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Las listas de éxitos de Australia cierran la puerta a la música generada al 100% por IA

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La industria musical australiana acaba de trazar una línea que llevaba meses en el aire. La Australian Recording Industry Association (ARIA), la entidad que gestiona las listas de éxitos oficiales del país, ha confirmado que las canciones generadas por completo con inteligencia artificial dejarán de ser elegibles para las ARIA Charts a partir de esta semana. La medida, recogida en una actualización de su Código de Prácticas de las Charts, no afecta a la música que utiliza la IA como herramienta de apoyo, siempre que la aportación humana siga siendo sustancial.

La versión con IA que hizo saltar las alarmas

El detonante llegó con la versión de una canción pop de los años ochenta, ya convertida en un clásico. Un DJ y productor de Queensland, Josh Fawaz, la reversionó con voz e instrumentación generadas mediante IA, y el resultado terminó convirtiéndose en la pista más emitida de la radio australiana, además de alcanzar el número dos en la lista Top 20 Australian Singles de ARIA y mantenerse dieciséis semanas en el top 20. La pista acumula ya más de 48 millones de reproducciones en Spotify. Cuando surgieron las primeras dudas sobre cómo se había producido, Fawaz añadió a posteriori los créditos de IA generativa, pero la polémica ya había puesto sobre la mesa una pregunta que la industria llevaba tiempo esquivando: ¿qué pasa cuando una canción hecha por una máquina puede colarse entre los grandes éxitos del país sin que nadie lo sepa?

¿Qué canciones se quedan fuera de las ARIA Charts (y cuáles se salvan)?

Las nuevas reglas, que se publicaron el viernes 28 de agosto y entran en vigor el lunes 31 de agosto, no prohíben el uso de inteligencia artificial en la música; prohíben que una canción hecha en bloque por sistemas entrenados con grabaciones ajenas compita por un puesto en el ranking. Para seguir siendo elegible, una grabación debe ser sustancialmente humana: las personas deben haber escrito la canción e interpretado tanto la voz principal como los instrumentos primarios, y el resultado no puede generar sospechas de manipulación de streams o de las propias listas. Además, solo se admite música producida con servicios de IA legales, es decir, con las correspondientes licencias sobre el material con el que se entrenaron.

Para diferenciar un tipo de grabación de otro, ARIA adoptará el sistema de etiquetado que distingue entre música “generada por IA” y música “asistida por IA”, propuesto el mes pasado por un grupo de organismos del sector entre los que están la IFPI y la RIAA. Si más adelante se demuestra que una canción calificada como sustancialmente humana fue en realidad generada mayoritariamente por IA, ARIA podrá retirarla de la lista, reposicionarla, revocar acreditaciones ya concedidas y excluirla de los ARIA Music Awards, para los que la música generada íntegramente por IA tampoco será elegible. Los artistas afectados podrán presentar pruebas para disputar esa etiqueta y revertir la decisión.

Annabelle Herd, consejera delegada de ARIA, defendió el cambio con un argumento que separa el uso creativo de la IA de su uso sustitutivo: «Estos cambios reflejan nuestra intención de seguir siendo dinámicos y de promover la naturaleza humana de la creación artística en lo que, cuanto menos, es un terreno en rápida evolución». La propia Herd insistió en que los artistas ya emplean herramientas de IA en su trabajo y que las listas deben tener espacio para eso, pero que la música generada en bloque por servicios construidos sobre grabaciones de otros artistas es, señaló, otra cuestión distinta.

La industria musical, entre demandas y etiquetas

La decisión de ARIA no llega en el vacío. Spotify ya anunció este verano su insignia “AI Persona”, pensada para identificar perfiles de artistas cuya identidad pública ha sido generada por inteligencia artificial, mientras que TIDAL fue más allá y decidió que no pagará royalties a ninguna canción identificada como generada al cien por cien por IA. En el terreno legal, Sony amplió en julio su demanda contra Udio hasta disparar la exposición económica de la startup, y un estudio de SubmitHub calculó que casi cuatro de cada diez canciones publicadas en todo el mundo el pasado mes de julio pasaron por algún tipo de inteligencia artificial durante su producción, aunque un tercio de sus autores lo negara.

En ese contexto, la medida de ARIA funciona como la pieza australiana de un rompecabezas que se está construyendo, con matices distintos, en varias esquinas de la industria a la vez: unos apuestan por vetar directamente la música generada en bloque, otros por dejarla fuera de la remuneración económica y otros por limitarse a etiquetarla. Herd fue explícita al respecto y pidió a todas las partes que deciden qué música se programa y se promociona en Australia, especialmente la radio, que implementen cambios similares en sus propios códigos: la intención declarada es que la barrera no dependa solo de quien gestiona un ranking, sino de todo el ecosistema que decide qué suena.

¿Debería una lista de éxitos medir únicamente lo que escucha el público, sin entrar a valorar cómo se hizo la canción? ¿O tiene sentido que las Charts protejan activamente la autoría humana, aunque eso signifique dejar fuera canciones que ya han demostrado ser populares?

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