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Ramon Martín (Noches del Botánico): «Desde el principio quisimos hacer un festival al cual nos gustaría asistir a nosotros como público» (2025)

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Fotografías: Paula Lobo

Contar con carteles cuidados al detalle en cuanto a artistas se refiere, un recinto único en la ciudad y un ambiente realmente acogedor son algunas de las cuestiones que caracterizan a las Noches del Botánico, el festival –o ciclo, como lo queramos llamar- que desde 2016 se celebra en los meses de junio y julio en el Real Jardín Botánico Alfonso XIII de la Universidad Complutense de Madrid, en plena Ciudad Universitaria.

Por aquí han pasado grandes nombres internacionales como Bob Dylan, Patti Smith, Elvis Costello, Norah Jones, P.J. Harvey o Robert Plant, y por aquí pasarán a partir de hoy mismo Van Morrison, Roxette, Santana o Morrissey. También ha contado con artistas de primer nivel nacionales como Serrat, Los Planetas, Rosendo, Amaral, Los Secretos o Love of Lesbian, y este año se subirán al escenario Ana Belén, Zahara, Lori Meyers, Mikel Erentxun, Fangoria o Rozalén. El hecho de que muchos de estos artistas y gran parte del público repitan una vez que conocen el festival, es sinónimo de éxito, más allá de cifras o campañas de publicidad.

Con un aforo de 4.000 personas, el recinto podría acoger quizá un público algo mayor, pero la comodidad es cuidada al detalle por la organización, así que se mantienen con ese aforo desde el primer día. Año a año, Noches del Botánico ha ido mejorando y cuidando al detalle otros aspectos que van más allá de los propios conciertos: áreas de descanso, oferta gastronómica, servicios, etc. lo que le ha hecho convertirse ya en una referencia a nivel nacional e internacional. Ya no entendemos los veranos de Madrid sin este ciclo de conciertos y somos muchos los que nos hemos convertido en fijos, acudiendo varias veces en cada una de las ediciones celebradas. El cartel de Noches del Botánico es uno de los más esperados por los amantes de la música en directo, sea cual sea su condición o edad.

Hace unos días visitamos el recinto acompañados de Ramón Martín, director de Noches del Botánico junto a su socio Julio Martí. Allí, comprobamos de primera mano cómo ultimaban los detalles y la puesta a punto del festival y conocimos la manera de trabajar que tiene el equipo, manteniendo intacta desde la primera edición la filosofía que motivó esta aventura.

Este año es la novena edición de Noches del Botánico. Echemos la vista atrás y contadme cómo surge este festival (o ciclo, como prefiráis llamarlo). Habladme de lo inicios, de las ideas que teníais en la cabeza y lo que realmente os empujó a emprender esta aventura.

Realmente, mi socio Julio Martí y yo no nos conocíamos, nos presentó un amigo común. Yo antes estaba también de codirector de otro festival, que era DCode, en la Ciudad Universitaria y aquí surgió la posibilidad de hacer algún festival de jazz o algo más diferente, porque la universidad tenía una semana en la que celebraba un festival de jazz, con pocos recursos, que ya sabes que la universidad pública no lo tiene fácil. Y bueno, llegó un momento que ya no se podía hacer por falta de recursos y quedaba un poco ese hueco. Entonces, un amigo común nos puso en contacto. Julio venía del mundo del jazz y yo vengo más del mundo del pop-rock, por eso digo que no nos conocíamos mucho.

Entonces, sí que nos marcamos unas líneas que hemos mantenido y es una filosofía que hemos mantenido desde el principio. Por una parte, lo que era la diversidad artística, para hacer un festival más ecléctico y dirigido un público que pensamos no tenía muchas ofertas. Tocamos todas las edades, pero nosotros siempre nos planteamos que no íbamos a hacer un festival para jóvenes porque ya hay muchos; no queríamos hacer un festival de mainstream porque ya hay muchos… O sea, queríamos hacer un festival que tuviera unas características diferentes al resto que se hacían. Entonces, ahí elegimos artistas con carrera consagrada, que nos hicieran a todos vivir momentos que ya habían pasado un poco, pero sin olvidar nuevas propuestas.

