Kim Gordon vuelve a demostrar que no necesita mirar atrás para seguir siendo una de las figuras más inquietas del rock experimental. La artista ha compartido el tema titular de su nuevo álbum, Play Me, acompañado de un videoclip dirigido por Barney Clay, que sitúa a Gordon en un centro comercial caótico, un escenario que amplifica los temas del disco: una crítica feroz a la deriva tecnocrática, la vigilancia constante y la deshumanización digital. Los rostros censurados, los movimientos erráticos y la estética casi distópica funcionan como extensión visual del sonido áspero y amenazante que caracteriza esta nueva etapa.
El álbum, que verá la luz el 13 de marzo, es el tercero en solitario de la cofundadora de Sonic Youth, y llega en un momento de efervescencia creativa para la artista. Tras el aclamado The Collective, Gordon continúa explorando un territorio donde conviven beats industriales, guitarras abrasivas y un spoken‑word que se mueve entre la ironía, la rabia y la observación quirúrgica del presente. “Play Me” —la canción— condensa ese espíritu: un mantra inquietante que parece hablar tanto de control como de vulnerabilidad, de deseo como de amenaza.
Para celebrar el lanzamiento, Gordon ha anunciado una gira internacional que la llevará por Norteamérica y Europa entre abril y julio de 2026, con paradas en ciudades como Los Ángeles, Londres, París, Berlín, Chicago, Seattle o San Francisco. La selección de salas —teatros, festivales de vanguardia y espacios de aforo medio— sugiere una gira pensada para la intensidad, más que para el espectáculo masivo. Una experiencia cercana, cruda, casi física.
El videoclip de “Play Me” y el anuncio de la gira confirman que Gordon sigue siendo una brújula cultural: una artista capaz de leer el presente con una lucidez incómoda y transformarlo en arte que no busca complacer, sino sacudir. Su regreso no es un gesto nostálgico, sino una declaración de independencia creativa en un momento en el que pocas voces suenan tan necesarias.
Kim Gordon: Ruido, arte y reinvención radical
La trayectoria de Kim Gordon es una de las más influyentes del rock alternativo. Como miembro de Sonic Youth, redefinió el sonido de la música independiente desde los 80 con discos como Daydream Nation, Goo o Dirty, donde su voz y su bajo se convirtieron en símbolos de una nueva forma de entender el ruido, la feminidad y la disidencia artística. Paralelamente, ha desarrollado una carrera multidisciplinar que abarca artes visuales, moda, escritura y producción. Tras la disolución de Sonic Youth, Gordon inició una etapa en solitario marcada por la experimentación electrónica y la crítica social, con trabajos como No Home Record y The Collective. Su influencia atraviesa generaciones: es un referente para el punk, el noise, el arte contemporáneo y cualquier creador que entienda la música como un espacio de libertad radical.
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