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Eladio y Los Seres Queridos: «Teníamos que buscar estímulos, hacer un disco atrevido y buscar nuevas fronteras»(2021)

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Fotografías: Pablo Vázquez

A Eladio y Los Seres Queridos la pandemia les sorprendió sólo unos días después de que Academia (2020), su sexto álbum viera la luz. La gira de presentación habría sido la celebración perfecta para sus quince años sobre los escenarios. 

Charlamos con Eladio Santos (voz y guitarra) vía telemática para repasar este disco que ya ha cumplido un año, un álbum que tiene forma de oda a la felicidad, compuesta por catorce pasajes intimistas que cubren un amplio abanico estilístico. Del pop más clásico al indie, pasando por el rock, el folk pantanoso e incluso la canción de autor. 

Abrís el disco con Quemé una bandera, con la que pretendíais cerrar capítulo y dejar atrás algunas cosas, ¿cuáles?

Esta canción está conectada un poco con el título del disco y con lo que dice la canción de Academia. Academia era ese universo en el que pasamos tantos años. Era un poco nuestro método: juntarnos, ensayar, estar de cháchara, ver vídeos en Youtube, comentar la actualidad… Era un momento en el que disponíamos de mucho más tiempo y era un grupo basado en la amistad y el amor de muchos años. Después todos empezamos a tener más obligaciones y mucho menos tiempo para ensayar. Era necesario inaugurar un nuevo método que implicase currar más en el sentido puramente técnico, hacer ensayos más eficientes. También queríamos tocar a la vieja escuela, sin pregrabados, sin respetar la estructura de las canciones, poder improvisar. Todos eso es a lo que decimos adiós en la canción para inaugurar una nueva etapa. 

Por eso es la primera canción del disco y, si te fijas, no se parece mucho al resto, es una canción de transición. Luego resultó una canción bastante profética y no sólo porque habla de la monarquía sino porque hablaba de que iba a cambiar el mundo y el ambiente apocalíptico que aparece en el video lyric. Aunque la verdad es que muchas canciones parecen ahora proféticas, le pasa a todos los grupos. En realidad el grupo estaba bastante asentado aquí en Galicia y podríamos haber continuado así mucho tiempo, ensayando poco y sacando pocas cosas nuevas pero seguir tocando y tirar de lo que ya teníamos. Pero me parecía un poco deshonesto con nosotros mismos. Teníamos que buscar estímulos, hacer un disco atrevido y buscar nuevas fronteras. Sin miedo.

A las aportaciones del grupo a las canciones las llamamos el serqueridismo

Tengo la duda, ¿Academia en el sentido más común de lugar de aprendizaje o reunión de sabios o artistas después de tantos años en la música? 

Lo primero, lo primero (risas). Lo que pasa es que a mí no me gusta nada mandarles las maquetas de las canciones. Yo hago unas maquetas con de todo ya, pero a mí me gusta que luego lleguen Los Seres Queridos y no la hayan oído para que la interpreten de otra manera, me sorprendan y aporten sus personalidades porque son muy importantes.

A las aportaciones del grupo a las canciones las llamamos el serqueridismo. Una cosa es la maqueta que yo hago que es más íntima, suelen ser un tono más bajo y llegan ellos y me meten vitamina. Entonces no les envío mis maquetas y al llegar al ensayo siempre se quejan un poco y me piden que les pase los acordes. Ahí es cuando yo les riño siempre y les digo: «esto no es una academia». Eso ha quedado ahí y nos pareció un buen nombre para definir todo lo que rodea al grupo: los ensayos, las maquetas, las horas de furgo. Eso era la Academia

Hay una canción que nos ha llamado mucho la atención y es El Norte. Más que una canción es un plano secuencia que os sobrevuela durante un viaje en carretera. ¿Habéis echado mucho de menos la furgoneta durante estos meses?

Das en el clavo, justamente eso era lo que queríamos transmitir. Para los gallegos la meseta es un poco mágica. La primera vez de niño que vas a Madrid o a Valencia y la ves piensas: «ostras, qué sitio más raro». No hay montañas, es súper plano, no hay verde. Y me encanta. Siempre que paso por ahí pienso: cómo me gustaría conocer esos pueblos. Ir por ahí con en bici o en moto y conocer las historias de todos esos sitios. 

Esta es una canción hecha a medias con Jorge Ojea, que toca la guitarra con Luz Casal. A veces hacemos canciones juntos para Luz Casal y otros artistas. Entonces quedaba un poco ahí, no tenía voz. Me mandó la canción tal cual sin voz. Yo le metí unas cuerdas, le cambié un poco la estructura pero la canción estaba bastante hecha. Y me salió esa letra porque además es una estampa bastante habitual en un grupo de por aquí. Esto es el Far West, tardas muchas horas en volver aquí después de un concierto. Y siempre es un momento guay porque ya estás relajado. Pero sí, fue un trabajo muy plástico. 

