Dolly Parton, una de las voces más reconocibles de la música estadounidense, ha muerto este martes a los 80 años en su casa de Nashville. La noticia fue confirmada por la familia a través de un comunicado leído por su sobrino, Bryan Seaver, quien aseguró que la artista falleció en paz, rodeada de los suyos. La familia no ha identificado ninguna enfermedad concreta ni ha relacionado públicamente sus problemas de salud recientes con la causa del fallecimiento, y se celebrará un servicio privado reservado a los familiares más cercanos.
En lugar de flores, la familia ha pedido que las donaciones se dirijan a Dolly Parton’s Imagination Library, la fundación de alfabetización infantil creada por la propia cantante, que ha repartido más de 300 millones de libros entre niños de todo el mundo desde su fundación.
Una despedida que llega apenas cuatro días después de sus últimas palabras
Parton había hablado públicamente apenas el viernes 21 de agosto, cuatro días antes de morir, sobre los problemas de salud que arrastraba desde hacía meses y que nunca llegó a detallar. En declaraciones a la revista People reconoció que seguía atendiendo dolencias que había desatendido mientras cuidaba de su marido, Carl Dean. «Aunque sigo sanando, sigo trabajando», afirmó entonces, insistiendo en que todavía tenía numerosos proyectos que quería sacar adelante.
El deterioro de su salud llevaba gestándose desde hacía más de un año. En septiembre de 2025 pospuso una residencia prevista en Las Vegas porque sus médicos le habían indicado someterse a varios procedimientos, y en mayo de 2026 canceló definitivamente los conciertos, aunque entonces aseguraba responder bien a los tratamientos. De fondo, además, pesaba una pérdida que la propia artista señaló como el punto de inflexión de estos últimos años: la muerte de Carl Dean, su marido durante sesenta años, en marzo de 2025. Parton le dedicó entonces una canción inédita, y semanas después reconoció que aquella despedida había marcado un antes y un después en su salud.
De las montañas de Tennessee al Salón de la Fama: seis décadas construyendo un imperio
Nacida el 19 de enero de 1946 en una cabaña de una sola habitación junto al río Little Pigeon, en el este de Tennessee, Dolly Rebecca Parton fue la cuarta de doce hermanos en una familia de escasos recursos. Empezó a cantar en la iglesia y en programas locales de radio y televisión siendo niña, debutó en el Grand Ole Opry con solo 13 años y, tras graduarse en el instituto en 1964, se trasladó a Nashville para abrirse camino como compositora. Su gran salto llegó en 1967, cuando se incorporó como cantante habitual a The Porter Wagoner Show, un vínculo que la catapultó a la fama y que dio paso a una carrera en solitario con más de 3.000 canciones escritas, 50 álbumes de estudio y clásicos como “Jolene”, “I Will Always Love You” o “Coat of Many Colors”, esta última inspirada directamente en su infancia. En 2022 fue incluida en el Salón de la Fama del Rock and Roll, un honor que había rechazado en un primer momento por no sentirse parte del género, y que terminó aceptando antes de reivindicarlo con Rockstar, su último álbum de estudio, grabado junto a nombres como Paul McCartney, Ringo Starr o Miley Cyrus.
Esa mezcla de tenacidad y reinvención constante se mantuvo hasta sus últimos meses de vida. Por su 80 cumpleaños, en enero de 2026, publicó una nueva versión de “Light of a Clear Blue Morning” junto a Lainey Wilson, Miley Cyrus, Queen Latifah y Reba McEntire, destinada a financiar investigación oncológica infantil. Semanas después participó en el estreno de Threads: My Songs in Symphony, un espectáculo sinfónico itinerante construido en torno a su repertorio, y seguía implicada en el musical Dolly: A True Original, que ella misma escribió y que llegará a Broadway el próximo diciembre. Incluso en 2025 encontró tiempo para colaborar con Sabrina Carpenter en la edición deluxe de Short N’ Sweet, otra muestra de una carrera que nunca dejó de cruzarse con generaciones muy posteriores a la suya.
Un legado de más de 3.000 canciones que seguirá sonando
Parton deja detrás más de 100 millones de discos vendidos, once premios Grammy, un Óscar honorífico humanitario recibido en 2025 y un imperio propio que incluye el parque temático Dollywood, además de una influencia que trasciende el country: temas como “9 to 5” se convirtieron en himnos laborales y feministas mucho más allá de su género musical de origen. Las muestras de cariño tras confirmarse su muerte llegaron de forma inmediata desde ámbitos muy distintos de la industria, con artistas como Keke Palmer, Pedro Pascal o Kacey Musgraves sumándose a los homenajes en redes sociales.
Su figura queda así asociada para siempre a una combinación poco habitual: una de las compositoras más prolíficas de la historia de la música popular y, al mismo tiempo, una de las personalidades más queridas y menos divisivas del panorama estadounidense, capaz de mantenerse relevante en 2026 tanto para el público que creció con sus discos de los años setenta como para quienes la descubrieron a través de sus colaboraciones más recientes.

