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Violet Grohl – Be Sweet To Me

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La «dulzura» también sabe morder

La dulzura y la amargura existenciales forman de la sensibilidad; es lo que trata de transmitir, con tan solo 19 años, Violet Grohl, la hija de Dave Grohl (ex batería de Nirvana y vocalista de Foo Fighters). Su debut, Be Sweet To Me (Sé dulce conmigo), avanza en esa dirección, en la dualidad que existe entre la delicadeza y el golpe duro, como si la artista llevase un vestido de encaje sobre unas botas de combate cubiertas de polvo noventero. Estamos pues ante un disco breve, afilado, que mezcla suavidad melódica y trazos que rasgan el aire hacia connotaciones más torvas.

El disco está construido precisamente sobre esa grieta: la necesidad de ternura frente a una sensación constante de extrañeza, pérdida o desubicación emocional. Incluso el propio título funciona como una petición vulnerable, casi como una nota escrita a las tres de la madrugada sobre una servilleta manchada de café frío. También aparece una amargura más contemporánea. No tanto la rabia grunge clásica, sino la sensación de crecer en un mundo saturado de estímulos, expectativas y ruido emocional.

Si tuviera que resumir el álbum en una sola idea, diría que no habla de la felicidad ni de la tristeza por separado. Habla del momento en que ambas se sientan juntas en el borde de la cama y ninguna quiere marcharse. Esa convivencia entre refugio emocional y vacío existencial es, probablemente, el verdadero motor de Be Sweet To Me.

Azúcar en la superficie, electricidad bajo la piel

Be Sweet To Me llega como el primer acierto de Violet Grohl, un arranque de 32 minutos publicado el 29 de mayo de 2026 bajo el sello Republic Records. El nombre del álbum encaja con esa dualidad de suavidad por fuera y electricidad y niebla por dentro. Es un disco que se mueve entre el grunge, el dream pop y un rock alternativo. Las guitarras son pesadas, las baterías mantienen una pulsación nerviosa y la voz se desliza con una fragilidad muy calculada.

Violet no intenta copiar a sus referentes noventeros, sino más bien absorberlos y devolverlos transformados. Es como tomar el ADN de Pixies, The Breeders, Soundgarden y Cocteau Twins para construir algo más íntimo, más raro y propio. La magistral producción de Justin Raisen ayuda a que ese cruce sónico no se desordene: pule el caos sin domesticarlo dejando que el disco respire y al mismo tiempo conserve una textura casi casera. Es dulzura y electricidad al mismo tiempo.

Un laboratorio creativo de músicos

Aunque Be Sweet To Me aparece firmado únicamente por Violet Grohl, el álbum nació de una dinámica mucho más colectiva de lo que su portada sugiere. Bajo la dirección de Justin Raisen, las sesiones en Los Ángeles funcionaron como una especie de laboratorio creativo donde músicos, compositores y productores intercambiaron ideas con total libertad. Más que una banda tradicional, el proyecto recuerda a aquellas comunidades artísticas donde las canciones se construían entre conversaciones improvisadas, intuiciones compartidas y accidentes felices.

En el centro de todo está Violet, responsable de las voces y copartícipe de la producción ejecutiva, pero a su alrededor gravita una pequeña constelación de colaboradores fundamentales: Ainjel Emme, Anthony Paul Lopez, Joe Kennedy, Julio Tavarez y Joseph Zizzo aportan sus guitarras, ritmos, texturas y matices que convierten cada canción en una obra coral.

El resultado no transmite la sensación de una artista respaldada por músicos de sesión, sino la de un grupo de creadores empujando en una misma dirección para dar forma a una obra inquieta, imperfecta y profundamente viva. Quizá por eso el disco respira tanta naturalidad. Suena a personas encerradas en una habitación persiguiendo una idea hasta encontrar algo inesperado.

Una historia que busca identidad

Como álbum, Be Sweet To Me funciona como una colección de sueños fragmentados, recuerdos distorsionados y observaciones cotidianas convertidas en pequeñas piezas de surrealismo emocional. Las canciones no avanzan siguiendo una narrativa lineal, sino que flotan entre imágenes, sensaciones y contrastes que construyen una atmósfera propia. En su fondo, el álbum gira alrededor de una idea muy sencilla: la búsqueda de identidad. Violet Grohl parece dialogar constantemente con las expectativas que la rodean para reclamar un espacio propio dentro del rock alternativo contemporáneo. No intenta negar su herencia pero tampoco apoyarse en ella. Simplemente pide ser escuchada por lo que es capaz de crear.

Ese espíritu se refleja también en la delicadeza melódica que convive con explosiones de fuzz, en las armonías etéreas que chocan contra guitarras abrasivas y en la belleza que aparece siempre acompañada por una ligera sensación de inquietud. El álbum es el equivalente sonoro a caminar por un jardín en mitad de la noche mientras algo se mueve entre las sombras.

Las letras nacen de detalles aparentemente insignificantes. Por ejemplo, la ansiedad se transforma en el sabor amargo de un esmalte para uñas en THUM. Una vieja camiseta inspira las reflexiones sobre soledad y deseo de 595. Los ecos paranormales de una casa familiar se convierten en la materia prima de Bug In The Cake.

