Inicio Entrevistas Quique González: «Muchas veces el silencio es más importante y tiene más...

Quique González: «Muchas veces el silencio es más importante y tiene más música que una nota» (2021)

Quique González

En numerosas ocasiones, el lugar donde se escriben las canciones tiene un peso tal que, al escuchar el disco terminado, resulta imposible separarlo de ese componente local que salpica cada uno de los temas. El nuevo trabajo de Quique González es un claro ejemplo de este tipo de álbumes.

Sur en el valle muestra la faceta más reposada y reflexiva del madrileño y todo lo que contiene sería completamente diferente de haber sido gestado en otro entorno. Los doce cortes respiran el clima de los valles pasiegos (lugar de residencia de Quique desde hace más de quince años), su estilo de vida sosegado, su calma, su serenidad. Y es ahí donde reside la fortaleza de sus nuevas composiciones, en la manera que tienen de llegar al oyente, poco a poco, calando lentamente y apelando a los más profundos sentimientos, haciendo que uno se sienta como en casa en cada escucha, emocionando casi hasta la lágrima. Es el disco perfecto para la época del año en que nos adentramos.

Sur en el valle es el decimotercer álbum de Quique González y quizás sea uno de los más personales de su carrera. Con motivo de su breve visita promocional a Madrid, quedamos con él en pleno centro de la ciudad y nuestro encuentro se convierte en una conversación muy en la línea del tono de su nuevo disco: sosegada, profunda, cercana. Poco a poco vamos entrando en todo lo que representa este álbum para su autor, mostrándose enormemente coherente y sincero a la hora de hablar del dolor propio y ajeno, de sus miedos, de por qué este disco tiene cierto componente de despedida, de nostalgia y realidad, de necesidad vital y personal, de madurez e introspección. Sur en el valle representa todo lo que Quique González es en la actualidad y en esta charla mantenida con él, nos cercioramos de cuánta verdad sonora y conceptual hay contenida en él.

Al margen de Las palabras vividas (2019), este es tu primer disco de canciones propias desde 2016. ¿Cuándo sientes de verdad la necesidad de hacer estas canciones nuevas?, ¿todas son recientes o has rescatado alguna que tenías en algún cajón guardada?

Mientras estuve metido en el disco de Luis [García Montero], no estaba haciendo canciones mías. Pero hay tres canciones que sí estaban casi terminadas y que dejé un poco apartadas para meterme en ese disco. El resto nacieron un poco también a partir de ese proyecto, de juntar una banda casi nueva y de empezar a trabajar con Toni Brunet. Llegó casi por casualidad y, cuando comencé a trabajar con él, empecé a sentirme a gusto, así que empezamos a hablar de la posibilidad de hacer juntos un disco nuevo. Entonces me puse a hacer las canciones, durante el último año y medio, y ya surgió la necesidad de grabar otra vez.

El otro día estuve en la presentación del nuevo disco de Fito y él mismo nos contó que durante una pequeña crisis creativa, Delantera mítica (2013) fue para él una salvación. De repente le volvieron a entrar las ganas de hacer canciones nuevas. Tú también has tenido dudas así en algún momento de tu carrera. ¿Entiendes eso como algo casi inseparable a cualquier trayectoria artística?

Sí, yo creo que es algo común a la mayoría de los que nos dedicamos a esto. Hay una incertidumbre y una inseguridad, a veces surgen muchas dudas sobre si volverás a hacer, ya no un disco, una canción. Pero yo creo que también eso es natural, porque no hay fórmula para escribir las canciones o al menos yo no creo en ellas. Y también tiene que ver mucho con el instinto y con la intuición. Este es mi disco número 13 y, después de tanto tiempo, yo creo que es humano dudar y plantearte cosas. Sobre todo yo creo que tiene más que ver con la ilusión que con la capacidad.

