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Mikel Erentxun: «Me obsesiona mucho el paso del tiempo» (2023)

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Fotografías: Darío Bravo

Rodearse de un buen equipo es fundamental para conseguir los objetivos que uno se plantea. Ya sea a nivel humano o profesional, el enriquecimiento viene de la mano de esas personas que te acompañan en el camino. A Mikel Erentxun le ha ocurrido algo así durante todo el proceso que ha culminado con la publicación de su último álbum, Septiembre (2023). Bajo la producción de Víctor Cabezuelo (Rufus T. Firefly) y Daniel Ruiz (Reme), las canciones del artista donostiarra se han visto envueltas de sonidos y texturas que las han hecho más consistentes y atractivas si cabe, y cuyo resultado es, sin lugar a dudas, uno de los mejores trabajos de la extensa carrera del ex Duncan Dhu.

La honestidad y la verdad que rezuman los 18 cortes que componen Septiembre existen gracias a una manera determinada de entender el oficio de hacer canciones. Para Mikel Erentxun no hay otra forma posible de escribir que hablando de uno mismo, de los miedos que le atenazan, de las inseguridades y las obsesiones, pero también de la esperanza, de las pequeñas luces que iluminan la travesía, de la necesidad y la capacidad de salir de todos y cada uno de los baches que la vida trae consigo.

Con estos mimbres, Mikel formó un equipo, una banda, con la que ha conseguido facturar un álbum de alma eminentemente setentera, que suena a clásico, cuya escucha supone un emocionante viaje vital y sonoro. Con la mirada y el oído puestos en los grandes de los 60 y 70, y un espíritu de búsqueda y de reinvención constante, el resultado es un disco apasionante, terapéutico y renovador. Septiembre es un nuevo punto de partida para Erentxun, es la confirmación de que sigue en plena forma a nivel artístico y creativo, y es la punta de lanza de una unión de talentos que seguramente tenga mucho que decir en un futuro.

A lo largo de tu carrera, en ocasiones has marcado un cambio de etapa o punto de inflexión con algún disco especial, directo, etc. ¿Amigos de guardia (2023) sirvió para eso también y este Septiembre es el inicio de una nueva etapa?

Eso es. Amigos de guardia, aunque no nació con ese propósito, es un proyecto que se hizo muy grande (dos años de gira, un Premio Ondas…), cuando iba a ser una cosa muy pequeñita. Yo ahora sí que lo veo como el fin de una gran etapa. Me he quedado a gusto. Llevo dos años cantando todos los éxitos míos y de Duncan Dhu, y ya me apetece cerrar esa etapa y volver a mirar hacia delante.

Septiembre es el punto de arranque. Es un disco en el que hay muchas novedades musicales, novedades que me apetece trasladar al directo, sobre todo el piano. Por eso sí que creo que es el comienzo de una nueva etapa.

Quizás el mes de septiembre represente precisamente eso, un reinicio, una transición, una nueva oportunidad. Para mucha gente simboliza el verdadero comienzo de año. ¿Eres de los que lo vives de esta manera?

Efectivamente, para mí es así. Septiembre es el comienzo de los cursos, es un comienzo de año más natural.

Este es un álbum doble con alma de triple

Lo primero que llama la atención de este nuevo disco es que una vez más vuelves a publicar un álbum largo, como ya hiciste en Corazones (2015) o El corredor de la suerte (2006).

Este es mi tercer disco doble de estudio, porque también tengo un directo que es doble, y con Duncan también tenemos dos discos dobles. O sea que es un formato al que no le hago ascos. Y este es un doble con alma de triple, porque iba a ser un disco triple, y eso sí que es algo que nunca he hecho. Había más canciones, pero no había ni más dinero, ni más tiempo [risas]. Así que, en un momento dado, tuvimos que decidir y optamos por centrarnos en un doble.

Los que ya tenemos una edad y aún consumimos la música como lo hacíamos antes, creo que agradecemos mucho que surjan discos largos de vez en cuando.

