Fotografías: Sara Cartas
Carlangas es gallego, pero también es madrileño, casi castizo. Lleva ya dos décadas en la capital y se siente como uno más. No ha perdido su acento -hay lugares que uno nunca abandona-, pero siente Madrid como su ciudad y Carabanchel como su barrio. Lo conoce, lo recorre, lo vive, lo habita, se relaciona con su gente, va a sus bares y comercios y lo siente como propio desde el día que se instaló aquí. Quedamos con él a escasos minutos de su casa, en la oficina a la que se ha mudado recientemente su sello raso, para charlar de su nuevo álbum y de todo lo que ha aprendido en este tiempo de búsqueda.
Universo paralelo es su tercer trabajo en solitario y en él hay algo de Novedades Carminha, pero también está el poso de todo el camino y la investigación que han definido sus dos entregas anteriores. Es una vuelta a casa, a las guitarras y al rock, y a una forma más instintiva de entender la música. Pero también supone para Carlangas un lugar en el que se ha encontrado por fin a sí mismo, tanto a nivel musical como emocional. Su carrera empieza ahora, como él mismo afirma, y lo hace sabiendo exactamente lo que quiere, siendo consciente del punto de partida y del rumbo a tomar a partir de este momento.
De todo ello hablan las canciones de Universo paralelo, además de la necesidad de encontrar un remanso de paz en este mundo tan incierto y, por momentos, delirante que nos ha tocado vivir. Y de todo esto conversamos con Carlangas, descubriendo que por fin está feliz y en paz consigo mismo, y que se ha reconciliado con muchos aspectos de su vida y de su carrera. Tiene la ilusión del que comienza en esto, pero con la experiencia que le han dado tantos años de carretera. Está en su mejor momento y nos ha regalado uno de los álbumes más destacados de este año: directo, profundo, urgente y adictivo. Universo paralelo suena convincente porque no esconde nada, al contrario, muestra todo lo que su creador lleva dentro y que por fin puede expresar con la firmeza de sentirse plenamente representado.
Estamos en tu barrio y me resulta inevitable preguntarte por él. Quería que me hablaras de ese sentimiento de pertenencia que tienes con él.
Yo llevo 20 años en Madrid. Caí en el centro, como casi todos los que venimos de una provincia diferente. Caí por Malasaña porque yo era muy pro Malasaña, por el rock and roll, por todas las historietas que me habían contado o había leído ya desde los 80 porque, al final, uno es un friki de todo ese rollo, del bar donde Los Enemigos dejaron su primer disco… de todas esas cosas.
Esa era mi referencia, pero llegó un momento en el que, tras pasar por varios sitios del centro de la ciudad, me fui a vivir a Vallecas porque me entró un rollo bestial con la rumba y dije: «Quiero ir a vivir al sitio desde donde hablan Los Chichos«. En ese momento tenía una novia que también era una friki y le gustaba ese rollo, así que nos fuimos para allá y me fascinó. De hecho, la gente pensaba que ya no vivía en Madrid porque no bajaba casi nunca al centro por estar empapándome del barrio. Me hice socio de una peña flamenca, iba a garitos de heavy metal… un rollo muy vallecano y muy guay.
Luego, con los años, di con esto y me vine a vivir aquí. A mí me gusta bastante habitar en el sitio donde hago vida y conocer a la gente, y aquí me conozco a todos, a los nuevos y a los viejos. Es un barrio que está en un cambio constante, que sufre los mismos problemas que sufre toda la ciudad con la vivienda y la precariedad. Hay mucha gente que vive aquí desde hace muchos años y otros que llegaron hace poco como yo. Sigue llegando mucha gente.
Es un barrio obrero que de repente te lo venden como el Beverly Hills de Madrid o algo así, por todas las galerías de arte y demás. Yo soy bastante escéptico con todo eso, sobre todo porque ahora mismo vengo de una reunión con un abogado, para echarle un cable a un tabernero al que le han cerrado el bar porque quieren vender el edificio. Para meter caña estamos usando un despacho de abogados desde el que me ayudan a revisar los contratos. Es que realmente están vampirizando bastante la zona. Pero, aparte de todo lo chungo, este es el distrito de San Isidro y creo que hay un sentimiento como muy de aquí, de toda la vida. Me han permitido, de alguna manera, meterme en el ajo.
