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The New Raemon, David Cordero y Marc Clos: “Si se termina el mundo, qué le vamos a hacer, pero al menos estamos tocando” (2021)

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Tres grandes músicos como son Ramón Rodríguez (The New Raemon), David Cordero y Marc Clos se han juntado para hacer un disco completo, como los de antes. Durante el confinamiento del año pasado, muchos artistas colapsaron y fueron incapaces de componer. Sin embargo, ellos se pusieron manos a la obra y crearon más que un disco, un mundo en el que entre tanto caos todavía cabe la esperanza, que buscan por medio de la aceptación propia. Así surgió A los que nazcan más tarde.

Ellos mismos se consideran de la vieja escuela musical, y defienden esta forma de componer en la que los discos tienen un sentido final, hacen reflexionar al oyente y descubrir algo nuevo tras cada escucha. No triunfarán con este álbum, pero tampoco lo buscan, porque entienden que el éxito tiene una definición distinta a la de la actual industria musical.

He tenido la gran suerte de reunirme con David, Ramón y Marc online, de la misma manera que crearon este álbum, para que nos cuenten el curioso proceso de composición que siguieron, y adentrarnos con profundidad en sus letras, y en el peculiar sonido de A los que nazcan más tarde.

Este disco empezó a surgir poco después de que empezara el confinamiento del año pasado. Contadme un poco cómo fue el decir: “vamos a hacer un disco en la cuarentena”.

Ramón: David y yo hacía muy poco que habíamos estado trabajando en mi anterior disco, Coplas del andar torcido (2020), que ni siquiera se había publicado todavía cuando yo le hago la llamada. Estaba entonces el buen resultado de la experiencia de trabajar con David en la producción y arreglos de mi disco en solitario, tan fructífera que hay incluso dos canciones escritas a medias con él. Es el primer disco en “solitario” donde publico canciones que no he escrito yo en su totalidad, sino que partieron de ideas que David me planteó.

Quedé tan contento con ese nuevo sistema de trabajo que, antes de que saliera el disco nuevo, como ya nos vimos inmersos en el estado de alarma, el confinamiento, teníamos más horas que un reloj, todo el mundo más agobiado que en el bautizo de un Gremlin… Y pensé que no tenía ganas de estar perdiendo el tiempo, “¿qué voy a ver, la tele? No, que me van a asustar con tantas cosas”. Y yo leo mucho, pero no iba a estar todo el día leyendo apalancado. Así que pensé en preguntarle a David, a ver si no estaba trabajando en los 500 discos de ambient que hace cada año y si tiene un huequito para hacer esto. De hecho, recuerdo que estabas trabajando en otro disco a la vez. El del japonés, ¿no?

David: No, estaba haciendo otro, que colaboraba otro japonés, sí es verdad. Pero a todo esto, hay que decir que no es que tuviese un hueco, es que el proyecto me parecía súper interesante, y se hacía hueco.

La cuarentena fue un tiempo de bloqueo para muchos artistas, ¿Cómo os afectó esto?

Ramón: Nosotros somos unos artistas que tenemos ya más años que un bosque. Eso, por un lado. No tocamos en muchos festivales, ni vivimos de ellos, ni le bailamos el agua a toda esta industria más del “entretenimiento”. Somos unos personajes los tres, a nivel individual y musicalmente, muy dispares. No es lo que nos interesa. Yo creo que nos hemos juntado primero porque somos amigos, y después que, a nivel de filosofía, lo que nos interesa de las canciones es el mero hecho de crearlas juntos. Lo demás es secundario.

El estado de alarma ha perjudicado a mucha gente. En todos los aspectos ha sido devastador. Y en el caso de la industria musical… es que en este país ya estaba hecha un desastre. No olvidemos que estamos en el gremio de los toreros (risas). Es que cuando en este país dices que eres músico, casi que te dan un abrazo y te desean suerte. Entonces, como nosotros vamos por libre en ese sentido, nuestro público es nuestro público y, si queremos hacer un concierto, David se lo puede organizar a su aire, Marc toca con un montón de proyectos, pero también tiene algunos más pequeños de jazz, porque a él le encanta tocar en directo. Y yo, en mi caso, puedo coger mi guitarra e irme a tocar a Cuenca cuando quiera.