Yo personalmente cuido mucho el larga duración, que haya un trabajo mucho más conceptual, que haya un principio y un final… Como todavía incluso sigo pensando en vinilo, hay cuatro caras, y cuido mucho cómo empieza la cara A, cómo se cierra, cómo arranca la cara B, etc. Yo planteo así el repertorio y luego generalmente, cuando lo pones en una playlist, sigue funcionando con las 18 seguidas, y el disco adquiere unos ritmos determinados. Esos ritmos son los naturales de las caras.

Has dicho antes que iba a ser un álbum triple y que has desechado canciones…

Sí, se han quedado unas 12 canciones muy avanzadas.

Aunque sea sólo por curiosidad, ¿sabes cuántas canciones has llegado a publicar a lo largo de tu carrera?

No, pero hoy mismo he pensado en eso y es un ejercicio que voy a hacer mañana mismo. Voy a entrar en la página de autores y voy a ver cuántas canciones hay ahí. Quiero saber cuántas he escrito yo y quiero saber cuántas he grabado. Porque claro, la mitad de Duncan Dhu es de Diego [Vasallo]. Pero sí, quiero ver cuántas canciones he grabado y he cantado en mi vida.

Es que en una carrera tan larga, son muchas canciones…

De hecho, ese es ahora mi único hándicap a la hora de escribir canciones: que muchas veces siento que voy a hacer algo y ya lo he hecho. De hecho, a veces no soy consciente y entonces los fans más talibanes, que saben de mí más que yo, de repente me dicen: «Esto es igual que el estribillo de no sé cuál».

Aún así yo creo que es inevitable. A mí aquí sí que hay algunas cosas que me recuerdan a Duncan Dhu.

Hay cosas que son queriendo, sobre todo las letras, que sí hago guiños a letras del pasado. Desde hace ya varios discos, desde que escribo yo las letras, hago referencia a otras canciones. Pero musicalmente no me gustaría. Si aparece, es inconsciente.

A mí por ejemplo ‘Oh, Siena’, me ha recordado en algo a ‘Rose’.

Hostia… pues puede ser…

No sé, hay cosillas por ahí, algunas melodías. No digo que se parezcan demasiado, pero al final conociendo bien tu carrera es inevitable encontrar parecidos.

A mí hasta me empieza a gustar, porque antes me decían o me siguen diciendo «esto se parece a no sé qué de Bob Dylan», por ejemplo, pero si me dicen que se parece a algo mío, está muy bien, porque empiezo a ser yo mismo una auto influencia [risas].

Grabar en analógico aporta a las canciones cierta imperfección, les pone alma y calidez

Este disco lo habéis grabado en analógico. Aparte de la lógica nostalgia y gusto por este tipo de cosas, ¿qué valor tiene para ti grabar así?, ¿qué aporta a tus canciones el hecho de hacerlo de esta manera?

Les aporta una cierta imperfección, les pone alma y calidez. Yo no creo en la música perfecta, toda corregida con Autotune o Pro Tools… Todo lo puedes dejar súper perfecto y súper frío, pero a mí me gusta que se noten las imperfecciones humanas que suceden cuando los músicos no somos perfectos. Eso por un lado y luego, por el otro y muy importante, es que yo siempre he grabado así. Esto no es una pose. A mí me pilló todo este avance digital cuando ya llevaba años en este oficio, entonces lo que hice fue no cambiar. Siento que cada vez es más difícil y que cada vez nado más a contracorriente, además es mucho más costoso, requiere mucho más tiempo, ya no hay tantos estudios que tengan 24 pistas analógicos… La cosa se va complicando.

Cuando anunciaste este trabajo pusiste en tus redes sociales que es «un disco de mareas vivas, contrastes y obsesiones personales». Escuchando con atención cada una de las canciones, su orden y lo que pretenden transmitir, se perciben esas cosas. Pero me gustaría que fueses tú el que me hablases de esas obsesiones.

A mí me gustaría escribir, aunque no me sale, sobre la primavera o sobre Rodri [miembro del equipo de promoción de Warner], que está ahí sentado, por ejemplo, pero al final siempre acabo hablando de mí y de mis obsesiones. ¿Cuáles son? Pues, por ejemplo, el paso del tiempo es algo que me obsesiona muchísimo, el amor y el desamor en todas sus vertientes, la noche, los cambios amanecer-anochecer, mis taquicardias y mis problemas cardíacos… Tengo un mundo interior del que quiero salir, pero no puedo. Luego me gusta, porque siento que es una postura ante la música también.

