Sáb 17 enero 2026

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Biznaga: «Cuando la normalidad es tóxica, plantear territorios sanos es disruptivo» (2024)

Fotografías: Eli Quevedo (@ellieatgigs)

¡Ahora!, último disco de Biznaga que vio la luz el pasado 4 de octubre, se presenta como un zarandeo, como «una sacudida (…) la cima de un beso en un brinco suicida», cantaba Don Omar en Virtual Diva allá por los dosmiles. Después de publicar Bremen no existe, la banda llega con once canciones «de amor, de acción directa», gritan en El Entusiasmo, y da la sensación de que uno oye por fin la voz de aquellos que sueñan con sembrar la revolución universal, hasta ahora silenciosa. Disparan a la precariedad, a la crisis de la vivienda, a la libertad de Ayuso y sitúan en el centro a la clase trabajadora, esa de la que se decía ser la sal de la Tierra, hoy en un mundo petado de acidulantes, conservantes y altos valores proteicos, pero indigesto y saborío.

Hace dos años, nos reunimos con la banda para hablar sobre Bremen no existe. Ahora, nos citan en el mismo bar donde nos encontramos por primera vez. Parece un círculo perfecto, pero «el pensamiento circular es un pensamiento mágico», me explicó mi amigo Nicolás, filósofo y dandi. «Quien se olvida de los amigos, se olvida de sí mismo», dicen Biznaga en Las afinidades eléctricas, uno de los temas que sirven como puntos luminosos en el disco. ¡Ahora! te agarra por la pechera, pero también te invita a tramar lo bueno: «¿Te imaginas que fuera posible otra vida, que hubiera alternativa a esta deriva?», cantan en Imaginación política. Tenemos derecho a pensar en una existencia mejor. ¿Qué nos queda si no?

Hablamos con Álvaro (voz y guitarra), Jorge (bajo y letras) y Milky (batería) sobre el último trabajo de la banda. Durante la entrevista, un anciano se acerca a darles la mano, preguntando si son músicos. Como contestan que sí, el hombre les desea «mucha mierda». Milky dice que eso es el auténtico punk. Biznaga son lo que sucede en ese momento. ¡Ahora! significa cuestionar el presente y cambiar urgentemente el futuro. 

Bremen no existe llegó después de Gran Pantalla como un trabajo para dejar atrás la pandemia. ¿Cómo llega ¡Ahora!?¿De dónde surge la idea de este disco?

Jorge: En el anterior trabajo, Bremen no existe, había un claro diálogo entre pasado, presente y futuro motivado por Gran Pantalla. No es tontería mencionar esos dos discos juntos: uno es consecuencia del otro. Bremen no existe es consecuencia de haber hecho canciones encerrados, anhelando calle, buscando las antípodas tanto en el sonido como en la temática de las canciones de Gran Pantalla

Una vez nos hemos quitado las ganas de calle, después de la pandemia, ¡Ahora! ya no es un disco contextual, no es una reacción a algo anterior. Parte de algunas cosas que habíamos puesto en práctica en Bremen por primera vez, encontrándonos por fin a gusto con determinados tipos de canción más pop, con las ganas de desarrollar esa nueva vida. Hay canciones que podrían haber aparecido en Bremen no existe que están aquí, en ¡Ahora!, y sin embargo hay territorios nuevos, inexplorados, que no tenían cabida en Bremen no existe.

¡Ahora! es una foto del presente, de lo que es la banda después de que un miembro de diez años haya salido y haya entrado una persona nueva, que esa persona nueva tenga 20 años y haya insuflado energía, vitalidad y cierta inocencia perdida en todos estos años. Es la consecuencia de muchas cosas, de no ser tan abstractos y querer hablar de problemas concretos, con nombres, de poner los pies en la tierra. 

Después de soñar tanto con la calle como un espacio mitificado cuando no podíamos acceder a ella, una vez ya estando fuera, vemos que teníamos algo que estaba bien, pero también había muchas cosas que estaban mal. La intención es hablar de esas problemáticas y de esos anhelos de cambio. Todo eso converge en el presente. La motivación de incidir sobre todo eso, lo bueno y lo malo, en el ahora, es la motivación de este disco. 