O sea, que eso desde el primer día lo teníais claro.

Sí. Y otro aspecto muy importante también, que es la segunda parte: queríamos hacer un festival al cual nos gustaría asistir a nosotros como público. Ambos tenemos una trayectoria muy larga en el mundo de la música, más de 30 años. Entonces, ya hemos toreado en todas las plazas, conocemos casi todos los festivales, hemos estado en todos los sitios… Así que decíamos, «vamos a hacer algo que sea un poco diferente al resto». Ahí pensamos en cómo nos gustaría a nosotros que nos tratasen, con qué infraestructura… buscábamos algo que hiciera que quisiéramos estar todos los días. Y de ahí surgió el dedicar también una parte del equipo a buscar lo experiencial.

¿Desde el primer momento sabíais que queríais hacerlo en este recinto?

Sí, desde un primer momento. Es que era también aquí donde se celebraba el festival de jazz del que te hablaba. Era un escenario muy chiquitito, para 200 personas, y no estaba ni cubierto. En estos diez años todo ha variado muchísimo, los árboles han crecido. Antes era un jardín botánico muy pequeño, muy reducido y muy limitado. Y claro, teniendo un entorno que era tan diferente a los demás, se juntaba un poco todo. Así que decidimos utilizarlo. De hecho, las relaciones con la propia universidad las fuimos fabricando en base a eso. Recuerdo que el primer año no podíamos pisar el césped, o antes de llegar al puente, ahí se cortaba. Y metíamos la misma gente, ¿eh? Los 4.000 de ahora, pero todo era más tipo pandilla, con la gente en el césped. Ahora mismo tenemos cerca de 30.000 m2, la gente se puede sentar, etc.

También hemos mantenido esa filosofía de comodidad: que no haya colas en los bares, que no haya colas en los food trucks… Pero cuidado que aquí, como encima todo es más artesano y no hay productos congelados, algunas cosas tardan más en hacerse. También intentamos mantener eso en baños, aseos, limpieza… todo lo que era la sostenibilidad de un planteamiento realmente práctico e incluso educativo. Nosotros sabemos que si tú llegas a un sitio y no hay un papel en el suelo, no lo tiras. Es que incluso cuidamos que los contenedores no vengan sucios o sin tapa, de hecho incluso hemos comprado de los pequeños que son siempre más fáciles de utilizar. Y con todo esto vemos que la gente va respondiendo, así que estamos muy contentos. Ahora mismo es un festival muy cuidado, muy premium.

«Para nosotros, el boca a boca es la experiencia que vives aquí»

Hablabas antes de hacia dónde queríais enfocar el público del festival, ¿habéis notado desde el primer año hasta ahora que ese público ha ido evolucionando?

No veo eso porque, si te fijas, desde el principio los artistas son muy parecidos y tocamos un poco de todo, desde gente con una carrera muy consagrada, ahora mismo nos podemos permitir estos últimos años de tener artistas top que podrían estar encabezando otros festivales. Nos enorgullece que podamos presentarlos aquí, más allá de las ofertas económicas y de que vivimos en un mundo muy agresivo a nivel de lo que es la contratación, pero incluso algunos han elegido estar aquí.

Cuando arrancamos el ciclo, creo que el primer año hicimos 18 conciertos y ese número ha ido subiendo, pero si te fijas, todo tiene una misma ideología. Algunas veces hemos arriesgado, como este año, por ejemplo, que tenemos a Gente de Zona o Cali y El Dandee, pero siempre hemos pensado «¿por qué no?» Y sabemos que va a ser un éxito. Pero en general no nos hemos movido mucho y el cartel ha sido siempre parecido.