Al final yo voy a hablar de mí y la gente va a ver lo que siento. Son canciones muy personales, aunque luego cada uno pueda hacer la lectura que quiera. Por ejemplo, en Duncan Dhu, o yo mismo al principio de mi carrera, hacía canciones mucho más genéricas, que eran mucho más fáciles de entender y mucho más fácil que cualquiera se sintiese identificado. Yo entiendo que ahora mis letras empiezan a ser un poco más difíciles para que alguien se identifique con ellas. Pero es verdad que yo a la hora de cantar o de construirlas me siento muy honesto conmigo mismo. Y luego además, me ahorro el psicólogo, así que es una especie de terapia también.

Hace años, cuando publicaste Corazones, tuve la oportunidad de entrevistarte también. En aquella ocasión contabas que ese disco salió de esa manera, de los miedos que tuviste en ese momento. Yo veo muchas similitudes con Septiembre, por esa manera de contar las cosas.

Sí, porque este disco salió en la pandemia, que fue otro momento que también me marcó mucho. Estuve como dos meses tomando Orfidal para dormir. Tuvo sus cosas buenas, entre comillas, obviando evidentemente la desgracia que fue, pero familiarmente fue muy bueno, estuve viviendo con mi familia de una manera intensa, como no lo había hecho nunca, leí muchísimo, vi mucho cine…

Creo que estuvo bien parar, aunque fuera por una causa tan terrible. Pero sí que había una incertidumbre sobre el futuro y a mí eso me agobiaba, y si encima lo mezclaba con el paso del tiempo… Por eso, otra vez volvieron a salir canciones más profundas que en los discos anteriores. Pero eso sólo ocurre en algunas porque luego, como el disco se estiró por culpa de Amigos de guardia y ha salido más tarde de lo previsto, he acabado escribiendo canciones mucho más luminosas. Por eso creo que le sienta bien el nombre de Septiembre, porque hay mucho contraste.

¿El paso del tiempo te hace más obsesivo o, por el contrario, sirve para suavizar todo eso y banalizar un poco determinadas cosas?

Me hace mucho más obsesivo, sin duda.

Este disco tiene un pie en el presente y un pie en el pasado

Me gustaría que habláramos del equipo del que te has rodeado. Dime, en primer lugar, por qué decides contar con Víctor y Dani como productores. ¿Cómo surge esto?, ¿Buscabas un sonido o un traje determinado para vestir estas canciones.

Empiezo por el final. Y el final es que ha sido un acierto total. Primero, porque he hecho muy buenos amigos y, segundo, porque creo que el disco sin ellos no hubiera sido posible, ni como productores ni como músicos.

Y ahora te cuento cómo empezó todo esto. Yo estaba escribiendo canciones en pandemia, como siempre que las escribo y, hasta que no se acerca el período de grabación, no me centro en con quién o cómo lo voy a hacer. Andaba en esas, un poco perdido, cuando un día en la radio escuché una canción, puse el Shazam y era de Reme. Yo pensé: «Cómo mola este grupo inglés, con ese punto setentero. Este es mi mundo». Me acuerdo que en ese momento escribí en Twitter que me había gustado mucho esa canción y la recomendé. De repente, me contestó Dani.

A partir de ahí, empezamos a mandarnos privados y él me contó un poco su historia, que estaba en Londres y todo eso. Empezamos a hablar de música y de gustos, y se estableció una especie de mini relación en la distancia, porque compartíamos muchos gustos musicales. Nos recomendamos canciones de los Wings, por ejemplo, hasta que un día le dije: «Tenemos que hacer algo juntos». Y me contestó: «Cuando quieras». Así que, como yo estaba maquetando, le mandé una de mis canciones, me la devolvió con cosas encima y me encantó. Hicimos otra y otra, hasta que nos vimos que teníamos seis o siete y ya me dijo él: «¿Qué va a pasar con esto?». Así que nada, le dije que iba a proponer en Warner hacer el disco con él, a ver qué les parecía.

