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Veintiuno: «En el transcurso de este álbum probablemente nos hemos hecho mayores como banda» (2026)

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Fotografías: Alejandro García-Cantarero

Cuando hace año y medio Veintiuno publicaron La balada de Delirio y Equilibrio, tuvimos que posponer varias veces nuestro encuentro y al final no pudo materializarse, por eso era casi una obligación para ambas partes juntarnos ahora que van a cerrar esta etapa con una reedición muy especial. El trabajo en cuestión se llama El último baile de Delirio y Equilibrio y en él, junto a revisiones de algunos temas junto a amigos, hay también varias canciones nuevas. El conjunto parece cerrar el círculo y deja a Diego, Yago, Pepe y Rafa con la satisfacción de haber encontrado por fin un final a la historia que han estado defendiendo durante tanto tiempo.

La historia de “Delirio y Equilibrio” comienza con la canción del mismo nombre incluida en el disco de 2015 Gourmet. Durante estos años, esos sentimientos y vivencias han ido permeando, en mayor o menor medida, en todos los discos de la banda, pero fue el año pasado cuando Diego propuso a sus compañeros hacer un álbum que aglutinara todo lo que él llevaba dentro de sí y todo lo que había ido dejando plasmado en sus cuadernos en forma de frases y dibujos. Fue así como se llegó a La balada de Delirio y Equilibrio, el trabajo que ha supuesto el salto definitivo a nivel cualitativo y cuantitativo de Veintiuno.

Ahora publican este último baile, con la sensación de cerrar una etapa muy importante, expectantes ante lo que está por venir. Y lo hacen rodeados de compañeros y publicando una fotografía fiel de lo que es la banda actualmente a nivel musical. Unos días después de que presentaran el trabajo ante unos cuantos privilegiados en la Sala de Columnas del Círculo de Bellas Artes de Madrid, nos reunimos con los cuatro para hablar de todo esto.

El otro día en la presentación del disco se os vio visiblemente emocionados cuando Diego explicó de dónde surgió este disco, el camino recorrido hasta aquí, etc. Contadme qué ha supuesto para vosotros como banda la etapa de La balada de Delirio y Equilibrio.

Yago: Hemos cumplido un montón de objetivos. Bueno, no diría objetivos porque no son cosas que nos planteáramos, pero poder cerrar el disco con Iván Ferreiro, de repente vernos en mayo abriendo para La Oreja de Van Gogh… Nos han pasado cosas muy buenas. Yo creo que La balada ha sido el mejor repertorio que hemos tenido en mucho tiempo. Tiene unas canciones de las que estoy súper orgulloso y muy contento de defenderlas en directo.

Pepe: Yo siento que hemos crecido mucho y que hemos ganado mucha confianza en nosotros. Nos hemos propuesto ideas que hace un año o dos eran totalmente inverosímiles, y las hemos conseguido. Cosas como escenografías, sueños de irnos a tocar a una playa, tocar con X gente, abrir una gira legendaria… Hace dos años sería algo impensable. Ahora, como que ha pasado rápido, pero realmente el proceso ha sido bastante largo, hemos hecho muchos kilómetros y, sobre todo, hemos vivido muchas cosas juntos.

¿Sentís que con El último baile de Delirio y Equilibrio cerráis etapa o es un paso más?

Diego: Para mí creo que se cierra, se abrocha una etapa de la banda en muchos sentidos. No sé cuántas primeras veces puede tener una banda, pero solo en el transcurso entre la composición, producción y gestación de La balada hasta ahora, en el plazo de los dos años han pasado, como ha dicho Yago, muchísimas cosas, y muchas de ellas muy iniciáticas para Veintiuno. Una profesionalización, en cierto grado. Digamos que en el transcurso de este álbum probablemente nos hemos hecho mayores como banda. Lo hemos notado, hemos sentido cómo decisiones artísticas tomaban cierto peso. Yo no sé cómo será el siguiente disco de la banda, pero lo que sí sé es que este era el corolario de muchísimas ideas artísticas que llevamos trabajando los últimos siete u ocho años.

Entonces, para mí es el cierre de una etapa y además tengo ganas de abrir la siguiente. Esa es una cosa que también creo que es muy bonita, que sientas que la banda está en un buen momento de forma. Es que nos vamos a hacer ciento y pico bolos en dos años, o sea que estamos en una forma como banda que nunca habíamos soñado, en cuanto a que nos sueltas en cualquier sitio, con cualquier condición material y la banda suena y es solvente. Eso es muy maravilloso como punto de partida para empezar a trabajar. A mí me emociona mucho.