Aquel primer año vinieron Robert Plant, Wilco…

Robert Plant ha estado a punto de venir y Wilco también lo hemos intentado, pero al final le ha salido a otro festival. Son otras propuestas económicas y no hemos podido llegar ahí. Ya sabes que los artistas internacionales no tienen caché, se rigen por la ley de la oferta y la demanda. Pues ahí no podemos competir.

Una de vuestras señas de identidad desde el principio es el cartel doble en un gran número de jornadas. Te quería preguntar por esto, ¿de qué manera pensáis esta doble programación y qué dificultades encontráis al coordinar a los dos artistas o bandas que comparten día?

Ahora parece que se llena y todo y es que ha habido un cambio social. Antes íbamos a los conciertos y tú ibas a tu pandilla y decías, «oye, vamos el miércoles a tal sala, a ver a no sé quién» y tú eras el que liderabas y tirabas de tus amigos. Ahora mismo, entre la gente joven, es que hay que estar porque si no estás fuera. De hecho, hay gente que se prepara, se aprende los estribillos para ir ahí. Esto pasa, sobre todo, en el público más joven, que antes era más pasivo y ahora mismo forma parte muy importante del nuevo movimiento social de la música en directo.

¿Vosotros también notáis que aquí la gente viene por la experiencia y por formar parte de ese movimiento?

Sí, sí. Aquí mezclamos los dos públicos: los melómanos, que mueven Roma con Santiago y se quitan todos los compromisos porque ese día tienen que estar, y luego están los que vienen a descubrir. Nosotros nos movemos mucho con el boca a boca, no somos un festival que hace unas grandes campañas de comunicación o de publicidad. Nuestras campañas son muy selectivas y muy pequeñas para lo que el festival significa. Eso es que funciona el boca a boca, y el boca a boca es la experiencia. Tú vienes con un amigo o con tu pareja, y vas a venir seguro otra vez con tus mejores amigos. Incluso se han dado casos de estar gente en taquilla y elegir un día sobre la marcha dependiendo de si pueden o no, no tanto de quién actúe.

Es verdad que cada año, muchos esperamos que anunciéis el cartel para ir seleccionando los días que vamos a venir y mucha gente se acerca aunque no conozca la propuesta, siempre arrastrado por otra persona.

Es que eso me pasa a mí mismo. A veces llegan propuestas y tengo que meterme en YouTube. Nosotros sabemos que hay días que no podemos llenar, que es imposible porque son propuestas mucho más vanguardistas, que nos van a dar también ese tipo de caché, de que la gente vea que no vamos solo a lo obvio.

¿Buscáis también diferenciaros en ese aspecto?

Hay artistas que jamás nos vamos a plantear tener porque tenemos que marcar un poco la diferencia con otros festivales. Creo que hay determinados artistas que aquí no pinta nada, aunque los respetamos, por supuesto. La programación tiene una coherencia e incluso nos vamos a la posibilidad de descubrir, que es lo que decías tú antes con lo de la doble programación, y mezclamos artistas que igual no tienen tanto que ver y de pronto ocurren sorpresas. Hemos tenido días, como el año pasado con Rawayana, que incluso con el primero había más gente que con el segundo. Muchas veces pensamos «a este público seguro que le tiene que gustar esto» y creo que eso la gente lo agradece.

A la hora de pensar los carteles de cada año, ¿os ponéis una premisa de cupos a cumplir en cuanto a edad potencial de público o estilos musicales para intentar abarcar lo máximo?

Te contesto con un poco el esquema que nosotros llevamos. Lo primero es una carta a los Reyes Magos: ¿Qué artista me gustaría tener este año? En segundo lugar, lo que está en el mercado, los artistas que están girando y que puede pasar por aquí; y en tercer lugar están también los artistas que ya han estado y que su experiencia ha sido tan buena, que luego ya cogen y ellos mismos te dicen «voy a sacar disco tal año». Por eso, cada año la contratación se hace más rápida. Ahora mismo ya tenemos artistas para el próximo año. Es un poco un mix de todo esto.

