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Arde Bogotá: «No somos una banda que venga a agradar a todo el mundo» (2024)

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Fotografías: Darío Bravo

Arde Bogotá ya no necesitan presentación alguna, su nombre está en boca de todo el mundo desde hace ya un tiempo. Para bien o para mal, se habla de ellos continuamente y, al margen de filias y fobias, los números les avalan, encabezando todos los grandes festivales, agotando entradas en minutos, dando el salto definitivo a los grandes recintos y desatando un fenómeno pocas veces visto en nuestro país. Un ascenso meteórico, extremadamente rápido y fulgurante que ha reventado todas las apuestas y expectativas depositadas en ellos cuando hace casi un año publicaron su segundo larga duración, Cowboys de la A3.

Siempre hemos sentido cerca a Antonio, Dani, Jota y Pepe, desde la edición de su primer EP en plena pandemia, hace cuatro años, pasando por La noche (2021), su debut largo. Hacía meses que teníamos pendiente un nuevo encuentro porque, por incompatibilidad de agendas, no fue posible ponernos de acuerdo para charlar cuando Cowboys de la A3 vio la luz. Ahora, con la excusa de la nueva versión que han sacado de La salvación junto a Enrique Bunbury, retomamos la cita pendiente el mismo día en que se publica dicha canción, y lo hacemos con un enfoque diferente al que habríamos tenido hace unos meses. Hablamos de su continuo ascenso, de cómo les ha cambiado la vida en estos últimos meses, de su vida en la carretera, de cómo les afectan las críticas negativas y de lo que esperan de sí mismo de ahora en adelante.

Alejados de las prisas a las que obligan las jornadas de promoción, con todo el tiempo necesario por delante, nos reunimos con Antonio y con Dani en una terraza cercana a la plaza de Cibeles de Madrid. La entrevista deja de serlo desde el minuto uno, cuando nos saludamos de nuevo (la última vez fue en el backstage de La Riviera tras el tercero de los conciertos que dieron en noviembre) y nos ponemos al día. El estatus de la banda ya no es el mismo que cuando nos conocimos hace unos años, pero la relación personal sigue intacta, y la humildad y el cariño que siempre han desprendido permanecen inalterables por mucho éxito que tengan en la actualidad. Siguen siendo esos cuatro chavales de Cartagena que soñaron con tener una banda de rock y están cumpliendo con creces esos anhelos.

Por fin podemos retomar esta entrevista que teníamos pendiente. La verdad es que han pasado tantas cosas desde que salió vuestro último disco que todo lo que os pudiese preguntar en ese momento, ahora sería completamente diferente.

De primeras quiero preguntaros qué tal habéis vivido estos meses desde que salió Cowboys de la A3. Con tanto concierto, entrevista, viaje, etc. no sé si sois completamente conscientes de dónde estáis ahora. ¿Habéis tenido tiempo para algo que no sea trabajar?

Antonio: No [risas]. O sea, sí, evidentemente, pero ahora mismo el centro de nuestra vida es nuestro trabajo.

Si echáis la vista atrás, ¿sois capaces de encontrar una semana en la que hayáis estado completamente relajados?

Antonio: Sí, eso sí. Tenemos un trabajo envidiable, es verdad que hay muchas cosas que hacer, pero no hay un horario rígido ni un jefe… creo que no nos podemos quejar. Evidentemente, hemos tenido momentos de descanso también, lo que pasa es que ha sido un año frenético. Además, creo que todo el tiempo la velocidad ha ido en aumento, porque pasaban cosas todo el rato.

Es que desde el minuto uno, cuando salió el disco, ya empezasteis con un ritmo brutal. Recuerdo que nada más editarse ya os fuisteis a Latinoamérica.

Dani: Es verdad. Salió y nos fuimos a Colombia. Creo que estamos en la fase, y si no estamos deberíamos entrar en ella, de aprender a saber desconectar del todo, porque incluso cuando hay unos días libres, porque se agendan así en el calendario, como día absolutamente libre, hasta en esos días pasan cosas o miramos redes, los que las tenemos [risas], o estamos pensando en. Es verdad que esto nos nace así y nos gusta, y estamos en un proceso de aprendizaje continuo, pero también lo es que hay que aprender a desconectar 100% del todo. Ojalá poder hacerlo porque si no vamos a acabar en un bucle que nos va a llevar a la locura.

Antonio: Es que esto es adictivo también. Al final es el trabajo que nos gusta e incluso la parte tediosa también la disfrutamos.