Esto también me pasa en Santiago. A mí me gusta vivir a flor de piel las cosas y que me cuenten. Me gustan mucho las historias. Me gusta mucho también lo que está pasando ahora porque, si lees la prensa, parece que esto es un barrio como de ricos, incluso, y no deja de ser un barrio obrero. Mola porque hay gente que está emprendiendo y a mí, mientras sea desde un punto de vista respetuoso y siendo conscientes de dónde habitamos, me parece muy bien todo lo nuevo.
Antes del concierto de San Isidro publicaste un video en el que hablabas de lo que significaba para ti actuar ahí.
El concierto fue muy especial porque se juntaron mi hijo y sus compañeros de clase que tienen cuatro años, con sus padres, con fans míos que van a los conciertos, con vecinos de toda la vida de los bares donde yo paro… Había 10.000 personas de todo pelaje y yo que siempre reivindiqué la cultura popular… pues nada más popular que tocar en tu barrio, en las fiestas de San Isidro delante de 10.000 personas.

«Cuando paramos con Novedades Carminha, tuve la sensación de que no iba a poder volver a hacer una canción nunca más»
Vivir en un barrio como este supongo que te conecta más con la realidad. Muchos artistas tienden un poco a encerrarse en sí mismos y quizás, aunque vivan en un barrio, no lo viven a pie de calle. Tú eres más de “vivir el barrio” y no solo vivir en él.
Sí, yo de hecho tengo una guitarra colgada en un bar que puedo utilizar cuando quiera. Eso lo viví así desde adolescente. En Santiago hay mucha tradición de eso, que se para la peña a cantar en los bares, y a mí siempre me moló mucho. Eso conecta mucho a las generaciones alrededor de la fiesta y para mí la música va bastante por ahí.
Este es un barrio obrero, con un montón de problemáticas como has dicho, aparte de muchas cosas positivas. Entiendo que esos temas de precariedad también son inspiradores para escribir canciones o para hacer cualquier tipo de arte. ¿Dónde te sitúas cuando surge la opinión de que a los artistas hay que exigirles cierto posicionamiento?
Yo creo que para los artistas y las personas en general, hay una responsabilidad civil de posicionarse. ¿Qué pasa? Que te puedes posicionar de muchas maneras. No estoy de acuerdo en posicionarse como quieren que lo hagas todo el rato. Yo siempre me he posicionado, con mi forma de hacer, con mi forma de habitar el mundo, a veces más explícito, otras veces más poético… Entonces, yo entiendo que es duro habitar y por eso este disco se llama Universo paralelo. Llevamos unos cuantos años bastante duros a nivel social, a nivel global, de muchas guerras, genocidios en directo… muchas cosas que afectan directamente a cualquier persona sensible y empática.
Por eso para mí es clave posicionarse, pero el tema es cómo. Todavía lo estoy pensando. No te voy a dar una respuesta definitiva, porque hay veces que te dan ganas de decir, «hijos de puta, os mataría a todos», pero al final estás entrando en su juego y, si está habiendo guerras televisadas o retratadas a través de las redes sociales, es porque a ellos les interesa que eso ocurra. Todo eso no ocurre porque sí. Entonces, no sé si yo debo amplificar esas imágenes de terror o si puedo hacer canciones que habiten en un universo paralelo y hablen de que tenemos que encontrar la manera de protegernos de esto, pero sin dejar de mirar para ahí y apoyar estas causas. Es una posición difícil.
Por tanto, Universo paralelo reivindica ese habitar de otra manera el mundo en el que vivimos. Un refugio para mantenernos un poco a salvo.
Para mí es necesario porque hay una cosa que yo estoy pensando mucho en el último año, que es que no te puedes dejar llevar por toda esa mierda. No hablo de mirar para otro lado, sino de tener un punto de cuidarte a ti para poder cuidar a los demás, de fortaleza personal para decir: «Yo no puedo caer en donde quieren que caiga. No puedo caer en la depresión de estar viendo desgracias todos los días». O sea, hay que buscar un cabo donde atar la cuerda para salir a flote, porque si no, nos tienen donde quieren. Por eso yo estoy en una búsqueda de hasta dónde debo ir con la crítica. Pero bueno, que yo lo haga no es lo mismo que si lo hace Bad Bunny o Rosalía, que tienen una amplificación a nivel mundial.
