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Röyksopp – Profound Mysteries II

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Hallándonos en el ojo del huracán, con el cielo despejado y en el eje de simetría, tal y como ellos predijeron, no podríamos definir Profound Mysteries como un triple álbum. The Inevitable End (2014) fue el último al que quisieron dar ese valor, a pesar de que querían escapar de ello. Esta trilogía es el todo, un viaje que se va construyendo, por el que ahora nos encontramos caminando, y a su vez vamos descifrando su sentido.

Después de estar desenterrando una serie de misterios en el amanecer de la primera parte, Röyksopp nos sigue manteniendo en vilo con un nuevo capítulo que nos hace mirar hacia el viento del mediodía. Aquí comprendemos que una serie de extraños artefactos comenzaron a caer del vértigo y las alturas, con la incertidumbre de esas estelas químicas que el grupo noruego va marcando sobre el cielo. En esta segunda parte, Svein Berge y Torbjørn Brundtland veneran a sus ancestros electrónicos, en los que recrean su sonido sobre un altar erosionado por el tiempo, donde quizá pecan de arrodillarse, ofreciendo una serie de mecanismos y aparatos que no ensalzan lo suficiente la devoción que intentan describir. Svein Berge mencionó algunas de las referencias de esta continuación, nombres como Depeche Mode y Krafwerk, y comentando también la importancia del italo disco y la música rave de los 90s. Así pues, sobre estas áridas premisas, se engendra una nueva fase sobre esa nave extraterrestre que se posó en nuestro mundo, mientras que nosotros aún intentamos averiguar sus intenciones.

El Sol se encuentra en lo más alto del cielo, azul y despejado, siendo las horas más cálidas y amarillas, llenas de energía. Con esa soleada sensación, este disco se resuelve mucho más pop y directo que su predecesor, algo más cohesivo, mucho más abierto y sin tantos desniveles entre estilos y ritmos. Nos cercioramos del primer artefacto caído, Denimclad Baboons, en el cual desbloqueamos una mermada alusión a su mítico Eple, aquí algo áspera, pero su progresión brinda una cola a lo Triumphant de The Understanding (2005). Esconde risas entre sus paredes, pero con unos tarareos disimulados que provienen de lo más hondo de las cuevas del grupo. Siempre enigmáticos incluso en la sencillez.

A partir de ahora nos sumergimos al cosmos de Junior (2009), con tres pasajes que nos sugieren una andadura llena de luz, siendo tres canciones cómodas y accesibles para todo oído. Con la primera, nos encontramos con un objeto brillante y esplendoroso que luce sobre la tierra quemada. Con unas mariposas revoloteando nuestro estómago, la maravilla trance de Let’s Get It Right se decanta por el electro-pop y downtempo. Un engranaje contagioso que aunaría todos los distintivos y recovecos de los noruegos, mostrando una bella melodía sobre todas esas capas tectónicas de su tierra y componiendo un himno mágico. El viento se cuela por las grietas, y entre los pasillos de su cueva, nos encontraremos con esos suspiros y alientos tan sutiles de free jazz, y que tanto nos recuerdan a esos movimientos que ya hizo Give Life Back To Music de Daft Punk en su Random Access Memories (2013). Seguidamente, unas pesadas huellas sobre la tierra nos marcan el camino hacia Unity, esa cápsula del tiempo. En palabras de Svein Berge, la canción fue escrita cuando eran adolescentes en su dormitorio de 1990, bajo los ritmos industriales The KLF. Un tema eurodance, de rave sincopado y amagos de house noventero, que nos rememoran a aquellos años. Ahora rescatada con la voz de Karen Harding, con pausas en el tiempo y momentos burbuja, que nos empujarían hacia lo que sería un pequeño avance en el estilo mostrado de Röyksopp (ojalá resquebrajaran este estilo un poquito más, y ahondaran en él en sus próximas excavaciones). Y siguiendo ese tono bailable de estas dos últimas, como terminante rayo de luz y del espacio exterior, no podía faltar la voz de Susanne Sundfør. Oh, Lover es un artilugio space disco en que ella canta a un amor que se ha desvanecido en el tiempo, un amor que no le conviene pero en el que no puede dejar de pensar. Acariciándolo en sus pensamientos, los sintetizadores resplandecen en el techo mientras unos acordes de guitarra sueñan con la posibilidad de llamarle. Una canción que culminaría este trío de ases, y que Röyksopp aprueba con creces.

Para el diseño de todos estos artefactos visuales, Jonathan Zawada es el artista y diseñador australiano que está detrás de ellos. Para cada tema, ha esculpido una obra única que sabe reflejar el espejo analógico y digital. Como una aleación onírica, separada de nuestro subconsciente, para identificar cada paso de esta trilogía. Estos artefactos, los identificamos claramente como objetos, pero realmente no sabemos su propósito ni su origen. ¿A caso están calientes o fríos? ¿Son orgánicos, o bien se tratan de máquinas? Zawanda quería diseñar un catálogo de artilugios propios de un museo, donde de primeras tal vez pudieras identificarlos como un objeto cercano, pero más tarde, al alejarte, observarlo distinto y diferente de lo que habías imaginado de primeras. Ese es el concepto de estos misterios, un pensamiento complejo que no sabes si eres capaz de reconocerlo bien del todo.