A esto hay que añadir lo que tú también investigas, porque cuando digo carta a los Reyes Magos es de artistas más o menos consagrados que sabemos que vamos a tener ese éxito porque el público también lo demanda. Morrissey, por ejemplo. Con él también hay un factor de suerte porque llevamos dos años detrás de él, que si lo hago, que si no… O Van Morrison que de pronto no contesta y cuando lo hace es a última hora, por eso le hemos metido en los únicos días que teníamos porque todo el demás estaba cerrado. El problema con Van Morrison es que teníamos que hacer dos días para cubrir la demanda y nos hemos tirado al barro y son dos días que tenemos todos los exámenes de la EvAU aquí. En la universidad hemos tenido que pedir permiso.

Siempre decimos que el papel de la Universidad Complutense es impresionante en cuanto a apoyo, no solo por el espacio y el convenio que tenemos de aportaciones mutuas, sino también la fase de desarrollo, lo que te he comentado antes de que el primer año no podíamos pisar el césped y poco a poco todo ha ido creciendo de la mano con la universidad. Ellos nos educan a nosotros de cómo integrarnos en un espacio y nosotros a ellos de que esto va cogiendo ya unas dimensiones importantes. Aquí hay mucha gente trabajando, cerca de 300 personas los días de concierto.

«A todos nos gustan las comodidades y eso la gente lo valora»

Una cosa en la que me he fijado es que cada vez hay menos conciertos sentados, incluso artistas cuya propuesta invita a eso, como el propio Van Morrison, tienen la pista con la gente de pie.

Es verdad. Este año tenemos solo los de flamenco. Mira, te digo otro ejemplo: Herbie Hancock. Él es un hombre que siempre hace teatros, auditorios, todo sentado. Pero aquí estuvo hace dos o tres años y el tío al principio se extrañó de que el público estuviera de pie, fue una exigencia casi nuestra. Y al final el tío acabó como un rockero porque aquí estás tan cercano… De hecho, nos cuenta una anécdota su equipo, que luego fue a otra ciudad, y volvía un poco a su establishment, que era toda la gente más mayor, bien vestida, etc. y el tío, recordaba esto y se ponía ahí con el micro y esa energía que la gente se miraba extrañada.

Es que aquí, por la cercanía, la energía se debe sentir de una manera muy especial.

Fíjate que hay 27 metros de largo, entonces llega un momento en el que tú estás viendo igual que te están viendo a ti, que están cantando tus canciones. Aquí no hay dos focos que no ves nada más allá, desde aquí ves hasta si los que están arriba bostezan o no [risas]. Eso produce una química increíble.

Ahora que hablamos de esto, ¿qué conciertos recuerdas con especial cariño por la energía que se creó en el público?

Al ser un aforo reducido, el público que viene aquí realmente es muy fan. Yo te puedo decir de propios artistas que han comentado todo esto de lo que hablamos: Patti Smith, P.J. Harvey, PretendersQueens of the Stone Age también, y fíjate que ellos están acostumbrados conciertos muy grandes, pero ellos querían hacer un evento para sus fans. Aquello fue una muralla sónica espectacular, con un montaje de luces increíble. Aquello fue la leche, con el público cantando que parecía una legión.

¿Y cuáles son los conciertos que a ti, como melómano, más te han emocionado?

Yo en eso también he evolucionado y he ido aprendiendo, así que ahora yo te podría decir que los conciertos que me han impresionado, me han seducido o me han llamado mucho más la atención, se mezclan muchos estilos. Por ejemplo, uno que recuerdo siempre es el de Kraftwerk en la gira esa de 3D. Me acuerdo que en aquella época estábamos todos viendo Avatar, ibas al cine y había 150 personas con las gafas puestas, sin moverse.

Pues el concepto de este concierto era algo así. Nosotros en la taquilla dábamos 4.000 gafas. Los tíos habían estado por la mañana grabando recursos por aquí y pensábamos que era para sus videos. Cuando empieza el show y dicen que nos pongamos las gafas, empiezan a mandarnos notas musicales disparadas que venían hacia ti. Fue una experiencia brutal. ¿Y cómo acaba esto? Pues ellos van en un platillo, empiezan a tener problemas en el último tema… y al final se estrella aquí. Imagínate cómo fue eso. Una pasada.

