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The Wants – Bastard

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Bajo los sustratos emocionales de Brooklyn

En el corazón de Brooklyn, entre luces de neón y calles que nunca descansan, surge Bastard, un álbum que respira tensión y desgarro. The Wants no solo crean música, construyen paisajes donde lo humano y lo artificial se encuentran y se enfrentan. Cada nota vibra con la ansiedad de una ciudad que no olvida; cada loop pulsa como un recordatorio de fragilidad. Escuchar este disco es adentrarse en un espejo donde la alienación y la belleza conviven, donde el ruido se convierte en confesión y la melodía en sombra.

Detrás de la cortina sónica

El 13 de junio de 2025 marcó un hito en la escena musical post punk con el lanzamiento del esperado álbum de The Wants, banda conformada por Madison Velding-VanDam, Yasmeen Night y Jason Gates. La agrupación cuenta también con la colaboración de Ben Hozie y las hermanas Hannah y Laura Breitfuß.

Bajo la producción del propio grupo y la dirección de Peter Katis, el álbum fue mezclado por Jeremy Cimino y masterizado por Ruairi O’Flaherty. La portada, obra de Madison Carroll, refleja con precisión la estética y la esencia emocional del grupo. El disco fue lanzado por el sello STTT.

Hijos nacidos fuera de la norma

«Bastard» es una palabra que hiere y define. Significa lo ilegítimo, lo rechazado, lo marginal. The Wants recoge ese mensaje y encapsula la sensación de pertenecer a un mundo que no pregunta, que impone y observa con frialdad. El disco toma esa idea y la convierte en sonido.

En consecuencia, el esférico se mueve en la delgada línea que separa el post-punk, el art rock y la electrónica industrial. La banda construye un paisaje sonoro donde los bajos pulsantes y los loops densos se entrelazan con guitarras cortantes y sintetizadores que zumban como una maquinaria urbana. Cada tema y cada silencio resuenan con ansiedad metropolitana.

De Brooklyn a la luz de lo marginal

The Wants emergieron del submundo musical de Brooklyn. Sus primeros pasos se vinculan con la escena post-punk local y la experimentación sonora. Pero rápidamente construyeron una identidad propia, marcada por la urgencia, la introspección y la resistencia emocional.

Con «Bastard», consolidan un proyecto que combina experiencia técnica y sensibilidad artística, donde la vida urbana, el desgaste y la tirantez entre lo humano y lo artificial se convierten en combustible creativo. Madison aporta su voz narradora y cortante. Yasmeen, ritmos que tensan el espacio. Jason, texturas que completan la arquitectura sonora del grupo.

Como influencias, la banda recoge un linaje oscuro y denso que se entrecruza con Nine Inch Nails en cuanto a la agresividad industrial, pero también asume la elegancia sombría de Interpol, la experimentación minimalista de Suuns y la poética urbana de TV on the Radio.

Al mismo tiempo, se perciben ecos de Joy Division y The Soft Moon, especialmente en la forma de construir tensión y desasosiego. Aun así, The Wants esquiva la imitación: fusionan la urgencia del pasado con una sensibilidad contemporánea, creando un sonido heredero y visionario, abrasivo y emocional a la vez.

El espejo visual del dolor

La portada de «Bastard» es un espejo visual del álbum: oscuridad, enigma, tensión y simbolismo. Todo guarda un significado profundo. La escena principal muestra un bodegón desordenado, casi olvidado, donde objetos cotidianos —recibos, fotos cubiertas de mugre, botellas vacías, envases de oxicodona— conviven con elementos más viscerales como cucarachas muertas.

Este desorden no es casual: representa la decadencia, la miseria y el abandono. Y conecta directamente con la tragedia personal de Madison Velding-VanDam, quien descubrió a su padre fallecido en su caravana de Michigan, rodeado de los restos de su vida. Las fotos de infancia, sucias y adheridas en la escena, simbolizan la herencia, el pasado y la inocencia perdida. Los recibos y restos cotidianos son la conexión mundana frente a la gravedad de la muerte. En ese instante, la imagen deja de ser solo estética y se convierte en epitafio.

«Bastard surge de un lugar de confrontación con la pérdida y la marginalidad. Nunca supe que la muerte de mi padre podía ser tan cruel. El dolor se convirtió en un motor. Cada canción es un intento de entender lo que queda después de lo que se pierde» — Madison Velding-VanDam

En medio del caos visual, destaca la aparición parcial de Adrianne Lenker (vocalista de Big Thief), cuya cara aparece oscurecida o cubierta. Más allá de la referencia artística, su presencia sugiere vínculos, influencias y aislamiento: una metáfora visual de la desconexión emocional que atraviesa el disco. La paleta cromática refuerza la insensibilidad urbana, mientras la composición, densa y tensa, vibra con el sonido del álbum. El ruido se transforma en confesión y la desolación en fuerza creativa.

