Ganchos y melodías que no encajan: Bienvenidos al caos organizado
Estamos ante un disco extraño, lleno de propuestas diferenciadas. Probablemente resulta difícil de digerir porque su estructura se apoya en la desafonía y la deconstrucción melódica. Así lo refleja la propia portada del álbum. Muchas piezas tratan de encajar, pero dada su diversidad no terminan por lograrlo.
Tras casi veinte años sin material original, The Lemonheads regresan con Love Chant, su primer álbum de estudio con material original en casi dos décadas. Este regreso se produce después de su último álbum de canciones originales, The Lemonheads (2006). El retraso tiene múltiples raíces. La vida personal de Evan Dando atravesó etapas turbulentas, adicciones, y la banda evolucionó entre pausas, proyectos paralelos y mudanzas. Con el tiempo, el proceso creativo se transformó en una reconstrucción emocional y artística. Así lo reconocío Evan Dando en una reciente entrevista:
«cuando dejé la heroína y otras drogas callejeras, mi corazón se y mi cabeza se abrieron y los dos empezaron a conversar. Pelearon un poco, pero se dijeron: ‘¿Qué hacemos ahora?’ ‘Vamos a hacer un disco. Tal vez lo resolvamos juntos»
En consecuencia, Love Chant intenta poner orden en medio del caos, aunque, a mi entender, no lo consigue. Cada canción parece un pequeño universo que busca conectarse con el siguiente, como sugiere la portada. Sin embargo, la desafonía y la deconstrucción melódica dominan el conjunto. Reflejan la tensión entre la experiencia de Evan Dando y la fragilidad emocional que siempre ha definido a «las cabezas de limón». Desde el primer acorde, se percibe la distancia: un retorno melódico que emociona y desconcierta a la vez. Es la doble vara de un renacimiento incompleto.
La esencia de «Love Chant»
El lanzamiento del álbum se ha materializado este 24 de octubre de 2025 bajo el sello Fire Records. La producción ha sido cargo del multinstrumentista brasileño Apollo Nove. Su trabajo ha aofrecido un pulso fresco y orgánico que ha conectado la experiencia de Evan Dando con los matices de su nueva vida en Brasil.
El álbum en sí tiene, además, un amplio un mosaico de colaboraciones. J Mascis, Juliana Hatfield, Bryce Goggin y Tom Morgan retoman sus lugares en la órbita de la banda. Mientras que voces externas como Erin Rae, John Strohm, Nick Saloman y Adam Green se entrelazan con delicadeza y tensión. Cada contribución es un pequeño choque de personalidades y estilos, reflejando la diversidad sonora del disco: rock alternativo, punk, pop, country y pinceladas de psicodelia.
Instrumentalmente, las guitarras eléctricas y acústicas dialogan con bajos densos, batería incisiva, sintetizadores y loops cuidadosamente disonantes. Cada nota parece balancearse entre la intención y el descuido, reforzando la sensación de caos organizado que atraviesa todo el álbum. Love Chant es, por ende, una constelación de talentos y decisiones. Un mapa donde cada asistencia contribuye un trazo distinto al patrón complejo y vibrante que define la energía del disco.
Evan Dando: un «slacker» entre leyenda y reencuentro
Evan Dando es un tipo que emerge de su historia como un viajero del tiempo y de las geografías. De Boston y Nueva York (escenarios de fama efervescente), y ahora Brasil, donde Love Chant encontró su pulso definitivo. Sus años de pausas, memorias y colaboraciones dispersas no son simples vacíos. Son territorios de aprendizaje, de introspección y de conexión con músicos que han dejado huella en su viaje.
El sonido del disco se mueve entre reminiscencias a Dinosaur Jr. Al indie noventero de Blake Babies. O a la irreverencia de bandas que marcaron la era punk alternativa. Sin embargo, Dando busca fragmentar, experimentar y desafiar la armonía tradicional. Cada riff y groove parecen flotantes, intentando conectar mundos que no siempre encajan, reflejando la naturaleza incompleta, disonante y experimental del álbum. El mismo se definió en otra entrevista a medios:
«Love Chant surgió como un renacimiento: un Lemonheads de mediana edad que todavía lleva algo del encanto ‘slacker’ de cabellos despeinados y melodías perezosamente brillantes y casi juveniles de los años 90»
El título lo dice todo, Love Chant, es una declaración y un enigma. Un canto de amor que navega entre la aspiración de conexión y la frustración de los anzuelos que nunca se enlazan del todo. Como las redes humanas que a veces nos unen y otras nos aíslan, el álbum refleja el impulso de acercarse a los demás. Crea la sensación inevitable de que la conexión plena siempre se escapa. La historia personal de Dando, las influencias de otras bandas y la propia estructura musical se entrelazan. Con ello se genera un eco de imperfección, melancolía y búsqueda de sentido.