¿Qué ventajas os aportó la autoproducción?

Este es el tercer disco que autoproducimos. El primero de ellos, Historias de Caza (2017), fue ya con carácter total de autoproducción. Dejamos incluso los ruidos ambiente. Pasó bastante desapercibido y fue una especie de primer experimento.  Luego vino Cantares (2016), que es un disco de clásicos galegos. Con ese disco vendimos muchísimo aquí en Galicia, fue un éxito total. Es el disco que más vendimos porque además era un formato pequeño que se vendía a buen precio. Ese disco lo grabé sólo en casa y ahí me empecé a animar.

La autoproducción hace que el grupo sea más sostenible. Ir a Madrid a grabar era carísimo y teníamos ya familia…ya no nos podíamos ir un mes de casa. Más que nada se trataba de ciertas ventajas prácticas. Pero también pasa mucho que te sientes muy identificado, mucho más que con los discos grabados en estudio y todos tus demonios internos, paranoias, cosas que te vienen al final, cosas de las que te das cuenta después… las puedes ir corrigiendo. A mí me gusta mucho cuando ya todo el mundo está durmiendo… me quedo y le doy mil vueltas. Puedo desarmar una canción y pulir una canción. Cuando escuchaba Cantares en la tele o en la radio decía «ostras, sí suena bien, suena perfectamente». Me sentía súper identificado y entonces ya tiré para adelante. 

Academia lo grabamos en un bar completamente y es un disco que a mí me suena bastante bien. Es muy difícil escuchar un disco después de un tiempo y no encontrarle fallos. Siempre le encuentras paranoias. Pero no, escucho este y lo oigo perfecto y es porque le dimos muchísimas vueltas, todo son ventajas, me parece. Puedes ir haciendo canción por canción de forma orgánica, no hay un día dedicado exclusivamente a voces, por ejemplo. A mí eso me estresaba un montón. El estado anímico influye un montón a la hora de grabar las voces y jugárselo a una carta…Además cada canción requiere una actitud. Y al final de todo, si no te gusta una canción, pues no la pones, no tienes esa presión de incluirla porque la has producido. 

¿Hay muchas canciones que al final no habéis incluido en el disco?

Tengo montones y montones de canciones en el ordenador. Realmente, antes de pandemia hacía una canción o dos al mes. Tengo comprobado que triunfa una de cada tres o cuatro. O sea, que hago unas cinco canciones al año (risas). 

Has hablado de Cantares que es un disco de versiones, en Academia habéis incluido Pasan Días de Pablo Milanés, ¿por qué la habéis elegido para este trabajo?

Son canciones de mi niñez. Igual es una crisis vital (risas). Tenía otra hecha de Pablo Milanés que era Si ves un monte de espumas. Pero pasó alguien por aquí y me dijo: «esa canción está muy vista». Entonces una noche cogí la batería de esa canción e hice esta otra. Y la escogí porque creo que pega mucho más con el resto del disco. Son todo poemas de José Martí, Nicolás Guillén y es un disco de esos como de autoayuda. Toda la vida me sacó del pozo cuando me encontré mal. Me acompañó toda la vida.

Esta canción habla del paso del tiempo y es tan bonita… Y esa noche dije: «a ver si me vale esto con lo otro». Es una canción que jamás hemos tocado en directo. Y creo que es la más bonita del disco. Es una canción que me despierta mucha nostalgia y la nostalgia te ayuda a cantar con más sentimiento y te reconforta en cierta manera. 

Cuando una canción está, me gusta vestirla.

Hay en vuestra música un flujo continuo de elementos folclóricos. ¿Es un punto de partida para vuestra música o más una forma de mantener la tradición musical?

Es algo natural. De hecho, nunca me di cuenta de ello hasta que nuestra música empezó a salir de Galicia. Recuerdo que había gente que me decía: «son canciones muy gallegas o sois muy gallegos». Pero es algo muy natural, no hay para nada ninguna intención. Cuando grabamos Están ustedes unidos (2011) alguien quería que metiéramos unas gaitas y nosotros estábamos completamente en contra (risas). Al final acabamos metiendo unas pero yo pedí que fueran muy marciales, de banda militar. No quería que sonaran a folclore galego.