Así, «Bastard» cobra pleno sentido: lo marginal, lo rechazado, lo que no encaja se convierte en identidad y resistencia. La portada es una excavación emocional, una fusión de dolor, pérdida y rabia que impulsa la creación artística, un retrato honesto del lado oscuro, desordenado y terminal de la vida.

La voz como filo y refugio

La voz de Madison atraviesa el álbum como un instrumento más, a la vez cortante y vulnerable, capaz de desgarrar y de acariciar. Su registro oscila entre susurros quebrados y gritos contenidos, generando una tensión permanente que refleja la angustia y la perturbación que recorren «Bastard».

Las armonías de fondo de Yasmeen Night y los sintetizadores de Jason Gates envuelven la voz principal con texturas densas, creando un espacio donde lo humano y lo artificial se entrelazan, amplificando la sensación de aislamiento interior. La interpretación vocal de Madison no se limita a lo melódico. Es narrativa, confesional, un canal directo hacia la fragilidad y la furia contenida. Su voz funciona como hilo conductor entre la tragedia personal, la exploración urbana y la violencia sonora del post-punk contemporáneo.

«La construcción sonora del álbum refleja la tensión entre control y caos. Queríamos capturar la sensación de la ciudad, pero también la vulnerabilidad que sientes cuando estás solo entre la multitud. Cada loop, cada groove es como un latido que intenta mantenerse vivo en medio del ruido» — Yasmeen Night

Filosofía de la marginalidad y la resistencia

Detrás de «Bastard» late una visión clara y descarnada de la existencia: la marginalidad no es debilidad, sino fuerza creativa. Para The Wants, la vida urbana está plagada de tensiones, pérdidas y contradicciones. Y la música es el espacio para confrontarlas, para dar voz a lo que normalmente permanece oculto. La alienación, la frustración y el duelo se convierten en combustible artístico. Y, si no, que le pregunten a Nietzsche.

Madison y su banda entienden la identidad como un proceso de confrontación con lo impuesto, con lo socialmente esperado. En música, exploran la disonancia entre apariencia y realidad, entre la conexión superficial de la ciudad y la soledad íntima del individuo. Su filosofía se manifiesta en la creación de espacios donde lo marginal se transforma en poética, donde el rechazo y la exclusión se convierten en acto de resistencia. La belleza puede surgir del caos, y el dolor puede ser motor de creación.

Viaje por la endogénesis de Bastard

Void Meets Concrete abre el álbum con un golpe seco y certero. Como indica su título, el vacío se encuentra con el hormigón. La percusión y los sintetizadores emergen como estructuras urbanas, creando un paisaje que vibra con tensión. La voz de Madison se filtra como un hilo quebrado, narrando ansiedad y presencia, mientras las capas sonoras dibujan sombras que anticipan lo que está por venir. Los versos sobre «campos genéticos modificados» y aguas residuales muestran desdén y crítica social, situando al oyente en un mundo áspero y saturado desde el primer instante.

Esa energía se prolonga en Data Tumor, donde el pulso se vuelve más nervioso y los circuitos electrónicos parecen saturarse de información. Los riffs cortantes registran cada latido de la ciudad que nunca duerme, y la interpretación vocal transmite desesperanza y desafío, conectando la alienación individual con la maquinaria urbana. La canción aborda la sobrecarga de información, un «doom-scroll» donde la paranoia se intensifica hasta generar un caos cinético de parada cardiaca.

Con 87 Gas, la tensión se hace casi tangible. La batería y los sintetizadores generan una fricción constante, mientras la voz se eleva como eco de urgencia. La instrumentación transmite sensación de movimiento perpetuo, de una ciudad que aprieta y arrastra al oyente. La banda describela pista como una reflexión sobre la ambición y la rebeldía juvenil, mostrando un mundo que se repite sin cambio, atrapado entre rutina y fantasía.

Disposable Man introduce vulnerabilidad y rabia, ofreciendo un contraste con el pulso urbano previo. Las aristas electrónicas y guitarras cortantes cortan el aire, mientras la voz fluctúa entre susurros y exclamaciones, reflejando la lucha interna entre aceptación y resistencia. El caos se humaniza y el oyente percibe un instante íntimo en medio de la densidad sonora.