¿Y a nivel físico? Supongo que este ritmo debe ser agotador.

Antonio: Depende. Si le preguntas a José Ángel te dirá que está a punto de morirse [risas]. Todo depende de cómo lo lleves, pero es verdad que es un trabajo muy físico, así que tienes que prestarle mucha atención al cuerpo y tomártelo como se lo tomaría una suerte de deportista, salvando las distancias.

Nuestro objetivo es tener una carrera larga y relevante

Con Arde Bogotá da la impresión de que siempre va a haber algo que nos va a sorprender aún más. El crecimiento ha sido tan rápido y tan brutal que lo que nos parecía un hito hace unos meses es solo un pequeño paso más. Sacasteis las rivieras y la euforia generada parecía algo insuperable, anunciasteis el WiZink y se agotó en horas con un año de antelación… Es como que todas las metas que os habéis planteado no solo las habéis cumplido, sino que las habéis reventado. Yo creo que hablar de techo con vosotros ya ha dejado de tener sentido.

Dani: El proyecto va muy por delante de nosotros y de nuestros objetivos. Eso también es raro y difícil de gestionar, pero es una suerte increíble. Quien lea esto pensará «vaya subnormales», porque ojalá todo el mundo fuera capaz de conseguir los objetivos que se plantea en su trabajo de esta forma. También es verdad que trabajamos mucho y por eso creo que no nos da tiempo a digerir todo lo que está pasando, las cifras que se alcanzan y la repercusión mediática.

¿Sois capaces de gestionar todo esto a nivel emocional o simplemente os dejáis llevar por esa rueda intentando disfrutar lo máximo sin pensar en ello?

Antonio: Yo creo que es más la segunda. Hay cierto nivel de asimilación, y cada día que pasa más, porque es necesario para disfrutarlo y estar a la altura. Cada uno tiene sus trucos y cada uno lo lleva a su manera, pero es complejo a veces. Pero bueno, en realidad es muy chulo todo lo que pasa y creo que es más una cuestión de seguir disfrutándolo y de seguir proponiéndote retos más ambiciosos, sobre todo artísticos.

De lo que pueda venir después, luego hablaremos, pero no sé si da cierto vértigo el hecho de estar creciendo tanto y tan rápido, porque en algún momento eso se parará o incluso puede llegar a bajar.

Dani: Pues en ese sentido, el primer momento en el que recuerdo esto que te voy a contar es en el Big Up!, que es donde realmente empieza todo. Recuerdo que tenemos una conversación los cuatro en la que yo digo: «Chavales, estad atentos y precavidos porque la hostia tiene que venir en algún momento». Es que ya en ese momento sentíamos que todo estaba muy arriba y que habíamos tocado techo.

Yo creo que esa filosofía, al menos yo la he mantenido todo el tiempo, en el sentido de «esto está muy bien, muy bien conseguido, mucho trabajo detrás, pero, ¿cuándo viene el golpe?». Es como estar preparado siempre para saber gestionar lo que tú comentabas, cuando llegue el momento en el que se estabilicen las cosas o cuando caigan. Al final eso es lo normal y pasará. Por muy larga, media o corta carrera que puedas tener, las cosas no se mantienen siempre de moda.

Antonio: Una de las cosas por las que admiro a los artistas que admiro es porque siempre se han mantenido relevantes. Es evidente que no siempre puedes sacar un disco que sea número uno, pero si siempre eres relevante, siempre va a haber gente al otro lado. Entonces, tu carrera tiene sentido para ti como artista, porque estás haciendo un discurso que te parece interesante y la gente lo recibe porque sigue ahí. Creo que el objetivo es tener una carrera larga y relevante.

Y la relevancia no siempre se mide en cifras.

Antonio: Supongo que siempre se puede medir en cifras, pero no tiene por qué ser siempre con el mismo baremo. Pero bueno, creo que está regular hablar de esto desde nuestra perspectiva de ahora porque somos unos privilegiados, y tenemos una suerte tremenda porque el trabajo que tenemos se ve recompensado con el apoyo de la gente. Quizás puede sonar mal que nosotros hablemos de esto, pero a lo que me refiero es que el objetivo tiene que seguir siendo hacer algo relevante, y creo que eso siempre se medirá en el apoyo de la gente. Por eso creo que una carrera de 15 años es mucho más valiosa que un hito concreto.

