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The Rolling Stones – Foreign Tongues

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Dejar de contar los años y empiezar a hablar todos los idiomas

The Rolling Stones son una anomalía de la naturaleza musical que parece desafiar cualquier lógica conocida. Mientras el rock sigue despidiendo a sus héroes, y la nostalgia se ha convertido en una industria casi tan rentable como la propia creación, Mick Jagger, Keith Richards y Ronnie Wood vuelven a demostrar que la longevidad solo adquiere sentido cuando todavía existe algo nuevo que decir. A estas alturas de su carrera ya no necesitan reivindicar su legado, porque ese lugar en la historia quedó asegurado hace décadas. Sin embargo, siguen empeñados en una tarea mucho más difícil: mantenerse creativamente vivos.

Tras el exitoso Hackney Diamonds (2023), muchos pensaron que aquel álbum representaba una despedida elegante, una celebración tardía de una de las bandas más importantes de todos los tiempos. Foreign Tongues (2026), sin embargo, desmonta esa teoría desde su misma existencia. Apenas tres años después, los Stones regresan con un trabajo que no busca vivir de la inercia ni de la nostalgia, sino ampliar una conversación iniciada hace más de seis décadas. Su vigésimo quinto álbum de estudio no suena como el testamento de una leyenda, sino como el siguiente capítulo de una historia que todavía se niega a concluir. Producido nuevamente por Andrew Watt, el disco recoge la sensación de que cada canción nace desde la libertad de unos músicos que ya no tienen nada que demostrar y por ello pueden permitirse el lujo de arriesgar.

Más allá de «Hackney Diamonds»

El propio título resume buena parte de su filosofía. Foreign Tongues (Lenguas extranjeras) juega con uno de los símbolos más reconocibles de la cultura popular: la lengua diseñada por John Pasche en 1971. Lejos de utilizarla como un simple ejercicio de marketing, los Stones la convierten en una metáfora del lenguaje universal. Porque las lenguas, los países y las generaciones cambian, pero la electricidad que transmite una guitarra o una voz sigue resultando comprensible en cualquier rincón del planeta. Y los Stones saben como hacerlo.

Pero en el nuevo disco también hay espacio para sentir la emoción. Hit Me In The Head recupera las últimas grabaciones de Charlie Watts, estableciendo un diálogo póstumo con quien durante casi sesenta años marcó el pulso de la banda con una elegancia irrepetible. Lejos de utilizar su presencia como un recurso sentimental, los Stones la integran con absoluta naturalidad, como si Charlie nunca hubiera abandonado realmente el estudio. Junto a él aparecen colaboradores del calibre de Paul McCartney, Robert Smith, Chad Smith o Steve Winwood.

Y es que en su fondo, Foreign Tongues no habla de la edad sino de permanencia. De la capacidad para seguir encontrando nuevas formas de expresarse cuando la historia ya te ha concedido un lugar privilegiado. En una época obsesionada con las novedades efímeras, los Rolling Stones recuerdan que la auténtica modernidad no consiste en parecer joven, sino en conservar intacta la curiosidad. Y esa, quizás, siga siendo la lengua más universal de todas.

Los Rolling Stones ya no compiten contra otras bandas. compiten contra su propia leyenda. Y Foreign Tongues demuestra que todavía saben salir airosos del desafío

La lengua que todos entienden

El título del álbum posee una carga simbólica mucho mayor de lo que podría parecer a simple vista. Foreign Tongues juega deliberadamente con el icono más universal de la banda: la lengua. Durante la campaña promocional previa al lanzamiento, la expresión apareció traducida en decenas de idiomas repartidos por vallas publicitarias de todo el mundo. No era una simple estrategia de marketing. Era una declaración de la banda reivindicando que el rock continúa siendo un lenguaje capaz de cruzar fronteras culturales, lingüísticas y generacionales.