Creo que eso cambia de dónde veníamos, que hemos pasado todos los estadios: de ser una banda maquetera, que nuestro desarrollo se interrumpa por una pandemia y luego volver a arrancar durante casi tres años. De alguna manera, este es el primer disco que nosotros construimos con la idea plena de hacer un álbum en toda su extensión y darle toda la vida que ese álbum tenga… hasta una reedición con colaboraciones.

«Quería que este viaje fuese bonito para la persona de la que estoy contando la historia y que fuese justo también»

En el proceso de hacer un disco tan personal, entiendo que hay mucho de cerrar o sanar heridas a través de las canciones. Cuando se trata de eso, ¿uno se siente más liberado cuando termina de escribirlas o cuando por fin las comparte con el público y las canta en directo con su gente?

Diego: Para mí el proceso que tenga de catártico escribir una canción termina cuando la canción está escrita, porque la emoción que te pone alguien sobre tu canción es ajena, es de otro. Igual que intento que eso no condicione la siguiente definición artística, no cierra nada en mí cómo la reciba nadie porque yo no escribo canciones para nadie, escribo canciones porque me gusta hacerlo. Luego podríamos entrar en cuánto tiene de catártico escribir una canción, o si siempre lo tiene, pero yo lo hago para mí. Es un acto muy egoísta, por tanto. Si es una canción que habla de alguien, como mucho extiendo lo que tiene de catártico a cómo le afecte a esa persona.

Lo primero que me llamó la atención de esta reedición es el orden de las canciones, que no tiene que ver con el disco original. La balada de Delirio y Equilibrio tenía un orden y un sentido muy narrativo, mientras que en este álbum creo que no ocurre así. Contadme cómo habéis planteado el tracklist de El último baile de Delirio y Equilibrio y qué sentido le habéis querido dar.

Yago: Hemos intentado mantener un peso narrativo, de la misma manera que hemos intentado que todos los segundos quepan en un vinilo. De repente, estábamos con Víctor de Rufus, que quería alargar una parte instrumental y estábamos ahí a ver si cabía o no. O sea, que se nos ha mezclado el arte con la técnica.

Rafa: Ha condicionado un poco la duración que tiene que tener un vinilo, que son 22 por cara, creo. Quizá un par de temas o tres sí que los tuvimos que cambiar a última hora, diciendo «este que dura 5 minutos no cabe en esta cara y tiene que venir en la cara B».

Yago: El formato ha alterado el orden, sí. No sé si “Pide un deseo por mí” estaría la última…

Diego: Para mí, sí. Tanto esa como “Vidas pasadas” sí tenían que estar ahí. O sea, cómo empieza y cómo acaba sí que tiene un peso narrativo muy grande y eso es muy buscado. En realidad no acaba con “Pide un deseo por mí”, sino que acaba con “Magia negra”, pero sí que existe ese peso narrativo grande. Luego, en todo lo que ocurre en medio ha tenido que ver la duración, sin duda, pero también ha influido mucho la dinámica del disco. Quien escuche álbumes entenderá que un disco tiene que tener un viaje de la energía que te contagia y hemos buscado eso muchísimo. Ha habido algo muy de última hora y es que hasta que no vimos la foto final de las canciones, no sabíamos cómo quedaría porque aquí cada una es de su padre y de su madre.

Hablando de foto… El otro día hablaste de la portada de “Dopamina”, que es una foto hecha desde la terraza del Círculo de Bellas Artes. El hecho de que la presentación terminara con las cortinas abriéndose a las vistas que hay desde la Sala de Columnas fue algo muy bonito y poético. Me gustaría que me contaras de nuevo la historia de esa primera foto de “Dopamina” -canción de Gourmet, donde estaba también “Delirio y Equilibrio”-, y cómo se cerró el círculo.

Diego: Para mí hay algo muy bestia y es muy emocionante. Habrá a quien le resulte más o menos obvio de los personajes de los que estoy hablando en este disco, pero creo que hay una imagen muy poderosa en lo que es para mí la historia que estamos contando. Aun así, explicar lo que conté en la presentación hubiese sido imposible hace dos años, porque no vas a conseguir que la gente conecte o entienda qué coño le estás contando.