En All Comes at Once, el álbum respira por un momento. Las capas densas se transforman en olas ascendentes y descendentes, y la voz oscila entre lo íntimo y lo performativo. La canción funciona como espejo donde dolor y conciencia de lo efímero se entrelazan, preparando al oyente para la crudeza que sigue.

«La instrumentación no es solo acompañamiento en Bastard. Los sintetizadores y las guitarras son personajes. Dialogan con la voz de Madison, pero también crean espacio para que el oyente se pierda en la emoción de cada tema» — Jason Gates

Cruel irrumpe como un estallido emocional. Tras la tragedia personal de Madison con la muerte de su padre, el tema se convierte en confesión y confrontación directa. Los sintetizadores se enfrían, la percusión golpea con precisión mecánica y la voz corta como cuchillo. Cada nota y cada silencio son grietas por donde se filtra la vulnerabilidad, amplificando el hilo conductor emocional del disco.

La tensión se matiza con Too Tight, explorando fricción y control desde un ángulo íntimo. La instrumentación se arremolina en un torbellino calculado, y la voz guía al oyente entre desesperación y resiliencia, percibiendo cómo la ciudad y el yo interior convergen en un mismo espacio.

Lover Sister Mother adentra al álbum en introspección. Los sintetizadores crean un aura melancólica, la percusión persiste con sutileza, y la voz transmite afecto y conflicto. La memoria personal se entrelaza con la experiencia urbana y la falsa redención, preparando al oyente para el respiro irónico y tenso de Feeling Alright, donde la instrumentación combina claridad y saturación y la voz fluctúa entre optimismo forzado y vulnerabilidad palpable, como un diálogo interno que equilibra lo proyectado y lo sentido.

La intensidad retorna con Explosions, donde cada elemento sonoro golpea y se expande, recreando un caos controlado que refleja conflicto interno y urbano. La voz guía al oyente por un territorio donde lo íntimo y lo colectivo se mezclan, construyendo la tensión que desemboca en el cierre final.

Finalmente, No Need concluye la travesía con un balance entre desolación y aceptación. La instrumentación se diluye, dejando que la voz se desvanezca lentamente, como un suspiro que se aleja. El álbum cierra el círculo: «Bastard» se convierte en memoria, resistencia y testimonio de la marginalidad transformada en arte

Conclusión: la belleza en el caos

No cabe dudad de que «Bastard» es más que un álbum. Es un viaje a través del dolor, la marginalidad y la resistencia. The Wants construye un universo donde lo humano y lo artificial colisionan, donde lo metropolitano y el individuo se entrelazan como experiencia emocional. La portada refleja ese desorden: pérdida, memoria y confrontación con la mortalidad.

Al cerrar el disco, queda una sensación persistente: la música puede abrazar la oscuridad sin traicionar la verdad. En ese abrazo se encuentra la fuerza para resistir, crear y existir. «Bastard» es, en definitiva, un testimonio de identidad, vulnerabilidad y coraje. Un prototipo con diversas capas yuxtapuestas que funden el caos sónico en arte y la tragedia en memoria viva.

Valoración Final

«Bastard» se sitúa como un álbum sobresaliente dentro del post-punk contemporáneo, capaz de fusionar agresividad industrial, introspección melancólica y experimentación sonora con una coherencia impresionante. Sobre una escala del 1 al 10, merece la nota que se le otorga. Reconociendo su audacia, originalidad, mensaje, contexto y matices, así como su intensidad emocional e identidad propia. La consistencia y complejidad de los paisajes sonoros desafian al oyente, pero es precisamente este ímpetu lo que convierte a The Wants en una banda imprescindible para quien busca música que confronte, conmueva y transforme, temas poco frecuentes en según qué panoramas actuales.

Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonchhttps://crazyminds.es/author/carlos-flaque/
Periodista. Fotógrafo. Diseñador gráfico. Muchos años al pie del cañón. Ahora toca recuperar el pulso y volver a lo esencial. La música siempre ha sido el eje. No como ruido de fondo, sino como lenguaje, refugio y forma de entender el mundo. Está en todo lo que hago. Me interesa escribir sobre bandas que se salen del guion, que cuestionan lo establecido y abren grietas en lo convencional, ya sea desde el sonido, el concepto o la actitud. Propuestas que no buscan encajar, sino expandir. En Crazyminds, mi papel es claro: dar visibilidad a ese universo «underground» donde laten algunas de las ideas más honestas y estimulantes de la música actual. Hay mucho ahí fuera esperando ser descubierto. Así que vamos a ello. Porque sin transgresión no hay cambio. Y sin cambio, la música deja de tener sentido.
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