Si no existiera Soléa Morente habría que inventarla porque quién mezcla, con ese arte y ese gusto, el flamenco, la electrónica, el rock, el pop, la rumba, el tecno (y más). Y ahora, con su nuevo trabajo, lo vuelve a hacer.
Este Sirio B (2025) toma su nombre de la estrella visible más luminosa del cielo y resulta inevitable comparar la luz de Sirio con la luz de Soleá, una luz que irradia cada segundo de este precioso disco. 44 minutos cargados de emoción y verdad, en el que te crees, como siempre, cada palabra que la mediana de los Morente canta con esa voz tan suya, a la vez tan dulce y a la vez tan fiera.
Guille Milkyway (La Casa Azul) y ella se unen para crear una imprevisible colección de canciones en las que confluyen de la manera más natural cantos del Sacromonte, ritmos tecno, palmas flamencas y referencias a Tarantino.
Este maravilloso delirio comienza con la Ensoñación nº 9. Emoción desde el segundo 1 cuando Soleá canta desde lo más profundo que Anoche soñé contigo / y yo creí volverme loca, abriendo así un tema entre la copla y el bolero, aderezado con unos sonidos espaciales, que resultan en la mezcla perfecta de guitarra flamenca y ovnis.
Ahora o nunca, junto a La Casa Azul (el proyecto de Guille), es un himno instantáneo con un aroma muy vintage, entre la diversión, con esas melodías tan europop, y el drama, palpable en su folclórica letra: Una última noche y despedida / Y ya nos vemos si eso en la otra vida / No hay más salida.
El poderío de Soleá no flaquea y en Con los nudillos se pone la bata de cola y se va a un ring a sacar los puños y a cantar al autorrespeto y al amor propio (siempre muy presentes en las letras de la madrileña) en una pegadiza y poderosa rumba, entre palmas, derechazos y taconeo. Y ahora… ¿qué disco podría enlazar una canción cuya letra dice Esto será / como Kill Bill con otra en la que se reza Dios te salve / Gitana María? Pues, evidentemente, este Sirio B.
Gitana María es una explosión interestelar muy loca, en el mejor de los sentidos, que aúna tecno y flamenco en la voz de una mística Soleá quien, en declaraciones a EFE dio las claves acerca de esta canción: “Me parecía muy interesante la idea de la rave asociada a una simbología sagrada. Se me ocurrió viendo al Cristo de los gitanos en Granada, porque era como una rave de gitanos con hogueras encendidas y cantando a la Virgen”. Solo ella puede imaginar, desde el respeto, a la Virgen de rave y, así, a lanzarse con un tema en el que conviven el breakstep y el breakbeat con referencias a una antigua canción entonada hace muchos años por los gitanos del Sacromonte. Resulta imposible reprimir las ganas de, impulsados por los ritmos tecno y la siempre emocionante voz de Soleá, saltar cantando Gitana María como si estuviésemos en la rave que ella soñó.
La calma llega con el mar, en esa mística Soleá del mar, que comienza con una muy coplera letra: Me preguntan si te quiero / Y yo digo que ni verte / Te quiero más que a mi vida / Y con eso engaño a la gente para, a continuación, derivar en una ferviente queja ante un mundo actual en el que importan más ciertas cosas: Se pisan y mienten, y zas / Un Stratos, un Lambo, una villa en Qatar, lanza una enfadada Soleá en un sorprendente rap, antes que otras: Yo no quiero el lugar donde están los demás / Vendiendo el corazón / Muriendo por ganar / Allí no se puede oler el mar, entona ahora entre la dulzura y la tristeza. Cautivador contraste, igual que el de la mezcla de autotune y guitarra flamenca, a cargo esta de Gonzalo Bruno. Y una frase que es toda una declaración: Tomad el botín / Yo me quedo la paz.