Dani: Mi mayor preocupación con la banda es poder tener la capacidad de estar en el punto artístico que queremos, signifique eso reinventarnos o no, sea rock o sea el tipo de música que queramos hacer en ese momento. Ese será el verdadero reto, mantenernos los cuatro haciendo esa música, inspirándonos y haciendo buenas canciones. Ojalá lo que hagamos siempre le guste a la gente.

He mencionado antes lo del WiZink Center. Estamos viendo últimamente que los conciertos se agotan cada vez con más antelación, hay una fiebre brutal por conseguir entradas antes que nadie y esto no sé si es del todo positivo para todo el mundo. Creo que genera cierta ansiedad y una necesidad de planificación con demasiado tiempo por delante.

Antonio: Yo creo que ha cambiado el paradigma. Mi impresión es que desde la salida del COVID, el ocio cultural, y concretamente el ocio de conciertos, ha sido abrazado por la población española de una forma masiva y muy fervorosa, algo que no se había dado hasta el momento en nuestra cultura. Eso ha hecho que gente que antiguamente no tenía tanto la cultura del concierto, la abrace. Eso creo que ha llevado también a que la forma de vender las entradas, la forma de planificar los conciertos y, en general, el acceso a todo ello, se vuelva un poco más caníbal.

Esto para mí es algo absolutamente coyuntural, pero tiene un elemento que me parece muy alentador, que es que eso arraigue y que la población española se convierta en una población masivamente adicta a los conciertos, y eso además lleve a convertirte en una sociedad en la que el ocio está comprendido de forma paralela a la cultura. Eso ocurre, por ejemplo, en Argentina, que siempre se ha dicho que puede estar el país en una crisis brutal, pero que si va a un artista o banda determinada llena siete veces el estadio de River. Eso es una cuestión cultural y social que me gustaría que arraigase en nuestro país. Ojalá esto que ocurre ahora siga ocurriendo porque creo que puede ser positivo para todos.

Tú me comentabas antes de esta entrevista que los Alcalá Norte habían agotado la presentación de su disco y habían sacado otra fecha. Yo creo que eso antes del COVID no pasaba. Incluso cuando había bandas o artistas que se convertían en un fenómeno, como por ejemplo lo era Carolina Durante, no existía ese fervor por agotar entradas. Por eso creo que ha arraigado la cultura del concierto.

Eso también es en perjuicio de otras cosas, sí, pero creo que lo positivo del asunto es que los españoles entendamos algo que cuando yo era un chaval de 18 no entraba en mis planes, como guardarme una «platica» para ir a un concierto. Solo lo hacía si venía Extremoduro, pero yo en la universidad no me pagué una entrada para un concierto que no fuera de ellos. En cambio, a día de hoy creo que los chavales sí que lo hacen, igual que la gente de otras edades.

Tenemos que reivindicar la importancia capital de los festivales y los conciertos como motor cultural de un país

Hay un debate muy interesante que habla de si realmente todo el público que compra entradas así son fans de la banda en cuestión y amantes de la música o hay mucho de caer en el dichoso FOMO [Fear of missing out].

El otro día, Guille Galván publicó un tuit en el que comentaba algo así. Venía a decir que nunca se han vendido tantas entradas y nunca ha habido tanta gente en los conciertos a la que le importe tan poco la música. 

Antonio: No estoy de acuerdo [risas].

Dani: Justo este debate lo tuvimos en el coche [risas]. Yo es que creo que eso ha pasado siempre. Tendemos a pensar siempre en el tiempo pasado como algo idílico y no sé… Yo empecé a ir a festivales en 2013, tampoco hace tantísimo, pero recuerdo esos festivales y no los veo muy diferentes a los de ahora.

Antonio: Yo admiro profundamente a Guille Galván, no lo conozco personalmente, pero solo por su música ya besaría suelo que pisa, pero me parece un poco injusto ese mensaje. Alguien que se paga una entrada, evidentemente está interesado en la música, o como mínimo en acostarse con alguien que va al concierto. Con suerte, el hecho de ir allí porque fueron todos sus amigos, hará que se convierta en un seguidor de la música y de la cultura.

Podemos hablar de cómo es la cultura del concierto, podemos hablar del comportamiento del público, de la diferencia de público entre unos recintos y otros, podemos hablar de cómo es el contexto del festival o de las salas, pero no creo que podamos decir que cuando más entradas se están vendiendo menos importante es la música, porque al final el motivo por el que está la gente ahí es la música, aunque en el grupo de cinco amigos dos compraran la entrada para follar.