Pensamos que, si no se nos permite tocar, lo que es escribir no nos lo pueden quitar

A la hora de componer, hay muchos artistas que no han sido capaces de escribir nada nuevo durante el confinamiento, ¿vosotros no tuvisteis este problema?

Ramón: No. Yo de hecho estaba haciendo dos discos a la vez. Estaba con el disco de mi grupo de toda mi vida, Madee, David estaba haciendo otros dos, y Marc también estaba trabajando en pistas para otros discos. También es cierto que esas primeras dos semanas, como todo esto parecía una película de ciencia ficción, primero nos quedamos un poco “a ver qué está pasando aquí”. Luego ya, al ver que todo iba mal, pero estábamos todos bien dentro de lo que cabe…

Marc: Sí, pero parar, lo que se dice parar… Por ejemplo, la versión de The Cure que hicimos fue por ahí.

Ramón: Sí, eso fue justo antes de invitarte. Yo estaba haciendo lo de Madee, que es un poco lo que me reactivó. Me llamó Pepe, el bajista de Madee, porque él tiene un restaurante y lo tuvo que cerrar, y estaba en casa, con los niños, y quería ponerse a aprovechar el tiempo.

Marc: Quizá dentro de nuestro no parar, hubo un poco de bache, obviamente, pero tiramos para adelante. Si se termina el mundo, qué le vamos a hacer, pero estamos tocando como mínimo.

Ramón: Pensamos que, si no se nos permite tocar, lo que es escribir no nos lo pueden quitar. Ahora mismo se puede grabar un disco con un Iphone. Incluso en Coplas del andar torcido hay una canción, si no recuerdo mal es Pronto todo será sombra, que la guitarra que escuchas la grabé con un Iphone.

¿De dónde parte el disco? Cuando decidís poneros a trabajar, hacéis varias reuniones para poner unas normas sobre la composición, pero ¿de dónde surgió todo el sonido, que es tan redondo en todo el disco?

David: Viene de esas primeras reuniones, de marcarnos una especie de normas, dogma o camino a seguir. Aunque realmente, de esas reuniones sacamos más lo que no queríamos que lo que si queríamos. Tampoco había nada impuesto, le dimos mucho espacio a la creatividad y la composición conjunta de los tres. Entonces, cada canción podía nacer de cualquiera de nosotros, de una primera pista. Después, esa semilla iba pasando por nuestras manos e iba mutando en cosas diferentes. El que te suene el disco compacto y unido es porque hay detrás mucho trabajo, que tenemos que agradecer a Raúl Pérez, de La Mina, porque es el que ha producido todo el álbum y el que ha hecho que todo suene al unísono. También, por supuesto, al máster, que tampoco lo estamos nombrando mucho, por cierto.

Ramón: Víctor García también. No se acostumbra a nombrar el mastering pero es una parte muy importante del resultado final. Por ejemplo, Raúl Pérez lo mezcla dando un margen a la persona que lo va a masterizar, en este caso Víctor García, de Ultramarinos Mastering, para que lo apriete y le de esa redondez donde todo suene homogéneo. Cada canción, aunque sea muy distinta…

Marc: Que era el caso.

David: Es verdad eso. Está guay que digas que te suena todo muy parecido, pero cada canción es un mundo. A nivel compositivo, de instrumentación, incluso a nivel de ejecución. Hay canciones que directamente son texturas, como Cámara lenta, son texturas y cuerdas, poco más. Es verdad que nacen de patrones de pistas de Ramón, de alguna pista de Marc que se muta y modifica, pero esa canción son texturas y no tiene nada que ver con el resto del disco. El trabajo técnico ha sido muy importante y bastante satisfactorio.