Justo antes de esa conversación me dijo Dani: «Yo creo que sería una buena idea llamar a Víctor». Salió de él porque era también su primer trabajo e igual le daba algo de reparo. Víctor estaba en Amigos de guardia y con los Rufus hicimos un tema de Sabina en un disco homenaje, así que me pareció una idea brillante. Entonces llamé a Víctor y él se apuntó al minuto dos. Luego llamé a Warner y les dije: «Lo voy a hacer con estos dos».

A partir de ahí decidimos la banda. Víctor sugirió a Julia y, como necesitábamos un bajista, Dani nos propuso a Sam, que ha sido un aciertazo, es un tío con 23 años y un talento increíble. Todo eso me gustaba mucho porque este disco, que tiene un pie en el presente y un pie en el pasado, en los 70, es muy de esa época de los súper grupos, cuando estaba de moda ese concepto. Esto es mitad Reme y mitad Rufus. Yo les decía Reme T. Firefly [risas]. Trabajamos como un grupo desde el minuto uno.

Además, desde el primer momento, le has dado mucha importancia a ese concepto de banda, como se puede ver en el fantástico trabajo que ha hecho Jokin Fernández fotografiando todo el proceso.

Es que se lo han ganado. Están ahí súper presentes y son fundamentales. Esto no soy yo y los músicos, como en otros discos que hecho, aquí hay una banda. En los discos de Paco Loco, por ejemplo, éramos él y yo; en Amigos de guardia sí hubo una banda y aquí también la hay, con un sonido muy personal. Y, efectivamente, Jokin ha hecho un trabajazo increíble también. Vino todos los días e iba registrando lo que pasaba. Al final se va a hacer incluso un libro porque el resultado es espectacular y todo tiene muchísima coherencia y unidad.

Es que en este disco se reconoce tu sello en las canciones, pero a la vez, lo que las envuelve es un sonido muy de ellos. Eso me parece maravilloso. Es un viaje fantástico escucharlo desde la canción 1 a la 18.

También he ido a sitios donde no he estado nunca. Tú antes hablabas de puntos de inflexión y realmente el disco del Victoria Eugenia (2008) fue un corte total. A partir de ahí, Detalle del miedo (2010), 24 golpes (2012)… todos los discos han servido para probar cosas nuevas. La verdad es que esta aventura ha sido maravillosa y muy, muy enriquecedora.

La verdad es que se nota mucho su mano. La batería de Julia, por ejemplo, es muy reconocible…

Y la percusión. Yo odio la percusión [risas]. Me decían en broma al principio: «Vamos a acabar metiendo bongoes», y yo: «No, yo odio todo eso». Y al final hemos acabado metiéndolos en algunos temas.

Esto no soy yo y los músicos, como en otros discos que hecho. Aquí hay una banda.

Has hablado antes de la búsqueda que llevaste a cabo con Detalle del miedo o 24 golpes. Precisamente, en 24 golpes llamaba mucho la atención tu manera de cantar. Hasta ahora habías dicho muchas veces que tu voz no te gustaba.

Sí, es algo que he dicho últimamente. Evidentemente, cuando empecé me encantaba. Yo fui consciente de que mi voz no me gustaba grabando El corredor de la suerte, que es de 2006. Ahí me di cuenta de que no me gustaba todo lo anterior. En ese disco traté de probar cosas nuevas, pero no me quedé a gusto, aun así creo que es el primer disco que, cuando miro para atrás, no me disgusta a nivel vocal. Luego vino el directo, que ese no cuenta, y entonces empecé esa búsqueda.

Al principio fue una huida. En el primero, Detalle del miedo bajé las canciones como tres tonos. Como no fue suficiente, en el siguiente disco ya empecé a cantar a lo Vasallo [risas], rompiendo la voz. Yo creo que a la textura de la canción y el sonido le iba ese tipo de voz. Ya el siguiente disco fue con Paco y él me dijo: «Si tu voz está de puta madre y además, para bien o para mal, es tu voz». Entonces, con Paco empecé a cantar de una manera natural, que es la que me ha llevado hasta aquí.

Has dicho también que este disco tiene un pie en el presente y otro en el pasado. Ese alma setentera que sobrevuela el disco es algo que Rufus y Reme también tienen.