Dani: De eso habla la canción de John Boy, no exactamente de follar, pero de algo similar.

Antonio: Al final, la música es el catalizador del asunto. Realmente creo que estamos ante una oportunidad muy chula de seducir a la gente y de que la cultura musical y la industria musical española se conviertan en una pieza clave de nuestra sociedad y nuestro país. Creo que una de las cosas que tenemos que hacer es reivindicar, sobre todo los que trabajamos dentro, la importancia capital de los festivales y los conciertos como motor cultural de un país.

Arde Bogotá no existiría si no existieran los festivales porque, al menos en mi caso, fue el sitio en el que yo vi de cerca bandas y pude decir «a lo mejor no es imposible estar ahí». Pero cuando yo era un chaval de 18 y tenía el dinero justito para pasar la semana en Murcia, no me iba a dejar el dinero en una entrada de la REM, sin embargo, al SOS en aquel momento sí que íbamos porque conseguíamos las pulseras con los botellines de cerveza, y los que no las conseguían se colaban. El festival estaba al alcance de la gente y yo creo que ese fenómeno sigue ocurriendo. Es la puerta de entrada para que un chico como yo se enamore de la música, incluso forme parte de ella y ahora le de trabajo a 20 o 40 personas cada vez que salimos a tocar. 

Por eso creo que decir que el sustento de todo eso, que es el público que paga la entrada, no está interesado en la música, lo entiendo pero no lo puedo compartir. Creo que es una visión un poco sesgada del asunto. Evidentemente, hay cosas que revisar ante el momento que vivimos, pero también creo que es un gran momento en cuanto a la importancia que tiene la música en la sociedad.

Pasar de salas pequeñas a llenar pabellones y encabezar festivales es algo que a todas las bandas les cuesta muchos años y la mayoría no lo consiguen. Vosotros en solo 4 años habéis reventado la escena y parece que casi no ha dado tiempo a que os disfrutáramos en las distancias cortas. ¿Sentís que todo ha sido tan fulgurante que os habéis perdido parte de esas etapas por el camino?

Dani: Lo hemos dicho muchas veces cuando se nos plantea si preferimos los festivales o las salas. Para nosotros las salas son muy importantes porque siempre hemos sentido el arrope del público y hemos sentido el concierto de manera diferente. No tienes la misma distancia que en el festival ni viene el mismo tipo de público.

Yo creo que a Tonny y Claudia [Son Buenos, oficina de Arde Bogotá] se lo he dicho en algún momento, que está muy bien pasar a grandes aforos, porque al final la gente lo reclama y no puedes acabar haciendo diez riveras, pero no dejemos de lado sacar alguna sala en algún momento. Veía el otro día el concierto de The Killers en la Razzmatazz y no lo entendía, pero quizás con esta mentalidad sí que lo entiendo. Es normal que las bandas quieran hacer salas.

Antonio: También es verdad que yo por lo menos tengo una visión sesgada porque me ha pasado a mí, entonces no tengo la impresión de haberme saltado ninguna etapa. Sí que tengo la impresión de que todo ha ido a mucha velocidad. Hicimos 86 conciertos con La noche y hubo de todo; a Cowboys este año le hacemos cuarenta y tantos, y el año pasado le hicimos otra treintena. Entonces, sí tengo la impresión de haber pasado por todos los escalones, también es verdad que hemos subido así, pum pum pum pum [lo hace gestualizando con las manos a mucha velocidad].

Dani: No se han repetido salas, por así decirlo.

Antonio: Yo entiendo que una persona que llega hoy al proyecto tenga esa sensación. Ayer hablé con un chico que me decía: «Os he descubierto y ya teníais el WiZink agotado». Pero bueno, démosle tiempo porque esto acaba de empezar, solo tenemos dos discos. Va a dar tiempo a hacer 40 millones de salas… Dios lo quiera. Si a la gente le apetece…

Si niegas el hate, también niegas la parte positiva de la buena repercusión de tu trabajo

Esto es algo que hemos hablado alguna vez en privado con alguno de vosotros, pero ¿cómo vivís la cara B del éxito, los haters y demás? ¿Creéis que es el precio a pagar por estar donde estáis?

Antonio: Dani lo lleva muy bien. Creo que es el que mejor lo lleva, con diferencia.

