Fotografías: Darío Bravo
Al llegar a un lugar determinado, no siempre lo más interesante es ese destino perseguido, sino que la riqueza se encuentra en el camino, en la experiencia de lo vivido, en lo aprendido durante ese transitar de búsqueda y reflexión. El nuevo álbum de Depedro habla precisamente de eso, de valorar lo que tenemos cerca, lo mundano, más que de llegar a conseguir un objetivo más o menos idílico. La esperanza activa como concepto para conseguir llegar a Un lugar perfecto, que es precisamente como se titula el trabajo en el que Jairo Zavala ha exprimido al máximo su capacidad compositiva y de escritura de canciones, conteniendo posiblemente algunas de las mejores letras de toda su carrera.
La carrera de Depedro siempre se ha visto impregnada por multitud de influencias y latitudes, de paisajes y colores, que han hecho que su música adquiera un carácter viajero, humano y tremendamente emocional. Es así como se ha ido construyendo su carrera y como ha ido incorporando nuevos sonidos a cada paso dado. Un lugar perfecto (2024) bebe sobre todo del folclore latinoamericano y en sus canciones encontramos multitud de texturas que evocan diferentes lugares de ese continente. Diez canciones donde el amor, la memoria y el presente son los protagonistas, y que llevan implícitas todas ellas el sabor a tierra de ese camino recorrido por su autor.
Hablamos con Jairo de todo lo que ha supuesto para nosotros escuchar estas canciones con el reposo y la mesura que exigen. Quizás no sea un disco de inmediatez, pero en él hay tanta carga emocional y está repleto de tantas y tan interesantes lecturas, que es imposible quedarse en la superficie. La necesidad de adentrarse en todo lo que estas diez canciones transmiten nos hace encarar esta conversación con unas enormes ganas de escuchar a su creador. Conversar con Jairo es aprender, es viajar con él y es conectar enormemente con su imaginario artístico.
Estamos aquí para hablar de Un lugar perfecto, tu noveno álbum, el séptimo de estudio. La verdad es que me está gustando mucho, creo que más que el anterior, Máquina de piedad (2021).
A mí también… Bueno, no sé si a mí también, pero sí que creo que conecta más emocionalmente conmigo.
En aquel álbum introducías algunos elementos nuevos, diferentes texturas y atmósferas. En este también hay algunas novedades.
Ya lo había metido antes, lo que pasa es que igual en ese tiene más relevancia. Ese disco era más melódico o más pop, y en este he dicho: «Vamos a ver, ¿yo qué sé hacer?». Yo creo que este tiene vínculos con el primer disco, a nivel emocional. No es que vuelva atrás, porque hay cosas que no había hecho nunca de texturas y de ritmos, pero sí que he vuelto un poco a reencontrarme. Me han ayudado a ello también.
Háblame de cómo han sido estos casi tres años y cómo ha sido ese proceso de búsqueda.
Me visualicé haciendo otro disco y produciéndolo yo, y me veía abriendo las mismas puertas y cajones otra vez. Eso me parecía muy aburrido, así que pensé que necesitaba alguien que me enseñara cosas nuevas.
O sea que todo viene de esa intención de no querer hacer lo mismo.
A mí me encantaría cambiar el curso de la música, pero no tengo las herramientas, ni la capacidad, ni el talento. Entonces, era un poco pensar si alguien podía ordenar de otra forma todo lo que yo tengo en los bolsillos. Eso es lo que ha hecho Gustavo Guerrero.
Este es un disco que, a pesar del título, no habla tanto de un lugar concreto sino que lo hace del camino hasta llegar a él.
La verdad es que este no es un disco de primera escucha, no tiene ningún asidero en la inmediatez actual. Es verdad lo que dices, que habla del proceso, pero es más un lugar emocional que te permita llegar a tener equilibrio para disfrutar de las cosas que tenemos cerca. Es que a veces miramos horizontes lejanísimos y metas, no inalcanzables, porque en parte tu vida la estás haciendo pensando siempre en un futurible, «Voy a ser una mierda o una escoria humana para conseguir aquello». Pero al final eso me parece siempre un error muy grande.
