InicioEntrevistasBiznaga: «El punk no puede morir porque representa la inocencia» (2022)

Biznaga: «El punk no puede morir porque representa la inocencia» (2022)

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Fotografías: Eli Quevedo (@ellieatgigs)

Bremen No Existe, el nuevo disco de Biznaga que vio la luz el pasado 22 de abril, advierte ya en su subtítulo: «Música para otra generación perdida». Otra, como diciendo, «sí, una más. Igual que la anterior, y probablemente, la siguiente». La nostalgia es una trampa en la que hemos caído todos con esto de la retromanía. No nos iba tan bien antes, nos va mal ahora y tampoco nos irá mejor después. Así, Biznaga disparan al pasado, al presente y al futuro en un diálogo intergeneracional a través de diez canciones.

Aunque no todo es tan demoledor: el sonido de este álbum endulza el mensaje, y la píldora pasa mejor con melodías más amables, menos afiladas, más pop y menos punk. Da la sensación de que el bucle en el que vivimos se cierra con este álbum para volver a empezar. Si hace cuarenta años Eskorbuto decían que «el pasado ha pasado y por él nada hay que hacer, el presente es un fracaso y el futuro no se ve» en Cerebros Destruidos, Biznaga llegan ahora para recordarnos que «hemos acabado con el pasado, y el pasado no ha acabado con nosotros aún» en Una Historia de Fantasmas.

Si muchos levantaran la cabeza, bailarían Contra Mi Generación, revolviéndose en sus tumbas, imaginando un pogo. Y si pudiéramos ver el futuro, seguro que los chavales de 2052 estarían escuchando Domingo Especialmente Triste pensando cómo sería aquel cementerio de San Isidro, que lo mismo se ha convertido en un camposanto virtual con hologramas como el de la princesa Leia, pero con la cara de sus abuelos. Lo anterior son conjeturas. Pero lo que es seguro es que, desde el presente, escuchar Bremen No Existe es un puñetazo a la conciencia y un calambrazo en el cuerpo: se puede bailar estando cabreado, se puede estar tan cabreado que no se te ocurra otra cosa para solucionarlo que bailar. Hablamos con Jorge Navarro (bajista y letrista) y Álvaro García (voz y guitarra) sobre nuestra generación, el punk, la canción protesta, Madrid y todas las cosas que conforman lo nuevo de Biznaga.

Uno de los conceptos clave del disco Bremen No Existe es generación. Está la generación X, la Z, la Alfa, que por lo visto empieza en 2012, cada vez duran menos los cambios generacionales. Cuando hacéis referencia a vuestra generación en el disco, ¿atendéis a esa clasificación por años o a un sentimiento común?

Jorge: Es una buena pregunta para abrir el melón. El disco tiene la intención de hacer un diálogo intergeneracional, que no sea el rollo de hablar exclusivamente de nuestra generación. Los temas que tratamos, y la manera de tratarlos, pueden ser afines tanto a una generación anterior como, estoy segurísimo, a una posterior. Quizá a otra más posterior, después de esa, ya no me atrevería a decir, porque cada vez nos parecemos menos a los que vienen por la brecha tecnológica, cada vez los nativos digitales rompen más la baraja en ese sentido.

Pero sí que hay un intento de transmitir ciertos sentimientos para apelar a dos o tres generaciones, claramente. Porque desde hace tiempo hay circunstancias a nivel contexto socioeconómico que afectan a gran parte de la sociedad y eso afecta a varias generaciones, por lo menos. La precariedad, la falta de perspectivas laborales, el acceso a la vivienda… un montón de cosas que condicionan la manera de ser y de relacionarnos. Ese es el sentimiento que transmitimos en este disco, y hay varias generaciones que lo pueden asumir como propio.

Álvaro: Lo que antes estaba muy especificado en cada generación, lo que en cada década se supone que había que hacer, está totalmente diluido. Eso ya no existe, no se ve.

Jorge: Eso es, el paso a la edad adulta, cuando se supone que ya eres un adulto propiamente dicho y tienes que formar una familia, eso cada vez se va retrasando más, está todo muy diluido.