Dani: Yo lo llevo muy bien porque para mí la subida de hate en su momento, que fue una subida muy gorda, se equiparaba un poco a la repercusión que empezaba a tener la banda. Para eso trabajamos y nos quebramos la cabeza, para que la banda tenga una repercusión muy grande, entonces lo veo como una consecuencia de eso. Y es algo que tendría cualquier persona si escribiera un libro, si fuera actor o lo que sea.

Entonces, si niegas el hate, también niegas la parte positiva de la buena repercusión de tu trabajo, porque estás llegando a un público que va más allá de un nicho y estás enfocando todo a un público general. En ese público general hay una masa muy grande de gente, y hay a quien le gustas y a quien no le gustas. Yo creo que es súper lícito que no te guste algo. A mí muchas cosas no me gustan, pero quizá yo no voy al perfil de nadie a insultar… y con nosotros sí que lo hacen. 

Entiendo lo que dices. Cuando tu grupo lo escucha poca gente, esos que te escuchan son tus fans.

Antonio: Claro. Y ahora en cambio llegas a gente a la que no le vas a gustar, pero eso es normal porque no puedes gustar a todo el mundo.

Dani: A mí en especial, esto me gusta porque, aunque esté mal expresado, no me gusta que me besen el culo. A mí me gusta que me digan las cosas que puedo mejorar. Entonces, cuando veo un hate mal fundado, estoy tranquilo porque digo «no nos conocen y no saben realmente cómo trabajamos», y cuando veo algún tipo de crítica más constructiva, me gusta y pienso «qué bien». Aquí hay un punto de seguir mejorando y me gusta que me digan las cosas para poder seguir haciéndolo.

Está genial que lo lleves tan bien, porque a veces lees cada cosa… 

Dani: Bueno, hay quien lo lleva mejor y peor.

Antonio: Yo, por ejemplo, no lo llevo tan bien como Dani. En parte, por eso tampoco estoy en ningún sitio en cuanto a redes, porque no me hace bien. Sentí en un momento dado que la opinión de los demás podía condicionar mi propio criterio y mi discurso, y no lo veía justo. Me dieron un consejo muy bueno que es que tú vas a un sitio a hablar para 100 personas, te aplauden 99 y uno no y ese es el único que te importa. Eso es muy injusto para los 99 que te mostraron su aprecio y su cariño.

Como yo trato de ser bastante crítico con mi trabajo, revisándome los conciertos que me graba Miguel e intentando mejorar todos los días, tengo que darle el respeto que se merece a la gente a la que le gusta lo que hago y tratar de no darle importancia a los demás.

Dani: Pero es que Arde Bogotá, al menos como yo lo entiendo, no es una banda que venga a agradar a todo el mundo. Es una banda que viene a hacer música y lo haría igual si la escucharan tres personas. Bueno, a lo mejor no porque tendríamos que ser abogados y no tendríamos tiempo… [risas]. Pero tenemos la suerte de que nos escucha gente suficiente como para poder dedicarnos a esto y soñar un poco más grande de lo que soñaríamos si no fuera así. Por eso creo que no deberíamos tener el enfoque en si gusta o no gusta lo que hacemos.

Antonio: Al final, todo esto distorsiona la atención que le puedas prestar a las cosas.

Claro, es que esto puede hacer que vayáis con el freno de mano echado a la hora de crear algo.

Dani: El hate no puede colarse en el proceso creativo, desde luego. Si te afectan los comentarios negativos, no leas ciertas cosas que te puedan condicionar. Yo sé que a mí no me condicionan, pero si te hacen una crítica infundada de algo de tu proceso creativo, es inevitable que eso se vaya a colar y te vayas a repensar mucho qué hacer.

Ahora que se habla mucho de Supersubmarina, al margen de la tragedia en sí, en la entrevista de El País decían que llegaron a ese momento de la gira muy cansados, como que notaban que la habían alargado demasiado. Precisamente, yo hace poco hablaba con Gabri y con Erlantz, de Shinova, y salió ese mismo tema de las giras estiradas al máximo. 

Os quería preguntar a vosotros también si el hecho de estar en la mayoría de los festivales no os hace temer que os podáis quemar un poco o incluso cansar a la gente. Siempre ocurre que hay giras de este tipo que llegan a lugares en los que ves a las bandas un poco agotadas ya. Yo lo he visto en varias ocasiones.

