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snake eyes – cash rich

Bajo las cloacas sonoras de Brighton, donde el punk cruje como grava bajo botas rotas y el pop se retuerce en espirales fuzz hasta volverse veneno dulce, Snake Eyes escupen su debut cash rich. No es un disco que entre por la puerta principal, sino que se gesta como si hubiese crecido devorando vinilos rayados de The Clash en sótanos húmedos, pateando el capitalismo con estribillos que se clavan como anzuelos oxidados.

Imagina guitarras que rugen como motores de coches fantasmas, un bajo que late como un pulso febril y baterías que no dan tregua, todo ello envuelto en melodías tan pegajosas que podrías cantarlas mientras el mundo arde. El álbum vio la luz el 6 de marzo de 2026 a través de Alcopop! Records (Reino Unido) y Grand Hotel van Cleef (Alemania), sellos que abrazan los ruidos sucios y los vinilos que huelen a cerveza derramada. Después de dos EPs que ya olían a revuelta contenida, Snake Eyes autoproducen la bestia desde su guarida y Dan Coutant masterizándola para que cada puñetazo fuera lujoso pese a la mugre.

«En el álbum hay una autoreflexión cómica sobre el pasado y el presente, pero la ecoansiedad y el futuro de nuestro planeta son líricamente el centro del disco. Casa la observación irónica con sentimientos de impotencia y existencialismo, yuxtapuestos con un par de cucharadas de esperanza y una pizca de confianza en uno mismo» –Snake Eye

Puñales líricos en la yugular

Las letras son dagas envainadas en humor negro, ataques punk que te revientan la cara. Hablan de la crisis climática, la frustración económica, la ansiedad de la vida moderna y cómo mantener la esperanza en tiempos raros. Son himnos eco-revolucionarios contra las petroleras que venden humo verde recordante que ser rico es seguir fiel mientras el sistema se desangra. Temas cortos, directos, como shots de adrenalina. Nada pasa de tres minutos, porque en el underground no regala saliva. La portada grita todo: un pez trajeado con ojos de serpiente, maletín en mano, sobre un azul que ahoga. Es grit-pop con colmillos, un disco para hippies que bailan en el apocalipsis, y las reseñas underground ya lo coronan –Distorted Sound y Spectral Nights lo llaman joya caótica–. Si buscas algo que suene a fiesta en un vertedero, con esperanza tatuada en el reverso de la rabia, cash rich es tu veneno. Snake Eyes no piden permiso: entran, revientan y dejan el suelo temblando.

Dentro de la cabeza del pez

Snake Eyes y su cash rich sale de las alcantarillas humedas de Brighton, donde las sanguijuelas devoran el festín. La propia banda lo definió el disco como una colección de cánticos del fin del mundo para amantes de los árboles. Suena como un grito ahogado de fuzz. Doce alaridos de grit-pop que mezclan punk rabioso, melodías pop infecciosas y ecos grunge. Todo se define con una producción casera que cruda. Jim Heffy (voz/guitarra) y Thomas Coe-Brooker (batería/bajo) son los gestantes de la criatura, armando como dúo minimalista las guitarras distorsionadas, el bajo pulsante, y las baterías que pegan como puños. Algunos toques electrónicos meten ruido industrial, sin florituras, pero con química que hace que cada cambio de tempo suene inevitable.

Buceando en la pecera

La imagen central es un retrato aparentemente formal: un hombre con traje verde oscuro, corbata estampada y guantes negros sostiene un maletín. Postura rígida, manos cruzadas. La típica fotografía corporativa que podría aparecer en el perfil de un ejecutivo, un gestor de fondos o un político de medio rango. Pero entonces ocurre el cortocircuito visual.

En lugar de cabeza humana hay la cabeza de un pez, algo parecido a una carpa o koi. La boca abierta, los ojos ligeramente vacíos, la textura húmeda de la piel. El resultado es incómodo, cómico y ligeramente grotesco. Un retrato de negocios convertido en un pequeño monstruo burocrático. Ese choque entre formalidad capitalista y animalidad absurda probablemente es el corazón del concepto visual.

