Fotografías: Marina Benítez
Aunque en ocasiones queramos evadirnos de ello y mirar hacia delante con optimismo, lo cierto es que vivimos tiempos oscuros desde hace unos años, tiempos en los que la realidad ya ha superado a una ficción tantas veces imaginada. Es en este contexto en el que se ha movido Carlos Tarque a la hora de confeccionar las canciones de su segundo álbum al margen de M Clan. Este Volumen 2 (2023) dibuja un paisaje un tanto pesimista, con letras no demasiado luminosas y una instrumentación poderosa y agresiva.
Aunque el tono general del disco es el que subrayábamos antes, lo cierto es que hay una rendija abierta para que entre algún rayo de luz, en forma de composición de amor o de admiración. Al final, por muy mal que vayan las cosas, por muy afectado que se vea uno por todo lo que le rodea, la esperanza siempre está ahí, agazapada, asomando la cabeza y esperando ser abrazada.
Hablamos con Tarque de todo lo que le ha movido a hacer estas 12 canciones, de la vuelta a las raíces más duras del rock, de la banda/familia que le rodea y le sostiene, de ilusiones y sueños cumplidos. La energía de Carlos en la distancia corta es la misma que desprende sobre un escenario, y charlar con él es un baile de adrenalina y sensatez, de cabreo y humanidad. Tarque es puro rock, su sola presencia lo evidencia.
La primera pregunta es obligada y, aunque este es tu segundo disco en solitario, me gustaría saber qué buscas artísticamente al disociar tu carrera al margen de M Clan de la de la banda. ¿Qué encuentras en esta manera de hacer las cosas que no lo hallas en tu proyecto con Ricardo Rupérez?
Precisamente lo que quiero es eso: disociar mi carrera en solitario de la carrera de M Clan. Artísticamente, lo que busco es separarme un poco de la madre nodriza que es M Clan, volar de casa, aunque no vuelo tanto de casa porque me voy con primos [risas]. Pero este es otro proyecto, es otra cosa. Aquí no interviene Ricardo, a él no le gustaría hacer estos discos, pero eso no quiere decir que le disguste mi música.
A la hora de concebir las canciones, ¿tu cabeza separa las que van para un proyecto u otro, o es solo cuestión del momento en que las escribes (ahora toca M Clan / ahora Tarque)?
Cuando yo me pongo a hacer un proyecto, por ejemplo si vamos a sacar un disco con M Clan, solo pienso en M Clan, no estoy haciendo dos proyectos a la vez. Nunca he tenido que pensar si una canción la dejo para una cosa o para la otra. A nivel artístico, esto es lo único que he hecho fuera de M Clan, que no sea una colaboración puntual con algún artista.
Lo que sí que queda claro, igual que con tu disco de 2018, es que aquí mandan sonidos más duros que en M Clan, más ligados a los inicios de la banda que a los últimos álbumes que habéis publicado. ¿Es un poco como volver a los orígenes?
Para mí es volver a una cosa con la que yo crecí y que conozco muy bien, que es el rock muy potente, como el heavy hetal de los 80. Yo creo que esto es más que M Clan del principio porque no tiene ese tinte tan sureño, esto es algo casi más cercano al heavy, al hard rock, vamos. El rock duro, con sonido potente.
Para los artistas veteranos como tú, la tendencia es casi la contraria, a suavizar el sonido. En cambio tú lo endureces incluso más que cuando empezaste en esto.
Eso es verdad. También creo que eso quizás lo hemos vivido en artistas que son mayores que yo y esto igual hace que haya más artistas que vuelvan a estos sonidos. Pero tampoco lo sé, no le doy muchas vueltas. A mí me gusta mucha música, no solo el rock, de hecho no es lo que más escucho porque he escuchado muchísimo lo largo de mi vida. El caso es que hace unos años entré en un garito y estaba sonando Jet a un volumen brutal, y dije: «Si es que a mí lo que me gusta es esto, joder». Fue como ver a un viejo amigo y volver a sentir eso, que le quieres. Así que dije «voy a hacer esto».
¿La ganas de adrenalina y de potencia es más una necesidad creativa o física?
A mí me gusta mucho lo que siento con esta música, pero es verdad que el físico ya no es el de antes y esta gira… pues vamos a ver qué tal se da… yo creo que bien, porque somos veteranos y haremos tres cañeras, una baladita, tres cañeras… [risas]. Pero sí, va a ser exigente a nivel físico. Esa reacción que tú comentabas de que muchos músicos lo hacen al revés, creo que también es por una cuestión física. Es que el directo es algo muy gimnástico. Pero hemos nacido para esto. «¡Born to rock!» [cantando].

