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SLØTFACE – SORRY FOR THE LATE REPLY

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Su LP debut fue un grito de guerra sobre la sociedad y, en particular, la juventud de la banda. Once emocionantes pistas y poco más de media hora de punk tituladas Try Not To Freak Out (2017). Gracias a Odd Martin Skålnes, productor de sus compatriotas Aurora y Sigrid, Sløtface regresa con un elepé de trece temas, melodías frescas y feroces y letras de contenido más político.

La ferocidad de Sorry For The Late Reply irrumpe desde el primer segundo de S.U.C.C.E.S.S. Este disco aborda el cambio climático, relaciones personales, mente e inmigración; siendo este último el tema de su primera canción. Haley Shea (voz) llega con las pilas cargadas e incide en si hay que “ser el mejor maldito inmigrante” o sólo hace falta tener éxito para ganarse la consideración ajena. Las guitarras estridentes de Tor-Arne Vikingstad lloran y Nils Jørgen Nilsen (batería) tiene sus momentos más caóticos nada más comenzar el tracklist. Las injusticias son un punto de partida y ante la dicotomía de un idealismo y la inacción real, el conjunto dice en apenas tres minutos más tarde de empezar que hay que levantarse en lugar de “desear que algo suceda”. Telepathetic pone los puntos sobre las íes de la pasividad. El pop-punk se apodera del sonido de Sløtface y unas guitarras cargadas de fuzz hacen de éste uno de los mejores sencillos posibles dentro del largo. Desde el bajo constante de Lasse Lokøy hasta las melodías pegadizas, pasando por los coros grupales del estribillo, Telepathetic se desmarca como dinamismo puro.

Stuff baja un poco el ritmo mientras Shea narra una ruptura amorosa. El final de una relación y el momento incómodo en el que tu apartamento está cargado de objetos, posesiones ajenas y recuerdos. “Sólo son cosas, ya no tiene significado. Son objetos para rellenar el espacio vacío”. Rescatan, así, los problemas personales de la juventud del trabajo anterior; pudiendo extrapolarse a una vida más adulta también.

Acordes más potentes en el estribillos y pequeños punteos que rodean los versos. Un pop, comparable con Paramore o The Pretty Reckless, se deja llevar en Lumious, la cuarta canción. Un sonido ágil que no mengua hasta un ecuador titulado New year, new me. La proclama de Shea esta vez mantiene un aire derrotista a la par que real: “Sigo guardando libros que nunca leeré, haciendo planes que nunca mantendré”. Mentiras, así lo define la cantante noruega.

Ágil, político y más crudo es Passport. La cantante tiene raíces norteamericanas y el foco alumbra en esta canción la complicada relación que mantiene con Estados Unidos. Mira de frente a su herencia, “gritos que nos hacen sacudir la cabeza”, y condena su situación política actual. Tras un grito desgarrador, la primera versión de Crying in Amsterdam se hace eco. Una percusión a pulso y una incómoda guitarra contrastan con el intimista reprise que cerrará el álbum en una sala albergada por un melancólico piano.

Hay quien ve pinceladas de new wave en Static, mientras que Laughing at Funerals parece darse a conocer en un día lluvioso, pero pronto la batería rompe la premisa y un sonido de bar rivaliza con frases que hablan de dolor, pensamientos tras la muerte de alguien: el mundo de las ideas en una mente recientemente enturbiada.

La ferocidad de Sorry For The Late Reply queda plasmada en cada acorde de guitarra y verso de Haley Shea. El bajo está presente hasta en los momentos más caóticos y la batería no sólo los crea, sino que guía las canciones entre un punk más agresivo y un luminoso pop. Sin duda son trece pistas de carácter más personal que su predecesor y su registro ansioso lo hace mejor y más redondo. Han refinado la potencia que los dio a conocer y limado asperezas para conseguir un sonido más redondo y trabajado. Las letras hacen pensar y pasan de lo meloso a lo desgarrador en un par de compases y sobre los nuevos temas tratados, Sløtface lo resume en su corte doce, Sink or Swim, en una línea: “No es política, es hundirse o nadar”.