Hay varios niveles de lectura interesantes. Primero, el traje, el maletín y la pose remiten al mundo corporativo o a unPero la cabeza de pez convierte al ejecutivo en algo ridículo. Casi un muñeco (capitalismo caricaturizado). Segundo, es como si el sistema económico estuviera dirigido por criaturas que respiran en otro medio, desconectadas del mundo real. Y tercero, el pez fuera de su entorno natural es un símbolo clásico de desplazamiento. Aquí podría insinuar: alienación laboral, desconexión social y lo absurdo del éxito financiero. El título cash rich (en minúsculas) refuerza esa idea. Rico en dinero, pobre en humanidad.

La portada también bebe mucho del humor visual contemporáneo. Ese tipo de collage extraño que funciona a medio camino entre arte conceptual, meme absurdo y fotografía de estudio vintage. Tiene algo de Terry Gilliam, algo de arte indie británico, y un punto de humor absurdo tipo Monty Python.

Los ojos de la serpiente

La portada parece decir algo bastante claro. El sistema financiero está dirigido por criaturas que no respiran el mismo aire que nosotros. Son peces en traje. Y nosotros estamos atrapados en la pecera. El pez además tiene la boca abierta, como si estuviera intentando respirar o hablar. Esa expresión medio absurda puede interpretarse como el silencio del poder, el discurso vacío o simplemente un toque de humor negro. En cualquier caso, encaja con el espíritu del disco: crítica social envuelta en ironía.

La portada es un puñetazo surreal. Fondo azul tóxico que ahoga, como un océano de deuda o contaminación, y en el centro un pez mutante con un traje de ejecutivo: cabeza de koi oscuro, traje verde-negro, corbata a rayas, guantes y maletín. Es el hombre pez del capitalismo. Frío, codicioso, con ojos de serpiente (snake eyes) que prometen riqueza falsa. El marco blanco lo aísla como espécimen de laboratorio, y los nombres en minúsculas le dan aire DIY underground. Es lo grotesco hecho elegante, la codicia hecha meme visual que grita el pez gordo se ahoga solo.

Penetrando en el acuario del sistema

La experiencia comienza de forma abrupta con jar full of wasps. Es una pista que captura la ansiedad clínica, donde la instrumentación imita el zumbido incesante de un enjambre en la cabeza. Thomas abre el disco con una confesión directa: «como un frasco lleno de avispas en mi cabeza, intentando encontrar la salida de la cama». El caos de las guitarras refleja perfectamente esa parálisis mental que precede a la acción.

Sin apenas tiempo para respirar, nos golpea no cars. Es un himno a la soledad urbana y a las calles vacías de madrugada. La narrativa nos transporta a esos momentos donde el silencio de la ciudad se vuelve ensordecedor. La letra fragmentada dice: «no hay coches en la carretera, no hay nadie a quien llamar, solo el eco de mis propios pasos contra la pared». Es una transición fluida hacia el sonido más pesado de the kicker, donde el ritmo de la batería marca un compás de advertencia.

La crítica social se agudiza en hdtv. Aquí, la banda apunta sus proyectiles hacia la hipnosis colectiva de las pantallas. La ironía supura en cada verso cuando escuchamos: «mirando fijamente la televisión de alta definición, viendo cómo mi vida se desvanece en colores saturados». Musicalmente, el tema es un despliegue de fuzz que envuelve la voz en una atmósfera opresiva pero extrañamente adictiva, preparando el terreno para la introspección de i’m a daydream. En este corte, el ritmo baja ligeramente para dejarnos entrar en un refugio onírico: «soy un ensueño, no me despiertes todavía, el mundo real es demasiado ruidoso para mi gusto».

