InicioConciertosCrónica de Mad Cool (Recinto Iberdrola Music, Madrid, 2023)

Crónica de Mad Cool (Recinto Iberdrola Music, Madrid, 2023)

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Sábado 8

Antes de la última jornada de un festival, el cansancio empieza a llegar, pero también las ganas de seguir, y cuando tienes tan buenas excusas musicales como las que nos ofrece un cartel de estas características, la decisión es fácil.

De nuevo teníamos una cita con los primeros conciertos de la tarde. En este caso, los encargados de desentumecernos fueron Years & Years, la antigua banda que ahora es prácticamente un proyecto personal en solitario de Olly Alexander. Resulta curioso que en la edición de 2019 fuera el encargado de poner el broche final al festival, a modo de fin de fiesta, y en esta ocasión su actuación se haya ubicado a primera hora, bajo el sol abrasador de la típica tarde de julio de Madrid. Seguramente, la música de Years & Years encaje mejor en la noche, cuando las ganas de baile se apoderan del público, pero como planteábamos antes al hablar de Angel Olsen, quizás no sea mala idea empezar a poner en marcha una nueva jornada con un ritmo más juguetón y festivo. Lo cierto es que el carisma de Olly hace todo el trabajo y su dominio escénico permite que sus actuaciones sean siempre muy disfrutables y dievrtidas.

Nos hubiera gustado poder estar en dos sitios al mismo tiempo, pero desafortunadamente tuvimos que descartar el concierto de Kurt Vile era para disfrutar de uno de nuestros grandes ídolos de siempre, nada menos que el enorme Liam Gallagher, con el que esperábamos disfrutar tanto de sus temas en solitario como de los grandes himnos de Oasis. Para los que llevamos siguiendo a su carrera desde los inicios, ya sabemos cómo es su personalidad encima del escenario, en el que poca más interacción puedes esperar que un par de provocaciones. Pero su sola presencia, cantando medio arqueado bien pegado al micrófono, es ya un icono de la música rock de las últimas décadas, aunque con esa sudadera negra con las temperaturas que había parecía que iba a caerse desmayado en cualquier momento.

Por mucho que nos gusten sus discos, estamos todos deseando que vuelva a hablarse con su hermano Noel y cumplan su promesa de reformar la banda si su querido Manchester City ganaba la Champions. Como esto ya ha ocurrido, ahora deberían ser fieles a su palabra. De todos modos, mientras esperamos a que llegue este momento, pudimos escucharle cantar canciones, o más bien himnos, como Cigarettes & Alcohol, Morning Glory, Rock & Roll Star, Slide Away, uno de los grandes coros del festival con Wonderwall y un final emocionante con Champagne Supernova. De su carrera en solitario, destaquemos Wall of Glass y More Power, aunque reconozco que me quedé con ganas de escuchar alguno mas, pero tener la suerte de vivir estos temas de Oasis de nuevo no lo cambio por nada.

Aunque la mayoría del concierto de Morgan se solapó con el de Liam Gallagher, llegamos a tiempo para ver una buena parte de su actuación en el Escenario 4. Morgan es uno de esos grupos que estuvo en las primeras ediciones del Mad Cool, en las celebradas en la Caja Mágica, tocando en el escenario más pequeño y minoritario. Desde entonces su crecimiento ha sido imparable, convirtiéndose en una de las bandas más respetadas y queridas de nuestro país. En su actuación, la carpa del Escenario 4 se quedó pequeña, con mucha gente fuera intentando ver el concierto y la banda demostró que su verdadero hábitat es el escenario, con canciones fabulosas, unos arreglos y desarrollos instrumentales exquisitos y la voz de Nina, como siempre, sobrecogedora.

Tras el concierto de Liam Gallagher, sufrimos por primera vez el principal problema del sábado. Aún con el subidón de su actuación, queríamos ir al concierto de M.I.A. para después movernos a Primal Scream, ya que no queríamos dejar ninguno de los dos sin cubrir, pero las aglomeraciones y la dificultad de movernos entre un escenario y otro nos hizo tomar la decisión de acudir al más cercano y descartar, por razones de causa mayor, nuestro plan inicial. En ese momento, nos resultó más fácil tomar una buena posición en el Escenario 3, y eso que nos llevó un tiempo, calma y paciencia, así que apostamos todas nuestras fichas a la misma jugada, sabiendo que la apuesta por Bobby Gillespie y Primal Scream siempre va a ser una mano ganadora. Nos da pena habernos perdido el concierto de M.I.A., pero era literalmente imposible trasladarse entre escenarios en esos momentos.