En el inicio de la primera canción del disco ya definís el momento en el que estáis: «Ahora que tenemos treinta y tantos, que no nos une el amor sino el espanto. La euforia es el disfraz de la desafección, y dura lo que dura un vídeo de TikTok». ¿Podríais estar diciendo que es un limbo? No ser ni analógico ni totalmente tecnológico, no ser un adolescente ni un viejo…

Álvaro: Yo creo que ahora mismo las líneas son mucho más difusas, tanto en la edad, como en el sexo, como en la manera de ver la vida, como en todo. Yo me encuentro chavales de 25 años que en realidad me encajan con un cincuentón de toda la vida y viceversa. En ese sentido, creo que no puede encajarse todo como antes, está todo más diluido, hay mucho más gazpacho, mucha más mezcla.

Jorge: Claro, los márgenes están mucho más difusos que antes, nos encontramos a gente de treinta y muchos que no se siente un niño ya, pero evidentemente tampoco se siente un adulto porque su poder adquisitivo no le permite tener el plan de vida de un adulto, por lo menos en el imaginario que tenemos todos cuando pensamos en nuestros padres. Sea por una cosa o por otra, o simplemente por puro «peterpanismo». La primera canción del disco dispara para todos los lados con el afán de recoger al máximo posible de gente.

Esta primera canción, que se titula Líneas de Sombra, ¿hace referencia al libro de Joseph Conrad, que tiene el mismo nombre, en el que cuenta ese paso de la infancia a la adultez?

Jorge: Claro, parte de ese concepto, es un guiño. Pero es lo que comenta Álvaro: en la época en la que Joseph Conrad escribe el libro, el concepto estaba muy marcado, e incluso a los 18 o 16 ya eras un hombre o una mujer hecho y derecho, ya estaba delimitado el paso a la edad adulta, ya no eras un adolescente. Es más, la adolescencia ni si quiera existía, era la infancia y, de pronto, eras adulto. Sin embargo, eso hoy en día ha cambiado, esa línea de sombra cada vez se ensancha más, ya no es tan fina, y es difícil discernirla. Ahí es donde va esa canción.

Dos de los componentes de la banda Biznaga

El disco tiene esa dualidad: estar mandando mensajes contradictorios, diciendo cosas muy chungas, pero envueltas en una melodía bonita, o amable, o pop

Preparando esta entrevista, he preguntado mucho qué es el punk y nadie se pone de acuerdo: es actitud, es un momento histórico, es un estilo musical, es reivindicación… ¿Para Biznaga, qué es el punk?

Álvaro: Al final, cada uno hace su interpretación de esa palabra. Para mí el punk es un estilo de música. Hay gente para la que es un estilo de vida, para mí el punk no lo es, pero entiendo que lo quieras ver como un estilo de vida porque también puede serlo. Es una palabra que abarca tantos significados… que, hostias, probablemente cada uno te diga una cosa diferente. Creo que ninguna es mala ni buena, ¿cuál es la verdadera y cuál es la falsa?

Jorge: Es un movimiento juvenil, cultural, subcultural, que tiene asociada una estética concreta y unas líneas maestras, ideología, o lo que sea, en un inicio que dio lugar a diferentes interpretaciones del fenómeno. Eso es lo que lo hizo rico y diverso, y sobre todo que sea difícil de catalogar. El punk es una especie de Big Bang y de ahí nacen un huevo de cosas. Antes del punk, si nos ceñimos a la actitud vital de protesta y de crítica, ya estaba, no sólo antes del pop, ya estaba en movimientos culturales de diferente tipo.

Álvaro: Si el punk es una actitud, una energía, no nace en el 77, nace desde que existe el ser humano. Pero si te ciñes al concepto más pequeño, a un estilo de música, dime en qué se parecen los Buzzcocks a Discharge: en nada. Y, ¿dirías que los dos son punk? Probablemente, y no se parecen en absolutamente nada.