Otro que te podría decir es David Byrne. Él ha marcado épocas y estilos. Llega y te dice que no le vale nada de lo que tenemos, ni las luces ni nada. Él venía con un concepto nuevo que consistía en tres cortinas de esas de cabaret, como de virutas metálicas, y montaron ellos unos focos pequeños.

Entonces, sale David Byrne y dice: «todo lo que vais a ver aquí está hecho en riguroso directo, aunque os parezca que no, así que prestad atención y no os perdáis detalle», y todo eso lo dice sentado en una mesa de pupitre de colegio. Todo lo que es la banda llevaba una coreografía, o sea que no eran solo músicos, también tenían que bailar; la batería, por ejemplo, la deshacía y un tío llevaba el bombo, otro el charles, otro la caja, etc. Era alucinante. Y claro, a mí me había hecho bajar todas las luces porque sus focos tienen emisor y receptor, entonces cuando uno se movía en el escenario, los focos le seguían. Fue una animalada.

Este año tenemos uno que también me impresionó muchísimo: The Roots.

Te lo habrán preguntado muchas veces, ¿tienes alguna espinita por no haber podido traer a alguien o algún artista que aún tienes en esa lista de deseos?

Dicen que también trae mala suerte esto, pero yo te digo que estoy muy contento con lo que hemos traído y que vamos a seguir en esa vía mientras podamos seguir haciéndolo. Aún nos faltan artistas, pero te lo digo sin echar de menos a nadie, porque hemos tenido artistas como Woody Allen, por ejemplo (que también recuerdo algunas anécdotas de su concierto), o Bob Dylan, que sin palabras mayores.

Uno de los platos fuertes de este año es, sin duda, Morrissey. Es una leyenda de la música, pero también una figura polémica, ¿cómo afrontáis lo de los puestos de comida?

Pues nada, cerrando algunos directamente. Avisaremos también al público porque para nosotros es muy importante la parte de relacionarnos con la gente. Todo el mundo lo tiene que saber, sobre todo para que tampoco se traigan comida. Él es vegetariano y ya ha avisado que no quiere tener ningún problema. Todo el mundo sabe que se baja del escenario, así que no se puede tener nada de carne ni la parte del catering, ni invitados, ni público.

¿Hay alguna mejora en la edición de este año? ¿alguna cuestión que creas importante resaltar?

Por ejemplo, en la estructura de las gradas, había dos partes que, por la propia naturaleza, no podíamos llegar hasta abajo y ahora hemos logrado llegar hasta abajo para que no tenga ningún cimbreo arriba. También hemos mejorado los baños, con una nueva zona. Al final, los pequeños cambios o mejoras que vamos haciendo cada año son para que la gente se sienta aún más cómoda aquí.

Al final es que esto se ha convertido en un lugar de encuentro, al que te apetece venir antes de los conciertos o quedarte un rato después. Esa es otra de vuestras señas de identidad.

Eso es, que la gente pueda sentirse como en el jardín de su casa, que se quiten las zapatillas en el césped. Y que en el momento de venir, si te quieres tomar algo, puedas tener tu servicio de mesa también. Yo creo que a todos nos gustan las comodidades, ¿no? Esas cosas la gente las valora. Es que tenemos hasta vinoteca, y eso ha sido porque a lo largo de estos años veíamos que la gente demandaba eso, sobre todo parece que se ha puesto muy de moda el vino blanco, pues aquí tenemos unos cuantos para elegir.

Javier Decimavilla
Javier Decimavilla
La música nos puede salvar la vida o al menos mejorarla. Bob Dylan, Neil Young, David Bowie, The Beatles o The Rolling Stones, entre otros, nos llevan enseñando el camino a la felicidad desde hace décadas.