Me gustaría hacer cosas más positivas, pero me cuesta
Lo cierto es que el último disco de M Clan es Delta, de 2016, y tu anterior y primer disco en solitario es de 2018. Han pasado 5 años sin canciones nuevas tuyas. Desde entonces han ocurrido muchas cosas, ¿estas canciones reflejan estos años?
Sí, absolutamente. Son canciones que empecé a componer en 2020, en pandemia. Por eso también hay un halo derrotista en muchas canciones. Yo no tengo ninguna función social de tener que alegrar la vida a nadie, canto las canciones que me salen de mi momento anímico. Es verdad que a veces dices: «Joder, tío, te ha quedado todo un poco tristón y negativo», pues yo que sé, ponte un disco de otra cosa y ponte a bailar [risas]. No tengo esa necesidad de tener que agradar. Tampoco quiero desagradar, por supuesto, pero no hago música para que la gente diga «qué guay», al menos a nivel de letras. Musicalmente sí que quiero agradar, pero a nivel de letras tengo que expresar de manera honesta lo que me pasa.
Por ejemplo, Días extraños es una canción que habla de la pandemia. Fue la primera que escribí: «Hoy es un día igual que ayer / Mañana lo será también / en la era del pánico / Sueño con tu respirar / pero al despertar es el ruido del tráfico / En silencio te escribo otra canción / Mi ritual para días extraños / Desde el fondo del alma gritaré desencadéname». Es que ese momento en el que nos encerraron yo me sentía así.
Hay otros temas que no hablan realmente de la pandemia, como Bombas en son de paz, que habla de una especie de mundo distópico. Bueno… y es que encima estos días está cobrando un sentido terrible. Por eso el disco es un poco oscuro en general.
El disco se abre con ‘He vuelto para veros arder’. Es una manera excelente de marcar territorio…
Es como un cómic, no hay una filosofía detrás. Es algo muy cañero, simplemente es algo arengador. Digamos que es una película.
Yo encuentro una analogía muy interesante entre ese psicópata protagonista y tú como cantante rock.
Sí, claro, el título tiene esa intención, pero luego la canción en sí no soy yo que he vuelto por el rock & roll.
Decías que el disco es un poco oscuro. Es cierto que eso se percibe, que hay letras un tanto pesimistas del mundo que nos rodea. Parece imposible mantenerse al margen de todo lo que está pasando.
Es que nos lo ponen muy difícil. Sí que quiero hacer cosas más positivas pero, joder, me cuesta… Además, celebrar lo bueno es difícil, a mí me cuesta hacer canciones de «qué bien estoy», me es mucho más fácil hacer canciones de «qué mal estoy», que es para cuando la música te sirve. Yo creo que hay mucha música ya para celebrar lo positivo de la vida.
El otro día estuve entrevistando a tus amigos Los Zigarros y ellos han hecho un disco que es justo lo contrario. Yo les comentaba que quizá lo raro es eso, escribir desde la felicidad…
Es un disco de amor, total. Bueno, es que Ovidi acaba de empezar una relación y yo lo acabo de dejar. Para más inri, aunque yo he tenido unos años muy buenos, han sido difíciles con la pandemia y demás, y eso lo he plasmado en las letras. Tú mira una portada y mira la otra. Una portada son colores, California, la luz, el pop… y la mía es oscuridad. De hecho, para el disco, teníamos una idea que era la resonancia, pero claro, luego pensamos «resonancia magnética», el primero era una radiografía… [risas]
Todo representa momentos anímicos. El arte se utiliza para representar un poco cómo te encuentras y luego eso a la gente le puede servir de bálsamo. Ojalá… aunque no me quiero dar esa importancia. Hay cosas que también hay que plasmar, no es todo lúdico, que es quizás de lo que peca un poco la música más comercial, que solo muestra un lado amable. Ya sabemos que la vida es una mierda, pero yo en esto también encuentro algo que te puede ayudar, es como un exorcismo [en ese momento hace un sonido gutural].

El día que le dedique una canción a mi madre tiene que ser algo muy, muy especial
Hablabas de ‘Bombas en son de paz’. En esa canción dibujas un paisaje apocalíptico, como de película. A veces parece que estemos viviendo una distopía. ¿Tienes la sensación de que la realidad ha superado a la ficción?, ¿a qué no das crédito de todo lo que estamos viviendo?