Al final es agarrarse a lo que tenemos más cerca.
Eso es. Agarrarse a lo que está al lado. A veces no, pero en muchas ocasiones lo importante es la palabra de un amigo o un familiar o tu pareja, que te dice lo que no quieres oír.

En cualquier género o disciplina hay mucho que aprender
Para hablar de este lugar perfecto, hay que beber de muchos sitios. Tú a lo largo de tu carrera lo has hecho siempre, has bebido de un montón de influencias, de países, de sonidos, de colores, de sabores… La vida como un viaje en el que empaparse de todo lo posible. Al final ese lugar perfecto tú no lo concibes como una meta.
Ahí has dado en el clavo. Las metas para mí no tienen ninguna importancia. De hecho, ahora que está tan de moda lo de la inteligencia artificial, a mí en los procesos artísticos eso me resulta completamente ineficaz, porque te ofrece resultados. Imagínate estar toda la vida estudiando y practicando para perderte el goce de hacer el cuadro… ¿qué más da como quede?. El hiperrealismo no va de imitar la realidad, a Antonio López le da exactamente igual cómo quede el cuadro, está flipando con sus pinceladas cada día y eso es lo que le interesa, ese diálogo emocional que genera con su pintura. Lo menos importante es cómo queden las cosas.
A la hora de componer tus temas, tengo curiosidad por saber cómo lo haces. Teniendo un abanico tan amplio de influencias, sonoridades, folclores, etc. ¿las canciones surgen todas de la misma manera y luego las vistes con el traje de un determinado lugar o sucede en el sentido contrario, quieres hacer una canción que suene a algo concreto y empiezas a pensarla de esa manera?
En ocasiones sí que me ha pasado lo primero que dices, pero ahora mismo estoy en un proceso que es como el tocón de madera al que le vas quitando los trozos que no te gustan y al final aparece un jarrón o un pájaro. Yo no sé lo que va a pasar, pero sí que elijo la madera con la que quiero hacer algo, y eso es la melodía, la armonía de la canción y el mensaje.
Luego, que la canción suene a una cosa u otra viene un poco después. A lo mejor melódicamente se me ocurre un ritmo en 6×8 y ahí se abre un abanico de ritmos terciarios, que en Latinoamérica hay un montón, como puede ser la chacarera, el festejo o la cueca chilena… Voy estudiando ritmos y los voy incorporando, porque soy un aprendiz, siempre lo he sido y no quiero dejar de serlo. En cualquier género o disciplina hay tanto que aprender… y luego ya, si te crees que eres maestro, puedes comenzar de nuevo y hacerlo mejor.
En el panorama musical actual hay mucha gente joven que se ve que está también metida en esa búsqueda y aprendizaje en el que llevas tú tanto tiempo.
Yo es que cuando veo discursos del tipo, «Es que la música de ahora no está dentro de mis apetencias, no me gusta». Yo pienso que ahora mismo es al revés, lo que pasa es que no estás levantando la cabeza. En cualquier género que me digas hay cosas interesantísimas. «Es que hay mucho ruido y mucha información», pero hay gente que lo está aprovechando muy bien y tú solo te quieres quedar con lo que dicen otros, sin hacer un esfuerzo y mirar entre todo el ruido que hay, porque hay cosas interesantísimas.
Has comentado antes que en este disco querías aprender de otra persona y delegar un poco ese trabajo de producción. Para ello has contado con Gustavo Guerrero. Cuéntame cómo surgió esto y por qué pensaste en él para producir el álbum.