Ya fue increíble que Gorka consiguiera que nos alquilaran el Círculo de Bellas Artes porque le añade una gravitas muy increíble que no sabíamos que íbamos a tener hasta dos o tres meses antes de hacer el evento. Y facilita mucho contarlo. Pero es que es una historia muy potente. Es difícil en el mundo en el que vivimos, en el que hay media teachers para las entrevistas de los artistas mainstream, conseguir explicarle a la gente hasta qué punto algo que estás contando tiene verdad para ti y es real. Esto es algo tan increíble que es hasta bonito que sea cierto.

Hace unos cuantos años que yo estaba en la azotea del Círculo de Bellas Artes y una persona hizo la foto que se convirtió en la portada de la primera canción que nos dio una vida como banda. En mi habitación, junto a esa foto, hay otra que tomé yo a la persona que estaba haciendo esa foto. Ahí estaba todo y eso es lo que estoy contando: el viaje que hemos hecho las dos personas que salen en esa foto hasta donde estamos. Ha sido un viaje muy bestia para mí. Yo quería que fuese bonito para la persona de la que estoy contando la historia y que fuese justo también. Eso para mí sí que ha sido muy catártico y liberador.

«Este disco sale de pensar qué nos gustaría que tuviera una reedición nuestra»

El último baile de Delirio y Equilibrio tiene dos características muy marcadas: la inclusión de temas nuevos y la revisión de algunos ya publicados en el disco del año pasado. Me gustaría que habláramos de esas dos caras del trabajo. En primer lugar, ¿por qué sentís la necesidad de pedir a amigos que hagan suyas estas canciones?

Diego: Tú que eres melómano, cuando ves una reedición, ¿a que hay veces que dices «qué guay ha quedado esta reedición, cuánto valor le añade al álbum», y hay otras que dices «me llevan anunciando la versión deluxe de esto y ha sido la actuación en la BBC y la misma canción pero sin colabo»?. Cuando a ti lo que te gusta es la parte artística de esto, te gusta el formato y disfrutas como consumidor de la música, hay una lista de cosas que te gustaría que tuviera la primera reedición de un álbum tuyo. No sé si los siguientes años tendremos la energía de dedicar un año a hacer una reedición, que es un salto más grande respecto a un álbum que ya era un salto grande, pero ahora la teníamos y desde ahí sale, de pensar qué nos gustaría que tuviera una reedición nuestra.

¿En ese aspecto pensasteis primero en quién queríais que colaborara o en la canción que queríais que tuviera una nueva lectura?

Yago: Un poco las dos. De repente, estamos coincidiendo con Repion o con Puño Dragón y, partiendo desde la admiración, tienes una canción que puede encajar. Nos ha sucedido también mucho el pensar en artistas y amigos pero no tener el material.

Ahora que dices eso, recuerdo que hablando con Diego hace unos meses, me comentó alguna colaboración que al final no está aquí.

Diego: Sí, es verdad. Es que ha habido alguna colaboración que se ha caído o que no ha llegado.

Yago: Claro. Por ejemplo, a Repion hace mil años que las conocemos, pero el momento y la canción ha sido ahora.

Rafa: Por mucho que quieras colaborar con alguien, que lo tengas súper hablado e incluso tengas cerrado un día para hacerlo, al final, encajar la vida de dos proyectos que están vivos, que están girando y que tienen una agenda, muchas veces es muy difícil.

Yago: Y ya si son bandas y quieres contar todos…

Diego: Llega cuando tiene que llegar. Ya este disco es el momento en el que hemos conseguido coordinarnos con gente a la que conocemos desde hace muchísimo y luego gente a la que conocemos hace dos años. Hay colaboraciones que nos han llevado 10-12 años hacerlas y han llegado cuando han llegado. Hay otras que todavía no se han podido y que han estado a punto de ser, pero si tiene que llegar, llegará.

Rafa: Lo típico de «tenemos que hacer algo juntos». Tú sabes que sucederá, pero no sabes cuándo.

¿Cómo ha sido ese proceso? ¿Les habéis dado premisas o les habéis dejado libertad total para hacer con las canciones lo que quisieran?

Pepe: Ha habido diferentes caminos de trabajo. El que nosotros queríamos y por el que abogamos era meternos en una habitación con el grupo para, desde cero, abrir el tema, aprender su manera de ver la música, de cómo enfocar un tema nuestro. Nos ha pasado con Rufus o con Puño Dragón, que yo creo que es la vez que en un estudio hemos estado más gente a la vez. Y luego ha habido otras que les hemos mandado las pistas, como a DJ Nano o a Nuno [Grande Amore], y directamente nos han enviado ellos su propuesta.

