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Parov Stelar – Artifact

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Parov Stelar siempre ha sido uno de esos músicos que convierten la intuición en un espacio inexplorado. Admiro pues a quienes se atreven a abrir grietas en el sonido y a explorar lo improbable. Esta singularidad los coloca en el olimpo de los creadores. Artifact, el nuevo álbum de Parov, es una excavación emocional donde cada pista revela una memoria en disputa. Al mismo tiempo, su concepto grafico permite un gran juego de interpretaciones. Es una portada que funciona como un umbral: condensa la esencia del disco y la expande en mil direcciones.

El título del álbum también encierra su peculiar significado. Según las ciencias y las humanidades, un artifact es algo creado o modificado por el ser humano. Puede ser un objeto antiguo, un producto técnico, o incluso un error visible en un proceso científico. El significado exacto cambia según el ámbito donde se use el término.

Parov Stelar lleva el concepto a otro terreno. Para él, un artifact deja de ser un algo académico y se convierte en una metáfora de la memoria, es decir, pequeños rastros que sobreviven al paso del tiempo. Son fragmentos que siguen ardiendo cuando todo lo demás se ha apagado. Stelar utiliza la música para transformar los recuerdos y sueños en un universo propio, donde la corriente subterránea de la memoria lucha contra el olvido. Cada pieza del mosaico es un eco; cada nota, un relicario de lo que fuimos y de lo que podríamos haber sido. En definitiva, para Stelar un artifact es ese vestigio íntimo que dejamos a lo largo de la vida: huellas, pensamientos fugaces y señales que persisten incluso cuando nosotros ya hemos cambiado.

Rescatando las huellas del tiempo

Tras seis años de introspección y experimentación, Parov Stelar convierte los recuerdo y fragmentos de sueños en un universo entero. No hay prisa ni planes rígidos. Solo un fluir instintivo, como una corriente subterránea que avanza por debajo de la consciencia y empuja a la memoria a no rendirse. Cada composición del álbum actúa como un eco.

Artifact se publicó el 14 de noviembre de 2025 bajo su sello Etage Noir Recordings. El género es fundamentalmente electrónico, aunque Stelar apuesta por una fusión más audaz. Combina ballroom y future house con melodías pop atemporales, y con una arquitectura orquestal que amplía su paleta. Para este álbum contó con una orquesta de unos 35–40 músicos en la cual se integraron cuerdas, piano y arreglos clásicos sobre una base electrónica sobria, iluminada por una sensibilidad cinematográfica que atraviesa todo el álbum.

«Artifact es un disco muy diferente a los anteriores… quería acercarme más a las bandas sonoras cinematográficas y combinar la potencia de una orquesta orgánica con esa electrónica sobria y fría»Parov Stelar

Recordemos que Parov Stelar es el alias del productor y DJ austriaco Marcus Füreder, nacido en Linz en 1974. Está considerado como uno de los pioneros del electro swing, habiendo construido una carrera que fusiona diversos estilos musicales. Además, su universo creativo no se limita a la música: también es artista visual, pintor y diseñador.

El rostro de los dos mundos

El impacto inicial nace de la división vertical del rostro de una mujer. En el lado izquierdo —el territorio del pasado humano— aparece un rostro casi de muñeca, con un peinado y maquillaje que evoca las femme fatales del cine negro clásico. Estas damas sugerían intriga, peligro y seducción, rasgos típicos del Film Noir o del expresionisno alemán de los años 20 y 30. Es una mitad humana. Encarna lo orgánico, la nostalgia y la fragilidad del tiempo. En su contraste y lado derecho aparece el futuro mecánico cuyo grafismo revela un ensamblaje minucioso de engranajes, circuitos y piezas industriales. El cyborg o autómata se convierte en una máquina ante un porvenir incierto.

«En la implementación visual, recurrí a la inteligencia artificial … animé imágenes individuales utilizando un programa de IA, pero sin los límites éticos, sin humanidad no funcionaría» Parov Stelar

El ojo situado en el centro funciona como punto de anclaje. Abre un pasaje entre ambas naturalezas y convierte la mirada en un eje que une lo humano con lo posthumano. El fondo sugiere velocidad, viaje, desplazamiento, como si el observador atravesara una ciudad futurista o un espacio distorsionado. La percepción se vuelve líquida, la neblina y el desenfoque insinúan movimiento, misterio y un leve temblor de irrealidad.