Volviendo al inicio a la pregunta, sí que creo que es interesante posicionarse, pero ya te digo que para mí el posicionamiento tiene muchas aristas.
Este es tu tercer trabajo en tres años. Eso indica una gran productividad y no sé si responde a una sensación de libertad al parar con Novedades Carminha y querer sacar todo lo que llevas dentro o a una búsqueda de dar en la tecla de lo que a nivel artístico crees que estás buscando.
Tenía muy poco guardado, la verdad. Novedades Carminha precisamente lo dejamos por un estado de agotamiento bestial y yo ahí sentí pánico porque tenía la sensación de que no iba a poder volver a hacer una canción nunca más. Entonces, ese primer disco que hice fue en plan «me voy a quitar esta sensación de encima, pero a golpes». Fue un proceso complicado para mí, llevaba en una banda muchos años, con mis amigos… dejar todo eso es complejo. Ahí me monté un poco en el caballo de la composición y dije: «A ver si puedo seguir haciendo esto o de repente se acabó mi carrera artística».
De ahí vienen los dos primeros trabajos. En esos discos intento alejarme mucho de donde venía y probar con cosas más electrónicas, con cosas más latinas, con cosas que se construyen diferente, buscándome un poco, hasta que, de repente, me apetece volver a un sitio donde me reconocía muy mucho. No es que en los dos primeros discos no me reconociese, pero estaba emprendiendo un viaje personal que acabó aquí, en este Universo paralelo.
En ese sentido, ¿Universo paralelo es una parte más del camino o sientes que es un lugar al que has llegado?
Universo paralelo creo que es el último paso de esa búsqueda. O sea, quería saber qué es lo que me sentaba guay, investigar en otras formas de hacer las cosas… Hay cosas muy interesantes que me pasaron en los dos primeros discos a nivel artístico que me gustan y estoy contento. O sea, no rechazo ningún proceso, me gustan los discos, pero sí que es verdad que llego a Universo paralelo cogiendo elementos de los otros discos y digo «esto es mi casa». Entonces, a partir de aquí es desde donde voy a construir mi carrera.

«Con este disco he encontrado mi sitio»
Supongo que estas canciones han surgido en poco tiempo, ¿verdad? Háblame de ese proceso.
Sí, estas las hice de abril de 2025 a marzo de este año. Al mes y medio de terminar el anterior ya me pongo con las ideas. El anterior disco, Bailódromo, es una cosa muy diferente a lo que había hecho y me mola. Hay tres o cuatro temas que toco en directo y que creo que es difícil que ya se vayan de mi repertorio, aunque sí que es verdad que las toco adaptadas al sonido de ahora. De repente veo que está guay, que me gustan “Tiemblo”, “Mucho con poco” o “Siempre vuelve”, pero que es el momento de volver a casa. Y mi casa, desde la adolescencia, es el rock. Rock en un sentido amplio, no el rock por el libro de Cursos CCC. Así que me puse a investigar más en el rock, con todo lo que venía haciendo anteriormente.
Claro, la gente ahora me dice que esto se parece mucho a Novedades Carminha. Yo creo que es diferente porque Novedades Carminha, al final, es una energía muy concreta, de cuatro personas muy concretas, y esto es con otra gente. Pero entiendo que lo dicen por las sonoridades, la tímbrica y todo eso.
Hablas de volver a casa y entiendo que el rock es al final lo que te empujó a hacer música en su día. Cuando echas la vista atrás y te ves de pequeño escuchando esos discos, canciones o artistas, ¿ves que tu amor por la música o tus ganas de dedicarte a eso fue algo progresivo o hubo algo que supusiera una revelación?
