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SUPERORGANISM – WORLD WIDE POP

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Por Rafael Chipana.

Desde que el avance de la tecnología se ha ido acelerando e ingresa a nuestras vidas de forma consentida pero agresiva también, bajo el justificativo de mejorar nuestra calidad de vida, hemos permitido que ciertos sonidos pasen a formar parte de nuestra rutina y resulta hasta impensable separarlos a pesar de lo insignificantes, o estresantes, que pueden llegar a ser. El bip que suena cuando te llega un mensaje, sus ringtones más vintage, la alarma programada de tu móvil, el ruido cuando suena en modo vibración, la voz robótica que en un precario inglés te dice “the bluetooth device is ready to pair” cuando cambias la función de tu dispositivo de audio comprado en el mercado negro, el sonido que provocas cuando mueves lentamente el dial de una radio, los tonos que oías cuando marcabas un número en esos viejos teléfonos con teclado, auto-tune aplicados a las voces y hasta explosiones. Pues bien, en World Wide Pop, el último trabajo de Superorganism, se despliega una colección ecléctica de esos sonidos, viejos y nuevos, que te pueden sacar de quicio cuando les prestas demasiada atención o cuando se vuelven machacantes y dejan de ser una cuestión casual o aleatoria. 

Lo anterior suena a una total locura o tortura, pero al caos controlado del segundo álbum de esta banda que ha construido canciones en base a esa diaria rutina a la que nos sometemos cuando dependemos de la tecnología, tienes que agregarle la extraña ecuación de que son una especie de colectivo musical cuyos miembros colaboradores, vivían en diferentes continentes cuando se conocieron mediante foros de música por Internet y decidieron formar Superorganism para dedicarse a costurar el tipo de pop que solo podía haberse hecho en el siglo XXI. Es necesario, también, advertirte que la voz de la japonesa Orono Noguchi es una de las voces más inexpresivas que hallarás en el pop de hoy y que roza casi la cacofonía, aunque hay que reconocer que voces de ese estilo también han destacado, como la de Lou Reed o las de Kraftwerk o la de Courtney Barnett para señalar un referente actual.   

Este crossover cultural y de eclecticismo sonoro puede provocarte vértigo. Su euforia es palpable a pesar de o, en vista de, sus cualidades mencionadas y gran parte de la temática de esta producción se enfoca en entender la realidad a partir de lo virtual, como justamente tú tratas de hacerlo en este momento a través del monitor de tu ordenador o de la pequeña pantalla de tu móvil. 

Ya sea por humor negro o un inusitado optimismo por el fin del mundo, en Black Hole Baby puedes oír: «And so I just accept it, like yeah / the world is ending«; y en un mundo en donde parece que tener el menor contacto personal posible, agravado con la pandemia, es la nueva normalidad, surgen canciones como Oh Come On que reivindican las relaciones de la vida real y en la que Orono, una adicta a los memes, confiesa con honestidad «You should be happy I got out of my pod / convinced myself that I’m a damn fraud / but I know I deserve it / you all cheer and makes it worth it.» 

Es sorprendente que en esta excentricidad hayan involucrado a Stephen Malkmus, líder de la guitarrera banda Pavement, pero este álbum continúa esa construcción maximalista del pop que nos presentaron en su debut autotitulado del 2018, en el que oirás desde bostezos hasta máquinas registradoras. Podrá parecerte grandilocuente o presuntuoso, pero su música no está lejos de las locuras psicodélicas de The Flaming Lips o la nostalgia autoimpuesta de The Avalanches, y esas comparaciones deberían ser suficientes para que te animes a escuchar este disco ahora. 

Escucha aquí World Wide Pop de Superorganism

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Apasionado investoriador musical (investigador + historiador), cinéfilo incurable y voraz lector.

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