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The Amazons – 21st. Century Fiction (Epilogue)

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Una ficción demasiado real

Hay algo incómodo en escuchar a The Amazons en 2026. No porque hayan perdido la energía que los convirtió en una de las bandas británicas más reconocibles de su generación, sino porque ahora esa energía llega acompañada de una pregunta mucho más difícil: ¿qué demonios nos prometieron que sería la vida adulta?

21st Century Fiction (Epilogue) no nace de cero. Es el capítulo final de su anterior álbum 21st Century Fiction (2025), ahora ampliado hasta las diecisiete canciones con cuatro nuevas piezas que completan el recorrido. El título sigue siendo el mismo porque el problema también lo es. Una sociedad que convirtió la conexión permanente en una nueva forma de aislamiento. Una generación educada con determinadas certezas que descubre, al llegar a la edad adulta, que buena parte de aquellas promesas eran precisamente eso: ficción.

Matt Thomson lo explicó sin demasiados rodeos. Según el vocalista, la banda comenzó esta vez por el propio título y después escribió la música alrededor de él. La cuestión era preguntarse qué es verdadero y qué no en una época dominada por internet. También aparece una decepción más tangible: la promesa de poder construir una vida estable, comprar una casa y alcanzar determinadas certezas que para muchos adultos jóvenes ya parecen inalcanzables. El Epilogue no es, por tanto, un funeral para The Amazons. Es el cierre de una etapa. Y esa diferencia importa.

Una banda que decidió mirar hacia dentro

The Amazons nacieron en Reading y construyeron desde muy pronto una identidad apoyada en el rock de guitarras, la electricidad de los escenarios y una relación bastante física con las canciones. Después de How Will I Know If Heaven Will Find Me? (2022), la banda entró en una etapa de cambios que terminó desembocando en 21st Century Fiction.

El cuarto álbum de estudio apareció originalmente el 9 de mayo de 2025 a través de Nettwerk. Fue grabado en distintos espacios, entre ellos Real World Studios, Chapel Lane Studios y The Retreat, y su producción estuvo encabezada por Pete Hutchings, con aportaciones de Chris Alderton, Catherine Marks y Mike Kerr (Royal Blood). Matt Colton se ocupó de la masterización.

La formación central continúa alrededor de Matthew Thomson, Chris Alderton y Elliot Briggs. La batería de 21st Century Fiction contó con George Le Page, mientras que Ella McRobb aportó voces. La situación posterior a la salida de Joe Emmett devolvió al grupo a una configuración de tres miembros, aunque Le Page quedó estrechamente vinculado a la banda y a su directo. Y aquí aparece otra de las claves del proyecto: The Amazons no intentan ocultar las grietas. Las utilizan.

Guitarras para un mundo que perdió el manual

Musicalmente, 21st Century Fiction (Epilogue) conserva la musculatura del grupo, pero la coloca dentro de un paisaje menos complaciente. Hay alternative rock, hard rock y momentos que se acercan incluso alternative country, pero lo importante no está tanto en etiquetar el sonido como en comprobar cómo la banda utiliza sus herramientas habituales para hablar de algo bastante más incómodo.

Las guitarras continúan siendo el esqueleto. Chris Alderton aporta una dimensión especialmente importante porque la música necesita conservar ese carácter de banda tocando junta, sin convertirse en un ejercicio de producción perfectamente esterilizado. La batería mantiene el empuje físico que necesita una banda como ésta. El bajo de Elliot Briggs sostiene buena parte del peso mientras las guitarras pueden abrirse, endurecerse o desaparecer momentáneamente para dejar espacio a la voz.

La producción de Pete Hutchings consigue precisamente que el disco pueda ser contundente sin perder determinados espacios de intimidad. No hay que inventar sintetizadores Moog ni una supuesta batalla entre tecnología y amplificadores para entender el álbum. La tensión tecnológica está en las canciones, no necesariamente en los instrumentos.

La voz de quien ya no se cree el cuento

La voz de Matt Thomson es uno de los elementos que mejor conecta las dos caras del proyecto. No estamos ante un cantante que necesite demostrar constantemente que puede gritar. Su evolución consiste más bien en aprender cuándo hacerlo y cuándo contenerse. Hay fragilidad, cansancio, rabia y deseo, pero también una cierta sensación de haber dejado atrás la necesidad de interpretar permanentemente al joven rockero que se supone que debe ser. Eso resulta especialmente importante en un disco preocupado por la edad adulta. Thomson no canta desde una posición de superioridad. Está dentro del problema.

La interpretación funciona mejor cuando permite que las canciones respiren. Living A Lie plantea desde el principio esa sensación de vivir dentro de una mentira que uno mismo ya empieza a reconocer. Pitch Black convierte la presión social y masculina en una experiencia mucho más física. Y cuando llega Kickin’ In, la voz adquiere un tono más oscuro y obsesivo. Thomson explicó que esta última canción representa probablemente la exploración más oscura de los nuevos temas y que gira alrededor del deseo y de la tensión provocada cuando ese deseo no encuentra respuesta.