Los primeros recuerdos son de los viajes en coche. Yo vibraba mucho con la energía de la música que me ponían. Y luego, ya un poquito más mayor, me regalaron un reproductor de casete o CD, no recuerdo bien, pero sí recuerdo la capacidad que tenía la música de evadirme de absolutamente todo. A lo mejor estaba ahí con exámenes o con los primeros amores y esa era mi compañía y mi energía. Yo lo vivía como si estuviera dentro, pero estaba muy lejos y en Santiago de Compostela no había ningún grupo que se dedicase profesionalmente a la música. Era una cosa bastante loca e impensable para mí. De hecho, nunca pensé dedicarme profesionalmente a la música, ni siquiera a día de hoy. Fue pasando.
¿Cuál era esa música que escuchabais en el coche?
Yo recuerdo mucho Los Rodríguez, recuerdo mucho Siniestro Total, Golpes Bajos, toda esa movida de los 80. Luego, más adelante, Manu Chao, Mano Negra… las cosas que molaban. También recuerdo algún disco más antiguo de Led Zeppelin. Y luego ya, con catorce años o un poco antes, empecé a investigar por mi cuenta. Sale el Is This It de los Strokes y, de repente, ya vuelve el rock y eso conecta con las cosas que a mí me hacían vibrar. Llegué al britpop después porque en la época dorada del britpop yo tenía a lo mejor nueve años o así y no me enteraba más que de algunos vídeos musicales de la MTV. Llegué primero al indie de los 2000 y luego hago un review y me vuelvo loco con Blur, con Beck, los Beastie Boys y todo ese rollo.
Aún sigo flotando, eh. Esa vibra no se me fue. Entonces, esta es una manera de habitar ese mundo, con sus pros y sus contras. O sea, me da mucho, pero también es muy exigente porque yo curro mucho.
Estar al día como oyente también es un curro. No sé si también te refieres a eso.
Yo no estoy tan al día, la verdad. Sí que me entero de las cosas que van saliendo, pero no de todo. Es que, al volumen que se edita ahora, no me da la vida, no tengo tiempo para hacerlo.
“Podría ser peor” abre el disco y de primeras a mí me parece curioso que sea una colaboración. A priori no recuerdo ningún disco que arranque con una colaboración. Además, fue el primer adelanto de Universo paralelo. ¿Por qué tomas la decisión de que esta sea la carta de presentación del álbum, no solo como single, sino como apertura del disco?
Pues mira, yo no hago los órdenes de los discos… se los dejo a mi novia, que es DJ y tiene un sentido rítmico muy potente de las cosas, mucho más que el mío, y sabe combinar muy bien las canciones entre sí. Yo luego debato con ella, pero el primer churro lo hizo Natalia. Yo a veces propongo otras cosas y me dice «joder, es que esto no cuaja». Ella ve un poco más allá.
A mí el orden del disco me parece súper importante y estoy muy contento con el orden de este. Es una cuestión única y exclusivamente artística. Sí que es verdad que creo que es una canción que llama mucho la atención, y yo me enteré con la nota de prensa de que había entrado en el top viral. Me alegra mucho que una canción grabada en directo, sin click, casi hecha de forma artesanal, se meta en el top viral. Por mucho que esté Leiva, que es una maravilla tenerlo, esto es una cosa friki y es bastante raro competir ahí con todo el “reguetonazo”.
La canción se metió en los 50 más virales durante un par de semanas, así que pensé que está muy bien que la peña esté conectando con una cosa que hace tiempo que no se escucha, y dije: «Ahí estaban los fans de todo este rollo» [risas]. Vuelvo al principio de la entrevista, que llevaba tiempo volando por ahí y, de alguna manera, tenía a la peña despistada, no le estaba dando a mi público más habitual lo que quería comer: las guitarras.
La primera frase del tema y del disco es: «Tracé mil planes sin cumplir ninguno». ¿Te quedan muchos planes por cumplir aún?
Hombre, para mí esto es el principio de la carrera en solitario de Carlangas. O sea, es una trilogía de transición entre Novedades Carminha y lo que yo quiero hacer. Aquí también se ve el disco más tranquilo, un poco más reposado -aunque lo hice a toda hostia-, pero de repente veo que encuentro el sitio, y eso no lo tenía tan claro hace un año con Bailódromo. Con ese disco, a pesar de que me puede gustar, no acababa de decir, «esto es lo mío, esta va a ser mi carrera». De repente, aquí digo: «Este es el lugar».