Yo soy un admirador de su trabajo, tanto como músico y compositor, que tiene su proyecto que se llama Augusto Bracho, del que soy muy fan por cómo mira la música a nivel conceptual, y luego también ha producido a gente maravillosa a la que admiro. Yo solo pensaba «ojalá me diga que sí». Entonces tuve la suerte de que es muy amigo del batería que toca conmigo, que se llama a Martín Bruhn. Martín es una estrella mundial de la música, yo digo batería y él dice: «No, yo soy artista» [risas]. Él toca con artistas mil veces más interesantes que yo, por todo el planeta. Y nada, Gustavo Guerrero es un venezolano residente en México que se vino a Madrid, y ha sido muy intenso porque estuvo casi dos meses viviendo en mi casa. Las cosas no salen por casualidad. El trabajo no sé si será bueno o malo, pero sí que hay mucha reflexión y mucho de quitar para dejar que la emoción transpire. A nosotros sí que nos ha emocionado, ojalá al público que lo escuche también lo haga. Es que este es un disco sencillo, hay muchas cosas en él, pero no apabulla.
¿Qué crees que ha aportado él a tus canciones a nivel musical?
Sobre todo la dirección estilística del disco, los arreglos, y luego por ejemplo también la elección del arreglista de cuerdas, Juanma Trujillo, que es otro músico enorme y que hemos tenido la suerte de contar con O Kwarteto. Yo propuse que Kilema, que es un músico con el que he colaborado en un documental que hemos hecho sobre Madagascar y sobre una ONG que se llama Agua de Coco y su labor docente apoyada en la cultura y en el deporte. Este músico fue un embajador y toca muchos instrumentos, entre ellos la valiha, que es una caña de bambú rodeada de alambres, que es como la kora de Madagascar. Hay un par de colaboraciones suyas.
Gustavo también es una persona flexible, que deja aparte su ego y dice «lo que necesite la canción». Por eso creo que es tan acertada su visión. Ahora que hablamos de esto, sería injusto no nombrar también a Héctor Rojo, si me lo permites. Él ha hecho un trabajo enorme con los bajos y contrabajos, igual que con los coros. Las canciones no serían las mismas sin su aportación.

El disco creo que tiene un punto vitalista, pero con el contraste necesario para darle valor a lo importante
Tengo que decirte que no soy nada experto en sonoridades del mundo. Las aprecio y valoro, pero no sé encajar todos los sonidos en su lugar, por eso planteo la entrevista desde un lugar menos técnico.
Pues ahí tienes un mundo increíble por explorar, si te interesa en algún momento. A mí quizás me parece más interesante tu visión porque no está tan segmentada. Tú no estás contaminado como yo, que oigo una canción y por mi oído selectivo empiezo a oír la línea de bajo, o algún arreglo, o mi cerebro empieza a oír la producción… en lugar de oír el mensaje o lo que transmite la canción. Tú no pierdas eso, por favor.
A ver, es que a mí cuando alguien me hace entrevistas analíticamente pienso «qué pena», porque creo que te estás perdiendo lo interesante, que es como cuando ves una película o lees un libro, si te ha gustado o no, qué te ha transmitido emocionalmente… eso es lo importante, lo demás solo son elementos que se usan para eso. Por eso agradezco que la entrevista la estés planteando desde ese plano. Es como si hablas con un mecánico y te empieza a hablar de tuercas, imagínate [risas].
La primera canción del disco, que además fue el primer adelanto que conocimos, es ‘Lugar perfecto’. Lo que a priori (por el título) podría parecer una canción más o menos optimista, realmente habla de ese momento en el que uno se da cuenta de que una relación se está perdiendo.
Es verdad, pero yo soy muy optimista en realidad. El disco creo que tiene un punto vitalista, pero con el contraste necesario para darle valor a lo importante. Hay que tener muy presente que somos muy frágiles y por esa fragilidad tenemos que cuidar lo que consideramos importante.
En la nota de prensa del disco se habla de ‘La gloria’ y del «heroísmo de la vida diaria». La canción habla de la fragilidad de la memoria y del futuro, del poder de la esperanza…
La esperanza es muy importante en este disco.