Todo en la imagen apunta hacia arriba o hacia abajo (los edificios del fondo, los cables, la división del rostro). Esta verticalidad genera una sensación de imponencia y vértigo, similar a mirar los rascacielos en una ciudad inmensa. La imagen juega deliberadamente con esa incomodidad. El ojo humano es hermoso, pero al estar incrustado en metal, genera una fascinación morbosa. Nos atrae y nos inquieta a la vez, obligándonos a mirar dos veces.

La paleta es monocromática: blancos, negros y sombras sepia o cobrizas. Ese registro dota la imagen de un aire retro y distópico, a medio camino entre la ciencia ficción clásica y un steampunk de líneas más modernas. A diferencia del steampunk (que usa vapor y latón victoriano), la portada de Artifact pertnenece al género llamado dieselpunk, movimiento retrofuturista que establece una relación entre máquinas, acero, gasolina, hormigón, oscuridad, música swing y sobre todo, art decó. Es una estética sucia, industrial y melancólica.

No cabe duda de que la imagen remite a la mítica película de Metropolis, la obra monumental de Fritz Lang (1927). En ella, la ciudad respira como un monstruo y devora a quienes la habitan. Las figuras diminutas situadas en la parte inferior de la portada refuerzan esa sensación de alienación: seres anónimos frente a lo que se plantea una pregunta filosófica: ¿La tecnología está preservando la memoria de la música antigua, o la está devorando para convertirla en un producto nuevo?

Tanto la portada de Artifact como Metropolis dialogan desde un mismo eje: la tensión entre humanidad, tecnología y memoria. La película denuncia la deshumanización que trae la industria. La portada, en cambio, abre un viaje más ambiguo: un tránsito hacia un lugar donde lo humano empieza a disolverse y el tiempo se quiebra en fragmentos, como los propios artefactos que dan nombre al disco.

Voces invitadas que amplían el universo de «Artifact»

En Artifact, Parov Stelar no se limita a su propio timbre; convoca a voces externas que aportan matices y emociones complementarias. Lana Del Rey, con su inconfundible melancolía cinematográfica, imprime en Rebel Love un aura de nostalgia elegante y dramática. Su interpretación potencia la tensión entre lo orgánico y lo electrónico, aportando un eco vintage que dialoga con los arreglos orquestales y los ritmos futuristas.

Claudia Kane interviene con un tono más íntimo y etéreo, ideal para las secciones contemplativas del álbum. Su voz actúa como un hilo que conecta la introspección guiando al oyente hacia paisajes emocionales más profundos, casi oníricos.

Por último, Karafizi aporta una textura vocal distinta: más cruda y fragmentada, cercana a la electrónica experimental. Su intervención rompe suavemente la continuidad melódica, creando un contraste que enfatiza la dualidad del álbum entre lo humano y lo mecánico, entre pasado y futuro.

Cada colaboración se siente orgánica, nunca gratuita. Las voces invitadas no solo adornan los temas, amplían la narrativa emocional y refuerzan el concepto central de Artifact, ese mundo donde los recuerdos, los sueños y los fragmentos de identidad se superponen y dialogan entre sí.

Viaje a través de los artefactos sonoros

Artifact es la primera pieza del esférico. Arranca como un susurro arqueológico. El tema modela el concepto desde una electrónica contenida bajo un halo de cuerdas, como si excaváramos en la psique. Luego llega Shiver, que entrega una vibración emocional inmediata: temblor, escalofrío íntimo, preludio de algo más profundo. De repente, Six Feet Underground retoma el descenso interior, construyendo un paisaje subterráneo con texturas graves y atmósferas casi tétricas. La participación de Claudia Kane da el toque final. Con la llegada de Rebel Love se eleva la energía. Se combinan los arreglos de cuerdas clásicas con la electrónica, generando una melodía memorable que une lo orgánico y lo futurista.