A mí me nutre más la primera porque es mucho más interesante trabajar desde ese punto de vista y ver cómo la canción empieza desde, por ejemplo, ver a Víctor que lo primero que eligió fue la caja del ritmo. Yo nunca habría empezado por ahí, pero luego ves la canción terminada y es increíble.

«Este disco es una foto de la banda que fuimos entre 2025 y 2027, de la propuesta estética que tenía este grupo»

Es que esa nueva versión de “Armadura” es una fantasía y ellos se la han llevado a su terreno por completo. Al final, se juntan los universos de las dos bandas de una manera maravillosa.

Diego: Es que Víctor es un gran productor y tiene una gran intuición como productor de músicos, que es como el que es buen director de actores. Aquí todo nace de una propuesta suya, pero en la que nos pone a tocar a nosotros. Han grabado Víctor y Julia, pero a quien Víctor nos pone a tocar es a nosotros. Nosotros le decimos: «Vamos a partir de aquí, pero ahora ¿cómo plantearías esto armónicamente en otro sitio?». Pero son nuestras manos las que están tocando, bajo la batuta de lo que Víctor imagina. Él quería llevarlo como a la última Dua Lipa y nos flipó la propuesta. De pronto, él tiene en su cabeza el sonido, el timbre del sinte que quiere utilizar, pero te pone a ti a tocarlo.

Eso es algo que nosotros luego aplicamos con otras de las colaboraciones. Por ejemplo, el solo de Germán en “Nuestra parte de noche” o de Rubén. El tema original vehiculaba alrededor de una guitarra muy blues, muy Stevie Ray Vaughan, de alguna manera, y cuando lo cogen ellos, aunque Germán es un gran guitarrista, todo el peso se lo dan a Rubén y eso se lleva la canción a otro sitio. Es más, cuando estamos haciendo la propuesta de la producción, ellos dicen: «¿Y si quitamos la guitarra del inicio y se queda con el rhodes?». Eso lleva a otro sitio por completo las canciones.

Con Malmö ocurre que venían siendo tan fans de la canción que tuvimos que tirar nosotros de ellos para que metieran más cosas. Ellos son unos hitmakers de la hostia, y que unos autores de canciones pop tan redondas no sintieran que querían cambiar nada de la canción es un honor para nosotros, pero nosotros queríamos incorporarles, así que nos pusimos a cantar todos dentro del estudio y hacer algo que nosotros encontramos en su propuesta. Ellos fueron mucho más respetuosos, por eso es importante destacar que se aproximó cada uno desde donde se quiso aproximar, y eso es algo que nos hace muy felices.

Quizá la versión más sorprendente de todas sea la que habéis grabado con Grande Amore, llevando “Mitología” a su terreno. ¿Qué sentisteis cuando Nuno os envió la canción así?

Rafa: De primeras fue como «vamos a escucharlo muchas veces antes de opinar» [risas].

Yago: Cuando dijo que quería hacer como un post-punk shoegaze… yo no creía que pudiera hacerse porque estábamos muy empapados del saxo y el indie pop-rock que manejamos nosotros. Pero al final es de las que más me gustan, la verdad.

Diego: Es una canción que para nosotros bebía muchísimo de Bleachers, por ejemplo, y que no sabíamos cómo podía viajar hasta donde él quería, porque nos mandó una referencia y dijimos «genial, pero a ver cómo lo lleva». Y cuando empezamos a escuchar la caja de ritmos… «tu-pa, tu-pa, tu-pa» [lo dice marcando el tempo] fue como «ah, vale, vale, ya entiendo. Hay distorsión en la distorsión, ahora entiendo por dónde va» [risas].

La otra característica destacable de este nuevo disco son las canciones inéditas. “Pide un deseo por mí” es un poco la bisagra entre vuestro disco del año pasado y este. La sacasteis de una manera muy especial y, al margen de lo que contasteis en su día de cómo había nacido la letra, parece que tiene un peso bastante importante en toda esta historia.