En ese sentido, entiendo que las canciones y los discos te sirven para saldar cuentas contigo mismo. ¿Con este disco saldas alguna que tenías pendiente?
Sí, claro. En todas las canciones un poco. En “Podría ser peor”,por ejemplo, me siento bastante identificado con el hecho de que la cabeza me va a mil, que a veces soy un poco veleta, que hago planes y luego no los cumplo… Aunque soy bastante ordenado, a la vez soy desordenado, por eso lo de “Podría ser peor”. La cago muchas veces y es una expiación de los pecados [risas].

«Por muy jodido que estés, como ser humano te tienes que permitir tener un sitio donde agarrarte y tener tu momentito de paz»
Cuando presentaste la canción “Universo paralelo” decías que está inspirada en la gente que no se encuentra y que con esta canción reivindicas los sitios de paz individual y colectiva.
Por muy jodido que estés, como ser humano te tienes que permitir tener un sitio donde agarrarte y tener tu momentito de paz. Puede ser tomarte un café por las mañanas en un bar que te mole, tú solo en silencio, puede ser permitirte un viaje o pueden ser cosas más pequeñas, o tomarte una lata de cerveza en un parque con un amigo. Pero tiene que haber esos sitios porque si no, tenemos la batalla perdida.
Tiene que haber sitios para nosotros, donde seamos el centro, sin olvidarnos del resto y siendo empáticos, porque si no solo lo vamos a sufrir, como te decía al principio. Entonces, a veces hay que ponerse las gafas de sol por la noche, hacer la guerra por la paz mundial e ir un poco a la contra y buscar tu lugar. Es que si no, nos dejamos arrastrar, estamos todo el día enganchados a un móvil, viendo desgracias y eso nos mina como sociedad y a nivel individual. El universo paralelo es ese sitio.
Esta es mi canción favorita del disco y está inspirada porque yo era el que no me encontraba y me fui a un hotel restaurante de carretera en Villarrobledo, Albacete. Me fui con un amigo y una guitarra. No hice ningún tema ni nada, estuve allí tres días de invierno, con un frío increíble, y salí de ahí renovado. Mira que las condiciones eran jodidísimas, porque era un frío polar en Albacete, un sitio de carretera donde no paraba de pasar gente y era todo loquísimo, pero para mí fue un bálsamo. Fue ese universo paralelo que me permitió parar un rato para saber a dónde quiero ir. Y de ahí nace todo el disco.
¿Ese es el punto de partida del disco?
No de la música, pero sí de la idea. Fui con un amigo que estaba un poco tocado también porque no se encontraba en su curro y tal. Y ahí, los dos comiéndonos un bocadillo y hablando de la vida, filosofamos sobre lo importante que es comunicarse y tener estos espacios. Para mí fue como para la peña puede ser ir a un spa y que te hagan un masaje de una hora.
Es que, al final, cada vez es más difícil encontrar esos espacios de los que hablas.
Eso se acabó con los móviles. Estamos hiperconectados y todo el rato buscamos la perfección. Tiene que ver también con la exposición total. Todo el rato tiene la peña que saber dónde estás, qué haces y además salir guapo. Y luego tiene que ver también con la ambición. Con esto me voy a la música. Hay gente que nunca va a estar contenta. Si tienes un millón de oyentes, quieres tener un millón quinientos mil; si llenas la sala But, quieres llenar el WiZink. Así nunca te permites parar a disfrutar. Hoy justo leía una declaración de Ibrahimovic que decía que él nunca disfrutó de ningún título, porque era tan ambicioso que no se lo permitía. Eso me parece una mierda. Es un tío ultra exitoso, que lo ganó todo gracias a esa ambición, pero, joder…
Como que solo piensas en lo siguiente.
Eso es. ¿Cuál es tu Copa de Europa favorita? La siguiente. ¿De verdad estamos montados en esa carrera y queremos vivirla? No quiero que esto suene derrotista ni un mensaje poco ambicioso. O sea, a mí me encanta tocar para mucha gente, cuanta más mejor. Ahora voy a hacer la sala Riviera y la sala Apolo en Barcelona. Para mí, como solista, son fechas muy especiales y que ya con Novedades Carminha nos costó mucho llegar a llenar eso. Si ahora se llena enseguida, de puta madre; que vienen 1500 personas, de putísima madre. O sea, a mí me parece un milagro de la vida poder hacerlo. Estoy intentando vivir así la música… La música y la vida en general. Es que si no… no sé si merece la pena.