Dani: A mí personalmente no me ha pasado que no me apetezca un concierto y si me ha pasado ha sido por algo externo, no por el cansancio de la propia gira. Pero ahora que hablas de Supersubmarina, si algo podemos sacar positivo, entre comillas, de lo que pasó y de lo que hemos aprendido todos, es que las cosas desde ese día cambiaron muchísimo. Nosotros llegamos un poco más tarde a la industria, pero ya habían cambiado un poco los patrones de cómo se tenía que girar, de cómo se tenía que descansar y de las cosas que no se podían hacer. Igual que cuando pasó lo del Madrid Arena cambió mucho la mentalidad sobre los aforos.

Nuestra percepción de la carretera ha cambiado porque quizás nos hemos acostumbrado a ella

Si miramos el cartel de vuestra gira es increíble la cantidad de conciertos y festivales que vais a hacer hasta final de año.

Antonio: Para mí sí que existe el reto del hastío y creo que es mi responsabilidad como artista que me siga interesando. Por eso, también tenemos la ambición de cambiar el repertorio, de cambiar el show y darle una vuelta a todo, es como tener todo el tiempo la impresión de que como artista tengo un nuevo reto. Es tratar de comunicar lo que hacemos en un nuevo formato, que vuelva a emocionar y que funcione. Por eso entiendo perfectamente a lo que te refieres, porque creo que es un riesgo real que un artista, por convertir su pasión en un oficio, acabe harto del oficio. Creo que es un reto artístico y por eso Dylan hace un concierto distinto cada noche y nunca toca Blowin’ in the Wind, porque tendrá que subirse al escenario a emocionarse, si no no tiene sentido.

Dani ha comentado antes que por suerte vuestro proyecto ya es vuestro trabajo y vivís de él. Yo que os he entrevistado en diferentes momentos de vuestra carrera, sé que hasta hace poco eso no era así. Quería saber, al margen de dejar vuestros trabajos de oficina, cómo os ha cambiado la vida a nivel personal en este último año, más allá de lo profesional.

Dani: Yo siento que la responsabilidad que solo se daba en los conciertos, en cuanto al ejemplo que uno cree que tiene que dar como artista, ahora me la llevo también a la vida personal. Tu perfil personal en redes, tu día a día, cuando sales a la calle, cómo te relacionas con los demás, estar sentado en una terraza y cómo te comportas, salir de fiesta y no poder hacer o decir ciertas cosas… Pienso que la responsabilidad ahora está a otro nivel. Por ejemplo, si a mí me gusta salir de fiesta, ir a un sitio y emborracharme, ahora tengo que tener más cuidado con todo eso, porque quizás en mitad de esa borrachera alguien se va a acercar a pedirte una foto.

En Cowboys de la A3 plasmabais un montón de ideas que venían de vuestra vida en la carretera y de cómo esa autovía suponía metafóricamente muchas cosas para vosotros. ¿Ha cambiado en estos meses tan frenéticos vuestra percepción de la carretera?

Antonio: Ha cambiado porque quizás nos hemos acostumbrado a ella. Antes era más notoria la sensación de estar de camino a las cosas, del viaje y de la itinerancia de la vida, pero ya llevamos un tiempo haciéndolo y, como haces oficio de todo, ahora es menos notorio. De hecho, es incluso adictivo, si paso mucho tiempo en casa, lo echo en falta. Desde luego, no creo que hiciera otro disco sobre viajes porque en este momento de mi vida viajar es una parte lógica del asunto.

Dani: También aprendes a valorar lo imprescindible. Cuando estás en la carretera tienes que llevar una maleta en la que va la ropa y una mochila en la que tienes que llevar lo fundamental, que para uno será un ordenador, para otro un muñeco o lo que sea. Al final, aprendes a vivir con lo justo, con lo necesario y con lo que realmente es valioso.

Antonio: El oficio tiene muchas enseñanzas que no están exclusivamente ligadas con tocar un instrumento, sino con muchas otras cosas: con organizarte, con saber compartir habitación, etc.

Dani: Es que al final, donde vas es tu casa. Llegas al hotel y tienes que hacer de él tu casa por una noche, o de esa ciudad tu ciudad, o de esa estación de servicio el baño de tu casa [risas].

Antonio: Dani es muy bueno en eso. Tiene una facilidad increíble para adaptarse y utilizar cualquier baño [risas].

Hay que valer para eso también.

Antonio: Desde luego. Es un don [risas].

Dani: Yo estoy orgulloso [risas].

Antonio: En cambio, Pepe es al revés, es incapaz de utilizar un cuarto de baño. Ni siquiera puede hacerlo en un árbol, por ejemplo, es tremendo [risas].