Claro, es que el equipo era fenomenal. Fue muy bonito todo el proceso porque al principio yo estaba de gira por Estados Unidos, tres meses. Entonces hacíamos una vez a la semana un Zoom y era sólo para hablar de cosas: «¿Has escuchado esto de Elton John? Escucha esto de los Wings…». Era simplemente hablar de música, que a mí es algo que me encanta.

Es muy emocionante porque Dani tiene una cultura de ese mundo espectacular. Directamente, parece que le has cogido del túnel del tiempo, lo has sacado y lo has traído aquí, estéticamente incluso. Es maravilloso porque es una enciclopedia. Víctor es que, directamente, es un genio. Él también ama ese mundo, pero tiene una mente más abierta que Dani o que yo mismo, que también soy un poco cerrado. Yo creo que Víctor va a acabar siendo un productor top en España, porque puede hacer muchas cosas, tocar muchos palos.

En el disco hay guitarras muy Beatles, como en ‘Ladridos en el pecho’ o ‘Es solo amor’, por ejemplo.

Es curioso, porque en este disco creo que hay más de los Beatles después de los Beatles, que de los propios Beatles. Hay más de John Lennon, de los Wings, de George Harrison

Efectivamente, ‘Flores y café’ o ‘Los días que no vivimos’ empiezan muy George Harrison.

Claro. O en Tú y yo. Es que George Harrison está muy presente. Los Beatles están, claro, porque están siempre, es muy difícil que no estén. Lo que sí que no está, porque lo hicimos aposta, es toda la influencia «dylaniana» y de la Americana, que es algo que me flipa, pero llevaba ya varios discos y quería salirme de ahí. Aparte que a ellos tampoco les gusta demasiado ese mundo de Dylan o de Wilco. Por eso en este disco todo lo que sonaba a eso lo quitábamos.

Este disco empezó con cierto escepticismo y con cierta visión negativa de la vida, y ha acabado bastante luminoso

En ‘Tren a Marte’ dices que «Nos falta Bowie, nos falta Lou Reed, nos falta Petty… Es el fin del mundo» Es cierto que todos nuestros ídolos están yéndose y parece que toda una época dorada de la música popular se está terminando. Yo personalmente veo esto con mucha pena y cierto pesimismo. ¿Cómo lo vives tú?

A mí es algo que me obsesiona mucho. Es el fin de una generación y no creo que haya un relevo. La música ahora es distinta y de ese mundo nos queda Dylan, los Rolling, Neil Young, McCartney… todavía quedan algunos, pero ese tipo de dinosaurios tan grandes ya no se fabrican. Lo siguiente a eso puede ser U2, pero ya no es lo mismo. Taylor Swift es gigantesca, pero tampoco ocupa ese espacio, aunque lo haga a nivel masivo. Es que esos eran algo más.

Ya entramos en un tema que a mí me apasiona que es si cualquier época pasada fue mejor. Todos tendemos a pensar que antes era todo mejor, pero es que en este caso es así. Creo que las décadas están mal medidas y, para mí, desde el 65-66 hasta el 75… esa es la gloria de la música, ahí se hizo lo más grande, en todos los sitios, y además en muchos géneros, desde el reggae, el rock, el rock sinfónico, el glam, Bob Dylan y la electrificación del folk, los mejores Beatles… ¡Todo! Y, a partir de ahí, hay algunas cosas como la nueva ola, los nuevos románticos, el grunge… pero para mí nada con esa fuerza.

Es algo en lo que pienso mucho, que ahora cuando viene esta gente de gira es un acontecimiento brutal, pero que quizá dentro de unos años ese dinero quizás muchos nos lo vamos a ahorrar.