El núcleo visual del caos
La portada de Love Chant es un punto clave. No se trata de una simple imagen sino de un mapa de conexiones y desconexiones, un espejo visual de la complejidad del disco. Trazos curvos, ganchos y formas garabateadas se superponen en un patrón casi infinito, creando un caos que parece organizado desde dentro. Cada línea parece buscar contacto con otra, pero rara vez se entrelaza de manera definitiva. La sobrecarga visual transmite movimiento, densidad y tensión. El ojo nunca descansa, igual que el oyente que se adentra en las canciones fragmentarias del disco.
Esa energía caótica de los trazos refleja la veta más slacker y desenfrenada de Evan Dando. Su irreverencia punk mezclada con melodías pop y desarmonías agridulces. Los diferentes colores y formas corvas podrían simbolizar la diversidad musical del álbum, que oscila entre punk, pop, country y psicodelia. Pero más allá de la estética, cada «gancho» funciona como un nodo en una red social imaginaria. Un intento de conexión que no siempre logra su cometido.
Si seguimos visualmente un trazo de un gancho a otro, podemos imaginar una cadena de relaciones posibles. Una red que recuerda la «teoría de los seis grados». Sin embargo, el patrón superpuesto sugiere que, aunque estamos rodeados de potenciales conexiones, muchas de ellas fracasan. La densidad genera ruido visual y sensación de sobreinformación. Paradójicamente, más ganchos no significan más conexión, sino mayor confusión y aislamiento.
En este sentido, la portada de Love Chant se convierte en un símbolo de la obra misma. La búsqueda de contacto humano, la melancolía de la incomunicación y la complejidad de las relaciones. Cada trazo encarna la tensión entre cercanía y distancia. Reflejan la lucha de Dando por unir mundos musicales, colaboraciones y emociones en un álbum que abraza la fragmentación como principio estético. De ahí la importancia de la portada. Nos invita a mirar más allá del caos aparente. A percibir la red invisible que conecta a todos los elementos, y a aceptar que la perfección nunca será el objetivo. Solo la exploración y el movimiento constante.
Justificar el caos: la armonía de lo roto
La voz atraviesa como un hilo frágil pero insistente, quebrada, y segura a la vez. No busca la perfección técnica; abraza la vulnerabilidad, los silencios y los desvíos melódicos. Su timbre, ligeramente rasgado y grave, se desliza entre la melancolía y la ironía. Cada frase es un intento de conectar y al mismo tiempo advertir de la imposibilidad de hacerlo del todo.
Evan Dando siempre ha vivido para la música, pero no para el aplauso ni la validación externa. Su filosofía se basa en el movimiento constante, la experimentación y la aceptación de la imperfección. La vida y la música se entrelazan en un equilibrio precario. Cada error, cada improvisación y cada pausa forman parte del relato personal que Love Chant despliega.
Radicado ahora en Brasil, Dando observa la distancia como espacio creativo. El disco refleja esa posición. No se esfuerza por encajar, no busca adhesión fácil, sino que celebra la diversidad, la fragmentación y la disparidad. La vida y la sociedad aparecen como redes densas, complejas y, a menudo, descoordinadas. La interacción humana se convierte en un territorio de intentos fallidos y conexiones parciales, igual que los ganchos de la portada.
En este sentido, Dando es un «slacker» consciente. Alguien que acepta la deriva, que reconoce la incomunicación. Que encuentra sentido en los intersticios, en los silencios, en los huecos entre las notas y los encuentros humanos. Love Chant se convierte así en un manifiesto de su filosofía. Un canto a la imperfección. Un registro de búsqueda constante y una exploración de cómo la música puede sostenernos en el caos del mundo.