Nos sorprendió el buen estado de forma de Gillespie, al que esperábamos más cascado, la verdad, y aunque siempre echaremos de menos ver a Mani manejando el bajo sobre el escenario, nos lo pasamos realmente bien rememorando los grandes momentos de Screamadelica con Loaded o Movin’ On Up. Sin embargo, el gran momento de conexión con el público llegó con Country Girl, su canción más mainstream a la vez que menos representativa del estilo general de la banda, que hizo venirse arriba al público que, a pesar de los intentos del cantante, no lograba completar al 100% la letra de la canción. Notable alto para los escoceses.

Lo que sí pudimos hacer, ya que trasladarse al escenario principal parecía misión imposible, es volver al Escenario 4 donde actuaron Shinova. El grupo de Berriz también estuvo hace años en este festival, en el mismo escenario que Morgan, pero en la edición de 2017. Y su caso es parecido, han tenido un crecimiento espectacular a base de patearse todos los festivales y salas del país, gracias a una serie de discos que han ido conquistando al público poco a poco. Fueron solo 40 minutos de actuación, pero sirvieron para constatar que la banda formada por Gabriel, Erlantz, Dani, Ander y Froufe están viviendo su mejor momento. Muchas de sus canciones ya son clásicos de nuestra música y su actitud y complicidad con el público son incuestionables. Cartas de navegación, Qué casualidad, Para cambiar el mundo o Te debo una canción hicieron que sus seguidores vibraran con ellos, en un show corto pero enormemente intenso.

Poco a poco, íbamos encarando la recta final del festival, donde nos esperaba uno de los principales atractivos del cartel, que finalmente también resultó ser, al menos para mí, la principal decepción: Red Hot Chili Peppers. No es que sonaran mal, ni mucho menos, pero sí que me dieron impresión de falta de intensidad, de simplemente llegar y cumplir gracias a su larga experiencia, pero sin hacer ni el más mínimo esfuerzo de que se convirtiese en un recuerdo memorable para las miles de personas que vestían su logo en la camiseta entre el público. Los saltos de Flea fueron de lo poco que transmitió movimiento y velocidad en el concierto, cuyo setlist también nos dejó algo descolocados. Es imposible que no te falte alguna canción «estrella» en un set de festival de una banda con tanta trayectoria, pero de ahí a que te falten 5 o 6 de sus hits para dar prioridad a sus temas nuevos, por mucho que estén de gira, no era lo que el público esperaba. Quizá sí en un concierto propio en el que has pagado una entrada por verles, pero no en un festival, que funciona, para tantas cosas, con unas reglas diferentes que tanto artistas como público suelen entender y aceptar, para bien o para mal.

Nos encantó Around The World y la preciosa The Zephyr Song nada más arrancar, La mítica Californication que finalmente llegó tras un jam que se estaba empeaando a extender más de la cuenta, y por supuesto, ese final con Give It Away, de las pocas canciones en las que la banda hace un guiño a la música de sus comienzos, ya que no hubo acercamiento alguno a temas anteriores al Blood Sugar Sex Magik. Ni rastro de Under The Bridge, Scar Tissue, Can’t Stop u Otherside entre otras favoritas del público, dando cierta impresión de oportunidad perdida.

Pero seguía habiendo vida en el resto de escenarios, y en uno de ellos disfrutamos del espectáculo de Ava Max. Acompañada de su cuerpo de baile, lograron llenar el escenario con su música y baile, y exitazos como Sweet but Psycho, para después dar el relevo a la sesión de Jamie xx, quien nos trajo sus temas en solitario al margen de su grupo habitual poniendo un broche final con los decibelios por todo lo alto para decir adiós a Mad Cool.

Y si hablamos de decibelios, mención aparte debemos hacer para el concierto final de The Prodigy, que en mi caso, suponía la primera cita con ellos desde que falleciese Keith Flint. Si bien el sonido del festival siempre fue estupendo, a veces teníamos la sensación de que el volumen era algo insuficiente, quizá para evitar reclamaciones vecinales, pero en este momento nos pareció que todo saltó por los aires y Mad Cool decidió subir el volumen al máximo. Por momentos, el escenario principal se transformó en una loca rave que nos llevó en el tiempo a finales de los 90, con temas como Breathe (para siempre mi favorito del grupo), Voodoo People, Firestarter (con un gran homenaje de luces e imágenes a su fallecido cantante) y el final con Smack My Bitch Up. Locura final para decir adiós a Mad Cool hasta el año que viene.

Finalmente, tras la crónica musical, es el momento de analizar otros factores, también importantes, de aquello que funciono y aquello que no, en Mad Cool 2023.

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