Es difícil hablar de esto, porque también es frívolo cuando hay gente muriendo. Lo que me parece desesperanzador del ser humano es que, después de tantas mierdas que hemos visto, ¿no hay otra solución que no sea tirar bombas?, ¿no hay más solución que el odio? Si tú, dirigente de un país, provocas tanto odio, ¿cómo quieres que luego la gente…? No sé, es que es muy difícil hablar de esto. No sé qué podemos hacer… intentar hacer el bien por otro lado, quizás.
La canción la escribí casi como un juego, planteando una ficción, un paisaje apocalíptico que a lo mejor no es real… ¡pero es que sí es real! La canción dice que «la distopía llegó» y ya lo estamos viendo… Lo peor es que parece que no tenemos la capacidad de evitar que suceda esto. ¿Qué podemos hacer? Salir todos a la calle, quizás, ¿pero por qué no pasa? Bueno… de entrada, porque prohíben manifestaciones pro Palestina, que es una cosa de locos. La verdad es que es un tema muy complicado y muchas veces huyo, aunque sea de una manera un poco cobarde, de ciertas preguntas porque creo que no puedo aportar nada. No quiero frivolizar con nada de esto, pero la verdad es que es muy descorazonador.
Aunque el disco tiene esa oscuridad de la que hemos hablado, también hay canciones más luminosas o esperanzadoras, como ‘Credo’.
Esa es una canción de amor, de amor incondicional. Este tema no está dedicado a nadie en particular. Me han preguntado si se lo he dedicado a mi madre, pero no es así. Me habría encantado, pero el día que le dedique una canción a mi madre tiene que ser algo muy muy especial. Justo hablaba el otro día con una amiga que está embarazada, y me dijo: «He escuchado ‘Credo’ y parecía que estaba hablando de mí». «Tu sangre late dentro de mí / Yo te entrego mi libertad / Tú me haces sentir inmortal», al final parece que sí está hablando de una relación así, de madre e hijo, de algo que va más allá de que hayas conocido a una persona.
Pero después de esta canción, en la siguiente, recomiendas escapar del amor.
Sí [risas]. Una de cal y otra de arena. Esa es de las últimas y es casi como un blues. Es ese tipo de enfoque en el que dramatizas mucho sobre algo. Obviamente, nadie quiere escapar del amor, pero es como una advertencia: «Escápate del amor, porque te van a hacer llorar». Es ese tipo de canción casi sudamericana, como un bolero, «lloro lágrimas negras» y esas cosas. Me gusta mucho ese enfoque excesivamente dramático. Justo ahí, en marzo, acababa de separarme y hay un poco de esa sensación de «me cago en el amor», como diría Tonino Carotone.
No es hasta la sexta canción que no baja la intensidad. ‘Mar de whisky’ es menos hard rock y más blues… Y tiene ese tono melancólico que tan bien le sienta a este estilo. Al final un blues tiene que ser así y aquí encajan a la perfección letra y música. Últimamente encontramos a muchos artistas o bandas que hacen letras tristes con melodías más luminosa, ¿no te chirría esto a veces?
Por ejemplo, los de «Tú bailando, bailando…». La escuché el otro día y dije: «Qué curioso que estén hablando de una situación tan terrible y que mola». No es que a mí me guste especialmente, pero creo que tiene su punto. Me parece muy interesante eso, la verdad.
Al final no creo que tenga que haber una fórmula. Por ejemplo, Bombas en son de paz podría haber sido una música alegre [en ese momento se pone a tararearla con un tono algo macarra, como él mismo dice]. Pero es verdad que hay músicas que van con la letra y que se ayudan.
El otro día vi un reportaje sobre Bambino en la tele y me encantó, porque es un personaje desconocido para el gran público, pero casi es el inventor de un estilo. Muchas de las letras son dramas y los compositores lo decían: «Hay una letra para cada música». Sí que creo que se puede romper ese molde, pero hay músicas que encaja mejor con una letra. Yo trabajo así, primero tengo una melodía y eso me inspira unas ideas, unos paisajes… puedo acertar más o menos, pero creo que la música en sí ya tiene imagen. Los mismos clásicos, como Vivaldi y Las cuatro estaciones, en cada estación hay una cosa. De hecho, para todo esto hay unas técnicas: Los acordes mayores son alegres y los acordes menores son tristes. Eso en música se utiliza mucho y es algo increíble, pero todo tiene una explicación física.

Creo que tenemos que aprender a jodernos si algo nos ofende
En ‘Piel de toro’ cantas: «Te taparemos bien la boca para que nunca la puedas abrir». Justamente antes has hablado de la prohibición de determinadas manifestaciones. Últimamente se habla mucho de esa censura o autocensura que muchas veces nos imponemos, la cultura de la cancelación y cosas así. ¿Qué opinión tienes al respecto?, ¿Cómo te sientes tú con todo esto?