Todo parece surgir de pequeños estímulos cotidianos que, filtrados por la imaginación de Violet, adquieren una dimensión extraña y fascinante. Pero también aparece la influencia del universo de David Lynch, como ocurre con Mobile Star donde los sueños y la realidad dejan de estar claramente separados. Se trata de un lugar en el que nada termina de explicarse por completo, pero donde cada imagen deja una huella duradera.

La mayor victoria de Violet Grohl no consiste en parecerse a nadie de su árbol genealógico, sino en sonar como alguien que acaba de encontrar su propia voz

Siete canciones para siete grietas

Be Sweet To Me prefiere moverse entre imágenes fragmentadas, pequeñas obsesiones y estados de ánimo que aparecen y desaparecen como escenas captadas desde la ventanilla de un coche en movimiento. Es un álbum que se entiende mejor desde la sensación que desde la historia, y precisamente ahí encuentra gran parte de su personalidad.

El viaje comienza con THUM, una canción que transforma la ansiedad en algo físico y cotidiano. La idea de convertir el sabor amargo de un esmalte para dejar de morderse las uñas es una metáfora emocional que resume la mirada de Violet Grohl donde los detalles aparentemente insignificantes se convierten en materia artística. Poco después, estalla 595, tema que amplía el foco hacia el deseo, la soledad y la comercialización de las relaciones humanas.

La inquietud se materializa en Bug In The Cake. Inspirada por experiencias ligadas a la antigua casa de su abuela, la canción introduce elementos paranormales que conectan con la fascinación de la autora por los espacios cargados de memoria. No busca provocar miedo. Genera esa sensación incómoda que aparece cuando algo familiar deja de parecer completamente real.

En su contraste, Last Day I Loved You permite que la melancolía ocupe el centro de la escena. Es uno de los momentos más vulnerables del álbum, mientras que Big Memory expande esa misma emoción hacia un territorio más abstracto, como si los recuerdos se deformaran y multiplicaran hasta convertirse en paisajes mentales. La influencia del cine de David Lynch emerge con Mobile Star. La canción flota entre la vigilia y el sueño, entre lo tangible y lo imaginado, construyendo una atmósfera nebulosa suspendida fuera del tiempo. Es uno de esos temas que no buscan explicarse, sino envolver al oyente.

El ruido después del sueño

Lo ultimos temas del disco se mueven entre la observación crítica y la extrañeza cotidiana. Cool Buzz dispara contra las contradicciones de ciertas posturas dentro de la escena punk con una ironía afilada, mientras canciones como Often Others, Applefish y Pool Of My Dreams profundizan en ese universo de imágenes ambiguas donde lo absurdo y lo emocional conviven sin necesidad de justificarse.

Cuando llega Plastic Couch, el disco encuentra una despedida perfecta. El título ya sugiere un objeto doméstico convertido en símbolo. Desgaste, artificialidad, incomodidad o nostalgia se mezclan en una canción que parece contemplar los restos de todo lo vivido durante el trayecto. No ofrece respuestas definitivas ni busca cerrar el círculo. Simplemente deja la puerta entreabierta, como si las extrañas habitaciones de Be Sweet To Me continuaran existiendo mucho después de que termine la música.

violet No intenta negar su herencia pero tampoco apoyarse en ella. Simplemente pide ser escuchada por lo que es capaz de crear

La belleza del caos domesticado

Tras su lanzamiento, el disco está teniendo una excelente recepción crítica por parte de la prensa especializada internacional. La valoración general del álbum es altamente positiva, destacándolo como uno de los debuts alternativos más potentes y refrescantes del año. Violet ha sabido esquivar el peso de su apellido con la destreza de una powerlifter, adaptando sus influencias de los 90 (Nirvana, Pixies, PJ Harvey…) hacia algo completamente personal e idiosincrásico. El disco es un vaivén constante, un péndulo de Newton que choca con gracia entre momentos lentos y espaciales de dream pop, y guitarrazos pesados y sucios grunge. La cohesión es asombrosa.

Violet Grohl debuta con la convicción de una artista capaz de convertir la fragilidad en tensión, la herencia en impulso propio y la delicadeza en una forma de resistencia. El disco gana cuando se mueve en esa frontera de imagen bella y gesto incómodo. Es la belleza del caos domesticado. Lamentablemente la portada no acompaña la altura del material, pero apesar de ello, en su interior habita un álbum con colmillo, intuición y una personalidad que asoma con firmeza. Y eso, en un debut, suele ser el mejor síntoma de futuro.

Escucha aquí «Be Sweet To Me» de Violet Grohl

Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonchhttps://crazyminds.es/author/carlos-flaque/
Periodista. Fotógrafo. Diseñador gráfico. Muchos años al pie del cañón. Ahora toca recuperar el pulso y volver a lo esencial. La música siempre ha sido el eje. No como ruido de fondo, sino como lenguaje, refugio y forma de entender el mundo. Está en todo lo que hago. Me interesa escribir sobre bandas que se salen del guion, que cuestionan lo establecido y abren grietas en lo convencional, ya sea desde el sonido, el concepto o la actitud. Propuestas que no buscan encajar, sino expandir. En Crazyminds, mi papel es claro: dar visibilidad a ese universo «underground» donde laten algunas de las ideas más honestas y estimulantes de la música actual. Hay mucho ahí fuera esperando ser descubierto. Así que vamos a ello. Porque sin transgresión no hay cambio. Y sin cambio, la música deja de tener sentido.