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THE LEGENDARY PINK DOTS – THE MUSEUM OF HUMAN HAPPINESS

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Probablemente, existen bandas de las cuales la gente nunca ha oído hablar o que parecen habitar inexplicablemente esa semioscuridad tan difícil de penetrar. Ocupan aquellos espacios donde existe una luz desemejante, donde las sombras hablan por sí mismas, y los miedos afloran pudiendo enloquecer a cualquier alma humana. Son formaciones musicales que buscan distanciarse de la comercialidad, de ese sonido que nos abruma, que suena siempre con el mismo patronaje y que la masa consume de inmediato, pero al día siguiente queda relegado al olvido. Son bandas que no transmiten mensaje ni pensamientos. La transgresión y la genialidad están ausentes.

Tratar de presentar a The Legendary Pink Dots (LPD, de aquí en adelante) no es tarea fácil ya que es una de esas formaciones que deambula más allá de la normalidad, de lo mundano. En consecuencia, cada vez que me siento a redactar sobre sus trabajos, es como tratar de navegar en un mar de Sargazos y tratar de sacar la cabeza a flote en busca de unas burbujas de oxígeno. Sentarse a escuchar LPD es como caer en las marañas de un extenso meandro de profundas curvaturas borgianas. Sencillamente es tratar de comprender un puzle de coordenadas imposibles, donde la matemática y la física cuántica tratan de dar sentido a un tremendo caos humano ininteligible.

Ya el mismo nombre de la banda produce desconcierto o escalofríos, especialmente para aquellos que podríamos calificar como neófitos en su sonido, pero también para los veteranos que llevamos tiempo escuchando sus obras, bien como banda en curso (LPD), o bien en sus trabajos en solitario (Edward Ka-Spel) y en paralelo (The Tear Garden), respectivamente.

Hablar pues de The Museum Of Human Happiness, el primer nuevo trabajo de la banda en casi tres años, es como tratar de condensar el Cosmos dentro de una diminuta caja, es decir, una imposibilidad que nos llevaría desarrollar un espacio intangible dentro de una eternidad absoluta. Pero al margen de esta metafórica puntualización, me atrevería a decir que estamos ante uno de los mejores discos de LPD. Su concepto, estructura, composición y detalles son inmensos.

De ahí que la mayoría de críticas más especializadas lo encumbran como uno de los trabajos más dorados de la banda. Por ejemplo, Narc desde Reino Unido: «Infundido con una destreza emocional, este álbum toma los activos más fuertes de los Dots para crear un lanzamiento que es impulsado, enfocado y conmovedor». O Sonic Seducer desde Alemania: «La felicidad sigue siendo una cuestión de opinión, pero es indiscutible que The Museum Of Human Happiness se encuentra entre los mejores álbumes de Legendary Pink Dots».

Cabe decir que The Legendary Pink Dots es una banda de rock experimental angloholandesa formada en Londres en agosto de 1980, y que opera al margen de las corrientes del mercado ya que su música es incompatible para la masa cerebral del mainstream. Sin embargo, la banda ha sabido construir y mantener un culto feroz y leal en todo el mundo, manteniendo una larga carrera de más de cuarenta álbumes de estudio, así como una gran cantidad de grabaciones adicionales. Poseen una larga fila de seguidores completamente entregados a sus creaciones. Es música para imaginar, sentir y pensar y, sobre todo, para dejarse llevar por sus múltiples matices hiperdimensionales.

Edward Ka-Spel (fundador, voz, teclados), Phil Knight, conocido también como The Silverman (cofundador, teclados, electrónica), y el guitarrista Erik Drost, son los responsables de este maravilloso The Museum Of Human Happiness, una obra que alcanza el nirvana en todos sus niveles. Estamos ante un trabajo de lujo creativo, de escalofriante sensibilidad, que surge de un mundo destrozado y hermetizado por los problemas y los venenos que le ahogan la existencia. Es un disco, por tanto, que emerge con identidad propia, con un estilo cáusticamente ingenioso y crípticamente evocador, que perfila un desvío de aquel oscuro camino psicodélico que habia adquirido la banda en discos anteriores. Este nuevo estado de ánimo, de poética y de sonido depurado, se desarrolla como un preciso mecanismo de relojería de alta gama.