Es que al final un disco supone un proceso tan largo que incluye, desde la composición, la grabación, la gira… a estar aquí hablando conmigo y con el resto de medios. Supongo que debe ser tan agotador que, cuando uno termina el ciclo entero y da el último concierto, es normal que llegue un bajón y una sensación de tener que volver a ilusionarte de nuevo desde el principio.

Hay mucho miedo al vacío, a saltar sin ver lo que hay debajo. Yo creo que le pasa a todo el mundo que lleva mucho tiempo haciendo un trabajo, que llega un momento que se plantea «¿es esto lo que quiero seguir haciendo?». Luego pasa lo que has comentado antes que decía Fito, que la música trae música y las canciones que nos gustan son inspiradoras.

Es como que lo vemos más desde la perspectiva de otro artista que nos gusta o de otro compañero, que desde la propia. Normalmente la gente que está cerca de ti o tus compañeros no tienen dudas de lo que haces, las tienes tú. Igual que tú no tienes dudas con lo que ellos hacen, está clarísimo: «¿pero cómo lo va a pasar mal si es una estrella y hace unas canciones maravillosas?». Pero sí, el diálogo interior que tienes con respecto a lo que haces, a veces te condiciona y te hace meterte en un campo de incertidumbre.

En este disco me hago muchas preguntas a mí mismo

Lo cierto es que Sur en el valle respira mucha tranquilidad y calma. Conociendo tu carrera, me da la sensación de que es como si te encontraras en paz contigo mismo. Eso se percibe a nivel musical, en las letras, en la manera de interpretar las canciones… Es como si este disco se hubiese gestado muy a fuego lento, sin prisas ni presiones.

Yo creo que en el disco hay un diálogo interior. Igual tiene un tono más existencialista que otros discos míos y también hay mucho de hacerte preguntas a ti mismo. Muchas veces descubro cosas de los discos cuando ya está todo ordenado, pero mientras lo estoy haciendo es un poco caos, no tengo una idea predeterminada de lo que va a ser. Como ya ha pasado tiempo desde que lo grabamos y he tenido más tiempo para reflexionar, me he dado cuenta de que estoy hablándole a otra persona en casi todas las canciones, pero creo que realmente me estoy haciendo preguntas a mí mismo. También cuando hablas de un personaje en una canción, en el fondo, estás hablando de ti mismo.

En el sentido musical y de banda también hemos grabado con un concepto que decimos medio en broma, medio en serio. Decimos que «tenemos que sonar como viejos vagos», sin que haya nada efectista, sonando casi perezosos. Es como hablar de gente que ya es lo suficientemente mayor como para tener que demostrar lo bueno que es. No quiero que suene pretencioso pero es como la frase de Río Bravo: «Es lo suficientemente bueno como para no tener que demostrarlo». Al final, lo que queríamos era sonar relajado, cantar relajado, que haya una energía contenida y que explote a veces, pero que en general sea un disco pausado, que exija tiempo para meterte en él de verdad.

Lo habéis grabado prácticamente en directo, ¿verdad?

Incluso las tomas de voz. Salvo dos o tres canciones, todo ha sido grabado en directo.

A la hora de interpretar unas canciones tan personales y existencialistas como estas, entiendo que los músicos tienen que hacerlas suyas e interiorizarlas mucho para conseguir grabarlas de esta manera y transmitir tanto, con esas pausas, con esos silencios… ¿Cómo ha sido ese proceso de transmitir a tu banda todo lo que hay dentro de estas canciones?

Por un lado me he dejado llevar por Toni, que ha sido un poco el que ha dirigido las dinámicas de la banda mientras estábamos tocando. Aparte de esto, fueron muy importantes unos ensayos que hicimos antes de grabar el disco. Alquilamos una casa en la Sierra de Madrid, en octubre, con el embalse enfrente… todo muy tranquilo. Y estuvimos conviviendo 3-4 días, dándonos tiempo para buscar cosas diferentes y profundizar en conceptos como el espacio y la dinámica de la canción.