Ramón: Sí porque, ten en cuenta lo que decía David ahora, que unas piezas musicales con una base tan abstracta hay momentos en que es casi aire lo que suena. ¿Cómo se ordena todo eso? El trabajo de Raúl, en este caso, de poder plantear una mezcla que funcione para cada canción, y después lo que ha hecho Víctor con el mastering y modificarlo todo, está bien reivindicarlo.

Lo que estás escuchando es prácticamente una improvisación vocal que luego fuimos puliendo cuando pasábamos las pistas

¿Teníais alguna letra o melodía ya preparada, o habéis partido totalmente desde cero?

Ramón: No teníamos nada.

Marc: De hecho, cuando ellos dos dan el pistoletazo de salida, fue como una prueba. David comentaba el otro día que el primer tema fue una idea que se lanzó y fue mutando y evolucionando hasta convertirse en la canción que es, y alucinamos. Si esa idea no hubiera tenido ese recorrido, igual se hubiera quedado ahí todo y nos habríamos venido un poco abajo. Pero volvió a pasar con otro tema, y con el siguiente… Por eso también te decíamos que cada tema es un mundo, que parte de una célula que a veces no sabemos ni recordar quién la lanzó en cada uno de los temas.

Lo más bestia además (que yo flipo), es con el tema de las letras, de la lírica. Ramón se las sacaba de la chistera una vez teníamos ya el ambiente de la canción formado, y era como si se hubiera creado esa música para esa letra, pero en realidad era al revés. Él mismo también usando la voz como otro instrumento, como otra capa instrumental, una pasada.

Ramón: Las letras es que salieron muy rápido. Yo no estoy escribiendo música continuamente, aunque lo parezca. Soy una persona que trabajo semestralmente y ya voy pensando en lo que voy a hacer, o el próximo año. Trabajo así la música, sobre la agenda y las producciones. Todo el tema de la lírica, sí que es cierto que cada noche leo mucho y tomo muchas notas. Tengo un montón de libretas acumuladas de los últimos 13 o 14 años con The New Raemon. A lo mejor tengo 25 libretas, y en todas ellas hay un montón de frases o palabras que nunca llegué a utilizar. Y en este caso, como todo iba a ser tan urgente y yo no tenía prácticamente nada preparado, recurrí a todas estas libretas, las revisé y apunté las frases que tenía sin usar, de distintas épocas.

Yo trabajo así. Cuando ya tengo una estrofa armada o cuatro frases, eso me da pie a que vaya saliendo todo lo demás. Eso también creo que ha quedado muy bien plasmado aquí, la letra y la interpretación es muy espontanea. Lo que estás escuchando es prácticamente una improvisación vocal que luego fuimos puliendo cuando pasábamos las pistas. Si David pensaba que era mejor que en una parte cantara más suave, íbamos puliendo esa estructura.

A ese nivel estaba guay trabajar, porque cuando estoy con mis discos, el único que opina sobre las voces soy yo, porque además me las grabo yo mismo. Entonces, ya sé cuándo están bien para mí como cantante o intérprete, “mira, esto está muy bien cantado”. Pero cuando tienes una persona externa que también te conoce, y sabe lo que eres capaz de hacer y lo que no, todo cambia. Aquí nos reíamos mucho porque a veces David me tumbaba las voces. Me decía, “puedes hacerlo mejor”, y eso a mí también me picaba y pensaba: “Pues venga, ¡voy a hacerlo mejor! A ver si esta es la toma que le mola”. Así también nos divertíamos un poco con todo esto.

Aun así, habéis tenido una forma muy veloz de trabajar. Las canciones las sacabais muy rápido, cada uno vuestra parte.

Ramón: Es que nos organizamos muy bien. Normalmente, si la canción partía de una cosa que yo tenía que mandar, o algunos pianitos que me pedía David, yo me levantaba temprano y grababa una base o dos de ideas y él las recibía a las 10 o a las 11 y se ponía a trabajar sobre eso. A media tarde ya me mandaba algo increíble que no tenía nada que ver con lo que yo le había pasado, y entonces yo me ponía a cantar o se lo mandábamos a Marc.