Desde el principio, el disco, editado por Metropolis Records, te sumerge en un torbellino vertiginoso de ensoñaciones, percusiones trepidantes y una mezcla siniestra de sueños, pesadillas, claustrofobias y dimensiones inexplicables. En su fondo, es una obra que refleja la tortuosa naturaleza humana sobre aquello que produce o genera en consecuencia: desorden y silencio revestidos de una artificial belleza que forja inquietantes y falsas felicidades. Y más teniendo en cuenta que debido a la pandemia la composición y grabación de este álbum se llevó a cabo en el ciberespacio durante 2020 y 2021.

El propio Edward Ka-Spel en la entrevista que Klemen Breznikar le hizo para It’s Psychedelic Baby! Magazine, nos recuerda que «la pandemia asomó su fea cabeza mientras atravesábamos Europa y entonces el mundo se detuvo. Fue la última vez que The Legendary Pink Dots estuvieron juntos en una misma habitación. Desde ese momento, El Museo de la Felicidad Humana tuvo mucho que ver con esas circunstancias (…) En los momentos más oscuros nos sentimos un poco como los cuatro jinetes del Apocalipsis, propagando el malestar cuando la vida se detiene».

Sin duda, The Museum Of Human Hapiness no es un simple disco de canciones extrañas o para minorías elitistas. Más bien es una experiencia completa, un conjunto de fragmentos siniestros y brillantes que reflejan y distorsionan la realidad que vivimos, así como la extraña naturaleza de nuestra existencia y de nuestras relaciones a lo largo de ella.

Es así también como lo entiende Stephen Kennedy del portal de música Reflections of Darkness cuando escribe que «The Museum of Human Happiness es un documento de nuestra resiliencia, estupidez y miedo, y parece estar en un estante más alto, mirando hacia abajo sin juzgar, simplemente registrando y sacudiendo su cabeza triste y sabia, viendo lo que necesitamos, esperando que podamos llegar allí».

Las letras del disco son desgarradoras. Describen narraciones de incomunicación y pesimismo mientras el sufrimiento se infiltra a través de aberturas prolongadas y sinuosas. Es un viaje alucinante a través del metabolismo existencial y social. Al respecto Ka-Spel dice: «Las letras son absolutamente conmovedoras, desesperadas, a veces con un destello de humor negro, pero en definitiva son un fuego purgante que arde».

El disco debuta el tracklist con This Is The Museum, un tema que nos adentra rítmicamente en ese escalofriante museo donde las felicidades humanas hacen cola para ser valoradas ante la verdadera felicidad: «Aquí, en el espacio sagrado, te prometo que llorarás (…) Junto a esas caras sonrientes (…) debajo del cielo pintado. Este es el museo». La portada del disco es determinante.

El segundo tema es There Be Monsters, que ya por su título flagela las membranas, bien por sus detalles sonoros, por su melodía ondulante o por su fulminante letra: «Veo monstruos, que se acercan, pero no hacen sonido. Limpian la cabeza (…) hasta que revienta». Un claro mensaje a los políticos que destruyen el pensamiento crítico a fin de mantener el vínculo entre poder y sumisión.

Cloudsurfer es una locura, pura inmersión a la profundidad del ser abatido que surfea por las nubes tratando de evitar la oscura realidad que yace bajo sus pies. Son seis minutos de auténtica pesadilla. El rasgueo guitarrístico de Drost es tremendo, duro y cortante como una navaja, entre golpes de piano y ritmos obsesivamente perniciosos. Una bofetada psicológica en pleno rostro. Por su parte, Cruel Brittania dicta las demencias de nuestro tiempo con una sabiduría e ingenio envejecidos, apuntando decididamente a la estupidez de la élite política. Ka-Spel desgrana en ella ese peligroso aumento del populismo de extrema derecha.