Estoy de acuerdo. También coincide con que ya la música se vende de otra manera. Es como los éxitos. Si lo llevamos a nuestro terreno, a España, ahora, Pablo Alborán, Fito o quien sea el número uno aquí, creo que nunca van a tener éxitos como los de Duncan Dhu, Mecano, Hombres G… Es que en los 80 cuando tenías un éxito sonabas 20.000 veces en la radio, te veían en la tele y al día siguiente estabas vendiendo miles de discos…

Eso ahora ya no existe, ahora los éxitos son muy efímeros y no trascienden de la misma manera. No es que sean mejores ni peores, pero todos los éxitos de los 80 se han quedado de por vida, en cambio los éxitos de los 2000 cuesta más recordarlos. Esto ocurre porque ha cambiado la forma de vender la música y, si lo generalizamos, es muy difícil que ahora, por ejemplo, surja un Pink Floyd, con la influencia que ellos tuvieron.

En general sobre el disco sobrevuela un poco cierta melancolía ante el paso del tiempo, ‘Los días que no vivimos’, la madurez, etc. Igual que en Corazones había mucho de balance, de apreciar lo que tienes, etc. después del problemilla de salud que tuviste. ¿Qué enseñanza has sacado tú de Septiembre?, ¿qué has aprendido?

He aprendido que se sale de las peores crisis. Volvemos a la pandemia, que afortunadamente parece que ya está olvidada. Esa es la prueba, que cuando parecía que el mundo se acababa, no sólo no se acaba sino que a todo se le puede dar la vuelta. Esa es una gran lección de vida. Igual que salí del hospital en su día, también he salido de la pandemia, y lo hemos hecho toda la sociedad, toda la humanidad. Es un disco que empezó con cierto escepticismo y con cierta visión negativa de la vida, y ha acabado bastante luminoso.

Escribir con el piano me ha llevado a terrenos nuevos, a otro tipo de canción, otro tipo de melodía

Quiero detenerme en ‘Pensando en ti (cuando lo urgente es vivir)’. Quizá sea la canción más emocionante del disco.

Es una canción dedicada a Pau Donés. Sin duda, para mí es la canción más emocionante del disco porque la escribí cuando se murió. Yo tenía muy buena relación con él y viví su muerte casi en directo. Teníamos un amigo en común que era el que, con sus hermanos, le estaba cuidando, y eso nos mantenía informados.

Tengo el buen recuerdo de que cuatro o cinco días antes de que se muriese grabé la canción Agua, se la mandé y le gustó mucho. Yo luego estuve durante dos años tocándola en directo siempre, emocionándome mucho. Con todo esto lo que te quiero decir es que yo viví muy intensamente todo eso y cuando se murió me salió esta canción, cosa que no había hecho nunca, nunca le había dedicado una canción a alguien que se había ido. Me hace mucha ilusión que se edite porque, claro, le escribí hace dos años.

Háblame de tu relación con el piano. En este disco tiene un peso enorme y eso no es algo muy habitual en ti.

Volvemos a la pandemia… es que la pandemia está muy presente en todo esto. Pero ahora te voy a decir una de las cosas buenas de la pandemia. Como hemos hablado antes, yo tuve mucho tiempo y eso fue una gozada.

El caso es que vi la película Rocketman, el biopic de Elton John, y me flipó la película y lo que escuché en ella. Elton John era un tipo que no me interesaba. Yo lo había empezado a escuchar en los 80 y eso no me gustaba nada, y me sigue sin gustar. Pero esta película hacía mucho hincapié en los 70, en su época más dura con las drogas y tal, y a mí me emocionó muchísimo. Entonces empecé a indagar, que es algo que me encanta, empezar a rebuscar y estudiar discografías. Así, un disco me llevó a otro y me acabé comprando todos los discos, primero en CD y luego en vinilo, y me hice muy fan del Elton John setentero. Y entonces me compré un piano.

¿O sea que no habías tocado el piano hasta ahora?

Tenía un piano de cola en casa, pero un poco más de decoración que de otra cosa. Así que me compré un piano para llevar en directo, me salía una melodía, luego otra y, sin darme cuenta, tenía media docena de canciones escritas con el piano. Entonces ahí me propuse escribir todo un disco con el piano, porque yo siempre he escrito con guitarra. Eso también me ha llevado a terrenos nuevos, a otro tipo de canción, otro tipo de melodía, acordes imposibles de tocar con guitarra… eso es una novedad que me apetece mucho trasladar al directo.