Para nosotros era muy importante lo que estabas comentando antes: muchas veces el silencio es más importante y tiene más música que una nota que das. Al ser letras de esta índole, introspectivas, intimistas, existencialistas… creíamos que tenía sentido acentuarlo también a través de los silencios. Que hubiera tiempo en las canciones donde pensar en esa frase y un espacio donde no tiene que haber nada llamativo o característico, sino que lo importante sea el todo.

Para mí es un reto terminar una canción y sentirme enamorado de ella

Me da la impresión de que aquí hay algunas de las canciones más profundas de toda tu carrera. Al escribir tan a corazón abierto y sabiendo que cada vez eres más exigente con lo que haces, ¿te has peleado mucho con estas letras?

La verdad es que me he peleado mucho y le he echado muchísimas horas a las letras. Por una parte, tienes razón en que cada vez tu exigencia es mayor; por otro lado, también quieres contar las cosas un poco diferentes o ser más preciso en algunos aspectos; además, cada vez te cuesta más sorprenderte a ti mismo. Yo siempre he escrito las canciones por instinto y por impulso. Esta vez he querido que todo fuera un poco más ordenado…

¿Un poco más disciplinado?

Exacto, eso es. Dentro de que sigo sin tener demasiada disciplina en mi vida y en muchas cosas pago el precio por no tenerla. Pero para esto sí que la tengo porque me gusta y es un reto para mí terminar una canción y sentirme enamorado de ella. En algunas canciones tienes que rascar un poco más y echarle más horas hasta llegar donde quieras. Sin embargo, otras surgen más fluidas, como por ejemplo Tornado, y sin embargo parece de las más complicadas del disco. En realidad siempre hay una o dos que surgen más fluidas y el resto exigen picar mucha piedra.

Hay una cosa que repito desde hace años que es una frase de Steve Earle que me encanta y con la que me identifico mucho que es que «el primer verso es inspiración y todo lo demás es trabajo». Con las canciones ocurre un poco eso, que una viene de la inspiración y el resto tienes que trabajarlas.

En todos tus discos los títulos tienen un gran potencial evocador. En este caso Sur en el valle hace referencia a algo muy concreto de la zona donde vives. Cuéntame qué tiene de especial el viento de sur para la gente de allí y cuánto de eso tiene que ver a nivel conceptual con este disco.

De alguna manera, el viento sur es el protagonista del disco. El paisaje y el lugar donde están escritas casi todas las canciones son tan importantes como lo que está sucediendo. En los valles pasiegos, en la cornisa cantábrica, el viento sur tiene algo transformador. Cuando sopla muchos días, trastorna ciertos comportamientos y me gustaba como idea romántica pensar que todo lo que sucede en el disco está condicionado por ese «vuelo», nunca mejor dicho, que te da el sur.

Personalmente, a medida que he ido entrando en estas canciones, me han ido doliendo un poco más, han ido teniendo un mayor peso emocional en mí. Y he percibido en ti una sensación de melancolía (quizás por una vida anterior, por el paso del tiempo, la juventud…), pero también hay una mirada realista, consciente del momento, muy conectado contigo mismo. No sé si voy por buen camino…

Pues yo creo que sí, que vas muy encaminado. Este es un disco que entiendo que requiere un poco más de esfuerzo en el oyente, que no es tan inmediato como otros. Me gusta mucho lo que dices porque hablábamos mucho con Toni y con el resto de la banda que queríamos intentar hacer un disco que dentro de 15 años nos siga dando cosas.

Con respecto a lo segundo que decías, sí que es verdad que el paso del tiempo y la reconciliación con ciertas cosas está flotando en el aire durante todo el disco. También me parece que tiene un aire, no de despedida, pero sí de saber que te vas a acabar despidiendo. Como que tienes un pie en lo que ha pasado y en lo que has vivido y otro en lo que no sabes qué va a ser a partir de ahora. Para mí hay un poco de eso: no te estás despidiendo pero sabes que te vas a empezar a despedir dentro de poco.