Háblame de eso, de la importancia que le das a la esperanza.
Hay una frase que dice que «la esperanza te salva de la caída». Uno de mis mejores amigos, que es escritor, Luis Alberto González Arenas, siempre dice que la esperanza es una palabra que etimológicamente incluye la espera, la espera en resistencia. Ese acto es muy común y muy entendible, porque tú esperas que pase algo. Precisamente eso es la esperanza. Eso es imprescindible que nos acompañe, que nos sirva de asidero para entender este mundo que tiene tantos vaivenes. Pero claro, se trata de esperar activamente. La esperanza no te devuelve nada si tú no aportas, hay que tener esa consciencia de que tenemos que ser activistas de nuestra voluntad. Hay que hacer cosas y ponerte en una dirección adecuada.
Como la canción siguiente del disco, ‘La siembra’, que habla precisamente de ir dando pasitos poco a poco, de ir haciendo un camino e ir sembrando cosas para mejorar nuestra vida. ¿Qué semillas crees que son las más importantes?
En los pueblos originarios de América tienen un par de frases muy potentes, aunque sean un poco dogmáticas. Una es: «Nos enterraron, pero no sabían que éramos semillas», pero luego esa semilla cuando germina no se puede quedar en una pequeña plantita, tiene que llegar a árbol. Otra vez ahí hay que seguir trabajando y construyendo un mundo mejor posible. Entonces, la siembra es importante, pero no solo basta con eso, porque lo más importante es el proceso.

Me considero un pasajero. Me gusta sentarme, que me roce el de al lado y que eso sea una excusa para una conversación
En muchas de las preguntas que te estoy haciendo, te remites a tus viajes.
Este disco tiene mucho de homenaje al folclore latinoamericano y a la visión mesoamericana, la cosmovisión. Está muy influenciado por eso. Quizá sea el disco más «cuasi conceptual», por la ideología de las canciones, que tienen un argumento casi común.
Siempre te has considerado un viajero…
Me considero más un pasajero. Me gusta que me lleven, sentarme, que me roce el de al lado y que eso sea una excusa para una conversación. Qué aburrido es meterte a viajar como se viaja ahora, que entras en un avión como quien entra en un ascensor, y te dejan en un sitio a ver postales. El turismo es maravilloso, pero yo no quiero viajar así.
Y tu música es imposible de concebir sin todo eso.
Quizás sí, desde luego. Todo lo que hago está activamente vivo con lo que me va pasando. He viajado mucho, no sé si ya no lo haré más, pero sobre todo intento que esos viajes no sean solo físicos y geográficos, sino personales, y que me hagan reflexionar para llegar a sitios aún más interesantes. Yo no me quiero quedar con la edad que tengo ya viviendo de la nostalgia, quiero estar en continua evolución. Como decía un amigo, «esto recién comienza».
Al final es un caldo de cultivo que nunca se va a acabar.
Espero que no. Mientras tenga salud…
En ‘Habilidad’ expones el error y el desacierto casi como factores positivos de la vida. Me gusta mucho esto porque últimamente son muchos los artistas que lo están poniendo en valor.
El derecho al tropiezo, el derecho a comenzar otra vez porque te has equivocado. Es que la habilidad, como término, a veces es un obstáculo enorme. Si yo soy hábil en algo, me voy a agarrar a eso y no voy a profundizar. Te habrá pasado, que compañeros tuyos tengan más habilidad o talento que tú, pero tú por tu perseverancia o por tu curiosidad, has superado eso. En los cuentos míticos hay un montón de ejemplos, como La liebre y la tortuga, que hacen referencia un poco a ese concepto.
Y en cuanto a lo que tú estabas diciendo, que muchos estamos hablando de esto, creo que viene como reacción a la realidad imperante de los medios de comunicación, de lo fabuloso, de lo inmediato, de que hay que ser la hostia… y tío, solo somos personas.