A mí la cultura de la cancelación me parece terrible, en un país como España, en el siglo XXI. Pero eso es el precio a pagar si estás votando a partidos de ultraderecha o quizás de izquierda muy radical, que te van a cancelar otras cosas. Yo creo que tiene que haber espacio para todo lo que no sea muy ofensivo contra los derechos humanos. Creo que tenemos que aprender a jodernos si algo nos ofende, hasta un límite.
Yo hablaba, más que de lo que te imponga el sistema, que muchas veces la cultura de la cancelación viene de nosotros mismos. «Este artista ha dicho esto. No lo escucho más».
Pero una cosa es «no lo escucho más» y otra cosa es que no lo escuche nadie nunca más. De todas maneras, Piel de toro es una canción en la que me inspiré un poco en la corrupción política que sigue habiendo, pero no tanto como lo que vimos hace unos años. Habla de tanta corrupción que se visto en tantos sitios, hasta en la corona, que dices, «Esto es un desastre». Otra distopía. «Te taparemos bien la boca» habla de cuando de repente había desapariciones de cierto periodista o gente implicada en determinados casos, una especie de cosa mafiosa. Creo que cada uno puede sacar sus propias conclusiones con esta canción, pero no habla tanto de la censura.
Quería hablar de ‘Tan grande como tú’…
Esa es la luminosa del disco. Tú mira cómo es la gente, que el otro día un periodista de una revista me dice: «Oye, la mofa esa de ‘Tan grande como tú’… ¿De quién te estás riendo?». Para que veas que hay gente que está a la defensiva o que va con la mosca detrás de la oreja, pensando que no puede ser que una canción sea tan luminosa.
Mi pregunta iba en el otro sentido precisamente. Es una canción en la que hay mucha admiración.
Es verdad, Raya me dijo: «Tío, necesitamos algo positivo porque el disco está quedando…» [risas]. Entonces pensé, un poco en él también, pero me acordé de la letra de Rosendo: «Eres tú mi artista favorito», que siempre me pareció muy bonita, «Déjame que pose para ti / Prometo estarte agradecido». Queríamos algo que fuese todo lo contrario de lo que hemos estado hablando hasta ahora, que fuese una especie de oda a alguien. Todo eso me vino tan rápido que la escribí en 20 minutos.
¿Y no está dedicada a nadie en concreto?
No. Puedo pensar en muchos amigos, en Leiva, en Carlos Raya, en Ovidi… porque tengo muchos amigos a los que admiro y quiero, pero no es sobre ninguno en particular. Como lo que hemos hablado antes de mi madre, el día que haga algo para alguien va a llevar su nombre y tiene que ser algo muy muy especial. Por eso incluso me da un poco de miedo dedicarle algo a alguien, por si no estoy a la altura.
En esa canción dices: «Eres el futuro del rock & roll». Hablando del futuro del rock & roll. En las últimas entrevistas que he hecho, esta pregunta me ha saltado muchas veces. Ahora que parece que cada vez van quedando menos grandes nombres porque se están empezando a marchar, ¿cómo ves el futuro?, ¿crees que hay relevo?
En el rock no lo sé. Yo creo que personajes de esa envergadura ya no los hay. Es que claro, lo que queda es demasiado comercial y lo que es muy bueno es muy underground. Para mí, Amy Winehouse fue el último gran icono, maldita la hora en que se ponía hasta el culo, porque podía haber durado siete u ocho años más, por lo menos para darnos un par de discos más.
Yo es que creo que está todo muy trillado y salen muy pocas figuras así, al menos en el rock. También es verdad que en otros estilos, como en el jazz, no hay grandes iconos como Miles Davis y sigue existiendo. Pero el rock no es el jazz, ningún festival de jazz mete 40.000 personas como hacen Guns N’ Roses, Metallica o Kings of Leon…
Y luego pasa una cosa ahora. Como en la música ya no se es tan fan de artistas o de carreras, sino de canciones o momentos concretos… todo está cambiando. Solo lo muy comercial, fenómenos tipo Harry Styles, llenan tanto, lo demás no sé muy bien hacia dónde va.

A veces es un poco ingenuo, pero ver el vaso medio lleno ayuda
En ‘Pacto’ hablas un poco de tus orígenes y de hacer un pacto con el diablo por conseguir tus sueños. Haciendo balance, supongo que esos sueños los has cumplido en gran medida, al menos en cuanto a la música se refiere. ¿Te ha servido esta canción para hacer balance?