Mucha de la música que ahora se hace suena demasiado pulcra y ordenada. Me parece que está un poco deshumanizada

Has nombrado varias veces a Toni Brunet. Vuestro trabajo en Las palabras vividas fue casi por casualidad, pero has decidido volver a contar con él como productor de este disco. ¿Qué ha aportado él a estas nuevas canciones que quizás con otro productor no habría sido posible?

Toni, aparte de ser un guitarrista muy especial y un tipo con el que comparto muchos grupos y artistas favoritos, también tiene una capacidad magistral para manejar equipos, dinámicas de banda y dinámicas de canción. Él no se ajusta a un género concreto. Su cantautor favorito es Serrat y puede que su artista favorito del otro lado del charco sea Joe Henry. Se maneja entre géneros muy diferentes, pero todo lo que hace siempre suena auténtico, dentro de las características del artista con el que está trabajando.

Es un músico muy de inspiración, para el que es más importante hacer una toma inspirada que hacer una toma en la que todo está perfectamente en su sitio o que luego se edita. Lo que hace suena muy orgánico o por lo menos hemos intentado que el disco sonara así.

Efectivamente, el disco suena muy orgánico, parece como si el sonido del disco anterior hubiera abierto un camino. Precisamente me ha gustado mucho percibir esas imperfecciones, ese sonido a madera, el rasgueo de las cuerdas de la guitarra, tu propia respiración…

Claro, es que la premisa era que sonara natural.

Es que los discos excesivamente bien producidos y tocados, donde todo está perfectamente encajado, al final te acaban aburriendo al poco tiempo de escucharlo. En cambio, en este siempre vas a descubrir cosas nuevas. Como oyente yo creo que también uno se siente más identificado con algo así.

Es que a mí me gusta que las cosas suenen de verdad. Nos encanta Neil Young y nos encanta Dylan. Ellos han dejado un montón de gambas y de errores en los discos y yo ya no podría vivir sin ciertas gambas que escucho en esos trabajos. Justo es lo que tú comentabas: la respiración, que se oiga el cerdeo de las guitarras… Ese tipo de detalles y que suene más sucio a mí me interesa, no voy a desechar una toma porque tenga un ruidito. En Luna de trueno se cae algo en mitad de la canción y joder, a mí me parece que se cae en el sitio perfecto.

Mucha de la música que ahora se hace, que escuchamos y que funciona para mí suena todo demasiado pulcro y demasiado ordenado, no se va a la batería ni un solo segundo. Yo lo respeto y hay cosas que me gustan de ese tipo de música pero me parece que está un poco deshumanizada.

Y, aunque ese disco te guste en el momento, creo que no es de esos a los que recurres después para escuchar.

Sí, cuando suena todo tan perfecto y pasan unos años, es como si te lo supieras ya tan de memoria y estuviera todo tan limpio y ordenado, que te empieza a resultar aburrido.

Las canciones que más me gustan de las que escribo son las que necesito hacer, las que salen por impulso

En la canción que abre y da título al disco reclamas una serie de cosas pero haces un matiz y dices «resérvate la compasión». Antes has dicho que en todas las canciones hablas a otra persona pero seguramente te estés hablando a ti mismo. ¿Crees que hay que huir de la compasión o autocompasión?

Por un lado en esa canción empecé a pensar que estaba invocando al viento sur, que le estás pidiendo a él que te de todas esas cosas que necesitas, aunque parece que se lo estás pidiendo a alguien. Pero es lo que te decía antes, al final estás hablando de ti. Cuando sientes pena por alguien, es de los peores sentimientos que puedes tener, pero cuando sientes autocompasión, es todavía peor. Creo que es conveniente no revolcarse demasiado en eso porque no es sano.