Las sorpresas no cesan, ahora con El lenguaje de las estrellas. Psicodelia, ritmos tribales, sonidos futuristas y raíces flamencas se unen aquí. Un originalísimo y atrevido tema, el cual es una viva muestra de que a Soleá le corre por las venas su padre Enrique Morente. Este no solo está presente en la manera de hacer música de Soleá sino que, literalmente, lo escuchamos en Mercurio y seda. Guille ha logrado unir a padre e hija en un mágico dueto, donde escuchamos a aquel emocionante Enrique interpretando su inmortal Omega (Poema para los muertos) (1996), adaptación de un texto de Federico García Lorca, y a su hija que brilla a su lado, haciendo lo propio pero bailando entre el tecno y el house. Mercurio y seda es un potentísimo tema el cual por poco no llega a Sirio B porque, como explica Soleá: «Gracias a queel proceso del disco fue largo, dio tiempo a rectificar y añadir cosas, como Mercurio y seda, la última de las canciones que entró en el disco hace solo unos meses, también una de las más especiales. […] (Al disco) le faltaba algo, no sabíamos si una colaboración, pero sabíamos que había una energía muy potente. Al día siguiente, a Guille se le había ocurrido traer la voz de mi padre, lo que para mí es un sueño hecho realidad, porque no me dio tiempo a hacer un dueto con él». Pelos de punta gracias a una sobrecogedora canción de la que resulta muy difícil salir.
De la voz de Enrique Morente en 1996 a la de Guille Milkyway, con La Casa Azul, en 2025, quien es ahora el que une su voz a la de Soleá en la adictiva Vamos a olvidar. Cumbia, electrónica y, cómo no, flamenco y también rumba que en este caso traen Las Negris, transformando con alegría y poderío el desengaño amoroso en una jubilosa celebración de la vida. Evolución que nace de un comienzo triste y desgarrado hasta desembocar en una festiva jarana en la que se canta a la esperanza: Brindemos por todo lo que queda por vivir. Bajamos de revoluciones con Azalea, delicado y precioso pop en la siempre emocionante voz de Soleá quien, desde la más absoluta dulzura, se abre y reflexiona acerca de no perder de vista lo importante: “Un canto a lo que descuidas cuando te distraes por el camino. Cuando ocurre esto, pierdes la capacidad de entregarte adecuadamente a las cosas bellas y buenas que hay tanto en tu interior como a tu alrededor. Es una reflexión acerca de lo importante que es valorar aquello que damos por hecho”. Una letra que llega adentro (No encuentro el punto medio / entre la paz y la bohemia) y un maravilloso clavicémbalo dan forma a una azalea que Soleá espera no volver a descuidar.
Volvemos al lerele con No likes, una rumba divertida y desenfadada en la que se unen a Soleá su hermano Kiki Morente, su madre Aurora Carbonell, Enrique Amaya, Ana Soler, Los Chorbos… De tal reunión no puede salir otra cosa que una fiesta flamenca pegadiza como el chicle y en la que se van solos los pies. Y las palmas. Detenemos un poco el ritmo con Mírame (tengo WOAAA), atrevida inspiración en la seguiriya Mírame a los ojos, de nuevo del siempre presente Enrique Morente, para, enseguida, volver a él (¿alguna vez nos hemos ido?) a través de la frase que abre Mi cura: Pienso mucho en mi padre, y continúa llevándonos de la mano a bailar un europop romántico y resplandeciente.
Mi vida es para mí, el título lo dice todo. Esta onírica (muy La Casa Azul, muy Beach House) y preciosa canción sobre la auetoestima y la independencia (¿En serio te crees que yo no puedo estar sin ti?), en la que Soleá continúa abriéndose en canal y mostrando sus inseguridades (Y me hace gracia las tonterías que te daba por decir / Que no tenía madera de estrella, de nada / Ni de indie, ni pop, ni flamenco) es toda una declaración de intenciones (la de aniquilar el tiempo que perdió) en la que Soleá mezcla, como siempre y con ese arte, dulzura y garras. Y, cómo no, un tirititrán tran tran.
Llegamos al final. La sedosa Amor mío (siento si no estuve aquí), suave y luminoso colofón que cierra el disco como canto a la esperanza (Incluso creo en la magia), a aquello que en otro momento no pudo ser pero, ¿por qué no ahora?
Así, suavemente, aterrizamos de este viaje espacial y, nada más terminar, ya queremos montar en la nave de nuevo. Mis canciones serán las estrellas que te alumbren, nos ha cantado Soleá y, guiados por ellas, deseamos acercarnos otra vez a Sirio B y a su deslumbrante y preciosa luz.