Lo que sí que parece que está ocurriendo es que muchas bandas o artistas, a la hora de reservar salas, piden la siguiente a la que les tocaría. Eso hace que muchas veces no se llenen esas salas y tiene mucho que ver con el hecho de tener que reservar espacios con tanto tiempo de antelación.
Yo llevo una carrera larga, tengo una base de público y estoy contento en el lugar que habito. Lo que estoy es frenando los caballos para intentar que la ambición no me lleve a lugares que me hagan más infeliz, básicamente. Es que si no, te dejas arrastrar por ese impulso industrial y, precisamente, yo lo que quiero es espacio. Ahora mismo, lo que necesito es espacio para hacer muchos temas porque ahora que encontré la voz…
¿Para seguir sacando un disco por año?
No. Ahora ya no. Ahora que me encontré, no pienso sacar un disco por año. Ahora quiero hacer un disco largo, hacer 25 temas para escoger 12… este tipo de cosas. Eso es lo que me pide el cuerpo. Producirlo como me dé la gana, donde me dé la gana y si tengo que parar un año, pararé, y si me sale para el año que viene, lo sacaré el año que viene. Pero no me voy a exigir nada.

«Ahora hemos mejorado en tecnología, pero en inteligencia emocional muy poco»
“Si lo sé no vengo” es una canción cargada de “consejitos”. Háblame de ella.
Es el típico personaje que, en cualquier ámbito de la vida, siempre te dice el coche que te tienes que comprar, el barrio donde tienes que vivir, la novia que te tienes que echar… Es como, «déjame vivir tranquilo, tío. Tú tampoco estás tan guay, ¿qué me estás contando?» [risas].
En “Gran Vía” hay una referencia al “Corazón partío” de Alejandro Sanz y con esa excusa quería preguntarte si tienes “placeres culpables” a nivel musical.
La verdad es que no tengo ningún tipo de placer culpable.
O sea, que eres de los que disfruta con todo tipo de música y no se siente culpable o no le da vergüenza.
En absoluto. Máximo respeto para la música. O sea, puedo conectar más o menos, en concreto con Alejandro Sanz nunca conecté tanto con sus canciones, pero bueno, es que “Corazón partío” ya no es solo una canción, es una frase popular casi.
Dentro de la decadencia de ir llamando la atención por la Gran Vía, no sé si fue tan así, a lo mejor es una hipérbole, pero sí que me he visto perdido por Gran Vía cuando llegué a Madrid, que no sabía dónde estaba. Me acuerdo de ir por ahí borracho después del Wurlitzer… y bueno, mil aventuras por ahí porque vivía en la calle San Vicente Ferrer y ese era mi ambiente. Lo del “Corazón partío” es porque a mí me mola mucho hacer referencias, desde siempre. Fíjate que aquí, en esta misma esquina, vivió Manzanita y lo referencié en la canción “Verbena” de Novedades Carminha, con «tu pelo, tu pelo, tu cara, tu cara», y luego acabé viviendo casi en la misma calle.
Dices que cuando llegaste te sentías perdido por la Gran Vía. Muchos, aunque seamos de Madrid, también nos sentimos cada vez más perdidos, cada vez reconocemos menos la ciudad.
Yo tampoco me reconozco en la Gran Vía esta que parece un aeropuerto. Me siento súper desubicado. Ayer estuve en Los 40 y me pasó eso, en plan, «¿pero dónde estamos, tío?».
“Vienen a por ti” está cargada de advertencias y consejos para, precisamente, librarse de lo que nos acecha. ¿A qué peligros te refieres en esta canción?
Yo estaba soltando mucho en este disco y ya te digo que lo empecé bien abajo, en el restaurante Sol de Villarrobledo. Bueno, esto es una adaptación de un poema de Accidents Polipoètics, que era un colectivo de poesía de vanguardia de Barcelona.