Marc hacía el turno de noche porque estaba con su familia en casa y tenía otras tareas que hacer. Era todo muy circular. Empezar unos por la mañana y Marc por la noche. A la mañana siguiente yo ya tenía la canción del día anterior para cantarla mientras David iba preparando otra, y Marc otra, y creamos como un sistema de trabajo muy rápido (Marc: un fuego cruzado), y en tres semanas pudimos terminar el disco porque estuvimos esas tres semanas inmersos en ello, sin nada más que hacer.

¿Cuántas vueltas solía dar una canción por ese círculo?

Ramón: Un día o dos.

David: No había nada cerrado. Todo iba mutando y, en el momento que veíamos los tres que ya estaba, pues ya estaba. No contábamos tampoco, “venga, una vuelta más, que solo queda una”. Era todo muy natural y creativo. Disfrutando del proceso. Es verdad que Ramón dice uno o dos días, pero no porque tuviese que durar eso, sino porque fue el proceso natural. También es verdad que tres semanas puede sonar poco tiempo, pero fueron tres semanas desde las 10 de la mañana currando hasta… Yo creo que tenía mensajes de Marc a las 2 de la madrugada de “oye, cuando te despiertes tienes esto”.

Ramón: Era como un “Seven Eleven” de música. Estaba abierto toda la noche.

David: Y de lunes a domingo, nada de días libres.

Marc: Tampoco existían los lunes ni los domingos.

Ramón: Pero vamos, llegamos a grabar esto en un estudio y nos arruinamos, nos cuesta esto un ojo de la cara. Es lo bueno de tener equipo en casa y un miniestudio cada uno. Podemos estar amortizando estas horas sin monetizarlas.

para hablar de culos y dinero, ya hay otra gente

Habéis contado que, en las reuniones de antes de poneros con el disco, decidíais sobre todo lo que no queríais hacer. Entre estas cosas, David le impuso a Ramón que no podía tocar guitarras, ¿fue como un experimento, o porque buscabais otro sonido en el disco?

David: Realmente era porque no queríamos que fuese un disco de The New Raemon con ambient de David Cordero, ni que fuera un disco de ambient de David Cordero con guitarras y voces de The New Raemon y arreglos de Marc Clos. Queríamos que fuese un disco de los tres como músicos, no como estilos musicales. Lo de la guitarra fue también por sacar a Ramón de esa entidad de The New Raemon, que hago la diferencia de Ramón Rodríguez a The New Raemon. Tampoco iba mucho más atrás. Era un proyecto en que lo principal era divertirnos, crear canciones chulas e incluso experimentar. Para Ramón o Marc, trabajar más con electrónica, y para mí, trabajar con instrumentos clásicos o acústicos y voces.

Marc: No sé si os acordáis del día este mítico de La Mina, cuando nos conocimos, que hablamos de este disco de John Foxx de Ultravox con Robin Guthrie de los Cocteau Twins, que quizá eso sería un disco de Robin Guthrie con el otro cantando. Cuando Ramón me llamó, yo pensaba que iba a ser eso, y me extrañaba mi participación, pensé: “¿Y yo que pinto ahí?”. Pero enseguida vi que era un proyecto a tres bandas y que no tenía nada que ver son eso. Era una cosa más viva y a seis manos.

Marc se incorporó más tarde al proyecto, ¿en qué momento pensáis en él y le llamáis?

Ramón: Nada, tardamos dos días (risas). Cuando David y yo más o menos pactamos la forma de trabajo o la idea que teníamos en la cabeza, porque yo también, para salir de mí mismo, intenté encontrar una forma nueva de cantar, tengo una voz muy reconocible. Entonces David me decía, por ejemplo, “canta bonito”, y yo ya pensaba “bueno, pues vale. A ver cómo interpreto yo esta sugerencia”.

Yo entiendo este proyecto como si fuera un grupo. No le hemos puesto el nombre de un grupo por tema de sello y volver a empezar de cero con un nuevo proyecto que no conoce nadie, así que decidimos poner nuestros nombres, pero sí que entendemos este proyecto como si fuera un grupo. No somos The New Raemon, David Cordero y Marc Clos si no, yo que sé, ‘Las Abejitas’, por decirte algo.