Me viene a la cabeza la conversación que tuve con Iván Ferreiro y hablamos precisamente de eso. Él decía, por ejemplo, que cuando a Rafa Nadal le ponían como ejemplo de superación y esfuerzo por jugar lesionado a él le parecía un mal ejemplo, porque es anteponer el éxito a tu propia salud.
Iván es muy clarividente, piensa mucho. Coincido con él en lo de la cultura del éxito a toda costa. Yo no sé si quiero llegar a ese punto vital si tengo que pasar todos estos infiernos, porque al final en estos infiernos yo estoy viviendo también. Andrew Bird, un amigo que toca el violín, me dijo que intentaba venir siempre a las ciudades un día antes, para que no fuese un día miserable, porque el concierto es muy bonito, pero si estás viajando todo el día solo para la hora del concierto y te vas al día siguiente… Él decía: «Yo ya me puedo permitir ir un día antes a la ciudad y enterarme de Granada, por ejemplo, aunque sea para dar un paseo». Es saber dónde estás y tener una consciencia de lo que está pasando.
Hablando de los errores, ¿qué errores que has cometido tú a lo largo de tu carrera pones en valor?
Muchos. Es que cometo errores todas las semanas, ojalá no fuera así. Por ejemplo, a veces creerme que soy más que alguien. El ego en nuestro trabajo es enorme y hay que trabajarlo mucho. Eso a veces te hace perderte con una conversación o subestimar a alguien. Me ha pasado mil veces, pero uno va aprendiendo a bofetones y vas viendo cómo te equivocas. Eso te lo da el tiempo y la experiencia.
El ego es muy duro de gestionar. Yo también he tenido un poco de suerte en eso, porque ahora viene más gente a mis conciertos, pero desde hace relativamente poco tiempo. Mi carrera es mucho más larga y he estado en muchos estadios, me ha sucedido todo de una manera progresiva. También es muy fácil juzgar a un futbolista o a alguien que ni con 20 años tiene una exposición mediática tan grande. Perdóname, pero eso no es sano para ninguna mente. Yo no hubiera podido gestionarlo y seguramente habría sido mil veces más gilipollas que él.

Para mí la escritura de canciones no es fácil y me cuesta mucho
En ‘Coreografía’ vuelve a estar presente la idea del camino y del destino. Dices: «Con todo lo que yo he bailado no encuentro mi paso, mi coreografía».
Ahí estoy hablando de nuevos comienzos, de que a mi edad me sigue pasando que tengo que empezar de nuevo y a veces incluso lo fuerzo yo. De repente, yo le digo a Javi Vacas, mi mánager: «Vamos a probar nuevos territorios. Por ejemplo, nunca he ido a Colombia, vamos a intentarlo». Así que voy allí y hay dos personas que no saben ni quién soy, y otra vez a empezar de nuevo. Tengo la suerte de que mi oficio me permite eso de una manera un poco amable. Evidentemente, si tuviera que hacerlo con otro tipo de oficio y con la familia sería mucho más duro. Entonces, yo siempre tengo esa perspectiva.
¿Es inevitable y necesario perderse si uno quiere llegar a un lugar determinado?
Yo creo que es un ejercicio muy sano. Aunque sea solo para ver qué pasa y comprobar si no has perdido el instinto.
‘Ojalá el amor nos salve’ es un canto de esperanza, una llamada al amor. El propio videoclip lo pone de manifiesto. Háblame de esta canción.
