeres jóvenes que encuentran en ella una figura visible en un instrumento históricamente asociado a un imaginario masculino. No es casual que aparezca con frecuencia, junto a Samantha Fish, Joanne Shaw Taylor, St. Vincent, Ana Popovic, Sue Foley o Susan Tedeschi, en listas de los mejores guitarristas contemporáneas elaboradas por las revistas especializadas.
Pero quizá el aspecto más interesante de su carrera es su resistencia a encasillarse. En un mismo repertorio pueden convivir riffs de hard rock, pasajes blueseros y estructuras cercanas al pop. Es una mezcla que refleja tanto su formación musical como su experiencia en escenarios gigantescos. En directo, su energía tiene algo de declaración de principios. Orianthi toca como si cada solo fuera una conversación con la tradición del rock, pero también una afirmación personal. No imita el pasado; dialoga con él.
En una industria musical que cambia constantemente, donde la atención del público es cada vez más fragmentada, Orianthi ha logrado algo poco común: mantenerse relevante tanto como instrumentista como artista. En el fondo, su historia habla de una idea simple pero poderosa. La guitarra sigue siendo un territorio abierto para quien tenga algo que decir con seis cuerdas. Y Orianthi, claramente, todavía tiene mucho que decir.
Un viaje emocional a través de diez pistas
El mensaje central del álbum gira en torno a la complejidad de las emociones humanas. No se trata solo de amor o desamor. Habla de la incertidumbre, de la resiliencia y de esa extraña sensación que nos invade cuando estamos a punto de cambiar de piel. Es un álbum sobre la transición y el autodescubrimiento a través del arte. Es una aventura emcional por el complejo universo de los sentiminetos.
El recorrido de Some Kind of Feeling está construido como una especie de mapa emocional donde el blues rock sirve de hilo conductor entre ruptura, deseo y redención. El álbum abre con Attention, una descarga directa de actitud rockera. La canción funciona como declaración de independencia emocional, con un riff afilado que sostiene una letra de ruptura sin dramatismos. Orianthi canta con determinación: Ya no pienso en ti, dejando claro desde el inicio que este no es un disco de nostalgias sino de decisiones.
El segundo tema, Some Kind of Feeling, introduce el núcleo emocional del álbum. Sobre un groove bluesero y un estribillo luminoso, la cantante explora la idea de conexión en medio del caos sentimental: Todos están buscando algo… Me das algún tipo de sensación. Es una de las canciones donde su voz se mueve con más libertad entre el soul y el rock.
«Juntaste mi corazón con todos los pedazos rotos. Me mostraste la luz cuando no podía encontrar una sola razón. Tomaste mi mano cuando estaba cayendo en la oscuridad. Gracias por amarme cuando era tan difícil de amar» –Some Kind of Feeling
La tercera pista, What I’ve Been Looking For, profundiza en esa búsqueda emocional. Aquí la guitarra se vuelve más melódica, con un solo que respira blues clásico mientras la letra gira en torno a la sensación de haber encontrado, finalmente, algo auténtico. En el cuarto corte aparece Sharp Dressed Man, versión del clásico de ZZ Top. La elección no es casual. El tema conecta el álbum con la tradición del blues rock texano y permite a Orianthi desplegar un tono más crudo en la guitarra.
El disco entra después en una zona más introspectiva con Ghost, una canción que aborda las huellas emocionales que dejan algunas relaciones. La atmósfera es más oscura y el protagonismo recae en la narrativa vocal. La sexta pista, First Time Blues reúne a Orianthi con el guitarrista Joe Bonamassa. El resultado es uno de los momentos más puramente blues del álbum, con guitarras dialogando sobre una historia de primeras heridas sentimentales.
«Hay amor en mi mente, pero una guerra late en mi corazón. Cada pensamiento sobre ti me destroza (…) Camino solo por estas calles tratando de encontrar la verdad (…) Solo necesito un cierre, Porque sigo viviendo con tu fantasma» –Ghost
El séptimo tema, Dark Days Are Gone, funciona como punto de inflexión dentro del disco. Musicalmente es más luminoso y la letra transmite una sensación de liberación, como si la protagonista del álbum finalmente dejara atrás una etapa complicada. En Bad For Each Other, Orianthi vuelve al terreno de las relaciones intensas y contradictorias. El tema se mueve entre riffs pesados y un estribillo pegadizo que reconoce esa atracción peligrosa que a veces define las historias más turbulentas.
La penúltima canción, Call You Mine, introduce un tono más íntimo. Aquí la artista se mueve hacia una estructura más cercana al soul rock, donde la voz adquiere mayor protagonismo sobre una base rítmica más contenida. El cierre llega con Heaven Right Here, una canción que funciona como epílogo emocional del disco. Después del recorrido por rupturas, fantasmas y redescubrimientos, el mensaje final apunta a una idea sencilla: el paraíso no siempre está lejos, a veces se encuentra en el presente.
«A través de todo el dolor lo hicimos funcionar. Construimos el amor y nuestro fuego todavía arde. pero solo es la oscuridad la que hace aparecer las estrellas» –Heaven Right Here
La conclusión definitiva: un viaje de cuerdas y cicatrices
Some Kind of Feeling no representa simplemente un disco más en las estanterías digitales. Es el testimonio sonoro de una artista que ha decidido quemar los puentes del pop prefabricado para caminar sobre las brasas del rock blues más auténtico. Orianthi demuestra que su virtuosismo con las seis cuerdas no es un truco de circo, sino un lenguaje del alma.
Este no es un álbum de nostalgia por el pasado, sino un registro de transformación sonora. Es un trabajo maduro que respira blues con la precisión de un relojero y la pasión de quien sabe que la guitarra puede ser tanto espada como abrazo. Si en otros momentos de su carrera Orianthi se ubicó en el filo de la técnica, aquí lo hace en el filo de la emoción, ofreciendo un disco que no solo captura oídos, sino que también se pega al pulso visceral del oyente
Al terminar la escucha de Some Kind of Feeling, queda una sensación de plenitud eléctrica. La australiana ha sabido capturar esa vibración única que ocurre cuando la madera y el metal conectan con las emociones más profundas. Como ella misma declama en el cierre del álbum: «Déjalo ir, deja que el viento se lleve las cenizas». Es un disco esencial para entender el rock contemporáneo de alta fidelidad.