Álvaro: Madre, súper resumen [risas]. 

Milky: Ya está, se acabó la entrevista. Wow. Qué articulación discursiva, alucinante [risas].

En la edición física del disco aparece una frase de Mark Fisher: «Si las canciones dejaran de ser entretenimiento, podrían ser cualquier otra cosa» ¿Podría funcionar ¡Ahora! como un caballo de Troya si se cuela en algún top ten de Spotify, si algún tema se convierte en un mega hit y llega a un chaval alienado, a un trabajador cansado o a un casero abusivo?

Milky: Puede ser un chispazo, puede ser una buena banda sonora para un cambio, puede insuflar motivación, entusiasmo a gente que está harta. Las canciones per se y los músicos no cambian las cosas, solo se cambian las cosas haciendo cosas. Saliendo, organizándote, preparándote. Pero esto es una estupenda razón para decir «ya está bien, solo me faltaba una buena canción para tirar para adelante»

Álvaro: No creo que esté en ningún top diez de nada, porque no va a estar nunca en una posición así. Pero me he encontrado con gente que nos lo ha dicho, «os descubrí y me ayudasteis mucho en un mal momento». Gente que nos sigue, gente nueva que se va apuntando, que escuchan las nuevas canciones y se siente identificada, con eso a mí ya me vale. 

Milky: Si este disco no tiene una incidencia material, que al menos la gente diga «tengo una historia personal, he escuchado Espejos de caos y se me han puesto los pelos de punta», o «estoy en horas bajas con mi colectivo juvenil, he escuchado El Entusiasmo y me he vuelto a animar». Si hemos hecho canciones trascendentales, yo ya me doy con un canto en los dientes. 

Jorge: La cita que has dicho de Mark Fisher no es baladí. Que las canciones importen al fin y al cabo. Que no se queden en una playlist random para fregar los platos o para hacer yoga, que sean canciones que te obliguen a prestar atención, que te sacudan emocionalmente y físicamente. Que te obliguen a moverte. Esa era la máxima, y creo que la cita de Fisher es complementaria a esa idea. 

«LA máxima del disco es que las canciones te obliguen a prestar atención, que te sacudan emocionalmente y físicamente. Que te obliguen a moverte»

Cuando hablamos con vosotros sobre Bremen no existe, nos dijisteis que el punk estaba de plena actualidad. Hablamos de que el punk como etiqueta para asustar a las viejas había muerto, pero nos contasteis que su herencia seguía presente. A día de hoy, ¿a quién pincha, a quién revuelve el punk?

Álvaro: No sé si el punk tiene que pinchar. El punk puede ser de muchas maneras. Puedes tener un mensaje muy crítico, muy político, o puedes simplemente hacer bromas y chistes. Puedes pinchar sin hacer punk. Ese rollo de que el punk tiene que ser provocador, o tener un compromiso político… puede que sí o puede que no. 

Jorge: La imagen tradicional de punk como algo rompedor y disruptivo, algo que viene a barrer con todo y reiniciar el sistema, en este caso, musical, es algo que ya pasó hace mucho tiempo. Nos dejó enseñanzas, el háztelo tú mismo la primera. Es una energía que estaba antes del punk, el punk la encarnó durante un año o dos, pero ha sobrevivido y se ha transformado obligatoriamente, se ha reencarnado en otras cosas, musicales y extramusicales. Para mí eso es una energía. 

Álvaro: Esa energía puede estar en muchos estilos. 