Esa canción, ideológicamente es la más fuerte del disco. Es como una declaración de intenciones, es un pregón. No sé si inconscientemente está basado en la frase de Neruda que decía que «como la vida no nos va a salvar de la muerte, ojalá el amor nos salve de la vida», o Víctor Jara, que decía que «el motor de todo es el amor». Ha influido mucho mi viaje a Chile. El año pasado tuvimos la suerte, con mi amigo Luis, el escritor, que hizo la última entrevista a Joan Jara, una mujer de 96 años, Premio Nacional chileno de las Artes. Todo eso igual ha tenido que ver, porque la letra es un poco posterior. Quizá es la letra que sujeta de una forma más firme el contenido ideológico del disco. En general, mis letras no son muy subjetivas, lo que hay es lo que ves. Evidentemente, hay alguna un poco más críptica, pero en esta es bastante literal todo. Yo lucho para que sea literal, pero tampoco sea muy obvio. La escritura no es fácil y me cuesta mucho.
O sea que no eres de inspiración fácil.
Para nada. Una vez le dije a Jorge Drexler que me costaba un montón escribir y me dijo: «¿Cuánto estudias de guitarra al día?, ¿Cuántas horas escribes al día?». Claro, es que yo no escribo todos los días, me da pereza y tengo falta de músculo. Es la parte que más me cuesta, aunque en este disco estoy muy contento del resultado. También es cierto que parte de la labor de Gustavo fue azuzarme las letras, para que las afinara y les diera mil vueltas. Él en el disco entra en todo a nivel estético y te ayuda, te empuja, te alienta… de hecho, somos coautores de Habilidad.
Yo creo que en este disco hay muchas frases muy lúcidas y muy afinadas. No sé si serán tus mejores letras, pero si no lo son poco les falta.
Yo estoy muy contento, la verdad, y de que me haya tocado a esta edad, que soy consciente de ello y lo puedo disfrutar. Sé lo que ha costado llegar hasta aquí.
‘Ojalá el amor nos salve’ la relaciono un poco con ‘Lo que va pasando’. Igual que hablábamos de que el disco representa el camino recorrido, podemos entender estas canciones (junto a ‘Lugar perfecto’) como las distintas etapas que hay en una relación.
Desde luego. Aunque parece el tema más pop y no se ve nada de Latinoamérica, sí que hay una mirada al lenguaje de los pueblos originarios. Ellos no tienen el «yo», tienen un concepto «nosótrico». «Nosotros» puede ser tu abuela y tú, o tu madre y tú, no solo tiene que ser tu pareja o tu mejor amigo. Me pareció muy interesante jugar con esa colectividad y ponerla en una canción de amor. Los zapatistas tienen una frase enorme que dice: «Todo para nosotros y para nosotros nada, pero todos somos nosotros». Siempre se habla de la colectividad y Como el viento está llena de frases zapatistas.
Es muy interesante esta lectura porque cuando escuchas la canción lo primero que se te viene a la cabeza es ese «nosotros» de una relación de pareja.
Claro, porque tú emocionalmente te conectas con eso, pero ahí está el germen de la canción.

En nuestro país hay un bienestar social que es mejorable, por supuesto, pero hay que saber dónde estás y valorarlo
¿Quién es el ‘Niño con piel de cuero’?, ¿A quién representa?
Es quizá el tema en el que homenajeo más a la cordillera, a las historias que me han contado en esos caminos que no se acaban nunca. Es el tema más geográfico y este es el disco más americano, desde luego. Va de Alaska a Tierra de Fuego, y yo me he pateado todo. Entonces uno se da cuenta de que a veces las ciudades son maravillosas, pero en el campo y en la sabiduría popular es donde hay mayor riqueza. Es un topicazo, pero eso es así.
Oí a Raly Barrionuevo, que es un cantautor de folclore argentino, creo que de Santiago del Estero, que decía que iba por una carretera larguísima y se habían perdido (en la Patagonia hay carreteras de 300 km todo recto, que llega un momento en el que piensas «¿vamos bien?»). Entonces llega una campesina, se paran, le preguntan si es por ahí la ciudad a la que van y la señora mira para un lado y para el otro y dice: «Ya os queda menos» [risas]. Con eso creo que hizo un disco.