Ese espíritu internacional impregna también el propio disco. Blues del Delta, rock británico, country americano, rhythm & blues, funk, punk o incluso destellos de música disco conviven con absoluta naturalidad, recordándonos que los Rolling Stones siempre han entendido la música como un territorio sin aduanas. Foreign Tongues no habla un idioma extranjero: habla todos a la vez.

Andrew Watt: producir sin domesticar a una leyenda

Cuando Watt asumió la producción de Hackney Diamonds, muchos se preguntaban si un productor acostumbrado a trabajar con artistas tan diversos como Ozzy Osbourne, Elton John, Iggy Pop, LadyGaga o Pearl Jam sería capaz de entender el delicado equilibrio que exige una banda como los Rolling Stones. La respuesta fue contundente. En lugar de imponer una personalidad sonora, Watt optó por potenciar la de quienes tenía delante. Comprendió desde el primer momento que el mayor lujo que puede permitirse una banda con más de seis décadas de historia consiste en sonar exactamente como ella misma, aunque utilizando todas las herramientas técnicas que ofrece un estudio del siglo XXI.

Cada instrumento encuentra su espacio sin perder la sensación de conjunto. Hay músculo, pero sin sacrificar dinámica. Es una producción contemporánea que evita caer en la guerra del volumen y respeta el carácter orgánico de unas canciones concebidas para sentirse humanas antes que perfectas. Especialmente brillante resulta el tratamiento de las guitarras, alternando riffs, respuestas y pequeños detalles que convierten cada tema en una conversación permanente entre Keith y Ronnie.

También merece una mención especial el trabajo realizado con la batería. Steve Jordan aporta firmeza y precisión en la mayoría del repertorio, mientras que la aparición de Charlie Watts en Hit Me In The Head adquiere un significado que trasciende lo puramente musical. Lejos de sonar como un añadido nostálgico, sus pistas se integran con absoluta naturalidad en el conjunto del álbum, recordándonos hasta qué punto el pulso elegante y aparentemente sencillo de Watts sigue formando parte del ADN de la banda.

Un álbum construido sobre tres lenguajes

Aunque estilísticamente el disco viaja por el blues, punk, country, funk, rock clásico y la música de baile, existe un hilo conductor que unifica sus catorce composiciones. En base a ello, el álbum se articula alrededor de tres grandes lenguajes emocionales. El primero es el de la supervivencia. Los Rolling Stones ya no escriben desde la urgencia de conquistar el mundo, sino desde la experiencia de haber sobrevivido a él. No hay resignación ni complacencia; hay una voluntad explícita de demostrar que la creatividad no entiende de calendarios.

El segundo lenguaje es el de la memoria. Charlie Watts aparece como una presencia constante, pero no es el único fantasma amable que recorre el álbum. Las referencias a Brian Wilson, Chuck Berry o Amy Winehouse convierten Foreign Tongues en una conversación con aquellos artistas que ayudaron a construir el universo musical de los Stones. Lejos de convertirse en un ejercicio de nostalgia, estos homenajes funcionan como un recordatorio de que toda gran banda es también la suma de sus influencias y de sus afectos.

Por último, emerge el lenguaje de la irreverencia, ese rasgo que siempre ha distinguido a Mick Jagger como uno de los grandes cronistas del exceso, la ironía y la provocación. Las críticas sociales, los personajes satíricos y el humor afilado que aparecen a lo largo del disco demuestran que los Stones siguen observando el mundo con una mezcla de escepticismo y diversión.

Incluso después de sesenta años, conservan intacta la capacidad de incomodar, cuestionar y sonreír al mismo tiempo. Es decir, Foreign Tongues no solo habla de lenguas extranjeras, sino de las múltiples formas en las que una banda puede seguir comunicándose con su público cuando ya ha trascendido cualquier frontera geográfica, cultural o generacional. Como dijo en cierta ocasión Keith Richards: «La música es un lenguaje que no necesita traducción».