Jorge: Claro, eso es lo bueno: lo diverso que tiene el punk, todas sus interpretaciones. Eso es lo que lo ha hecho un fenómeno súper válido que perdura hasta la fecha, por más que digan que el punk ha muerto. Sí, el punk ha muerto como etiqueta vital para asustar a las viejas, pero no como estilo musical, ni tampoco su herencia. No ha muerto la máxima que tenía el punk de «háztelo tú mismo». ¿El háztelo tú mismo no es un chaval haciendo bedroom pop en su habitación? Eso es háztelo tú mismo, y eso lo trajo el punk a la música pop, está de completa actualidad. No puede morir porque es la inocencia, no hace falta que seas un virtuoso, puedes hacerlo tú.

Álvaro: Ese es el mayor aporte del punk, ahí yo creo que la mayoría está de acuerdo, la posibilidad de no saber tocar, montar una banda y componer tus temas sin saber música o teniendo una noción muy básica, el do it yourself.

Cuando estrenasteis Madrid Nos Pertenece dijisteis: «Esto es como una hostia y después un abrazo, pero en una canción». ¿Podría aplicarse a todo el disco ese transitar del cabreo a la tristeza y después llegar al reconocimiento mutuo entre la banda y el oyente? El decir: «Nosotros estamos jodidos, tú también y lo sabes, vamos a estar jodidos juntos»

Jorge: Totalmente. En realidad, escribimos ese texto cuando se hizo la nota de prensa para la canción, pero es verdad que así se puede resumir el disco porque tiene esa dualidad: estar mandando mensajes contradictorios, diciendo cosas muy chungas pero envueltas en una melodía bonita, o amable, o pop, llámalo como tú quieras. Está todo el rato basculando entre esa dualidad y se puede resumir así el disco.

Álvaro: Nosotros siempre hablamos metiéndonos dentro de ese mismo discurso, estamos igual de perdidos. No estamos observando a la generación desde fuera, nosotros también estamos así, y por eso se puede hablar y escribir sobre ello. Se habla siempre con tristeza, con desazón, pero es como «vale, qué le vamos a hacer ya que estamos aquí». Por eso están siempre esas notitas de luz, que se ven tanto en las letras como en la melodía, y al final, joder, hay que vivir. Estamos jodidos, pero tenemos que tirar para adelante. Se levanta el puño en el disco, estamos diciendo que es posible hacer cosas. Creo que en muchas letras se ve eso. No es un disco tan oscuro y tan decadente como otros de Biznaga, sobre todo el primero y el segundo, que sí eran bastante otro rollo.

Sobre ese cambio respecto a los anteriores discos: lo grabáis con Raúl Pérez durante once días. ¿Cómo ha sido la producción para conseguir el sonido nuevo que vemos en Bremen No Existe?

Álvaro: El sonido ya lo teníamos en la cabeza antes de grabarlo, fueron pautas que le dimos a Raúl sobre cómo queríamos sonar: un sonido más trabajado, menos punk, menos afilado, menos agudo, trabajando diferentes texturas de guitarra, que no fuera todo a machete, a lo old school. A cada canción vamos a darle un tratamiento, vamos a ver qué necesita, y transmitiéndole todo esto a Raúl, él se hizo una idea de por dónde iban a tirar las cosas y se hicieron las maquetas. Después de las maquetas, él nos fue proponiendo cambios, así que cuando entramos a grabar ya teníamos una idea de cómo queríamos sonar y, como él nos grabó el disco anterior, jugaba con esa ventaja. Él sabía de dónde veníamos y a dónde queríamos ir. Y yo creo que ha salido muy bien.

Jorge: Al ir más tiempo y al ir con la idea de trabajar cada canción por separado, nos permitió poder elegir el material para cada canción y seleccionar los amplis, qué tres cuatro guitarras íbamos a utilizar a lo largo del disco, la caja de batería, con qué bajo se iba a grabar… detalles que antes se solían pasar por alto o que se resolvían en media mañana. Aquí se estaba día y medio para escoger todos los materiales.

Álvaro: Después de haber pasado por este proceso de producción, creo que jamás seríamos capaces de volver a lo que hacíamos antes, que básicamente era improvisar en el estudio.