El año pasado estaba bañándome en las Rías Baixas con un amigo periodista que me dijo: «Tienes que leer esto y escuchar cómo hacen la performance ellos». Fue uno de los flashazos del año y quise adaptarlo para hacer un tema. Es que era absolutamente abrumador y contemporáneo. Estaban hablando de unas cosas que siguen pasando día a día. Ahora hemos mejorado en tecnología, pero en inteligencia emocional muy poco. Eso es de principios de los noventa o así, una época que llaman de prosperidad, pero que no es tan así en España. Esta peña tendría sus problemas y estarían cargados, igual que estaba yo el año pasado, por eso conecté muchísimo. Así que les pedí permiso, hice la adaptación y me parece un letrón, la verdad.
Háblame de “Familia S.L.”, que es otra de esas canciones dirigidas a terceras personas.
Ahí tenía que ajustar cuentas. A mí siempre me parecía un regalo esto de la música, pero tuve algunos encontronazos y problemas, aunque tampoco de gravedad extrema. Pero es que estas cosas a mí en realidad me afectan porque soy sensible a todo eso y porque yo protejo mucho todo lo artístico y mi vida profesional. Tendría que comérmelo con papas, aunque supiera que era una injusticia, pero me di cuenta de que esas cosas me estaban cargando la mochila y tenía que descargar un poco.
Así que hice esto, que al final es una canción hecha para el típico que te abraza, que te dora la píldora, que prácticamente te hace sentir como un hijo o un familiar y, de repente, cuando vienen mal dadas o tú decides otras cosas que pueden no gustar, al término familia le ves la realidad: que es un término siciliano y mafioso. O sea, familia cuando te viene guay, pero cuando yo decido que quiero tomar otros caminos de forma legítima, hay cuchilladas.
“Problemas” es una canción con la que intentas dejar claro que todos sufrimos y tenemos problemas (valga la redundancia), pero quería preguntarte si esta canción tiene más un sentido terapéutico para ti (exponiendo que eres humano) o es más una forma de acompañar a los demás.
Tengo canciones de introspección, como “Podría ser peor” o “Universo paralelo”, pero en este caso estaba soltando también, igual que en “Familia S.L.”.
De repente, estaba vampirizado, me estaba chupando la sangre mogollón de gente que me contaba problemas pequeños, porque yo en ese sentido creo que soy empático con las personas que me rodean, pero eran problemas de mierda [risas]. Problemas que tienen más que ver con el ego que con algo real, o sea, peña que le va de puta madre en la vida y que está con la nube negra. Así que yo decía: «Esto tiene una energía negativa que no merezco. Apártate un ratito, date un paseo, cambia la energía y luego vuelve a darme una vida feliz porque yo no me merezco estar recibiendo un día detrás de otro esta puta chapa de que todo el mundo va contra ti, de que nadie te quiere, etc.»
O sea, que tiene dedicatoria especial.
Pero no solo a una persona, no es personalista, sino que es hacia un colectivo de personas con un ego enorme, que les va todo de puta madre, pero que deciden pasar su vida contándole problemas a la peña y dando unas chapas brutales.

«Recuperar las riendas de mi vida era la única manera de seguir haciendo lo que me gusta»
Es curioso que el “Interludio” del disco llegue casi al final. ¿Por qué decides que haya esa pequeña pausa o respiro justo antes de la última canción?
Bueno, es como una intro de la última canción. Decidí meterla porque tiene un sentido. A lo mejor el interludio es la canción que más sentido tiene de todo el disco. Yo hice el disco con un colega que se llama Pastor, que era pescador en las Islas Canarias cuando tenía 18 años o así. Lo conocí porque se vino a la península y acabó currando de backliner en Novedades Carminha. Yo no tengo facilidad para dormir durante el día, entonces, mientras iba toda la furgoneta sobada, yo iba con él en la parte delantera escuchando discos de Thin Lizzy, de los Libertines… de rock and roll en general.
Descubrí en él un tío talentosísimo, un súper músico y, además, un súper amigo. Mucho antes de hacer este disco, creo que aún estábamos Novedades Carminha en activo, le dije que si me podía dar unas clases, porque él tiene como la carrera de guitarra o algo así. Es un tío que no tuvo suerte en la música porque no encontró su proyecto o su lugar y, de repente, lo descubro, nos hacemos amigos y le digo si me puede enseñar las canciones de Los Panchos y boleros de Antonio Machín y tal. Yo me quería despejar un poco del rock and roll y siempre me había sentido muy atraído por esa movida.