A raíz de estos enigmas, el dúo noruego siempre nos hace caminar sobre paisajes claroscuros, abriendo las nubes e iluminando mucho algunas zonas de sus viajes, pero siempre contrastándolos por esas sombras lúgubres y tristes. Es por ello que una vez llegados al cénit de Oh, Lover, nos encontramos ante la oscura cueva de Sorry. Llegando a la orilla del mar, entre las olas, encontraremos una gruta, por donde Jamie Irrepresible se arrastrará, cantando y paladeando cada disculpa, haciéndonos navegar hacia un agujero inexplorado, colocándonos en esa caverna de The Inevitable End. Una lenta balada con la que nos cruzaremos con cortezas minimalistas, secas y dolorosas. Un acompasado piano dolorido, asustado de aquel agrio recuerdo de You Know I Have To Go. Entre la niebla se escucharán sus pasos, arrepintiéndose de su pasado y de sus actos, resurgiendo hasta llegar a una marcha consciente y firme, encumbrando sus palabras y pidiendo perdón en lo más hondo de su desesperación. Sorry es un sobrio poema, bello y deprimente, sobre unas heridas que no sanarán, precipitándonos hacia un remordimiento que no hará regresar ese amor perdido, por mucho que se intente.

Por una cavidad de esa misma gruta, alcanzaremos el poderoso núcleo, descubriendo otro de esos pilares fundamentales que Röyksopp nos ha querido enseñar. Una columna llamada Adamski y su famosísima estela Killer, donde en su base descansaría ese objeto techno y pseudorobótico, con antiguas piezas recuperadas de Sayit. Una orbe perfectamente bien estructurada siendo un banger y un completo big beat. Ensordeciendo y tronando todo el espacio, con una serie de ondas magnéticas que disfrutaremos cerebralmente. Persiguiendo este sentimiento, dentro de esa misma gruta, también encontraremos la salida de It Was A Good Thing. Un downtempo que goteará pop burbujeante de las estalactitas, y que, junto a unos suaves y melosos punteos de guitarra, la voz de Pixx nos indicará la obertura y la claridad de la cueva. Unos surcos de electro-pop y un sutil delay nos descubrirán todas las concavidades que los noruegos pueden ofrecernos a día de hoy.

En los dos siguientes artefactos, observaremos como la sencillez se adueña de este viaje de descubrimiento. Remembering The Departed es una pieza simple e instrumental, de curvatura similar a Dead To The World, o bien Tristesse Globale de The Understanding. Con un sonido hondo y atmosférico, más cercano al alma de los inicios de los noruegos. Un interludio de melodía lenta y melancólica a piano, que nos permitirá descansar de las voces colaboradoras y de los ingenios temáticos. Tell Him también se nos abrirá para mostrarnos que con tan sólo unos arreglos de guitarra, batería, y piano, nos puede acompañar una preciosa balada a la cual le sobra toda electrónica posible. Vacía de beats de todo tipo, encontraremos una canción que nos sonará apaciblemente exquisita en reunión con la aclamada Susanne Sundfør. Llena de cuerdas sentimentales, se escribe una carta para detallar el paso de una dolida ruptura, una difícil decisión que se tomó en el pasado y que ahora se intenta explicar con palabras, explicando que todo pasó y que el finalmente dolor desapareció.

Como expiración de esta travesía, Some Resolve se nos descifrará tranquilamente sobre el horizonte plateado. Un cierre áspero y abrupto, que una vez hayamos vagado por el vasto desierto veraniego de Profound Mysteries II, y hayamos examinando todos sus extraños objetos y acertijos, cabe decir, una vez más, que Röyksopp parece estar creando un recopilatorio de estampas ya escuchadas. Como si este tríptico fuera una enorme metáfora, un compendio de toda su obra. Un déjà vu que se repite a cada escucha, donde nosotros constantemente tropezamos con ese peldaño invisible. Parece como, si en vez de venerar esas columnas electrónicas del pasado, los estuviéramos venerando a ellos una y otra vez. Como una conmemoración y celebración de que ellos siguen estando en nuestras vidas, y de que por supuesto, nunca está de más recordarlos revisitando todo su muestrario.

No obstante, aún falta el ocaso, ese atardecer y anochecer para cerrar el círculo verde. Un paso más en este ciclo para que sigamos en alerta, presionando R, y así descubrir la conclusión de este extraño y largo viaje. Y resolver por fin, el misterio que nos envuelve este año.

Escucha aquí Profound Mysteries de Röyksopp

AUTOR

Alicia Escribano
Alicia Escribano
Paisajista sonora y emocional, que colecciona sonidos de este mundo. Ladrona que atesora diamantes electrónicos y experimentales, para sacar su brillo más iridiscente.

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