«’No Cars’ es una canción sobre las compañías petroleras que priorizan las ganancias sobre el medio ambiente y no se les exige responsabilidades. Trata sobre quienes tienen el verdadero poder y deciden qué hacer con su dinero antes que con nuestro futuro. Las medidas implementadas para reducir las emisiones, como Ulez, no son más que un impuesto a los pobres y realmente no logran nada. Un cambio sistémico es necesario, y el momento es ahora» –Snake Eye

El pez salta fuera del agua

El ecuador del disco llega con slugs, una metáfora sobre el letargo y la persistencia. La instrumentación se vuelve más densa, casi pegajosa, haciendo justicia al título. Es el preámbulo perfecto para uno de los momentos más vulnerables del álbum: hug me. En esta ocasión, cuentan con la colaboración de Pabst, aportando una capa de suciedad punk que potencia el mensaje de necesidad afectiva: «abrázame hasta que mis huesos se rompan, hasta que el resto del mundo desaparezca en el humo».

La narrativa continúa con soup, una canción que utiliza lo doméstico para hablar de la confusión emocional. Es una de las piezas más dinámicas del disco, con cambios de ritmo que mantienen al oyente en vilo. Tras este torbellino, llegamos a la joya de la corona, el tema homónimo cash rich. Aquí la sorpresa es mayúscula al contar con la voz de Joss Stone. La fusión del grit-pop con el soul de Stone crea una textura inédita. La letra es un dardo directo al sistema: «soy rico en efectivo pero pobre de alma, gastando lo que no tengo en cosas que no quiero». La combinación de ambas voces es, sin duda, el punto álgido de la experiencia auditiva.

El tramo final se inicia con headache, una representación sonora del dolor físico causado por el estrés. Los acordes son disonantes y punzantes, transmitiendo esa presión interna que todos hemos sentido. La energía se recupera con swing away, un tema que invita a lanzar el último golpe antes de rendirse. Finalmente, el viaje concluye con robot boy, una pieza conceptual que cierra el círculo de la deshumanización: «soy un chico robot programado para fallar, pero todavía tengo electricidad en las venas». Es un cierre épico que deja un regusto de esperanza eléctrica en el paladar.

El golpe final

cash rich es una patada en una puerta que se niega a ser domesticada y snake eyes ha construido ese refugio sonoro para todos aquellos que se sienten peces fuera del agua en un mundo de trajes y maletines. Es un álbum que no teme mostrar cicatrices, celebra la imperfección y convierte la distorsión en un lenguaje de consuelo. Estamos ante una obra que define el presente del underground británico. Desvela una verdad desnuda de dos artistas que tienen mucho que decir y el volumen suficiente para que nadie los ignore. Thomas y Nicole han entregado un disco que se quedará grabado en la memoria de quienes todavía creen que el rock es la mejor herramienta para entender la realidad.

Escucha aquí «cash rich» de snake eyes

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Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonchhttps://crazyminds.es/author/carlos-flaque/
Hablar de uno mismo no es tarea fácil, aunque muchas veces las circunstancias pidan hacerlo, como es el caso. Se pueden contar muchas cosas, pero quizás lo más importante es abrazar la vida con positividad. La música permite esto y mucho más. Me gusta escribir sobre bandas y estilos que aportan puntos de vista diferenciales, que exponen alternativas atípicas frente los sistemas convencionales, bien por sonido, concepto o actitud. Por tanto, mi función en Crazyminds es romper las reglas estandarizadas, y poner en primer plano las bandas que suelen permanecer en el universo underground. De ahí que sea, con orgullo, el «bicho raro» del equipo. El rock siempre ha sido símbolo de cultura y libertad. ¿Qué más puedo contaros de mí? Simplemente deciros que soy adicto a la música de múltiples géneros, no importa lo "raros" que sean, pero, sobre todo, amo mi profesión: periodismo y comunicación gráfica, herramientas que me permiten abrir muchas puertas, conocer gente diversa, intercambiar, aprender, transmitir y generar proximidades. Las nuevas tecnologías permiten múltiples puentes e interacciones. Así que nada de excusas y manos a la obra… Sin transgresión, no hay cambios ni progreso.