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ROYAL BLOOD – TYPHOONS

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Lo de que a veces menos es más se aplica a Royal Blood. Justo cuando nadie pensaba que podían hacerlo, estos británicos siguen reinventándose. Con la misma esencia minimalista, batería y bajo se unen para dar un giro EDM (electronic dance music) a su tercer álbum, Thypoons (2021).

Este nuevo tono puede entenderse por el contexto en el que fue escrito. El éxito prematuro de un disco debut, Royal Blood (2014), confirmado por un segundo trabajo, How Did We Get So Dark? (2017), les catapultó a una vida en la carretera plagada de alcohol y drogas. Concretamente, el líder del dúo, Mike Kerr, acabó quemado, avergonzado y sin ningún propósito en la vida tras su última gira mundial (“Wishing I was someone better, wishing I could start all over again”).

Kerr ha conseguido salir de la oscuridad de la ebriedad y, junto a su inseparable Ben Thatcher, se ha propuesto sacar un disco mucho más eufórico y entusiasta. Para NME, Kerr llegó a comentar que “sin la sobriedad este álbum o esta banda no existiría”.

En el nuevo sonido Royal Blood la batería pasa a un segundo plano, sin ningún exceso y generalmente con palmas acompañando los golpes de caja, para compenetrarse de forma sólida con el bajo distorsionado, mientras otras texturas sintetizadas cobran mayor protagonismo. Rock puro en canciones pensadas para la pista de baile.

Trouble’s Coming abre el disco y marca un primer acercamiento a lo que se va a suceder en el álbum: ración doble de sintetizadores, falsetes de voz y distorsiones con mucho fuzz, que se confirma en, por ejemplo, Oblivion o Hold On. La quintaesencia de este viraje disco llega en la estructura circular de la electrónica Limbo, que no deja de encerrar en su interior el Royal Blood que todos conocemos y amamos.

Un respiro de la tónica bailable viene de la mano de Boilermaker. Producida por Josh Homme, es una oda al sonido primigenio de la banda, con una línea contundente de batería que recuerda al Boarding House Reach (2018) de Jack White. El disco termina con la inesperada All We Have Is Now, una esperanzadora balada de únicamente voz y piano.

Por su parte, el repertorio lírico del álbum es un reportaje constante de la lucha de Kerr contra el abuso de sustancias. “Can’t live like this forever, running out of lifelines”, relata desesperado en Oblivion o “’Cause all these chemicals dancing through my veins, they don’t kill the cause, they just numb the pain” en Typhoons.

No dudo de que este viraje sónico vaya a desagradar a los fans más puristas de la banda. Lo cierto es que el disco no es una sucesión de himnos como sus otros dos elepés. Pero tampoco dudo de que con las escuchas sucesivas sí conseguirán ver la esencia del Royal Blood primigenio que guarda el disco en su interior. Todo un acierto que, seguro, cuando la situación lo permita, los convertirá en uno de los platos más fuertes de los festivales mundiales. Thyphoons es, literalmente, el renacer de Royal Blood.

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Ignacio García
Apasionado de la cultura en general y de la música en especial. Amante de la literatura y la escritura. Músico y economista en mis ratos libres.
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