Una portada que también cuenta una historia

A lo largo de su carrera, los Stones han convertido muchas de sus portadas en auténticos iconos de la cultura popular. Desde la irreverencia de Sticky Fingers hasta el corazón cristalino de Hackney Diamonds, la imagen siempre ha desempeñado un papel fundamental en la construcción del universo visual de la banda. Foreign Tongues no es una excepción, aunque en esta ocasión el impacto no nace de la provocación sino de la introspección.

Nathaniel Mary Quinn rehúye cualquier retrato convencional y entrega una obra que exige detenerse a observarla. Bajo el título Stones Trinity, el artista fusiona los rostros de Mick Jagger, Keith Richards y Ronnie Wood en una única figura fragmentada, donde labios, ojos, nariz y cabello se superponen como si la historia del grupo hubiera terminado creando una sola identidad. La influencia del pintor Francis Bacon resulta evidente, tanto en la deformación de los rasgos como en esa inquietante sensación de movimiento permanente.

No sorprende que la primera reacción de Mick Jagger fuera de desconcierto. Sin embargo, precisamente ahí reside el acierto de la obra. Quinn no retrata a tres estrellas del rock, sino a tres hombres marcados por el tiempo, las pérdidas y una trayectoria irrepetible. La belleza deja paso a la verdad. La decisión de descartar una portada más comercial en favor de esta pintura demuestra que los Stones siguen apostando por el riesgo creativo. A estas alturas de su carrera podrían vivir cómodamente de la nostalgia. En cambio, vuelven a elegir el camino menos evidente.

la portada refleja la voluntad de seguir explorando nuevos caminos. después de más de sesenta años compartiendo escenarios, ya no existen tres personalidades independientes, sino un único organismo creativo marcado por el tiempo, las cicatrices y la resistencia

Un comienzo con las raíces bien firmes

Los Rolling Stones no pierden el tiempo en presentaciones. Foreign Tongues arranca mirando directamente a sus orígenes. Rough And Twisted abre el disco con un riff áspero y un sonido deliberadamente orgánico, una declaración de principios donde Jagger, Richards y Wood reivindican que el rock sigue siendo una cuestión de actitud. A continuación, In The Stars amplía el horizonte con un tema más luminoso y melódico, elegido con acierto como primer sencillo. Su estribillo inmediato y la producción de Andrew Watt equilibran emoción y accesibilidad sin renunciar al carácter clásico de la banda.

Blues, ironía y crítica social

Con el terreno ya preparado, los Stones recuperan algunas de sus señas de identidad. Jealous Lover bebe directamente del rhythm & blues que dio forma a la banda, mientras Mr Charm despliega una sátira mordaz sobre el poder y el narcisismo contemporáneo, con un Jagger especialmente inspirado. El tono cambia en Divine Intervention, donde la colaboración de Robert Smith añade una atmósfera más oscura para abordar cuestiones sociales desde una perspectiva menos evidente y más reflexiva.

Un respiro antes del golpe emocional

Tras la intensidad inicial, Ringing Hollow introduce un paisaje sonoro de raíces country que conecta con la tradición americana que siempre ha inspirado a los Stones. Su sencillez resulta tan efectiva como elegante. Sin apenas transición, Never Wanna Lose You cambia completamente el registro recuperando el pulso funk y disco de clásicos como Miss You. Lejos de sonar nostálgica, la canción desprende una frescura contagiosa que confirma la habilidad de la banda para moverse entre estilos sin perder personalidad.

El corazón de Foreign Tongues

La parte central concentra la mayor carga emocional del disco. Hit Me In The Head emociona por la presencia póstuma de Charlie Watts y, al mismo tiempo, recupera la energía más punk de la banda. Después llega You Know I’m No Good, una inteligente reinterpretación del clásico de Amy Winehouse que evita la copia para convertirlo en un blues-rock con sello Stone. El bloque culmina con Some Of Us, una delicada balada interpretada por Keith Richards que aporta el momento más íntimo del álbum.