Jorge: Cuando digo que es disruptivo, quiero decir que es una energía negativa en el buen sentido de la palabra. Destruye para construir. Si la hegemonía es un estado de cosas que provocan malestar en personas que no llegan a fin de mes, que no puede acceder a una vivienda, que padecen enfermedades mentales, que se ven desahuciadas, que no pueden emanciparse como seres humanos, el punk tiene que plantarle cara a eso. Pero no con burlas, ni muecas, ni coñas, sino con propuestas, aportando soluciones, territorios sanos en los que poder estar a salvo de esa basura, eso también es disruptivo. Cuando la normalidad es tóxica, plantear territorios sanos es disruptivo. ¿Por qué no el punk puede ser eso? 

Milky: Y no voy a hablar de punk pero sí de música contestataria. A quien tiene que pinchar la música contestataria es al orden establecido, que es predominantemente capitalista y burgués. Ahí sí, y no asustar a mis abuelos ni a mis abuelas, pero sí al capital y al fascismo. 

¿Creéis que hay bandas que, al tener éxito, se olvidan de sus orígenes y se desmarcan de algunas causas? ¿Se puede renegar de los inicios, de tocar en salas vacías, de tener un curro precario porque la música no da para vivir? ¿O eso marca a un músico para siempre?

Milky: Creo que tus orígenes y tu identidad no los tienes que perder nunca, te esté ocurriendo lo que te esté ocurriendo desde el punto de vista económico. Hay algunas bandas que sí, hay otras bandas que no. Hay gente que era punk porque no estaba teniendo éxito, porque estaba muy enfadada, y cuando le empieza a ir bien se olvida de todo eso, es una especie de situación transitoria de malestar. 

Hay otra gente que es de clase obrera y nunca se va a olvidar. Un gran ejemplo, que a mí me sorprende cuando lo escucho en directo, en un espacio muy grande, con mucho público, es Natos y Waor. No se olvidan de su barrio, no se olvidan de sus orígenes, es gente que se ha comprado la casa con mucha comodidad, facturan lo suficiente y viven de manera desahogada, pero no se olvidan de su familia, ni de sus barrios. Eso es un buen ejemplo. Del resto no sé, ni me apetece hablar de ello. 

Jorge: En nuestro caso, creo que ha ocurrido al revés. Somos más conscientes y reivindicativos, tomamos más partido sobre las cosas cuanto más grandes, entre comillas, somos, o mejor nos está yendo, cuando tenemos un altavoz mayor. Nos hemos ido politizando, o repolitizando, reencantando, o reilusionando conforme la banda ha ido creciendo. Quizá no es lo más común, parece el camino inverso, pero en mi caso ha ocurrido al revés. 

Milky: Es irónico, porque cuando más punkis éramos, cuando las canciones eran más urgentes, más cabronas y estaban más malditas, éramos más nihilistas, más asquerosillos, más lumpens, peor gente. Nos ha ido yendo mejor, se ha consolidado el proyecto y hemos desarrollado nuestra conciencia. Ahora tenemos más responsabilidad. Esto es de manera orgánica y natural, nos han ocurrido las cosas de forma personal y así lo hemos ido encajando en la banda. 

Álvaro: Es curioso cómo ha ido cambiando nuestra vida. Cuando estábamos trabajando en curros de mierda, durante muchísimas horas, llegaba el fin de semana y lo único que te apetecía era desconectar de todo eso a base de salir y despreocuparte. Te lo intentas tomar todo a cachondeo como una forma de supervivencia, todo te da igual para que no te duela. Pero después tienes tiempo para mirarlo por encima, ves los problemas que tiene la gente a tu alrededor, ves los problemas que tienes tú mismo, crees que puedes cambiar cosas, ves a gente que las está cambiando y te inspiran, te vas metiendo en lo que somos ahora.

«cuando más punkis éramos, cuando las canciones eran más urgentes, más cabronas y estaban más malditas, éramos más nihilistas»

Cuando publicasteis ‘La gran renuncia’, algún fan se mosqueó por el uso de inteligencia artificial en el videoclip. Sobre esto, si no queréis, no hace falta que hablemos. Pero sí me gustaría rescatar un comentario que leí a raíz del vídeo: «Cada decisión creativa de un grupo de punk es una decisión política». ¿Estáis de acuerdo con esto?

