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Yes – Aurora

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«Aurora»: ¿El renacer sinfónico de un viejo gigante?

Existen bandas que, con el paso de las décadas, se añejan como buenos caldos en barrica de roble, ganando matices y cuerpo. Otras, en cambio, parecen estancarse en una fermentación inacabable, incapaces de sincronizar su reloj interno con el ritmo vertiginoso del nuevo siglo. Se refugian en glorias pretéritas, en estilos ya obsoletos, perdiendo por el camino esa chispa que tiempo atrás los hizo inmortales. Es la encrucijada que enfrenta Yes. De aquellas cumbres creativas como Fragile (1971), Close to the Edge (1972), Relayer (1974) o el ampuloso Tales from Topographic Oceans (1973), hoy solo nos llega el eco de una nostálgica melancolía.

La formación actual, con base en el virtuoso guitarrista Steve Howe como único guardián del legado, parece caminar sobre el alambre. Los críticos señalan que una banda que deja de progresar firma su propia sentencia, pero el terreno del rock sinfónico es traicionero. Tras navegar por tormentas internas, despedir a piezas irreparables o la lamentar la muerte de algunas, Yes regresa al mercado intentando demostrar que la perseverancia artística es una fuerza indomable.

No estamos ante un simple ejercicio de marketing para coleccionistas de vinilos; Aurora, el vigésimo cuarto capítulo de esta odisea, pretende ser un asalto sensorial. El grupo desafía la era de la inteligencia artificial tejiendo un viaje conceptual de luz y redención. A través de un sonido que marida la lisergia de sus años dorados con la vanguardia tecnológica del milenio, el quinteto firma una obra que busca alboradas imposibles. Sin embargo, en esta ocasión, cabe preguntarse…. ¿sus catedrales sónicas terminan por alzarse con la firmeza de antaño?

El futuro del rock sinfónico’ no reside en la vanguardia tecnológica, sino en la capacidad de recuperar el «desorden» humano que hizo que discos como ‘Close to the Edge‘ fueran, precisamente, un riesgo, y no una fórmula calculada

El navío de los mil vientos

Lanzado el 12 de junio de 2026 a través del amparo de las discográficas Inside Out Music y Sony Music, la banda materializa un esfuerzo de dos años de gestación silenciosa. La producción ejecutiva recae por tercera vez consecutiva sobre el veterano guitarrista de la agrupación, Steve Howe, quien asume el control estético absoluto. El álbum cobró vida en el Curtis Schwartz Studio, garantizando así un sonido orgánico y expansivo.

La trayectoria de Yes desafía las leyes de la gravedad biológica y artística. Tras la muerte del bajista Chris Squire en 2015, muchos vaticinaron el naufragio definitivo. Sin embargo, la alineación actual ha edificado la racha creativa más sólida de su historia reciente. Este ciclo comenzó con The Quest (2021), continuó con Mirror to the Sky (2023) y culmina actualmente con el lanzamiento de Aurora (2026). La incorporación de Jay Schellen en la batería, después del fallecimiento de Alan White en 2022, aportó precisión rítmica. Con el virtuosismo de Geoff Downes en los teclados, la agresividad de Billy Sherwood al bajo, y la calidez vocal de Jon Davison, el grupo funciona hoy como un colectivo mas democrático y lejos de las dictaduras y tensiones del pasado.   

El laboratorio de Steve Howe sigue en marcha

Justamente si algo tiene este disco es su enfoque orgánico y expansivo. Steve Howe, operando desde su estudio personal como un alquimista sónico, expandió su arsenal de cuerdas para huir de timbres convencionales. El guitarrista introdujo una guitarra de modelado Line 6 Variax configurada como un sitar, inyectando texturas psicodélicas y orientales en el tema de apertura y en la suite central. En las secciones íntimas, Howe grabó guitarras acústicas buscando capturar la resonancia natural de la madera. Además, incorporó una exótica guitarra portuguesa de doce cuerdas que dota al cierre del álbum de un aire folclórico y nostálgico singular. No cabe duda de que Howe en un mago con las cuerdas.