Jorge Navarro, bajista y letrista de Biznaga

El punk ha muerto como etiqueta vital para asustar a las viejas, pero no como estilo musical, ni tampoco su herencia

Siguiendo con la producción, al final del disco, ya casi como una despedida, decís: «El presente es un continuo sampleado, remixes de un pasado recurrente y un futuro postergado». ¿Cuánto os define esto como músicos, en el sentido técnico en la producción, y cuánto como personas, en un sentido vital?

Jorge: A nivel sonido tiene todo el sentido, porque estamos haciendo una música vieja, el sonido que hacemos se supone que ya está muy asumido, que se lleva haciendo varias décadas, pero cualquier estilo musical que hoy en día tenga cierto predicamento tiene un fuerte componente nostálgico, tiene esa retromanía de estar mirando y basándose, tanto estéticamente como a nivel sonido, en lo que se hacía antes.

Álvaro: Es que está todo inventado. No puedes inventar nada nuevo, puedes hacer una mezcla, darle un punto de vista distinto, pero no va a aparecer nada que digas «hostias, mira esto», está todo, todo, todo inventado.

Jorge: En ese sentido, es una meta-reflexión sobre la música que hacemos, pero también de lo que va la canción: en el aspecto vital, la presencia del pasado en el presente y sus manifestaciones en diferentes niveles: a nivel político, estético, relacional…

Álvaro: Todo sigue siendo lo mismo: al igual que la política sigue siendo un gazpacho del pasado. No hay nada nuevo.

Jorge: Básicamente el sample era eso, la técnica de ir incluyendo trozos de canciones anteriores en canciones de hip hop, esos pequeños puzles o collages que al final componen un mapa para situar al oyente: dónde estamos y de dónde venimos, dónde podemos ir, a lo mejor. No había pensado en esa frase de la canción en términos de sonido, pero es súper revelador. Ahí nos estamos definiendo como banda.

He leído mucho que Bremen No Existe es un disco hauntológico. Para la gente que os escuche y no conozca la palabra, ¿qué es hacer un disco hauntológico?

Jorge: La definición más sencilla y más clara que he leído nunca, que no es mía, evidentemente, es «la presencia del pasado en el presente». Es más, es la presencia fantasmal del pasado en el presente, es decir: no de manera evidente, sino de manera sutil e insinuada. Por eso la canción Una Historia De Fantasmas tiene ese rollo de jugar con las pelis de terror, una cosa que se cae, frío en la habitación, una sombra en un espejo… pequeñas sutilidades para transmitir esto, cómo se manifiesta un duelo que no se ha hecho, un trauma que no se ha superado, que es del pasado pero que cada cierto tiempo acaba volviendo al presente y es parte de lo que somos. Eso es la hauntología.

Aunáis muchos sentimientos, pero los situáis en un escenario muy concreto: habláis de Madrid con el Parque de San Isidro o la Wurlitzer, grabáis Madrid Nos Pertenece en el bar Weirdo. ¿Qué significa para vosotros esta ciudad? ¿Quizás en este sitio se concentran más los males generacionales que en otros lugares?

Álvaro: Lo que pasa es que es donde vivimos, pero todo lo que estamos hablando puede pasar en Madrid, en Córdoba, en Jaén y puede pasar en tu pueblo. No es porque sea Madrid, es porque vivimos en Madrid. Si la banda estuviera en Málaga, en vez de hablar del Weirdo te estaríamos hablando del Drunk, pero sería lo mismo.

Jorge: Quizás Madrid tenga la particularidad como ciudad central, céntrica y centralista, es como una especie de cruce de caminos. Por aquí recala todo dios, gente de diferentes partes de España y del mundo. Pero es lo que dice Álvaro, vivimos aquí y tenemos que hablar de la ciudad en la que vivimos, es donde se formó el grupo, la conocemos muy bien. Lo que nos molaría es que todo el mundo que nos escuchara se abstrajese de Madrid y pudiera identificarse más allá de los localismos, tal bar, tal calle, que sintiera que el mensaje también es extrapolable a todas las ciudades.