La ficción que respiramos

La portada debe entenderse, por tanto, como parte de un proyecto que no intenta ofrecer respuestas tranquilizadoras. El título ya funciona como una señal de advertencia. El núcleo conceptual del álbum está en esa palabra: fiction. Matt Thomson explicó que vivimos en una época en la que constantemente tenemos que decidir qué es verdad y qué no. Para él, esa puede ser una de las cuestiones definitorias del siglo XXI y de la era de internet. Pero la ficción no se limita a las redes sociales.

También está en las expectativas con las que crecimos. Nos vendieron una determinada idea de adultez. Trabajo, vivienda, estabilidad, independencia, futuro. Después llegó una realidad económica y social bastante menos amable. Por eso 21st Century Fiction funciona mejor cuando deja de hablar exclusivamente de internet y empieza a hablar de nosotros. De las expectativas que heredamos, las que todavía perseguimos, y las que ya sabemos que quizá nunca podremos cumplir. Y ahí aparece el verdadero significado del Epilogue: no cerrar la historia porque todo esté resuelto, sino porque ya sabemos qué historia estábamos contando.

Vivir dentro de la mentira

El recorrido comienza con Living A Lie, una declaración frontal que introduce la contradicción central del proyecto. Después llega Night After Night, donde la repetición se convierte casi en una condena. Entonces (Panic) rompe la tensión con una descarga breve y nerviosa. Es la oscuridad bajo la piel. Por su parte, Pitch Black profundiza en la oscuridad emocional del álbum. La canción nace de la presión que Matt Thomson sentía ante la idea de lo que debía significar ser un hombre. No hay pose de macho-rock. Hay un intento de desmontar esa imagen desde dentro.

Acto seguido llega My Blood que devuelve el conflicto al terreno personal. Después, (Shake Me Down) funciona como una transición breve antes de que Wake Me Up vuelva a abrir el espacio melódico. La canción permite respirar al disco, aunque la incomodidad permanece.

Una historia que empieza con un título

A continuación aparece (Intermission). El pequeño descanso conduce hacia Joe Bought A Gun, una de las piezas más narrativas del conjunto. Su propio título parece plantear una historia antes incluso de que empiece la música. Sobreviene Love Is A Dog From Hell que toma su nombre del universo literario de Charles Bukowski. La referencia encaja con la crudeza sentimental del proyecto. Aquí el amor no funciona como refugio. Se convierte en un territorio peligroso. Con The Heat! Pt.2 regresa la combustión rockera. Después, Heaven Now abre una ventana hacia una posible salvación. Finalmente, Go All The Way permite que la banda se extienda durante más de seis minutos. La estructura se vuelve más abierta y menos inmediata.

«Perdido
Y sin causa
Veo a los pájaros volar
Inquebrantables en su rumbo
Asustado de vivir
Pero temeroso de morir
Si no lo resuelvo ahora
Me pasará de largo
» –Go All The Way (THE AMAZONS)

El falso final

Entonces aparece (Epilogue). Pero aquí está la trampa del título. No es el final del álbum. Es el punto de transición hacia los nuevos temas que completan esta edición ampliada. El Epilogue deja de ser una simple etiqueta y adquiere una función narrativa dentro del propio disco. Kickin’ In introduce una oscuridad diferente. Deseo, tensión y frustración se mezclan en una canción que Matt Thomson relaciona con el deseo no correspondido. El vocalista también ha señalado influencias tan distintas como Chris Isaak, Radiohead y Jeff Buckley.

Después llega Blood on the Bone, más física y directa. El recorrido termina con One Hot July, una pieza de casi seis minutos que evita la necesidad de una explosión final. En su lugar, deja la historia suspendida. Así, los cuatro nuevos cortes —(Epilogue), Kickin’ In, Blood on the Bone y One Hot July— amplían el álbum original hasta las diecisiete canciones. Lo que comenzó como 21st Century Fiction encuentra ahora su verdadero punto final.

Escucha aquí 21st Century Fiction (Epiloque)

Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonchhttps://crazyminds.es/author/carlos-flaque/
Periodista. Fotógrafo. Diseñador gráfico. Muchos años al pie del cañón. Ahora toca recuperar el pulso y volver a lo esencial. La música siempre ha sido el eje. No como ruido de fondo, sino como lenguaje, refugio y forma de entender el mundo. Está en todo lo que hago. Me interesa escribir sobre bandas que se salen del guion, que cuestionan lo establecido y abren grietas en lo convencional, ya sea desde el sonido, el concepto o la actitud. Propuestas que no buscan encajar, sino expandir. En Crazyminds, mi papel es claro: dar visibilidad a ese universo «underground» donde laten algunas de las ideas más honestas y estimulantes de la música actual. Hay mucho ahí fuera esperando ser descubierto. Así que vamos a ello. Porque sin transgresión no hay cambio. Y sin cambio, la música deja de tener sentido.