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VERDE PRATO – KONDAIRA EDER HURA

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Ana Arsuaga es el nombre de la música que lidera esta aventura bautizada como Verde Prato. Proyecto en solitario que cabalga entre el folklore regional y melodías medievales que, si bien posee ciertas reminiscencias a Dead Can Dance, aunque en un tono mucho más sobrio, también se adentra en ciertas atmósferas más sombrías y muy a lo Cranes como en el track Lagunen Kanta, el tercero del disco, uno de los que más se destacan.

Amaren Kanta, el tema que abre, funciona como prólogo que ya nos va adelantando un poco qué es lo que nos espera al transitar por este monólogo que se recarga casi en su totalidad en la voz de su creadora. Con una cadencia lenta y sencilla va anunciando el devenir de lo que es su ópera prima: cánticos sentidos que se apoyan en bases electrónicas aderezadas con sonidos percusivos.

Al atravesar este primer bocado ya estamos instalados en un espacio singular y determinado que se irá multiplicando y desgajando en las siete piezas que contiene el álbum que tira más a EP por su corta duración, sin embargo, en su brevedad radica la fuerza que nos empuja a escuchar más de la autora, quizás indagando en las bandas anteriores en las que ha militado (Serpiente y Mazmorra) o en darle una segunda y placentera oída al material en cuestión.

El segundo round: Mutilaren Kanta, (con todo y sus silbidos de por medio y los alaridos que emulan un tanto a Siouxsie Sioux) comienza a construir en nuestro imaginario musical el objetivo de esta cantora que se vale de la electrónica y de pistas minimalistas pero consistentes.

Haurraren Kanta, el interludio del plato, es una bella melodía a capella que sin rebasar el minuto y medio nos muestra el talento natural de esta también pintora que con su voz pareciera poner algunos trazos desnudos en el lienzo. Acto seguido, emerge casi de manera imperceptible, si no fuera por un fugaz instante de silencio, Aitaren Kante, otra dulce y desértica secuencia acompañada de un piano que sólo contrapuntea de la mano de un ligero sonido tribal.

Sin darnos cuenta llegamos al penúltimo escalón donde de nuevo nos topamos con unos silbidos toscos que de manera dramática dan paso al instrumento que impera y más suma en este derrotero: la voz de Ana Arsuaga, que para estas alturas ya se nos metió por las venas y nos mantiene un estado de perplejidad.

Irremediablemente, todo tiene un final y con Neskaren Kanta se cierra este grato pasaje por tiempos suspendidos. Canción peculiar que parece mezclar lo antiguo con la modernidad y a medio camino una garganta que implora sin artilugios y en español (única pieza cantada en castellano) al amor que aparece y se desvanece: Te asomaste a la ventana al final del día / en el pecho te brillaba una luz prendida / qué hermoso era tu pecho, una blanca luna.

Difícil tomar partido por una sola canción o averiguar cuál causó más estragos en nuestro interior, pero la impresión general es la de un buen sabor de boca que deja un trabajo que promete en un futuro no muy lejano llegar a buen puerto en lo que a la creación y reinterpretación de pequeños trozos de cultura local concierne.

Kondaira heder ura (Aquella bella historia) es un disco que, a pesar de su breve extensión, es un deslumbrante reflejo de lo que un artista realmente involucrado puede lograr al dejar la piel en su proyecto debut que hechiza y deja en claro, una vez más, que el talento germina y fluye al compás de una atinada sencillez desprovista de aspavientos o excesos innecesarios pero ligando los cantos populares con la tecnología y, por ende, pisando de manera categórica el inicio de un viaje que puede volverse épico.

Escucha aquí el debut de Verde Prato

AUTOR

Alejandro Arechandieta
Alejandro Arechandieta
Melómano cósmico. Escritor de balbuceos. Docente de lengua hispánica. Recolector de imágenes. Etcétera.

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