Álvaro: Por ejemplo, Los Jambos. Hablan de bares que yo no conocía de Pamplona y, aunque no hubiese ido cuando los escuchaba, los entendía perfectamente sin conocer esos sitios, me llegaba igualmente. Eso me ha pasado también con bandas inglesas, están hablando de sus barrios y yo no he estado ahí en mi vida, pero los entiendo.

Jorge: Exacto, la localización le da un toque de veracidad a lo que estás diciendo, lo sitúas en un escenario concreto. Es como la mítica canción de Los Planetas que dice «siempre voy al Amador por si apareces», un bar cualquiera de Granada donde ponen tapas, pero de pronto todo el mundo lo canta y tiene encanto, eso es lo que consigue la música pop.

Álvaro García, voz y guitarra de Biznaga

Después de haber pasado por este proceso de producción, jamás seríamos capaces de volver a lo que hacíamos antes, que era improvisar en el estudio

Componéis el disco entre el 2020 y el 2021, en un contexto pandémico. Si lo estuvierais terminando ahora, ¿Bremen No Existe hubiera sido diferente?

Álvaro: Creo que sí sería diferente, porque la pandemia hizo que nos pusiéramos a componer este disco. Las ganas de hacer cosas, de salir a la calle, toda esa energía también ha hecho que se hable de esa manera en Bremen No Existe.

Jorge: Hay un anhelo de calle que te cagas en el disco porque era nuestro anhelo vital cuando lo estábamos haciendo. Pero también lo hicimos pensando, y deseando, que cuando el disco saliese sería cuando justo todos podríamos salir, sin restricciones ni movidas.

Si todo el mundo hubiera estado en su casa, encerrado, este disco quizás tendría menos sentido que nunca. Tuvo sentido Gran Pantalla sin pretenderlo, pero este disco está hecho para que este disco la gente lo escuche, si está en la calle, con unos cascos a todo volumen de camino a un bar para quedar con los colegas.

Álvaro: Siempre ha sido una temática muy, muy, muy, muy de Biznaga, desde la primera maqueta: la calle, Madrid, la noche, estar perdido, es algo que siempre ha estado ahí. Lo que pasa es que este disco, sin quererlo también, se ha hecho como de una manera incluso conceptual, pero tampoco era la intención.

Otra cosa que dicen mucho de vosotros es que sois cronistas de un momento muy específico, de esta generación. ¿Creéis que la generación Alfa, la que decíamos antes que nace desde el 2012…

Jorge: Qué miedo lo de los los Alfa, eso nos coloca en una posición horrible, camarero, otra, por favor [risas].

Álvaro: Yo ni sabía que existía eso, me acabo de enterar ahora.

Un chaval de los Alfa, que haya nacido en 2015, ¿se sentirá comprendido cuando escuche Bremen No Existe dentro de diez años?

Jorge: Yo creo que sí, extrayendo algunas cosas que pueden ser muy contextuales.

Álvaro: Yo también lo creo. Tampoco hablamos de cosas súper concretas, hablamos de energías que se han vivido toda la vida y que yo creo que se van a seguir viviendo.

Jorge: Son sentimientos que estaban antes de nosotros, que no nos pertenecen y que van a estar después. Si tenemos razón en eso, cuando alguien de esa generación llegue a una edad similar a la nuestra, probablemente se encuentre con los mismos sentimientos.

Álvaro: Será como hablábamos antes: diferentes bares, diferentes lugares, pero las sensaciones serán muy parecidas.

Leí sobre el nuevo disco que «lo de Biznaga es una suerte de canción protesta contemporánea». Yo le preguntaba a la gente estos días, ¿qué es para ti canción protesta? E imaginaban a un tío con la guitarra y la armónica, a Bob Dylan, a Atahualpa Yupanqui. ¿Qué es la canción protesta actual para Biznaga?

Álvaro: Nosotros nunca hemos pretendido hacer canción protesta, simplemente hablamos de las cosas que nos pasan y de cómo las sentimos. Si alguien siente que es una canción protesta, será una etiqueta personal. Pero para nada es algo que esté buscado. Si me preguntan, yo te digo que no hacemos canción protesta ni de coña, pero entiendo que alguien pueda decirlo.