Rafa: Sí. En parte también por cómo la hicimos, cómo la promocionamos en la playa de Aguilar, que fue un evento que se nos ocurrió a nosotros, que dijimos «vamos a coger cuatro altavoces, vamos a presentarnos allí y a ver quién hay». Pusimos las coordenadas, pero fue un salto al vacío total y guardamos un recuerdo muy bonito. Luego estuvimos triturando deseos en la playa y yo lo recuerdo como uno de los días más bonitos de la carrera de Veintiuno, la verdad.

Cuando planteáis la salida de este disco, entiendo que tú, Diego, también tienes la necesidad de cerrar algunas cosas con “Vidas pasadas”, “Troya” y “Magia negra”. ¿Qué es lo que se te quedó por contar en La balada de Delirio y Equilibrio?

Diego: Yo tengo una sensación de final con el disco que no tenía cuando hicimos La balada. Es que a La balada, que es un viaje muy bestia, lo que le faltaba era rodar y ya El último baile recoge un poco todo eso también. Es una sensación que solo percibimos dentro, pero por ejemplo, “Perder los modales” es diferente al “Perder los modales” que nosotros grabamos en La balada, pero no es diferente al “Perder los modales” que nosotros tocamos en directo.

Para cuando nos metemos en el estudio con Repion, ya nosotros venimos de un año de rodar esa canción, de abrir los bolos con esa canción, y la canción ya ha cambiado en cierto sentido. Nosotros lo que llevamos a El último baile es la canción que estamos tocando en directo, luego ellas se suman a eso y hay cambios, pero es la foto de ese momento de la canción.

Con “Estarás” ocurre lo mismo. Las diferencias que hay del “Estarás” original al “Estarás” de El último baile no son solo de la participación de Malmö, son de que la canción la hemos tocado más de cien veces en directo, ha ido mutando, tiene un pulso diferente, ha crecido…

Por eso incluís “Orphée” también.

Diego: Eso es. “Orphée” es una pieza que Rafa hizo para el directo, para servir de un momento muy emocional no verbal en el bolo, y era una pena perderla. Hay veces que hemos desarrollado pequeños intermezzos y piezas para directo que luego no terminan de quedarse y es una pena porque se pierden. Aquí teníamos el vehículo para poder guardar esa pieza, aprovecharla y quedarnos con ella. Deja un testimonio de la banda que éramos en ese momento. O sea, El último baile es también una foto de la banda que fuimos entre 2025 y 2027, de la propuesta estética que tenía este grupo.

«Llevo dibujando y escribiendo toda la vida, pero buena parte de mi entorno solo le da valor porque ahora tocamos, se venden discos, la gente viene, nos hacen entrevistas…»

Aunque en la edición digital, el disco se cierra con “Pide un deseo por mí”, el verdadero final de El último baile de Delirio y Equilibrio es “Magia negra”, una canción que aparece solo en la edición en vinilo. Habladme de ella y de lo que simboliza.

Diego: Así es. Con esta sí que hay una sensación de final. Siendo todo El último baile -y La balada, por supuesto- una colección de imágenes que tengo en la cabeza de los últimos años, hay un ejercicio de escritura no planificada en “Magia negra”. Esto parte de tener el título de “El último baile” escrito, que es algo que estuvo mucho tiempo porque ya teníamos claro que se iba a llamar así el disco, y que sería bonito tener esa idea o título como la última canción del álbum, pero no teníamos la canción.

Eso es algo que a mí me sucede a veces, creo que tengo un título que me parece la hostia y me paso mucho tiempo intentando adaptar la realidad a ese título. A veces se pierde el título por el camino, como en “Pide un deseo por mí” que se llamaba “La noche de perseidas” y acabó no siendo ese el título.

Con “Magia negra” me ocurrió lo mismo. Yo tenía “El último baile” escrito en un cuaderno y, por una asociación libre de ideas, aparecían recuerdos que yo tengo de caminar en julio por Madrid, por la Plaza de la Paja, y ver cómo el último rayo de la tarde a través de los árboles genera algo en la sombra de esa plaza que es de arena; tiene algo de la casa de apuestas que han puesto delante de mi casa… Una serie de imágenes que tengo en la cabeza y que, en cierto momento, a través seguramente de un estribillo, acabo cerrando y teniendo la sensación de que estoy contando esa idea de “El último baile”, aunque al final no se llame “El último baile”.

Es lo que te decía antes, que yo tenía una sensación de cierre y hubo un momento en el que tuve lo que creía que era una canción increíble que sí respondía. Hay dos o tres intentos que no son guays, pero de pronto hay un día que lo tienes. No sé si la canción habla exactamente de lo que yo hubiese querido que hablase, pero habla de lo que le hace falta para ser la mejor canción posible.