Milky: Coger la bici hoy ha sido una decisión política, ¿no? 

Jorge: Se puede ser contradictorio, todo el mundo lo es, eso también es ser humano. Toda banda de punk es contradictoria. Todo es política, imagino que sí. Ante esa máxima, mañana va a salir el sol, sí, puede que lo veamos o puede que no, pero sabemos que va a estar ahí porque se hace de día. 

Álvaro: Intentamos que las decisiones que tomamos sean consecuentes con lo que decimos, con lo que pensamos. Pero tampoco somos expertos en política, ni somos gente intachable, nos podemos equivocar, no tenemos por qué saber de todos los temas. 

Jorge: Además, no somos expertos en inteligencia artificial. 

Álvaro: Sobre el tema de la inteligencia artificial, no somos expertos, ni sabemos qué consecuencias puede tener. Nos lo propuso Grey Trash, fuimos adelante y él ha utilizado cincuenta mil herramientas, no es coger el ordenador, decirle «quiero esto» y darle al intro, ha estado semanas y semanas currando. A lo mejor tenemos que aprender más cosas, pero seguiremos tomando decisiones, a veces acertaremos y otras no. No somos seres de luz y seguimos aprendiendo. 

Milky: Ese comentario parte de un prejuicio, parte de un dogma, parte de plantear un debate capcioso. Simplemente hemos sacado un adelanto de una canción con un apoyo visual. La inteligencia artificial lleva entre nosotros mucho tiempo, los argumentos que se están esgrimiendo para no usarla también se caen, hay gente que ha decidido arrojarnos el debate sobre su uso para hacernos daño. 

Jorge: Es imposible no estar dentro del sistema. Tener una cuenta bancaria para cobrar tu sueldo, sea de un trabajo de mierda o no, es estar dentro del sistema. Tener un teléfono también, comentar y tirar mierda en Twitter es estar dentro del sistema, y eso es una decisión política. ¿A quién pertenece Twitter y qué hace esa persona, a quién apoya, qué empresas tiene? 

Milky: Verdaderamente, la decisión política es hacer un adelanto en redes sociales para hacer promo de un disco, para que vaya haciendo ruido. Ese es el acto político, y es profundamente de industria musical, en la cual nos encontramos, con la que dialogamos. 

Habéis publicado cuatro adelantos y cada uno es distinto: una balada, una anti-canción del verano, una canción de acción directa y ‘La gran renuncia’. ¿Se espera el público de Biznaga el disco que viene? 

Milky: Sí, se espera que es un pepino, efectivamente. 

Álvaro: Quedan temas para sorprender, con alguna canción van a decir «hostias». No hemos inventado la pólvora, pero quedan temitas en la recámara que no son nada Biznaga, hay sorpresitas. 

Jorge: En general, la recepción de todos los adelantos ha sido muy buena. La gran renuncia, por el vídeo, ha levantado determinadas ampollas, pero la gran mayoría son comentarios muy positivos. 

Álvaro: Frente a cien comentarios positivos, cuatro son malos. Miedo no teníamos, pero con temas como Espejos de caos no sabíamos qué iba a pasar. Leí un comentario que era algo así como «lo que nos faltaba, Biznaga haciendo una balada y encima con un vídeo de perritos», siempre va a haber algo. 

Jorge: Yo lo entiendo como un síntoma de crecimiento. 

Milky: Ese ha sido el gran aprendizaje de este disco: sudar pollas. 

Ese sería un buen titular.

Milky: Por mí que lo sea. ¿Estáis cómodos con ese titular?

Álvaro: Eso también es un aprendizaje, sudar pollas, no tener miedo a hacer este tipo de temas. Espérate que saquemos el disco y por temas como Benzodiacepinas u Ocupar el AHORA haya gente que nos diga que esto ni es punk, ni es nada. ¿Es una balada con mucho reverb? Pues lo que tú quieras. 