Jorge: Entiendo que el término canción protesta pueda llevar a confusión en la gente. Es lo que dices, imaginas a un tío con una acústica y una armónica sentado en un taburete aburriendo al personal.

Álvaro: Pero canción protesta también puede ser rap, hay muchos raperos combativos. Al final, ¿qué es canción protesta? Yo creo que es estar cabreado con lo que te rodea, transmitirlo en tus canciones y querer cambiarlo a través de tu arte, de cualquier tipo de arte.

Jorge: Claro, no rehuir, no escapar a las partes oscuras que tiene la vida y plasmarlo en tus canciones. Que no sea un simple lamento nihilista u ombligista como algo individualista, sino hacer partícipe a todo el mundo y convertir algo negativo en algo positivo, transformarlo. Por ese lado, quizás Biznaga sí que tenga algo de canción protesta.

En Bremen No Existe encontramos muchas referencias a la literatura. Hablábamos antes de J. Conrad, pero también tenéis a Borges o a John Keats con Oda a un ruiseñor. ¿Cuál es la relación entre lo que leéis y lo que componéis?

Jorge: La relación es natural, en el sentido de que nosotros para escribir las letras nos inspiramos en todo lo que tengamos a mano, pelis, canciones, nuestra vida, la vida de la gente que conocemos, y los libros, claro. A mí siempre me ha resultado fácil construir un argumento a través de referencias porque tengo memoria fotográfica, y siempre me quedo con pasajes, con momentos o con diálogos de películas. Me surgen cuando estoy trabajando esas movidas, las apunto y muchas veces son el punto de partida para desarrollar las cosas.

Hay veces que me cuadra de tal manera, la carambola es tan grande, que un verso extraído de la obra de otra persona encaja perfectamente y ayuda a componer la estructura. La literatura, como otras referencias, es igual de importante. No hay una súper relación entre los libros y lo que hacemos, pero es innegable que de alguna manera está ahí.

Para Domingo Especialmente Triste contáis con Isa de Triángulo de Amor Bizarro. ¿Cómo surge esta colaboración?

Álvaro: Fue de forma natural, ellos nos escribieron para hacer la versión de una canción de su último disco y la grabamos nueva, cambiamos todo y la grabamos con nuestros instrumentos. Les moló mucho, y cuando compusimos Domingo Especialmente Triste vimos que el estribillo pedía una voz femenina. Así que pensamos en Isa porque nos llevamos de puta madre, es gente que nos mola lo que hace, su trayectoria y cómo conciben la música, todo el tiempo que llevan y todo lo que han currado. No fue lo típico de «oye, vamos a hacer una colaboración con Triángulo para ganar likes y seguidores». Como la gente está haciendo muchas colaboraciones para ganar a nivel de números, a nivel de marketing… lo digo porque no hubo nada de eso, simplemente fue natural.

Jorge: Era un tema que no le iba a resultar nada raro, la canción iba con su rollo y quedó que te cagas.

Bremen No Existe hace referencia a Los músicos de Bremen y a los Trotamúsicos. ¿Quién sería el perro, quién el perro, quién el gato y quién el gallo?

Jorge: No están basados en nosotros, se trata de que sean una metáfora o símbolo que apele a una generación, o a un par de ellas. Pero nos hemos hecho unas camisas para cuando presentemos el disco y hagamos el directo, y cada uno va a llevar a uno de los personajes: Álvaro va a llevar al gallo porque es el que canta, yo el gato porque me gustan los gatos, Pablo el perro y Milky, como toca la batería, el burro [risas].

Álvaro: No nos hemos comido mucho la cabeza. Estuvimos a punto de que yo fuera el burro y Milky el gallo, pero rompía el rollo. Además, yo tengo cara de pájaro, mirad esta naricilla, no me digáis que me parezco a un burro.

Jorge: No creo que nadie se autoproclame burro dentro del grupo [risas].

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