A la vez que esa petición de ayuda, en algunos momentos del disco también se percibe una especie de lamento por no poder ayudar, tal y como dices en Lo perdiste en casa. Me parece muy emocionante esta canción porque creo que es realmente difícil asumir las limitaciones de uno para ayudar a otra persona y creo que demuestra una gran fortaleza poder hacerlo.

Es que, en muchas de las cosas que nos pasan, no se nos puede ayudar más que estando al lado y acompañando. Esa idea en general sobrevuela mucho el disco. En Amor en ruta también se hace alusión a eso, cuando dice «ahora solo necesitas ayuda».

Y en esa canción hablas de reparar fugas, de comprobar la conexión…

Ahí hay ideas sobre cómo se dosifica la ambición. Hasta qué punto la ambición empieza a ser insana. Eso tiene que ver con el fuego. Hay varios conceptos que se repiten y me he dado cuenta luego, que al final todo se coloca.

¿Has sufrido a nivel emocional al hacer estas canciones?

Sí, normalmente me pega un buen viaje cuando escribo cierto tipo de canciones. Son canciones que necesitas quitarte de encima más que canciones que quieres escribir. Yo confío mucho en eso. Las canciones que más me gustan de las que escribo son las que necesito hacer, las que salen por impulso porque estoy en una situación y necesito filtrarlo a través de una canción.

Antes has dicho que en este disco hay cierto aire de empezar a despedirse y hay una frase en Alguien debería pararlo que a mí me sugiere precisamente eso: «La camiseta doblada del Rock ‘n’ Roll».

Me gusta mucho que lo digas porque van por ahí los tiros. Es como que está ahí y puedes volver a utilizarla pero la has dejado ahí doblada.

Sin contar los versos de No es verdad, el disco se cierra con Los amigos se van. Creo que habla también de esa idea que hemos hablado antes, de asumir lo que hay. Dices que «los amigos se van, simplemente se van». ¿Crees que, a pesar de sentir nostalgia, se aprende a trivializar con el tiempo este tipo de cosas (pérdidas de amistades, de estilo de vida, la juventud, etc.)?

Yo creo que aprendemos a trivializar un poco por supervivencia. Nos sigue doliendo igual pero ya no duele como antes. En realidad esta canción parece más dura de lo que es porque no habla de que los amigos se van porque se mueren, sino que se van porque se les va la cabeza. Te puedes volver a encontrar con ellos, vuelven de vacaciones un rato, pero hay algo en la amistad infantil y adolescente, porque luego es inevitable que cada uno vaya tomando caminos diferentes. Es como que te sientes a gusto con ellos pero todos hemos cambiado, hemos tenido experiencias que los demás no han tenido, hemos abierto puertas que el resto no las ha abierto… Como que todo eso nos va alejando un poco de esos amigos de toda la vida.

Siempre meto canciones que tienen que ver con la amistad porque es muy importante para mí, es uno de los pilares de mi vida.

Sobre Quique González

Quique González empezó a labrarse un nombre en el Madrid de finales de siglo, en el que coincidió con Enrique Urquijo de Los Secretos. En 1998 publicó su álbum debut, marcado por el sonido de la guitarra y con unas letras que hablaban del amor, su condición como músico y sus recuerdos de juventud. Más tarde tuvo problemas con discográficas, por lo que decidió montar su propia plataforma. Paralelamente su sonido fue evolucionando e incorporando elementos como el piano e instrumentos de viento. Lo que no cambia es su fascinación por el rock clásico de artistas como Neil Young, Tom Petty y Van Morrison.

Fuente: Apple Music

Descubre algunos de sus mayores éxitos

PRÓXIMOS CONCIERTOS

No te pierdas la agenda del artista y descubre las próximas ciudades y festivales donde va a actuar en directo.

¡Te esperamos en Telegram!

¡Suscríbete a nuestro canal de Telegram y no vuelvas a perderte ninguna novedad!

Salir de la versión móvil