 «Si la hegemonía es un estado de cosas que provocan malestar en personas que no llegan a fin de mes, que no puede acceder a una vivienda, que padecen enfermedades mentales, que se ven desahuciadas, el punk tiene que plantarle cara»

En la lista de Rock 2024 que me ha fabricado el algoritmo de Spotify, aparecen C.Tangana con los Parrots, Shego, Arde Bogotá y El Entusiasmo de Biznaga. ¿Puede ¡Ahora! clasificarse bajo un solo género? Y si se puede, ¿es rock and roll?

Jorge: ¿Es un disco de rock? Desde luego. 

Álvaro: Si hay que poner una etiqueta, sería rock

Jorge: Si dijeran que es un disco de pop, tampoco me rechinaría, pero tengo claro que eso significaría confusión para algunas personas. 

Milky: Rock-punk-pop. Música independiente, pero de cuando lo independiente era de verdad.

Jorge: ¿Rock alternativo? Con rock alternativo la gente no diría «¿pero qué estás diciendo?», si hay que meterlo en algún sitio, es ese. Las etiquetas siempre son conflictivas. 

En la canción ‘Benzodiacepinas’, habláis de los fármacos para la ansiedad y lo relacionáis con el trabajo: «Puedo seguir cuando estoy mal, producir en horario laboral». ¿Qué podéis contarme de esta canción?

Jorge: Era un tema que queríamos tratar desde la época de Bremen no existe, pero no éramos capaces, no encontrábamos las palabras correctas para aproximarnos. Es un tema delicado, no queríamos decir cualquier cosa. Por fin hemos encontrado el lenguaje, la forma más apropiada de aproximarnos al tema, es una visión amplia, no es condenatorio, pero tampoco lo banaliza, ni lo celebra. 

Le da una dimensión más estructural, más general: no es una cuestión de segregación química individual, sino que hay una serie de factores estructurales que afectan a nuestro malestar. 

Álvaro: Tampoco me vale eso de «no, es que hay que tomar menos benzos». Ya, si es que nadie quiere tomar benzodiacepinas, lo que pasa es que muchas veces no te queda más remedio, porque la ansiedad te está carcomiendo y eso deriva en depresiones, en ataques de pánico y en cosas muy jodidas. No todo el mundo puede ir a terapia porque el psicólogo es caro, si no lo cubre la seguridad social, si tu curro no te da para pagarlo, tienes que recurrir a las benzos para que no te reviente la cabeza. 

No es fácil, yo tampoco juzgo a la gente que hace uso de las benzodiacepinas porque no les queda más remedio que tomárselas. La canción no es aleccionadora, ojalá la gente no tuviera que tirar de ellas, pero si tienes que mantener a una familia, tienes horarios súper chungos, necesitas dormir equis horas… A mucha gente no le queda otra opción que los antidepresivos y las benzos. Esto viene de la precariedad y de la vivienda, es consecuencia de algo mucho más grande. 

Jorge: La insatisfacción que lleva al colapso mental tiene origen en factores endógenos, que son esto de lo que nos tratan de convencer, es segregación puramente química, y exógenos, que es todo lo que nos rodea, el afuera. En el afuera está la precariedad laboral y el problema de la vivienda. 

Álvaro: Internet también, las redes sociales te destrozan. 

Musicalmente, esta canción no tiene nada que ver con los demás temas del disco. ¿De dónde viene?

Jorge: El punto de partida era Lou Reed en su disco Berlin. Nos ha quedado un poco una canción como Heroin, de The Velvet Underground.

Álvaro: Tiene el rollo de empezar muy tranquilo, como medio drogado, pero ir acelerándote. Te está llegando al pecho, pero se arrastra. 

Jorge: No es una canción aleccionadora, pero tampoco hace apología del uso de las benzodiacepinas. Heroin se acabó convirtiendo en una canción mítica y creó muchísimos yonquis que se introducían en el rock y veían esa droga mitificada.

Álvaro: De eso ya se hacen cargo algunos traperos, que ensalzan el uso del Xanax, nosotros no.