Pues esta canción, que puede parecer una intro de una canción de Led Zeppelin, donde Jimmy Page tocaba la guitarra, en realidad tiene que ver con secuencias de acordes que fuimos mezclando de canciones de Los Panchos. Por eso la metí, porque eso en realidad fue lo que nos unió, y por eso estábamos en el restaurante Sol hablando de hacer un disco. Así que metimos el “Interludio” porque era la primera piedra y no se podía quedar fuera. Él me hacía anotaciones y me ensañaba secuencias de temas como “Adoro”. Es que Los Panchos tienen una capacidad sobrenatural para armonizar las canciones, ¿sabes? Cuando le ponía el “Interludio” a la peña, decían que parecía el inicio de “Michelle” de los Beatles y yo pensaba: «Si supieras de dónde viene toda esta movida…» [risas].
El disco termina con “Lo quiero todo”, una canción que deja una sensación un tanto amarga. Admitir que uno está roto, que sonríe para disimular… Es una letra bastante sincera y en la que te expones.
Así me sentía, precisamente por descontrolar mis tiempos y lo que yo necesito para estar guay. Estaba trabajando para otros, pero el proyecto es mío, mi vida es mía y, en todo caso, en mi hambre mando yo. Estaba buscando la calma a toda velocidad y me cargué muchísimo. Eso me llevó a una tristeza bastante gorda, pero no es de los últimos tiempos, esta es una sensación amarga que arrastraba ya desde el final de Novedades Carminha. Era hacer todo rápido y vivir para darle cosas ¿a quién? si al algoritmo ese yo no lo conozco de nada. Yo no hago cosas para gente que no quiero.
Entonces, me di cuenta y esa canción va de eso, de recuperar las riendas de mi vida, porque es la única manera que me va a permitir seguir haciendo lo que me gusta. Todo el disco fue un proceso de escupir, pero muy sanador.
O sea, que has terminado el disco y te has quedado a gusto, ¿no?
Súper a gusto. Porque escupí y, sobre todo, porque antes de hacer las letras tienes que analizarte y decir «¿qué coño me está pasando?» O sea, a mí me va bien con Novedades Carminha, empecé un proyecto en solitario, que es rarísimo que enganche porque la mayoría de artistas que salen de una banda que tiene cierto éxito no son capaces de continuar y, de repente, soy capaz de continuar y siento el apoyo de la gente. Vas a Spotify y ves que la peña me escucha, que viene a mis bolos… Siento que soy un privilegiado que flipas, tanto a nivel profesional como personal, pero estaba triste, tenía un pesar y unas ansiedades malas, y era por eso, por no tener el control de mi situación. Era querer buscar la felicidad a través de montarte en algo descontrolado y que no te viene bien.
Entonces, este disco viene de querer hacer cosas que me vengan bien. Al final, la música son energías y emociones que tú trasladas a la peña. Los artistas trasladan emociones, aunque también pueden poner el foco sobre problemas, como hablábamos antes. Pero esto lo hice para mí y entiendo que esto le pasa a mucha gente también.
Aunque esto lo hiciste para ti, ¿qué sensaciones te gustaría dejar a la gente ahora que todo el mundo puede escuchar el disco completo?
Que a veces hace falta enfrentarse a las cosas, pensar un poco en ti, no en lo que quiere el resto de ti, y eso sirve para brillar. En mi caso, ahora tengo más ganas de las que tuve nunca o, por lo menos, en los últimos 8-9 años, de enfrentarme a hacer música, porque encontré la vía. No sé si lo que a mí me sienta bien es lo que va a funcionar mejor, pero me da un poco igual.
Claro, pero igual no todo el mundo tiene que irse al bar de Villarrobledo para encontrar eso.
Yo lo recomiendo [risas]. Eso viene también porque yo soy muy fan de las películas de Aki Kaurismäki. Estuve viendo todo el puto año películas suyas y todas son como en polígonos, en puertos, etc. y yo iba buscando un poco esa vibra.