En el texto escrito por Diego que acompaña esta edición, hablas de lo mucho que siempre te ha interesado el arte y el proceso creativo en sí. ¿En qué momento de tu vida te diste cuenta de que necesitabas expresarte a través de algo creativo?

Diego: Yo creo que no hay un momento. No tengo ninguna catarsis relacionada con pensar que quiero expresarme a través de la artesanía o de la vocación artística, solo lo hago porque me interesa. Es que las cosas que me gustan tienen que ver con eso. Mis ratos buenos son tocando un instrumento, leyendo, viendo vídeos de gente que toca instrumentos, de reseñas de películas, de libros, pensando en el siguiente libro que me voy a leer, la siguiente película que voy a ver, el siguiente cómic que voy a leer, el siguiente disco que voy a escuchar…

Algunas cosas las voy haciendo y soy malísimo, y otras me van saliendo. Yo no sé qué es lo que me resulta estimulante, pero me resulta estimulante porque lo quiero hacer todo el rato. Incluso me pasa con bailar. Hace tres años que he descubierto que me gusta muchísimo bailar y voy a clases de baile porque me encanta. Es que no es una decisión, para mí es un hábito. De verdad que me gusta y me gusta aprender e investigar sobre ello, me parece estimulante desarrollarme.

He tenido la fortuna de que he podido profesionalizarme, entendiendo eso como que se genera un rendimiento de lo que hago, pero me parece hasta sociopático decir que me quiero dedicar al arte. Hay un montón de gente que se expresa artísticamente desde la más pura voluntad de hacerlo porque le relaja. Creo que hay algo egoísta en mi forma de aproximarme en los últimos años porque le estoy sacando un modo de vida a eso. Creo que es inevitable y encima está socialmente valorado.

Yo llevo dibujando y escribiendo toda la vida, pero buena parte de mi entorno solo le da valor porque ahora tocamos, se venden discos, la gente viene, nos hacen entrevistas, etc. pero yo no sé si la expresión es más pura que cuando lo hacía porque me flipaba y ya está. Solo sé que me gusta hacerlo y encuentro un vehículo. Ahora mismo me he tirado tres meses dibujando en casa con un objetivo, antes había épocas en mi vida en las que no tenía tiempo para dibujar porque estaba pagando el alquiler de la casa en la que vivía de otra cosa que ni se parecía. Pues ahora tengo la suerte de que encima esto me paga las facturas. Es de puta madre, pero no es una decisión.

Fíjate, en el tiempo que estábamos esperando para empezar las entrevistas, lo que más me apetecía hacer era coger la guitarra. Me apetecía muchísimo estar tocando porque es una cosa que me gusta hacer.

Para terminar, quería preguntaros a los demás. Unas canciones que son tan personales para Diego y que hablan tanto de su vida, ¿de qué manera las recibís e interiorizáis vosotros como banda? ¿Intentáis poneros en su piel o asumirlas como propias?

Pepe: Nosotros somos los primeros fans y espectadores de esas canciones. Cuando tú escuchas una canción de alguien que no conoces, te sientes identificado; pues si encima es amigo tuyo, más todavía. Entonces, hay algo muy bonito cuando él trae una canción o una idea porque además tenemos el privilegio de avanzar un poco más en esa idea y aportar lo que nosotros creemos que podemos en ese carromato musical o artístico. Eso me parece increíble.

Además, hay algo de que no es solo la canción. Hay más cosas que rodean a la banda y que vemos igual de importantes para llevar el proyecto a cabo. A lo mejor se te puede ocurrir algo técnico, una idea de luces, o cuando el otro día a Rafa se le ocurrió poner un vinilo de dos carpas en la Sala de Columnas y fue precioso. Entonces, creo que no es solo la canción en sí, sino el sentirte parte de eso, que el producto final lo sientas tan tuyo como él y sientas orgullo. Dentro de 15 años quiero sentirme implicado con lo que éramos en ese momento, escuchando las canciones y que suenen a nosotros.

Javier Decimavilla
Javier Decimavilla
La música nos puede salvar la vida o al menos mejorarla. Bob Dylan, Neil Young, David Bowie, The Beatles o The Rolling Stones, entre otros, nos llevan enseñando el camino a la felicidad desde hace décadas.