«Nos hemos ido politizando, o repolitizando, reencantando y reilusionando conforme la banda ha ido creciendo»

Kiko Amat, en la nota de prensa del disco, habla de ‘Las Afinidades eléctricas’ como un «hit teenager». Yo con esto no puedo evitar pensar en Torete, que es el integrante más joven de la banda. ¿Su presencia sirve para tener un punto de vista nuevo? ¿O es la confirmación de que, independientemente de la generación, estamos todos igual de jodidos?

Milky: La respuesta a la última pregunta es sí. En la banda hay tres generaciones y estamos atravesados transversalmente por las mismas problemáticas. Torete viene con una perspectiva nueva. Cuando le sacas diez años o cuando le sacas veinte, por cojones tiene unas experiencias y una cultura audiovisual distinta. En este caso, la cultura musical no es diferente, porque Torete es el raro de su generación, pero también surfea muchas olas: se va a Moncloa a bailar reguetón y luego está en su cuarto escuchando Hüsker Dü. Es un perfil muy completo y muy dinámico.

Álvaro: Torete es una energía vitalista. Nos ha chutado las ganas de empezar un poco de nuevo. 

Milky: Torete viene con inocencia, con muchas cosas por aprender pero también con muchas lecciones. Hay que nutrirse de la gente mayor y de la gente joven. Aquí voy a ponerme estupendo, pero es que hay que estar en una frecuencia perfecta. Cuando Álvaro saca a su perro, nos cuenta que está con chavales de dieciséis años y le hablan del amor líquido, del gender fluid, por ejemplo. Si luego escuchas a tus abuelos y haces una mezcla de todo ello, vas a estar siempre en una frecuencia adecuada. Biznaga está muy bien posicionado porque los cuatro estamos conectados. 

Álvaro: Torete también nos ha abierto puertas a gente muy joven, hemos grabado maquetas con Randi, que es un chaval de diecinueve años muy amigo suyo. Nos mantiene en contacto con gente joven y no nos sentimos para nada raros, ni diferentes, hablando con ellos. 

Toca que te cagas. Tiene mucha energía en directo, los coros han llegado con él y eso es algo que le faltaba a Biznaga, con una voz potente, que apoyara. Él la tiene. En directo yo ahora me siento mucho más aliviado con él. 

¿Qué da más miedo, un presente fatal con muchas cosas que cambiar o un futuro mejor que quizás no llega?

Milky: El futuro. ¿Qué te da más miedo, pagar ahora o endeudarte? ¡La deuda viene con intereses, bro!

Jorge: Yo creo que es más difícil incidir en el ahora porque el futuro es como un mañana lejano, es una construcción mental, como si no tuviera nada que ver con el presente. 

Milky: Es más fácil dejarse llevar, eso sí. Pero un futuro chungo es más jodido. 

Álvaro: Desde luego el futuro va a ser jodido. 

Jorge: En el anterior disco hablábamos de los futuros cancelados, de los futuros perdidos. Aquí, a donde vamos es al ahora. Si no queremos más futuros perdidos, ni nostalgias futuras, hay que incidir en el ahora. 

Milky: Las cosas son para ahora. Me lo decían en clase: «No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy». ¡Hazlo ya, coño!

Biznaga estarán presentando ¡Ahora! en una gira que ya tiene las siguientes fechas confirmadas:

11 de octubre: Zaragoza (Fiestas del Pilar)
12 de octubre: Barcelona (Paral.lel 62)
19 de octubre: Alhaurín de la Torre (La Térmica Village)
25 de octubre: León (Espacio Vías)
8 de noviembre: Fuenlabrada (EnVibe Fest)
16 de noviembre: Pamplona (Tótem)
28 de noviembre: Valencia (Moon)
29 de noviembre: Castellón (Terra)
30 de noviembre: Alicante (Baluarte. Castillo de Santa Bárbara)
5 de diciembre: San Sebastián (Dabadaba)
6 de diciembre: Bilbao (Kafé Antzokia)
7 de diciembre: Vitoria (Jimmy Jazz)

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