Nightingale, es uno de mis temas favoritos, un lujo de voces, sonoridades y ritmos que ensueñan y sobrecogen como el incansable cantico del pájaro ruiseñor que modula sin cesar toda la noche en busca de la armonía perfecta. Se trata de una pieza maestra y muy sutil, con registros y capas, una pesadilla que te engulle y te conduce hacia la ultima luz cegadora. Hands Face Space, es agudamente paranoica, una melodía compuesta bajo distintas capas rítmicas y disonantes, con ascensos y descensos, fusionando rupturas sónicas, risas histriónicas y destellos de advertencia como fondo. Un completo delirio.

Coronation Street, tiene un sobresalto de escala electrónica que te anula la calma y te mete de lleno en su torbellino espinoso. La percusión es vital y existe cierto toque a lo King Crimson.

Postcards From Home es otro de mis temas favoritos, una maravilla de tema. Ya desde su inicio te atrapa en sus tentáculos. Se manifiesta tan suave que apenas parece existir. Todo se desliza lentamente como un arácnido por su tela. Destila un entorno biomecánico, bajo los efectos trippy y de guitarra wah-wah. En definitiva, un viaje psico-melódico que diluye las neuronas bajo inmensos océanos de imaginación. La voz solista adquiere susurros inconmensurables.

The Girl Who Got There First y A Stretch Beyond constituyen una polarización sónica pues entre ambos dista el contraste a nivel compositivo. Mientras el primer tema se enrosca por la garganta como una hiedra venenosa, es un claro desarrollo agónico y desesperado con marcadas subidas y caídas. Sin embargo, la segunda pieza, se muestra bajo un tono más bajo, casi deslizándose entre calma y misterio.

Tripping On My Nightmares, continúa el meandro a través de un paisaje somnoliento, sugiriendo que la vida misma es la única droga necesaria para observar lo absurdo de la existencia humana. La voz desata registros inusuales, incluso rozando al Bowie más experimental y un Ka-Spel muy dodecafónico. La ambientación toma cotas inimaginables y de tortuosa digestión. Nirvana For Zeroes, bajo un inicio oriental y cierto aire a bandas psicodélicas de los 70 como Gong o Amon Düüll, se siente como un globo de nieve que alguien no deja de sacudir, una caída surrealista e inconexa a través de un microcosmos confuso, de ahí quizás el título.

Para terminar nada mejor que citar el sagaz pensamiento de Ka-Spel donde resume de forma concluyente la esencia del disco: «La felicidad en la sociedad actual solo es posible cuando la gente empiece a hablar de paz en lugar de guerra, cuando hayamos aprendido a no votar a los monstruos, cuando hayamos derribado las fronteras y aprendido a compartir y apreciar la vida. Ello es posible, pero tenemos que trabajar mucho en ello». Y mientras esto no se produzca nos toca tragar. Mientras tanto nos quedan los sueños de The Legendary Pink Dots y sus maravillosas obras de arte.

Escucha aquí el trabajo de The Legendary Pink Dots

AUTOR

Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonch
Hablar de uno mismo no es tarea fácil, aunque muchas veces las circunstancias pidan hacerlo, como es el caso. Se pueden contar muchas cosas, pero quizás lo más importante es abrazar la vida con positividad. ¿Qué puedo contaros de mí? Este caso deciros que me encanta la música y mi profesión, la de periodismo (escribir) y la de comunicación gráfica (diseño gráfico y fotografía), herramientas que me permiten abrir muchas puertas, como conocer gente para intercambiar, transmitir cosas y generar proximidades. Las nuevas tecnologías permiten eso y más. Así que nada de excusas y manos a la obra…

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