La longevidad de Steve Howe como único miembro constante no solo garantiza la técnica, sino que crea un museo vivo. A diferencia de otros géneros, el rock progresivo depende de una arquitectura sonora específica; cuando los arquitectos originales se van, la banda corre el riesgo de sonar como un eco sintético de sí misma, no por falta de habilidad, sino por una excesiva reverencia al manual de instrucciones que ellos mismos escribieron

El contrapunto orquestal de Praga

A diferencia de producciones anteriores, la Orquesta Sinfónica Nacional Checa se integra de manera orgánica en el ADN de las canciones. Bajo la dirección de Vladimir Martinka y con arreglos de Paul K. Joyce, los sesenta y cuatro músicos de la orquesta dialogan directamente con el grupo. La sección de cuerdas y vientos sirve como un colchón dinámico que amplifica la majestuosidad de la apertura sin competir con los teclados de Downes ni asfixiar las guitarras solistas de Howe. Esta simbiosis perfecta recuerda el espíritu grandioso que la banda no lograba desde su clásico Magnification (2001).   

El equilibrio del llamado «Nuevo Coro»

Por su parte, el plano vocal ofrece un análisis sumamente interesante. Jon Davison ofrece su interpretación más madura y equilibrada hasta la fecha, alejándose de los falsetes teatrales del pasado y buscando un registro más cálido y reflexivo. El acierto radica en lo que la crítica define como el Nuevo Coro de Yes. Davison baja sus registros habituales para entrelazarse con el barítono de Steve Howe y las complejas armonías de Billy Sherwood. Esta combinación genera un contraste dramático que aporta cuerpo y carácter, compensando cualquier atisbo de fragilidad en las melodías principales.   

Las islas imposibles de Roger Dean y Freyja Dean

La portada de Aurora es obra de Roger Dean y Freyja Dean, padre e hija trascienden la ilustración para convertir el concepto del álbum en una metáfora visual. La imagen evoca un amanecer cósmico mediante auroras boreales y estructuras orgánicas ambigua que invitan al espectador a un viaje espiritual donde el pasado y el futuro convergen.

La ausencia de figuras humanas sitúa al oyente como protagonista de esta exploración, mientras que la paleta cromática —dominada por verdes eléctricos y violetas místicos— refuerza conceptos de renovación y energía vital. En última instancia, el diseño recupera el espíritu aventurero de la banda, presentando la portada no como una simple imagen, sino como un portal hacia el descubrimiento de un nuevo universo creativo.

El despertar espiritual contra la máquina

Conceptualmente, el disco explora el equilibrio entre la herencia ancestral y la hostilidad del mundo moderno. El título evoca el amanecer espiritual, la transición de la oscuridad hacia la luz de la conciencia. Jon Davison reconoció que la inspiración lírica brotó de las páginas de la clásica Autobiografía de un yogui de Paramahansa Yogananda. Esta base mística sirve para edificar una crítica sutil hacia la deshumanización de la era digital y la inteligencia artificial. Según Davison, las canciones representan un viaje de confesión, aceptación y redención personal.      

Yes se construyó sobre la base de la imperfección humana, del swing orgánico que ocurre cuando cinco músicos se escuchan en una sala. Hoy, la tecnología permite pulir cada nota hasta que brilla, pero, irónicamente, es en ese brillo donde se pierde la identidad. Si la música es perfecta, ¿quién la necesita?

El despertar de Aurora

El álbum despliega sus velas con la canción que da nombre al proyecto, Aurora, una pieza que, a pesar de sus destellos de modernidad, se ancla con firmeza en la calidez analógica de la guitarra de Steve Howe. Es inevitable sentir un escalofrío cuando esta pieza se entrelaza con las texturas sintéticas, abriendo paso a la introspección que nos conduce directamente a la incertidumbre de Turnaround Situation. Aquí, la banda parece cuestionar su propio legado, sugiriendo que «el cambio es el único movimiento que nos mantiene vivos en medio del caos que hemos construido».