De hecho el folk rock lo intentamos evitar, está como muy visto aquí. Sin embargo a nivel rítmico sí que hay muchas cosas. Hay ritmos de pandeirada y cosas de esas. Supongo que va en los genes. El disco de Cantares triunfó bastante precisamente porque no usaba códigos folk. Son canciones que cantan nuestros padres en las fiestas y en las cenas pero tocadas como si fueran de un grupo indie madrileño de 2007. Era una cosa sacada de contexto total y a la gente le gustó. Si lo hubiéramos hecho en clave de folk no habría llamado la atención. 

A todo esto, yo fui gaiterio. El primer instrumento que toqué fue la gaita. Eso también pudo haberme marcado. Oí mucha música folclórica y tradicional. A finales de los 80 el folk en Galicia era lo más cool del mundo, era como ahora… Rosalía (risas). Era lo más moderno y lo que más respetábamos. Yo recuerdo ir a conciertos de Milladoiro que era el grupo más famoso por entonces y hacían 6 bises. Teníamos una pasión… nos identificábamos mucho. Y era folk puro, no había apenas voces. Luego ya vino Carlos Núñez y ya empezamos a casarnos. Cuando esta tendencia empezó a traspasar las fronteras gallegas nos cansamos, empezó a ser demasiado institucional. 

¿Qué opinas de los proyectos actuales más Mainstream que recogen la cultura musical española?

Me encantan. Rosalía me encanta. Cuando se creó esta división entre haters y defensores yo estaba claramente posicionado y me encantaba discutir en redes sobre Rosalía. Malamente me pareció increíble. Me quedé alucinado cuando lo escuché y no estaba para nada preparado para que me gustase algo así. Creo que es muy importante y muy bonito que la proyección internacional de la cultura española pase por ahí. Es muy bonito no tener por qué imitar modelos estéticos o tímbricos.

Es más, me parece una batalla perdida. En los 90 se hablaba de ello mucho cuando el indie era en inglés. Con grupos como Australian Blonde o Dover pensábamos que eran grupos que podían llegar a internacionalizarse. Y al final no lo fueron tanto. Estábamos intentando ser lo que no éramos. Yo también tuve en esa época un grupo en el que cantábamos en inglés. Ahora lo escucho y me muero de la vergüenza. Así que, que seamos capaces de transmitir nuestra cultura sin intentar asimilarla a lo que hay fuera me parece precioso, me encantan estos proyectos: Rosalía, Rodrigo Cuevas… También me gusta ver a artistas extranjeros transmitiendo lo suyo. Lo local es lo más global. Es importante reconocer el mundo en su variedad y creo que los jóvenes y los niños tienen una idea más certera de lo que es la globalización bien entendida. 

Hay una gran presencia de viento madera: flautas, saxos y también instrumentos orientales en este disco. ¿son las propias canciones las que os piden estos sonidos o responde más bien a un interés de experimentar con otros sonidos en producción?

Es mi parte favorita cuando grabo un disco. Cuando una canción está, me gusta vestirla. Así que busco cosas. Todo lo que hay de metales sí es reales. Pero tiro mucho de midis en ese sentido. Es la primera vez que meto saxos. Es estimulante para mí, es divertido. Cojo un sonido y digo: «ostras, ¿lo podré encajar en esta canción?». Siempre me gustaron esos sonidos… la zanfona me gusta mucho. Las meto con distorsión… no sé ni lo que hay. A veces lo paso mal haciendo los créditos de los discos, me olvidaba de gente, de instrumentos… de muchas cosas.

No pretendo hacer world music, simplemente me gusta que el disco sea variado. No busco la unidad o el sonido en un álbum. Yo creo que la unidad llega sola al disco: quizás por las letras o por mi voz, pero yo veo un sonido serqueridístico. Luego en el directo lo cambio todo muchísimo. 

¿Cuál es tu canción favorita del disco un año después de haberlo estrenado?

Al principio me preguntaban y siempre decía Academia porque era la última que hice. De hecho, yo tenía otro título para el disco y no pudo ser por una casualidad. Y a mí me gusta que haya una canción con el mismo título que el disco. Así que me metí en mi cuarto y la compuse. Y esta salió súper rápido. De hecho, grabamos la primera versión que se hizo. Y por eso me gusta. Porque la encuentro aún inacabada. A veces le cambio la letra todavía y todo.

Esta canción tiene una armonía muy rara y todavía no entiendo cómo me salió porque yo soy muy monjil, soy muy ortodoxo con los acordes y tal y sin embargo esta canción salió diferente y me resulta muy enigmática. Es muy circular, es algo medieval, no sé. Así que creo que un año después mi canción sigue siendo Academia. La verdad es que siempre hablo de mis canciones con mucho amor (risas), pero me interesa porque no me reconozco en ella, veo una lógica extraña en ella. 

Creo que ya hemos atravesado el desierto como grupo

Cartas de Amor es una reinterpretación de un poema de Pessoa, ¿qué otros autores han influido las canciones de Eladio y Los Seres Queridos?