Dani: Al final, una gira es una especie de Boy Scouts.

Antonio: Es como una despedida de soltero.

Dani: La teoría de Darwin: o te adaptas o mueres.

Antonio: ¿A que no esperabas que citáramos a Darwin? [risas]

Dani: Cuando asumes que esto puede ser una carrera de fondo que dure muchos años, tienes que ir a muchos baños diferentes, tienes que dormir en camas que no sean la tuya y tienes que adaptarte a todo. Por ejemplo, hay una plancha en la furgo, hay un botiquín y hay ciertas cosas que vas aprendiendo que necesitas e incorporas. Al principio de la gira no había plancha y ahora la hay.

Antonio: Yo, de hecho, llevo mi plancha personal que me regaló mi mamá, porque la que va en la furgo me quema las camisas. Me ha quemado ya dos y eso es un drama. En cambio, a la que me regaló mi madre le tengo el punto pilladísimo y me quedan perfectas [risas].

Repetirnos en el siguiente disco sería un fracaso terrible

Hoy mismo reeditáis una de las canciones más queridas por la gente. Hablamos de ‘La salvación’ y lo hacéis con una colaboración muy especial, la de Enrique Bunbury. Primero os quería preguntar si no os ha dado cierto miedo hacerlo, precisamente por lo especial que es este tema para tanta gente.

Antonio: Sí, pero si tú invitas a alguien muy importante a tu casa, ¿qué vajilla sacas? Nosotros escribimos la carta a los Reyes y pusimos: «Ojalá cantar con Bunbury«, así que no le vamos a ofrecer una canción donde no podamos sentir que su aportación va a elevar una emoción ya grande per se. A mí me gustan todas las canciones que tenemos, pero es evidente que hay canciones con más solemnidad y otras con menos porque están escritas para otra cosa. Así que creo que si quieres invitar a Enrique Bunbury a cantar una canción, le tienes que invitar a cantar la que seguramente sea tu canción más importante.

Por justicia con ella, quisimos versionarla porque ya existe una canción y ya está en la memoria colectiva de la gente a la que le gusta. Aunque es una frase muy manida, la canción ya pertenece a la gente que la ha escuchado, es su propio patrimonio. Entonces, si vamos a hacer algo, que sea una versión del tema y que además se note que lo es, que la gente llegue y diga: «Sigo teniendo mi castillito de lo que es ‘La salvación’, pero es lógico que estos chicos, si han invitado a cantar a su ídolo, lo hagan ofreciéndole un tema diferente».

¿O sea que surge primero la idea y el sueño de hacer algo con Bunbury y luego ya pensáis qué queréis hacer concretamente?

Dani: Fue un poco a la vez.

Antonio: En realidad, fue como las típicas ilusiones que uno lanza al aire de vez en cuando, como «sería increíble cantar con Bunbury«. De repente, alguien dijo «vamos a preguntar» y resulta que dijo que sí. Por eso fue de la mano, pensando que «si ofrecemos a Enrique una canción, ¿cuál le ofrecemos?». Vimos claro que tenía que ser La salvación.

¿Y cómo ha sido eso? Contadme un poco.

Antonio: Primero, ha sido un señor, súper educado y súper elegante con nosotros; luego, ha tenido una confianza radical en nuestro trabajo, en plan «haced con la canción lo que queráis, confío en vosotros, ya me la mandaréis, pero si la reventáis os mato» [risas]. Es que a él le gustaba el tema como estaba y nos decía: «Entiendo que la queráis versionar, pero como la destrocéis yo no canto». Creo que dijo prácticamente esa frase.

Dani: Amenazó más al productor que a nosotros, en realidad [risas].

Antonio: Así fue. Y bueno, luego yo he hablado bastante con él, la verdad. Por whatsapp. Y claro, él vive en Los Angeles y a lo mejor estoy a punto de irme a dormir, a la 1 de la madrugada, y de repente te empieza a escribir Enrique Bunbury, que aunque sea para una tontería, a mí se me subían los huevos a la glotis [risas]. Yo flipaba.

¿Él te escribe ahora en plan colega?

Antonio: Hemos hablado bastante durante el tiempo de preparación de la canción, sobre todo para ir intercambiando opiniones e impresiones. Ayer volvimos a hablar porque ya salía el tema y le mandé un abrazo de nuevo. La verdad es que él se ha portado increíble con nosotros.