La canción es una especie de cómic. Lo hablaba con Raya, que quizás nos estábamos pasando un poco de heavys, no en el sonido sino en que la letra era un poco infantiloide. Pero sí que es verdad que la letra tiene algo de autobiográfico, como que miras hacia atrás y piensas en las cosas que han pasado desde que decidí montar un grupo. Tengo la suerte de estar todavía aquí hablando de un disco, que es algo que yo nunca me habría imaginado que podría pasar. Yo pensaba: «Duraremos seis o siete años, y luego ya veremos».
¿Por qué sueño renovarías ahora ese pacto con el diablo?
No tengo grandes aspiraciones, la verdad. Yo que sé… Me encantaría estar forrado y tener mucha más pasta, pero estoy muy contento porque creo que he tenido y tengo mucho éxito. No siento frustración nunca si una sala no se llena, siempre pienso que los que están son los que tienen que estar. No voy a decir nombres, pero hay gente que está en la cima y sufre, porque piensa que todavía tiene que llegar más: «Solo hemos hecho seis Wizink y yo quería haber hecho ocho». A veces es un poco ingenuo, pero ver el vaso medio lleno ayuda.
Luego, a nivel personal no lo sé… [hace una pausa para pensar]. No tengo grandes vacíos… Tengo 54 años… No tengo hijos y es algo que a veces pienso, que a lo mejor podría haber estado bien, pero por otro lado pienso, «hostia, qué guay estoy así». Yo veo a mis colegas y muchos no están bien, por no hablar de parejas que dicen «vamos a solucionar nuestra mierda teniendo hijos». Al final pienso que mi vida es difícil, me voy de gira… y ya no es que me vaya con tías o no o que me drogue o no, se trata de que no tengo una vida familiar y no soy muy estable, entonces es complicado. El tren se fue. «Train go on…» [lo dice cantando].
Pero estás subido a otros trenes apasionantes.
Sin duda. Es que, vamos a ser simples, en la vida tampoco hay demasiadas cosas más que tener hijos o tener ilusiones… y tener la nevera llena. Si consigues algo de eso y estás bien, es como que encuentras el sentido a tu vida.
La última canción, ‘Lluvia de abril’…
Es una canción reflexiva sobre el sentido de la vida…
Es una canción bastante melancólica, que habla de los «amigos que se van para no volver».
Por ejemplo, pensaba en mi amigo Pau Donés, que murió de cáncer. Por desgracia, tengo algunos amigos más que ya no están. Esta canción habla de la vida, de ese momento en el que llueve y te acuerdas de cosas. Es una canción de nostalgia.
Me gusta mucho cuando los discos terminan con una canción de este tipo, más sincera e intimista. Para que el que llegue al final del disco, escuche algo así.
Me encanta que digas eso, porque precisamente esa era la intención. Dejando ese sonido al final… [lo reproduce con su voz].
Este Volumen 2 lo has grabado de nuevo junto a Carlos Raya. Aparte de la amistad que os une y tantas cosas compartidas a lo largo de los años, dime qué es lo que aporta él en tu música y a nivel personal.
Aporta muchísimo. Yo creo que estos discos no los podría hacer sin Raya, haría otros discos bastante peores. Él tiene un don especial para ver cosas que tú no ves, aparte de que toca la guitarra como toca. Él se involucra mucho, pero su nombre no es Tarque, entonces le da una libertad para juzgar las cosas desde otro punto, es una perspectiva muy buena y necesaria.
En tu primer disco tenías una canción que se llamaba ‘Heartbreaker’. A tu banda, La Asociación del Riff, le das una importancia muy grande. Lo relaciono con esa canción tuya porque en la biografía de Tom Petty que escribió Warren Zanes, una de las cosas más bonitas es cómo se habla de la banda e incide muchísimo en ese sentimiento de banda.
Tú puedes ser el «lead capitán», pero es que ellos realmente tocan muy bien. Hay un sonido en ellos que es verdad que, si hiciera el disco con otra gente, sería diferente. También es verdad que algunos de ellos tocan en muchos discos de M Clan y el sonido es parecido, pero es que funciona muy bien y, si funciona bien, ¿por qué lo vamos a cambiar? Igual en algún momento me aburro de que esto funcione tan bien y quiero arriesgarme un poco, pero por ahora estoy muy bien así.
Aparte que luego, a nivel personal Chapo, por ejemplo, es como un hermanito, llevo 13 años con él girando, es un colega y eso es muy importante. Al final esto es como otra familia, porque una banda es una familia. La música une de una manera muy especial, muy íntima, que no encuentras en otros trabajos. Es que la música es algo que tú estás construyendo con alguien mirándote a los ojos.