David: Hostia, peligroso ese nombre, eh (risas).

Ramón: Bueno, pues ‘Tierra Blanca’, como el vino este que te gusta.

David: Yo iba pensando ya una variante, ‘Las Abejitas del Metal’, pero ‘Tierra Blanca’ me suena más guay.

No solo el sonido del disco es distinto a lo que estamos acostumbrados, que es muy especial, sino también los temas que tratáis en las letras. Habláis de la muerte, la humanidad…

Ramón: Es que ya somos unos señores con cierta trayectoria vital, y ya hemos sufrido cosas de la vida como es perder seres queridos o incluso amigos, que ya no están. Y bueno, para hablar de culos y dinero, ya hay otra gente.

el mensaje del disco es estar en ese lugar en el que tú ya entiendes que tienes que dejar ir las cosas que no necesitas o no te convienen

Vamos a meternos dentro de las canciones, si os parece.

La peor parte habla de alguien, o algo, que te hace salir de esa parte más oscura que todos tenemos dentro. Habláis de la venganza, el dinero… sin embargo, termina con ese “Quiero morir sin tu perdón”. ¿Somos nosotros mismos los que tenemos que superar estos problemas? ¿Va por ahí la canción?

Ramón: De alguna manera sí porque esta, en realidad, es una canción romántica. Cuando estoy hablando de que “Quiero morir sin tu perdón”, a lo que me refiero es cuando tu respetas tanto a una persona, quieres vivir hasta el final sin tener que pedirle perdón por nada, sino porque tú has respetado a esta persona en todo momento (en plan más poético).

Me encanta la frase “Bailaremos a cámara lenta para escapar de los lobos”. ¿Quiénes son los lobos?

Ramón: Los lobos sería el propio sistema patriarcal y capitalista en el que vivimos. El hecho de ser conscientes de que nosotros formamos parte de un sistema que se implantó hace ya muchísimo tiempo, que no se ha ido revisando, y que es muy miserable porque solo favorece a una parte de la población poderosa. Para mí esos son los lobos. La metáfora de “Bailaremos a cámara lenta” es un poco lo que hacemos los músicos, el intentar vivir al margen del sistema, pero siendo conscientes de que estamos dentro, porque es imposible salir. No te dejan.

El disco transmite mucha esperanza, y gran parte de ella proviene de la aceptación de uno mismo. Cantáis: “Corre caballo viejo, con tus heridas al aire”, también en Una infancia: “Conseguí abrazar a mis fracasos rotundos”.

Ramón: Es la experiencia, lo que te he contado antes. Estás en un punto de tu vida que es como de no retorno, en el que tú decides aceptarte a ti mismo, con tus flaquezas y tus virtudes, fallos y debilidades, y abrazar eso para ir a otro lugar y seguir creciendo en la experiencia. Metiéndolo en el contexto de este trabajo, que hemos hecho tres personas; es para seguir aprendiendo. Yo he hecho el proyecto con Marc y con David porque a mí me gusta mucho escribir canciones, pero yo necesito hacerlas con otras personas, compartir esta experiencia y, de alguna forma, que cada uno de nosotros se lleve algo y pueda ser mejor músico, letrista o intérprete. He hecho muchos discos colaborativos y me ha pasado muchas veces.

Antes hablábamos de Ricardo Lezón fuera de micro y fue, aparte de esta, una de las experiencias más gratas de mi vida. Trabajar con una persona con un talento así, al cual yo considero un poeta… A mí siempre me echa para atrás cuando alguien me dice que soy poeta, porque no lo considero, pero yo sí puedo decirte que Ricardo es poeta (porque lo es), aunque él nunca te lo vaya a decir. Es una persona muy humilde. Entonces, el hecho de trabajar con él, o con David y Marc, es maravilloso, porque cuando tú ya sabes en el sitio en el que estás, que es un poco la idea del disco, la lírica lo que está intentando es abrazar esa aceptación sin resignación. Decir “oye, a lo mejor yo no soy tan importante, y aquí lo que tengo que hacer es intentar encontrar la mejor versión de mí mismo, para que toda esta gente con la que yo me cruzo en la vida se pueda llevar algo bueno, y yo también”.