En general todas las canciones duran tres minutos y algo, hay algunas de poco más de un minuto, pero ‘Cuando éramos ayer’, la canción que cierra el disco, dura seis minutos. Me parece un resumen perfecto del sonido del disco, ahí están todos los ingredientes que encontramos en el resto de canciones del álbum.

Esa canción le escribí cuando ya estábamos bastante avanzados con el disco. Me acuerdo que les llamé y les dije: «Tengo la canción para cerrar el disco». Desde el principio la vi como un epílogo. No tenía letra ni nada y empezamos a trabajar con ella de esa manera. Esa letra fue de las últimas que escribí y lo hice ya con la canción muy avanzada. Pero ya nació con espíritu de ser canción de final de disco. Me gusta que el disco empieza con piano y acaba con piano.

Muchas de mis canciones nacen a raíz de escuchar algo que me ha gustado

Creo que el disco recoge muy bien todas tus facetas: la más enérgica, la más baladista, la de las melodías más pop estilo Duncan Dhu, canciones más crudas como ‘Al sur de Vejer’, etc. No sé si también era una intención mostrar todo lo que eres a día de hoy.

Sí, y eso es lo que justifica que sea un disco doble, porque si no sería muy aburrido tener 18 canciones iguales. Cuando las canciones son muy iguales hay que hacer discos de 9-10 temas, como 24 golpes, por ejemplo, pero cuando tienes una paleta de colores grande es cuando te puedes proponer hacer un disco doble… y ya te he comentado que había material para un triple. Me da un poco de pena no haberlo hecho porque estuve cerca y es un objetivo que tengo ahí entre ceja y ceja. Algún día caerá.

A mí me gustan los formatos y me gusta hacer cosas que nunca he hecho, pero si tienen una justificación. Por ejemplo, yo soy muy fan de Calamaro, pero El salmón (2000) era un poco infumable. Eran 100 canciones…

E igual salvabas 15…

Es que es eso, que salvabas 15. Entonces, hacer un disco triple del que te sobra la mitad, mal. Con Duncan Dhu hicimos un disco de 30 canciones, Autobiografía (1989), y yo a día de hoy no quitaría ninguna.

Con todo esto que hemos hablado, ¿qué puerta crees que abre este disco en tu universo creativo y en tu carrera?

Yo creo que me ha demostrado que todavía puedo hacer cosas interesantes, o al menos que me interesen a mí. He descubierto a Víctor y a Dani, que me va a apetecer seguir con ellos. También me va a apetecer seguir profundizando en el piano, estudiarlo un poco más. Es que, como lo toco muy mal, me es más fácil tocar las canciones lentas, por eso hay muchas baladas de piano [risas], pero me gustaría hacer un poco más de Elton John y moverme un poco más.

Ahora mismo, lo que quiero es disfrutar del momento porque es algo muy especial la edición de un disco, en octubre empezar a ensayar y en noviembre arranca la gira. Me imagino que cuando se pase esta vorágine, ya en enero o febrero, de repente hay algo en mí, siempre me ocurre igual, que hace que me empiecen a salir canciones otra vez. Ahora como que estoy seco y muy centrado en esto, pero de repente luego escucho un disco o una canción que me lleva a algún sitio. Muchas de mis canciones nacen a raíz de escuchar algo que me ha gustado. Por ejemplo, escucho el último disco de los Lemon Twigs, entonces eso me incita a coger la guitarra. Sé que eso va a pasar, pero será el año que viene.

Has hablado de la gira. ¿Tienes ya pensado el formato, banda, etc.? Porque trasladar esto al directo…

Trasladarlo al directo es complicado. Estoy dándole vueltas todavía, pero en principio la gira la voy a empezar con la banda de Amigos de guardia, que es una banda muy competente. Somos seis, pero la idea es que, además del teclista, yo también toque el piano e incluso en algún tema el guitarra también. La banda de este disco se me ha ofrecido también para hacer alguna cosita puntual, así que sé que voy a trabajar con ellos también. A ver cómo consigo darle sentido a todo esto…

Javier Decimavilla
Javier Decimavilla
La música nos puede salvar la vida o al menos mejorarla. Bob Dylan, Neil Young, David Bowie, The Beatles o The Rolling Stones, entre otros, nos llevan enseñando el camino a la felicidad desde hace décadas.