El tramo más maduro

En la recta final aparecen algunas de las composiciones más reposadas. Covered In You gana dinamismo gracias al bajo de Paul McCartney, cuya aportación se integra con absoluta naturalidad. Side Effects apuesta por un tono introspectivo para reflexionar sobre el desgaste que acompaña al éxito, mientras Back In Your Life alcanza uno de los momentos más conmovedores del disco gracias al emotivo solo de Ronnie Wood en homenaje a Brian Wilson.

Un final que cierra el círculo

No podía existir un mejor desenlace que Beautiful Delilah. Al recuperar el clásico de Chuck Berry, los Rolling Stones rinden homenaje a uno de los artistas que definieron su educación musical y, al mismo tiempo, recuerdan al oyente de dónde procede todo. No es un simple ejercicio de nostalgia, sino una celebración de las raíces sobre las que han construido una de las carreras más extraordinarias de la historia del rock. Foreign Tongues termina donde empezó todo: en el amor incondicional por las canciones.

Mientras Mick Jagger encuentre historias que cantar, Keith Richards convierta tres acordes en una declaración de principios y Ronnie Wood siga coloreando cada canción con su elegancia despreocupada, el idioma del rock continuará pronunciándose con inconfundible acento Stone

Cuando la leyenda sigue escribiendo capítulos

Los Rolling Stones no necesitan indulgencia por su edad. Lejos de repetir fórmulas o de vivir exclusivamente del prestigio acumulado, el grupo entrega un disco sólido, variado y sorprendentemente coherente. Andrew Watt vuelve a encontrar el equilibrio perfecto entre tradición y modernidad, mientras Mick Jagger, Keith Richards y Ronnie Wood demuestran que la creatividad no desaparece con el paso del tiempo; simplemente cambia de perspectiva.

No todas las canciones alcanzan la categoría de clásico, pero tampoco lo necesitan. Foreign Tongues funciona como una obra completa, construida con inteligencia, honestidad y una admirable libertad creativa. Hay espacio para la diversión, la crítica social, la memoria y la emoción, sin que el álbum pierda nunca su identidad.

Lo mejor es, precisamente, ese equilibrio entre tradición y presente: una producción impecable, la emotiva presencia de Charlie Watts, la complicidad entre los tres Stones y una portada tan arriesgada como significativa. En el lado menos convincente, algunos pasajes centrales rebajan ligeramente la intensidad del conjunto y determinadas referencias al pasado pueden resultar demasiado familiares para quienes esperaban un giro más radical.

Foreign Tongues no cambiará la historia de los Rolling Stones porque esa historia quedó escrita hace mucho tiempo. Su verdadero mérito es otro: demostrar que la creatividad no entiende de fechas de nacimiento. Mientras Mick Jagger siga encontrando historias que cantar, Keith Richards convierta tres acordes en una declaración de principios y Ronnie Wood continúe aportando esa elegancia despreocupada que define su forma de tocar, el idioma del rock seguirá pronunciándose con inconfundible acento Stone. Y ese, por mucho que cambien los tiempos, continúa siendo un idioma que todos entendemos.

Escucha aquí «Foreign Tongues» de The Rolling Stones

Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonchhttps://crazyminds.es/author/carlos-flaque/
Periodista. Fotógrafo. Diseñador gráfico. Muchos años al pie del cañón. Ahora toca recuperar el pulso y volver a lo esencial. La música siempre ha sido el eje. No como ruido de fondo, sino como lenguaje, refugio y forma de entender el mundo. Está en todo lo que hago. Me interesa escribir sobre bandas que se salen del guion, que cuestionan lo establecido y abren grietas en lo convencional, ya sea desde el sonido, el concepto o la actitud. Propuestas que no buscan encajar, sino expandir. En Crazyminds, mi papel es claro: dar visibilidad a ese universo «underground» donde laten algunas de las ideas más honestas y estimulantes de la música actual. Hay mucho ahí fuera esperando ser descubierto. Así que vamos a ello. Porque sin transgresión no hay cambio. Y sin cambio, la música deja de tener sentido.