Contadme cómo ha sido ese proceso de deconstrucción del tema.

Antonio: Eso ha venido ligado a la figura del productor.

Entonces hablemos de Campi Campón, que ha sido el productor, y de Carlos Raya, que se ha encargado de la mezcla. ¿Por qué decidís trabajar con ellos y no con Lalo como veníais haciendo hasta ahora?

Dani: Primero, por salir un poco de la zona de confort. Si queríamos que la versión fuera distinta, teníamos que darle otra visión. Eso pasa por que otra persona entre en juego y aporte su punto de vista. También teníamos la ilusión de hacer las cosas de manera diferente a como las veníamos haciendo. Siempre hemos grabado y compuesto los temas un poco por separado, pero aquí hicimos un ejercicio muy guay con Campi y fue ver, de manera coral, lo que iba saliendo en el momento, las propuestas que él iba haciendo, cómo sentíamos el vibe en el estudio, etc.

¿O sea que empezasteis de cero sin tener una idea en la cabeza de cómo queríais que sonara la canción?

Antonio: El cambio principal que propuso él fue el cambio de compás, pasarlo a 6×8. Entonces, a partir de ahí, empezamos a tocarla en bucle todos juntos y a ir viendo qué ocurría. Íbamos probando una y otra vez, él detectaba cosas y nos decía: «Chicos, creo que esto está guay, vamos a seguir por aquí». Fue mucho esa combinación de jugar con la canción hasta que se convirtiera en otra cosa, pero todo el tiempo con la cabeza puesta en que se tenía que convertir en un dueto. Tenía que tener sentido que cupiese otra voz.

¿Supone esto un nuevo comienzo a la hora de concebir vuestra música, buscando un nuevo sonido de cara a futuros proyectos o ha sido algo puntual? ¿Os abre esto una puerta que queréis cruzar y ver qué pasa ahí dentro?

Antonio: Es posible, porque ha estado guay trabajar con Campi. Lo que pasa es que todavía no nos hemos sentado a trabajar en otro disco o en la siguiente propuesta sonora de la banda, entonces, cuando eso ocurra lo valoraremos. Esto ha sido solo un proyecto aislado, para tratar de abrir hueco a Enrique Bunbury y, como Campi se atrevió y lo tenía claro, nos tiramos a la piscina con él. Pero el futuro va a depender de lo que queramos hacer, porque si por fin hacemos nuestro disco de reguetón soñado, no creo que Campi sea el productor más adecuado para eso, y Lalo tampoco [risas].

¿Da vértigo pensar en un nuevo disco y no querer repetiros? Entiendo que en todo artista existe esa inquietud de hacer cosas nuevas, pero también es verdad que lo que hacéis ahora es tan identificable y la gente está tan enganchada a eso, que igual eso lleva a tener ciertas dudas. 

Dani: Yo creo que ese temor a repetirse puede existir, pero también creo que hacemos un buen ejercicio siempre, que es estar en una búsqueda continua de inspiración personal. Además, somos cuatro personas muy diferentes, que piensan y escuchan cosas totalmente distintas, aunque muchas veces lleguemos a puntos en común. Igual que quizás para el disco La noche estuvimos escuchando mucho a Dua Lipa y para este hemos hecho lo mismo con Harry Styles, por ponerte un ejemplo, no sé a quién escucharemos para el siguiente, si a Daddy Yankee o a los Foo Fighters. Lo que quiero decir es que una de las cosas buenas de girar el disco mucho y de tener tiempo en la furgo para aislarse e inspirarse, es soñar con otros artistas que te lleven a otros puntos distintos. Y, por supuesto, tratando siempre de ser originales con uno mismo.

Antonio: Para mí, repetirnos no es una opción. No siento que en Cowboys nos hayamos repetido con respecto a La noche y sacar un tercer disco que sea una repetición de alguna de las dos opciones anteriores, para mí sería un fracaso terrible. Evidentemente, es lo que comentabas antes, que este disco ha gustado a mucha gente, ha ido muy bien y nos ha dado muchas alegrías… qué miedo que el siguiente que hagamos no nos dé tantas. Pero mientras el disco tenga unas canciones que yo sienta que necesitaba compartir…

AUTOR

Javier Decimavilla
Javier Decimavilla
La música nos puede salvar la vida o al menos mejorarla. Bob Dylan, Neil Young, David Bowie, The Beatles o The Rolling Stones, entre otros, nos llevan enseñando el camino a la felicidad desde hace décadas.

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