Hyper Body es el siguiente pulso sónico. El ritmo late, el cuerpo vibra y la pista parece querer disolver los límites entre lo mecánico y lo humano. Es un tema abiertamente fílmico y épico. Tras ello se cristaliza Interlude One que funciona como un puente, una pausa meditativa, un respiro entre mundos. El tema central, Falling Into Time, surge como el corazón del álbum: cuerdas suntuosas, electrónica suave y una voz etérea que se entrelazan en una reflexión sobre la fugacidad. Art Deco recoge esa emoción y la eleva a una poética casi cinematográfica. La colaboración de Lana del Rey impregna al tema esa melodía armoniosa casi celestial.

Alcanzamos In Between con el que entramos en un espacio liminal, entre pasado y presente, entre lo conocido y lo soñado. Elena Karafizi deja su huella vocal. Después llega Absentis Mater, cuyo lamento sugiere una evocación de pérdida o abandono, envuelto en armonías orquestales clásicas, coros y pulsos electrónicos delicados. Maybe Tomorrow proyecta esperanza y ambigüedad, dejando caer un dilema: ¿qué puede cambiar si hay mañana? La canción parece ofrecer esa posibilidad. Walking On Clouds es ligera y etérea: como flotar entre recuerdos o sueños, con melodías que evocan el cielo sin romper su conexión con la tierra.

Posterbiormente nos abraza el encanto de The Fortune Teller, un tema que introduce un aire místico: adivinación, predicción y posibilidad de futuro que texturizan una hiperrealidad mágica. The Forest, por otra parte, es un bosque sonoro de ramas de cuerdas, sombras y susurros; se siente como caminar por un lugar que es real y simbólico a la vez. Finalmente, Dystopia cierra el álbum con un aire de advertencia. No es simple pesimismo, sino una constatación de cómo los artefactos de la vida —fragmentos, rastros— pueden contener belleza y oscuridad simultáneamente.

Cerrando el ojo del artefacto

Como fortalezas cabe decir que Artifact posee una visión coherente y profunda sobre el tiempo y la memoria. Su producción orquestal añade una riqueza sonora poco común en su discografía. El uso de IA para la parte visual es otro de sus puntos fuertes. Sin embargo, algunas pistas —más atmosféricas y tecnológicas— pueden sentirse densas o excesivamente introspectivas para quienes buscan ritmos más bailables. Aun así, Artifact es un trabajo valiente, íntimo y grandioso. No es un álbum de consumo inmediato, pero su valor artístico y emocional es enorme, especialmente para quienes entienden la música como un lenguaje hiperdimensional.

«Después de 30 años haciendo música, he aterrizado de nuevo donde todo comenzó: en la curiosidad, en el asombro, como un tsunami de emociones»Parov Stelar

A todo ello hay que añadir que Artifact nos recuerda que somos coleccionistas de cosas invisibles: pensamientos, sueños, rastros de vida. Nos gustaría atraparlos, darles forma y preservarlos, pero lamentablemente se evaporan entre los arquetipos del pasado. La música de Parov Stelar parece permitir esa reconexión con el tiempo y su espacio remoto, recuperando fragmentos de memoria que creíamos perdidos. Parov no solo compone música, excava su propia alma para ofrecernos un museo interior lleno de ecos. Al final, lo que permanece no es solo su legado, sino también un espejo donde podemos reconocer los artefactos que todos vamos dejando atrás.

El universo detrás de «Artifact»

Escucha aquí «Artifact» de Parov Stelar

Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonchhttps://crazyminds.es/author/carlos-flaque/
Periodista. Fotógrafo. Diseñador gráfico. Muchos años al pie del cañón. Ahora toca recuperar el pulso y volver a lo esencial. La música siempre ha sido el eje. No como ruido de fondo, sino como lenguaje, refugio y forma de entender el mundo. Está en todo lo que hago. Me interesa escribir sobre bandas que se salen del guion, que cuestionan lo establecido y abren grietas en lo convencional, ya sea desde el sonido, el concepto o la actitud. Propuestas que no buscan encajar, sino expandir. En Crazyminds, mi papel es claro: dar visibilidad a ese universo «underground» donde laten algunas de las ideas más honestas y estimulantes de la música actual. Hay mucho ahí fuera esperando ser descubierto. Así que vamos a ello. Porque sin transgresión no hay cambio. Y sin cambio, la música deja de tener sentido.
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