La atmósfera del disco, analizada en su conjunto, me da la sensación de meterme en la cabeza de una persona que ya está tranquila porque, como decís, “Lo peor pasó”. Para llegar a esta tranquilidad hay que pasar por todo un viaje, no tiene que ser nada fácil poder decir eso de “No hay prisa en ese lugar”, como en No haces de mí lo que no soy.

Ramón: Tal como lo entiendo yo, las buenas personas siempre hacen lo que pueden. Evidentemente se pueden equivocar, puede haber malentendidos, pero si no hay maldad ninguna, el ser humano es así, es contradictorio y se puede equivocar. Y yo creo que el mensaje un poco del disco es de estar en ese lugar en el que tú ya entiendes que tienes que dejar ir las cosas que no necesitas o no te convienen. Por ejemplo, personas que conoces y que las ves en el mismo lugar que hace años, preocupadas por las mismas cosas, y eso muchas veces a mí me entristece. Pienso, “hostia, déjalo ya, serás más feliz si aceptas que eso ya está, es una cosa que ya pasó”.

El mensaje más fuerte de esperanza puede que esté en Lanzo piedras al mar. “Que nada, ni todo, ni nadie se derrumbe”. Es un “vamos, que se puede” como mensaje final del disco.

Ramón: Es que el disco está creado en el contexto de cuando todavía estábamos en lo peor de todo esto. Había mucha incertidumbre. De alguna forma, una parte de mi pensaba: “Ojalá podamos sacar el disco ya, y que la gente pudiera escuchar esta canción, por ejemplo”.

Nos habría venido muy bien a algunos.

Ramón: Bueno, lo hemos sacado un año después por las cosas de la propia industria, los contratos y todas estas cosas eternas que pasan por los despachos.

Marc: Ahora está más reposado.

Teníamos claro que queríamos hacer un señor disco, con su cara A, su cara B, todos sus perejiles y sus condimentos, y creo que lo hemos conseguido

¿Qué tal está siendo la acogida del disco por ahora?, aunque lleve solo una semana fuera, y ¿qué esperáis del disco?

David: ¿A ti qué te ha parecido?

A mí me ha parecido una pasada. Ahora no se sacan muchos discos que haya que escuchar de seguido, sin estar haciendo otra cosa, y que no sean solo música de fondo. Que dan para analizar bien las letras, la música, el porqué entra esta melodía aquí, y este ritmo… Me parece genial y admirable que se siga sacando música así.

David: Mi respuesta entonces, Jorge, es que hemos conseguido lo que queríamos, que es lo que tú has contado. Los tres somos de la vieja escuela. Nacimos y crecimos en tienda de discos, con objetos físicos en la mano, flipando con el diseño, sentándonos en una silla con unos cascos sólo escuchando música, una detrás de otra, bebiéndonos el interior, los créditos… y los tres concebimos la música de esa manera. Se pueden hacer canciones sueltas, por supuesto, pero este proyecto era un álbum en el que hemos cuidado todo. El orden, el sonido, los créditos… ¿Por qué? Para transmitir esa experiencia de “me voy a sentar a escuchar un disco”, de principio a fin, en su orden, disfrutándolo, en el que cada escucha te va a aportar algo nuevo, vas a descubrir un sonido nuevo, una textura que se te pasó. No es una colección de canciones, es un trabajo completo.

Por ahora el feedback que estoy recibiendo es casi siempre el mismo, o sea que a nivel personal estoy súper orgulloso de haber conseguido lo que queríamos, o por lo menos de lo que hemos sido capaces los tres de transmitir, y de dar en la diana con el objetivo que queríamos conseguir. No nos hemos ido de marras ni nos hemos liado. Teníamos claro que queríamos hacer un señor disco, con su cara A, su cara B, todos sus perejiles y sus condimentos, y creo que lo hemos conseguido.