Entonces, me interesan mucho esas miradas que vienen también del lenguaje originario, que no es el nuestro y no tienen esas concepciones de certezas absolutas, que no existe la negación, que son lenguajes circulares, etc. La reflexión y la mirada es diferente, y eso es muy inspirador.
Dices que es el disco más americano, pero a lo largo de tu carrera creo que ha habido varios así. Quizás sí que sea el disco más de tierra.
Eso es. Más de tierra, de cuero, de percusiones, de mirar un poco al folclore popular.
En ‘Fábula de la diferencia’ cantas «En la diferencia está el dilema; tal vez sea ventaja en lugar de problema». Una de mis frases favoritas del disco.
Nuestro país es un ejemplo clarísimo de por qué no se esgrime como una riqueza inmensa tener un país con cuatro idiomas, con tanta historia y pueblos que han pasado por aquí… geográficamente no hay un país así en el planeta. Somos el ejemplo exacto de lo que habla esta canción. Además de esto, tenemos el privilegio del bienestar social, que la gente no entiende lo que es eso. Yo que he visto el drama que hay en países como Estados Unidos, que es el faro del mundo, pero que no te pase nada porque estás más solo que la una. Aquí hay una colectividad, una familia, una red y hay bienestar social. Que sí, que por supuesto que es mejorable, pero hay que saber dónde estás y valorarlo.
El disco se cierra con ‘Niebla’. Igual que se abría con una canción no del todo optimista, el cierre es también un poco más triste que el tono general del álbum, como de poner los pies en la tierra y asumir la cruda realidad, el olvido, la memoria que se borra con el paso del tiempo.
Es dura. Hay un giro alrededor de una reflexión que es cuando pierdes la cordura o la memoria y la sociedad te excluye completamente. Cuando eres testigo de eso es muy impactante, porque desapareces como ente, ya no tienes valor. O por ejemplo, una persona que entra en una edad determinada y ya ni la ves. O nuestros mayores, a los que les dices «no te enteras» y esa persona ha vivido lo que tú multiplicado por cincuenta; por donde tú has pasado, ha pasado él muchas veces.
¿Y por qué sientes la necesidad de hablar de este tema?
Pues no sé si es porque uno va subiendo pisos [risas].
A pesar de eso dejas esa rendija abierta cuando dices «pero siempre me acuerdo de ti y de tu cara…»
Creo que siempre hay que dejar una grieta abierta a esa palabra tan bonita.
Quería terminar hablando del arte del disco. Háblame de esas portadas con ilustraciones con motivos naturales donde el círculo cobra tanto protagonismo.
A mí me gusta mucho el cine y no sé por qué me obsesioné con una imagen de promoción de El graduado, de Dustin Hoffman. La foto de la portada, que la hizo Juan Pérez-Fajardo, es muy parecida. El trabajo del arte es de Luis Toledo (Laprisamata) y ha sido apoyándose en la botánica del siglo pasado, que creo que se acerca mucho a lo que tú hablabas antes de la tierra, del cuero, del tocar… Tengo una suerte inmensa porque él ya casi no hace trabajos de diseño y no sé cómo le engañé para que lo hiciera. Me parece que Luis ha hecho un trabajo excepcional.
Muchas gracias por este rato, Jairo. La verdad es que me pasaría hablando de esto todo el día.
Muchas gracias a ti por haber escuchado el disco de esa manera. Y, como te decía antes, es mucho más interesante tu mirada que si alguien viene y me empieza a hablar de la técnica. Ahí yo me aburro enseguida porque creo que esa no es la parte bonita, la parte bonita de grabar es la ejecución, cuando tú lo cantas o alguien toca de una manera determinada las cuerdas…
Has hablado mucho de la emoción, ¿qué canción es la que más te emociona cantar?
Lo que va pasando es una de las que más me toca, por el concepto «nosótrico» que te he comentado antes. A ver qué pasa, aún no sé cómo van a responder las canciones en directo porque no las he tocado, pero ya que me ha costado tanto grabar este disco, las voy a tocar todas.