Leo muchos clásicos. Con Pessoa tengo obsesión. Además no sé si sabes que Pessoa tiene muchos heterónimos y todos me encantan. Hace alrededor de veinte años que siempre estoy leyendo a Pessoa.  Bueno, yo estudié literatura portuguesa y leo a muchos autores portugueses. También leo a Guillén, José Martí, Panero… Leo mucho a Lorca y otros autores españoles pero siempre vuelvo a Pessoa. Para mí es ciencia, me explica cosas. Es para mí la parte que no puede cubrir la racionalidad de la ciencia. Pessoa siempre me acompaña, me hace sentir que no estoy solo en el mundo. Tiene una gran capacidad de ver lo que hay detrás de las cosas y cómo se siente la gente.

En todas mis canciones hay una gran presencia de Pessoa, en todas: en Señores Disfrazados hay cosas de Pessoa, Estafador es puro Pessoa… Soy un fanático de Pessoa y de Dylan, soy un pesao con ellos, la verdad (risas). 

Habéis tenido un décimo quinto aniversario peculiar, ¿os véis con la motivación de celebrar los veinte años del proyecto encima del escenario?

Ahora que el grupo se ha renovado sí le veo más futuro. Hace tres años no estaba tan seguro. Cuando hice Seres Invisibles (2014) pensé que era el último disco aunque lo cierto es que siempre que hago un disco lo afronto como si fuera el último, el definitivo. Supongo que es una autoconvicción que me impongo para tratar de poner toda la carne en el asador. Siempre creo de todos modos que puede llegar un día en el que no me pueda dedicar a esto o que saque un disco y lo cuelgue y se acabó. Pero ahora precisamente le vemos más futuro al grupo.

Después de tanto tiempo, un grupo como el nuestro tiene que pasar por el desierto. De hecho, creo que ya hemos atravesado el desierto como grupo. Tienes unos seguidores que te pueden acompañar durante un disco, o dos o tres, pero llega un momento en el que se van a buscar otras cosas. Y de hecho le pueden tener mucho amor al grupo y te respetan pero ya no te siguen de la misma manera. Empecé a notar hace cosa de unos cinco o seis años que no teníamos mucho público joven o que te buscas en Google y no hay mucho contenido… Pero creo también que va por épocas y que, por ejemplo, en Galicia estamos muy asentados y no necesitamos hacer mucha promo. Considero que estamos en un punto estable, que siempre estamos ahí. 

Otras veces pienso que quizás ya he hecho demasiadas canciones… tengo unas 100 canciones registradas y me pregunto si el mundo necesita más canciones mías… Porque además siempre estoy esperando a que llegue un verdadero mesías a la música española (risas). Espero un Serrat, algún día tiene que aparecer un tío que sea un escritor acojonante, que conecte con todo el mundo y que nos retrate a todos. Lo espero como San Juan al mesías. En algún momento tendrá que aparecer. 

Vemos con entusiasmo en las redes sociales que cada vez hay más conciertos

Sí, es verdad. Nosotros estuvimos a finales de marzo en Madrid en la sala Moby Dick e hicimos algunas promos bonitas. No nos lo podíamos creer y fue un empujón grande para nosotros. Ahora tenemos un par de cosas más también. Así que contentos. Tengo miedo a decirlas porque se gafan. Pero vamos a ir a sitios a los que no hemos ido nunca, cosa que a estas alturas es muy raro (risas). También habrá cosas por aquí por Galicia. Si va todo bien va a quedar un verano apañao

¿Qué tal ese concierto en Moby Dick? 

Muy bien, la verdad, la sala Moby es una de mis favoritas desde siempre, por su sonido. Suena muy bien, tiene un grave muy definido. Soy técnico de sonido en una sala aquí en Vigo y me acuerdo que cuando la estaban construyendo hace quince años yo decía: tiene que sonar como la Moby Dick. He ido mucho a esa sala en los 90. Así que nada, sonó perfecto. 

Gracias por repasar el disco con nosotros

Gracias a vosotros por luchar contra viento y marea y seguir haciendo cosas y, como le digo a la gente aquí en Vigo, disfrutad de la pandemia porque ya se acaba (risas). Desde el principio fui muy optimista con todo esto aunque el tiempo me quitó un poco la razón (risas). Pero estamos haciendo cosas, lo vamos a contar, haremos lo que haya que hacer, durará más o menos pero es importante que luchemos por nuestras mentes y que no nos dejemos llevar por la apatía. Esto se acabará, volverá a haber conciertos. Volverá a haber otros problemas. Pero seguiremos luchando y aprendiendo. Que no se deprima nadie, por favor.

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