Ramón: Yo estoy muy contento con el disco. Suscribo cada palabra de David. Y lo que has comentado me hace muy feliz, porque sí que hemos tenido feedback de amigos muy positivos, o gente que nos sigue en redes, pero todavía han salido muy poquitas reseñas porque hace solo una semana que salió el disco. Pero bueno, yo con que me digan lo que acabas de decir, es que hemos conseguido lo que estábamos gustando.

He oído que todavía no vais a presentar este disco en directo, porque estáis haciendo ya el segundo, y vais a esperar a sacar ese. Y bueno, también porque tenéis cada uno tantos proyectos que supongo será difícil encontrar fechas en las que coincidir.

Marc: Un huequito seguro que encontraríamos, pero estamos sobre todo ahora con la segunda parte. En enero nos pusimos a ello porque Ramón tuvo una revelación cuando terminamos hace un año y dijo: “En enero repetimos, como las natillas”, y así fue. Ahora la situación es muy diferente, no estamos en ese limbo en el que tenemos 24 horas para estar trabajando, pero yo creo que todo lo que ha ido sucediendo nos ha ido calando. Es el mismo proceso, la misma configuración, pero es diferente, y tiene algo muy muy atractivo. Están saliendo cosas geniales, es como una evolución de un Pokémon. Lo del directo, siempre me toca a mí esta pregunta, es porque soy como el mercenario de los tres.

Ramón: Lo que pasa es que a ti es al que más le gusta tocar en directo. A David y a mí ya nos da un poco igual.

David: Yo es que lo paso mal. No me gusta, vamos.

Marc: También hemos hablado de que, con los temas de este disco igual iba un poco justo para llevarlo al directo, y si ya terminamos esta segunda parte, tendremos un cuerpo de canciones mucho más extenso. Y también así tenemos tiempo para buscar la fórmula. Esto no podemos hacerlo así como así. Si hemos cuidado tanto los detalles, ahora el directo tiene que ser también muy cuidado, tiene que seguir una línea estética. Hemos estado pensando ya en sitios y fórmulas para hacerlo. Lo que está claro es que tiene que seguir esa línea, tiene que estar vivo. No puede ser reproducir las canciones tal cual están en el disco porque para eso te lo pones en tu casa tranquilo. Tiene que aportar alguna otra cosa.

Ramón: Pensábamos hacer un espectáculo más que un concierto, un poco como estoy haciendo yo con Paula Bonet, que hacemos un espectáculo con pintura, vídeo, canciones… Queremos hacer algo así en teatros, adaptando todas las canciones al directo.

Marc: O tocado por un ensamble de 26 personas, o nosotros 3. Es muy relativo. La cosa es que, si alguien quiere verlo y escuchar esto en directo, que sepa que estoy yo aquí machacando a Ramón y David.

Ramón: Influye mucho lo de que estemos haciendo otro disco para poder hacer un concierto que no se limite solo a 45 minutos, y hacerlo de 60 o 70. Además este año, ya vemos que la cosa va a mejorar de forma muy lenta. Cuando saquemos el segundo, ya veremos si para entonces se dan las directrices para que se pueda hacer de la forma que tenemos en la cabeza, y la gente pueda disfrutar sin estar tan tensa, sin mascarillas y todas las medidas. Es una experiencia tanto para el publico como para los intérpretes. Marc y yo ya hemos hecho algún concierto en este contexto, y hay un punto doloroso. Hay algo en el ambiente que es distinto.

Marc: Sí, yo he dado algún concierto con mesas, gente sentada. Pero el concierto que dimos con The New Raemon, la gente estaba en sillas separadas, de uno en uno, como un campo de concentración. Estabas tocando y no te lo creías, pensabas: “¡Qué mierda de sueño es este!”.

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Jorge Ocaña
Estudiante de ingeniería, pero sobre todo un loco de la música.
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