Esta transición hacia la duda nos sitúa frente a la atmósfera etérea de Love Lies Dreaming, un corte donde la voz navega entre capas de sonido que emulan un mantra, susurrándonos que «en el silencio de lo que ya no existe, aún podemos encontrar la forma de nuestros sueños olvidados». Acto seguido, la complejidad técnica estalla en Countermovement. Esta pieza épica, que se extiende a lo largo de trece minutos, se convierte en el corazón palpitante del álbum; es un despliegue de virtuosismo donde la estructura progresiva intenta romper los moldes tradicionales, reafirmando que «la resistencia ante el olvido es nuestra última gran proeza contra la máquina».

The Final Art

El relato musical se suaviza con la delicadeza de Ariadne, la cual nos sirve de guía a través de los recovecos de esta obra, preparando el terreno para la urgencia casi punk de All Hands on Deck. Esta canción rompe con la solemnidad previa, otorgando un respiro necesario antes de que la introspección regrese con Outside the Box. En este tema, la instrumentación se vuelve más densa, casi opresiva, para desembocar finalmente en Emotional Intelligence. Es aquí donde la banda cierra su reflexión sobre la era digital, sentenciando que «la verdadera sabiduría no habita en el algoritmo, sino en la fragilidad de un sentimiento que aún no sabe cómo nombrarse.

Para los coleccionistas y melómanos más insaciables, la edición especial ofrece una extensión del viaje con los dos bonus tracks Jambustin’ y Watching the River Roll. Estas piezas, aunque se alejan del concepto central, funcionan como una nota a pie de página necesaria, cerrando el ciclo con una frescura que, por momentos, nos hace olvidar el peso de los años sobre la espalda de este gigante.

La paradoja del gigante: Yes ante el espejo de su propia historia

La percepción sobre Aurora está profundamente polarizada, algo que suele ocurrir con cualquier obra de una banda con una trayectoria tan inmensa como Yes. Es comprensible sobre todo para los seguidores devotos de la era de Jon Anderson. El material actual resulte ajeno o, al menos, diferente en su esencia. Aurora no es simplemente el vigésimo cuarto disco de una banda de leyenda; es un acto de fe artística y de supervivencia cultural. Steve Howe y sus colaboradores han evitado la trampa de convertirse en un tributo de sí mismos.

Al abrazar la complejidad sin saturación, integrar a la Orquesta Checa con sensibilidad cinematográfica y atreverse a experimentar con nuevos timbres y temáticas contemporáneas, el grupo demuestra que su llama creativa arde con vigor en pleno 2026 aunque no no complazca a ciertos sectores.Lo más importantne es que, fuera posiciones, el viaje del navío continúa, navegando con elegancia hacia horizontes desconocidos.   

La crítica profesional ha tendido un puntuarlo con generosidad, destacando que esta formación finalmente suena como una unidad cohesiva y no como músicos preservando un legado. La época clásica de Yes se caracterizaba por una química casi telepática en jams extensos y estructuras épicas. El Yes de 2026, aunque talentoso, parece operar con una metodología más estructurada y, según sus críticos, menos arriesgada. Mientras que los discos antiguos tenían esa calidez analógica y una atmósfera de otro mundo, la producción actual es más brillante, nítida y digital. Esto suele gustar a los amantes de la alta fidelidad, pero suele alejar a quienes buscan la imperfección orgánica de los discos de los setenta. Personalmente considero que el estilo del nuevo Yes está ya superado.

Escucha aquí «Aurora» de Yes

Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonchhttps://crazyminds.es/author/carlos-flaque/
Periodista. Fotógrafo. Diseñador gráfico. Muchos años al pie del cañón. Ahora toca recuperar el pulso y volver a lo esencial. La música siempre ha sido el eje. No como ruido de fondo, sino como lenguaje, refugio y forma de entender el mundo. Está en todo lo que hago. Me interesa escribir sobre bandas que se salen del guion, que cuestionan lo establecido y abren grietas en lo convencional, ya sea desde el sonido, el concepto o la actitud. Propuestas que no buscan encajar, sino expandir. En Crazyminds, mi papel es claro: dar visibilidad a ese universo «underground» donde laten algunas de las ideas más honestas y estimulantes de la música actual. Hay mucho ahí fuera esperando ser descubierto. Así que vamos a ello. Porque sin transgresión no hay cambio. Y sin cambio, la música deja de tener sentido.