Once canciones fragmentadas que buscan ensamblarse
Desde el primer instante, 58 Second Song anuncia la intención del álbum: tensión y energía comprimida. Actúa como un disparo inicial hacia la desafiante diversidad que seguirá. Luego, Deep End se sumerge en un océano más amplio. Las guitarras ondulan entre un punk despreocupado y melodías que coquetean con el pop agridulce. Aquí, Dando parece explorar el límite entre lo familiar y lo incómodo. Es como si nos recordara que no todo en el regreso puede ser fácil de digerir.
A continuación, In the Margin refuerza esta sensación de deriva: «Si la periferia es lo que me das, te dejaré en el margen». La voz se suspende sobre loops delicadamente disonantes y un groove truncado que sugiere incomunicación. Es como si los ganchos de la portada se trasladaran a la música. Por contraste, Wild Thing, escrita en colaboración con Adam Green, se muestra desenfadada y juguetona. Es un respiro country que recuerda que, incluso en el caos, hay espacio para la ligereza.
Seguidamente, Be-In combina textura psicodélica con un ritmo que nunca termina de asentarse. Cell Phone Blues, por el contrario, incorpora la metáfora de la saturación digital, alineándose con la sobrecarga de la portada. Luego, Togetherness Is All I’m After se convierte en un recordatorio melancólico de lo que el título promete. Conexión, aunque esta nunca sea plena, y un eco de soledad que atraviesa toda la obra.
Marauders, en cambio, se siente como un ensayo de desconcierto controlado. Por su parte, Love Chant encarna la tracción entre la indagación de adhesión y la dificultad de alcanzarla. Aquí, cada intersección de melodías refleja la disputa por conectar, al igual que los ganchos de la portada intentan engancharse unos a otros sin lograrlo.
Finalmente, dos temas diversos cierran el álbum con un guiño nostálgico y una sensación de desconexión persistente. The Key of Victory ofrece un cierre melódico dejando el aire una frase que marca: «la vida es demasiado corta para vivir una mentira brillante». Mientras que Roky deja una huella de resonancia incompleta, un memento de que la búsqueda de sentido y contacto continúa, más allá del último acorde.
Fragmentos de luz y sombras: Intermitencia al cubo
Love Chant se mueve entre la certeza y la duda, entre la melodía que buscamos y la desafonía que nos desconcierta. Un DAFO rápido ayuda a enmarcar este retorno. Como fortalezas destacan la voz de Evan Dando (sigue siendo un faro de autenticidad aunque el último directo en España fue un auténtico desastre). También florece una rica instrumentación con capas que mezclan rock alternativo, punk y country. La diversidad de colaboradores es otro punto fuerte del album. Aporta textura y profundidad. Y, por último, la portada, imagen que refleja de manera brillante la energía, el desorden y la complejidad del disco.
Si tenemos que citar algunas debilidades sobresalen la heterogeneidad de los temas y la fragmentación y deconstrucción melódica. Estas hacen que el álbum sea difícil de digerir. Algunas canciones no terminen de encajar en otros. Esto genera una sensación de desconexión. Si bien es cierto que la intención experimental es a veces precisa, en estos casos se percibe como una distancia sónica y emocional.
En cuanto a las oportunidades cabe citar una valentía atrevida por explorar nuevas fusiones de estilos y la capacidad de a reinventarse. Sin embargo, esa mencionada diversidad y desafonía pueden percibirse como una amenaza hacia una posible incomprensión de un público acostumbrado a melodías más directas.
En definitiva, la obra nos recuerda que la conexión nunca es lineal ni completa. Como los ganchos de la portada, cada intento de unirse a otro nodo puede fallar. Dando nos invita a aceptar la fragmentación, la sobrecarga de estímulos y la desconexión como parte del tejido de la experiencia humana.
Dentro de ese caos organizado de Love Chant, encontramos la poesía de la imperfección y la belleza de la búsqueda constante, reflejo de la personalidad de Dando. Sin embargo, que en un disco de once temas solo sobresalgan la mitad, es un sintoma de que algo no acaba de encajar. Aun así Love Chant es un álbum que barre con todos los rumores sobre la desaparición de «las cabezas de limón».
Mejores temas: 1.58 Second Song, In the Margin, Togetherness Is All I’m After, Love Chant y Roki.

